martes, 7 de enero de 2014

Welcome Home

Muy buenas a todos. Hoy, aparte de desearos muy feliz año 2014 a todos, quiero compartir una preciosa canción que he descubierto por un amigo de Ecuador, que me ha pedido que le ayude para ver qué dice y, la verdad, me ha encantado. Ahí os dejo la canción con la traducción pidiendo, como siempre, que si veis algo que está mal traducido, me lo comuniquéis. 

Esperando que todos vosotros dejéis entrar al Creador en vuestras vidas y le dejéis limpiar, colocar y decorar como solo Él sabe, y dando muchas gracias a Israel Alejandro por el gran descubrimiento que me ha regalado, os dejo con esta canción. Disfrutadla, merece la pena.

WELCOME HOME- SHAUN GROVES


Welcome Home (English)

Take me, make me
All You want me to be,
That's all I'm asking, all I'm asking.

Welcome to this heart of mine
I've buried under prideful vines
Grown to hide the mess I've made 
Inside of me.
Come decorate, Lord
Open up the creaking door
And walk upon the dusty floor.
Scrape away the guilty stains
Until no sin or shame remain.
Spread Your love upon the walls
And occupy the empty halls
Until the man I am has faded
No more doors are barricaded.


Come inside this heart of mine,
It's not my own.
Make it home.
Come and take this heart and make it
All Your own,
Welcome home.


Take a seat, pull up a chair,
Forgive me for the disrepair.
And the souvenirs from floor to ceiling,
Gathered on my search for meaning.
Every closet's filled with clutter,
Messes yet to be discovered.
I'm overwhelmed, I understand
I can't make this place all that You can.


Come inside this heart of mine,
It's not my own.
Make it home.
Come and take this heart and make it
All Your own,
Welcome home.

I took the space that You placed in me,
Redecorated in shades of greed
And I made sure every door stayed locked,
Every window blocked and still You knocked


Take me, make me
All You want me to be
That's all I'm asking, all I'm asking
Welcome home (Español)


Tómame, hazme
Todo lo que quieres que sea.
Es todo lo que pido, todo lo que pido.
Bienvenido a este corazón mío
La vid del orgullo lo ha atado,
Crecida para esconder el desastre que he hecho
Dentro de mí.
Ven a decorar, Señor.
Abre la puerta que chirría
Y anda por el suelo polvoriento.
Raspa las manchas de culpa
Hasta que no quede rastro de pecado y de vergüenza.
Esparce Tu amor por los muros
Y ocupa las habitaciones vacías
Hasta que el hombre que soy se haya desvanecido.
Que no haya más puertas bloqueando el paso.

Ven a este, mi corazón,
No me pertenece.
Hazlo un hogar.
Ven, toma este corazón y hazlo
Todo tuyo.
Bienvenido a casa.

Toma asiento, acerca una silla,
Perdona por el mal estado.
Todos los recuerdos, del suelo al techo
Reunidos en mi búsqueda de sentido.
Cada armario está lleno de desorden,
Desastres aún por ser descubiertos.
Estoy abrumado, entiendo
Que no puedo hacer de este lugar todo lo que Tú puedes hacer.

Ven a este, mi corazón,
No me pertenece.
Hazlo un hogar.
Ven y toma este corazón y hazlo
Todo tuyo.
Bienvenido a casa.

Tomé el espacio que pusiste en mí,
Redecorándolo en tonos de codicia.
Y me aseguré que cada puerta estuviera cerrada,
Que cada ventana estuviera bloqueada, y aún así seguías llamando.

Ven a este, mi corazón,
No me pertenece.
Hazlo un hogar.
Ven y toma este corazón y hazlo
Todo tuyo.
Bienvenido a casa.

Tómame, hazme
Todo lo que quieras que sea.
Eso es todo lo que pido, todo lo que pido.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Grandeza


¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados? 
Isaías 40:12

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.
Isaías 40:26

Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Isaías 40:29-31


sábado, 23 de noviembre de 2013

180

6 millones de judíos fueron sistemáticamente asesinados por orden de Adolf Hitler en la Alemania Nazi el siglo pasado. Cualquier persona sensata de hoy en día calificaría esto como una atrocidad y tomaría las medidas oportunas para que aquello nunca hubiera ocurrido. Pero el caso es que entonces no se tomaron estas medidas y que nadie paró aquella barbaridad, y no creo que fuera porque entonces fuesen menos morales o más descabellados que lo somos ahora.

¿Podría ser que, hoy en día, estemos viviendo lo mismo sin saberlo? ¿Es posible que un nuevo Holocausto, aún más atroz y descabellado, esté sucediendo en medio de nuestra sociedad, con el amparo de la ley, la protección del gobierno y el beneplácito de la sociedad?

Hoy os dejo con un vídeo de una media hora en el que, con simples preguntas y oportunas consideraciones, el entrevistador hace ver a la gente de la calle lo equivocados que vivimos y la urgencia de tomar medidas ante este nuevo Holocausto que estamos cometiendo contra nuestros propios hijos. 

Espero que os guste.

180

martes, 12 de noviembre de 2013

Sal

Hoy quiero romper mi silencio casi sempiterno para compartir un descubrimiento que he hecho hace poco. Una preciosa canción que, creo, plasma muy bien la situación de la Iglesia de Cristo en estos tiempos, especialmente en nuestro país, España.

Entiendo que hay partes que pueden ser dificiles de entender, así que no tendré ningún problema en tratar de explicar lo que sea si alguien no lo entiende bien.


SAL
Alex Sampedro

Tengo una Biblia que no habla, 
Un crucifijo que no salva, 
Una fe que se cansó de las montañas. 
Tengo oraciones sin sujeto
Y he predicado tantas veces 
En el valle de los huesos secos.
Tengo noticias sin oyentes, 
Tengo pacientes esperando, 
El milagro de los peces, 
Pero tengo la red averiada. 
Y el vino es vinagre, 
Y el pan no sabe a nada.  

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada.
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada, 
Tengo oro y tengo plata, 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 

Tengo victorias derrotadas, 
Gente en el templo destemplada, 
Misioneros encerrados en sus casas. 
Tengo la ofrenda en el banco, 
Las promesas caducadas, 
El maná esta congelado, 
No hay calor en la palabra, 
Esta de fiesta en la atalaya, 
Con el buen samaritano. 
Ya no sufren como hermanos, 
Son cristianos sin agallas. 

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada.
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada.
Tengo oro y tengo palta, 
Pero el cojo ya no baila. 

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada. 
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada. 
Tengo oro y tengo palta, 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila.



sábado, 19 de octubre de 2013

La cueva

Cada día te despiertas en una fría y húmeda sala, más parecida a una cueva que a un hogar. Allí, la desesperación y la soledad te invaden. La oscuridad apenas te deja ver la realidad de tu dormitorio, pero ves lo suficiente para saber que no naciste para eso. No puedes dormir entre la noche porque sientes frío, frío de remordimientos, de intranquilidad, de miedo a ser rechazado, de soledad. Frío de muerte. Parece que cada mañana es simplemente un paso más, un poco más cerca del final eterno, de que baje el telón, y tienes miedo. Porque no sabes qué habrá detrás de la cortina, porque allí, donde sea, te encontrarás ante algo que no podrás controlar. Cada día te despiertas en cero, cero absoluto. No tienes nada, no perteneces a nada. Estás desnudo, vulnerable, frágil, herido, solo, muerto.

Es entonces cuando sales de tu cueva, de tu hogar. Es muy importante que, antes de que nadie te vea, recojas la máscara del lugar donde la pusiste ayer. A veces es difícil, si llegaste demasiado borracho, no recuerdas donde la tiraste, así que toca buscar. Te la pones, una máscara de suficiencia, de normalidad, una que tenga bien limpios los dientes. Te miras en el espejo, te peinas, te pones un traje recién planchado, no sea que alguien se dé cuenta de dónde vives, de quién eres. Al lado de la entrada de tu terrible morada, dejaste un atillo con algunas cosas que necesitarás ahí fuera, en la farsa que llaman realidad. En este atillo encuentras objetos tan útiles como el dinero que tanto te ha costado ganar, te han robado parte de tu vida para obtenerlo, pero con él podrás tener algo tan importante como amigos, como aceptabilidad, como pasta de dientes o gomina. Ahí fuera todo el mundo es feliz, todos viven unas vidas que merece la pena ser vividas; así que tú también tienes que mostrar que tienes, que vales, que tu vida merece aún más la pena que la de los demás. Después de todo, de eso se trata esa farsa que llaman realidad, de parecer, de aparentar, de gritar que vales, que existes. Aparte de eso, solo se trata de supervivencia.

Así que te lanzas a conquistar el mundo “real”, y continúas vendiendo tu tiempo y tu alma al mejor postor. Necesitas más dinero en tu atillo, una máscara más bonita, un mejor coche, necesitas sentirte bien al ver tu vida, y te importa poco prostituirte para conseguirlo. Poco importa tu vida, poco importa tu salud o tu pureza. Poco importa tu futuro, ahora necesitas ganar, necesitas ser, necesitas valer, necesitas tener. Y eso haces. Consigues lo que quieres, escalas posiciones, ganas amigos, pisas a quien sea para seguir subiendo, para tener más, para conseguir más, para valer más. Recurres a lo que sea para conseguirlo. Pueden ayudarte el alcohol, el sexo, las drogas, las mentiras, el mirar por encima del hombro, siempre a través de los ojos recortados en tu máscara. Eres el rey del mundo, tienes lo que quieres, nadie puede decirte qué haces bien y qué haces mal, has ganado. No le debes nada a nadie, has escalado tú solo, has alcanzado tu cumbre, nadie te supervisa, nadie te ordena. Eres libre.

Y es al final de tu día de ganancias, de libertad, de apariencias, de mentiras, de máscaras, que llegas de nuevo a tu hogar, si se le puede llamar así. Antes de entrar, tienes que dejar tu atillo en el suelo, esperando que al día siguiente siga ahí, tal y como lo has dejado. Entras, intentando mantenerte erguido después de beber más de la cuenta. Ante la puerta de la cueva, ya se te escapa una lágrima mientras te llevas tus manos a la cara para agarrar la máscara. La arrancas de un golpe, y la suficiencia y superioridad se convierten en dolor y amargura, soledad y resentimiento. Te quitas el traje que engañó a los demás, y descubres que a ti no consigue engañarte, que la desnudez de tu alma no hay traje que la cubra, que tu mundo de ganancias, de salud y orgullo es mentira, que la verdad de tu vida es tu cueva, tu soledad, tus sentimientos de amargura, que la verdad es el frío, la oscuridad, la soledad, la humedad. Que de nada vale que ganes el mundo entero, si al final del día lo pierdes todo. Que de nada vale que ganes el mundo entero si al final de tu vida lo pierdes todo.

Un día te tendrás que enfrentar al telón final, tendrás que encararte con la eternidad. El camino de mentiras, ganancias y vueltas a la oscuridad terminará, tarde o temprano. Y entonces, no habrá máscara que pueda cubrir la verdad.

Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
Mateo 16:26.

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Juan 6:68.

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