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lunes, 12 de diciembre de 2011

Se acerca el invierno

Hace tres años, parecía una hecatombe que explotara la burbuja inmobiliaria. Miles, sino millones de personas se iban a la calle, miles de familias se quedaban sin las casas por las que habían pagado por no terminarse la obra, otras miles tenían que presentarse en las oficinas bancarias con las llaves de sus casas en mano para entregarlas, sencillamente habían tenido que elegir, o su casa o el futuro inmediato de sus familias. El gobierno se negaba a afirmar que esto era una crisis, era solamente una desaceleración económica de la que ya, hacía 2 años, se veía la luz al final del túnel. El tiempo nos ha enseñado la realidad, que nuestra Europa unida, y más fuerte que nunca, se está resquebrajando mientras sus gobernantes intentan pegar con tiras de celofán los cascotes que se despeñan en medio del terremoto. Que cinco millones de personas están en la calle intentando trabajar, que miles de familias están en una situación desesperada, sin ingresos de ningún tipo en la casa, que las entidades que ofrecen ayuda a las personas desamparadas no dan abasto. Esta crisis, hoy en día no tiene ninguna luz al final de ningún túnel, si seguimos con el euro, toda Europa parece al borde del abismo, si salimos del euro, nos iremos incluso antes por el sumidero. Ya nadie sabe qué hacer, todos esperan un milagro para salir adelante económicamente.

Muchas veces he hablado de la crisis moral que sufrimos también en nuestros años y en nuestras latitudes. El caso es que la familia está desintegrándose a pasos agigantados bajo un clima de apoyo aparente a la libertad y a la independencia. El número de abortos, de separaciones, de asesinatos entre parejas, de depresiones infantiles, de dramas familiares no deja de aumentar. Pero la cosa con la situación financiera en la que estamos metidos, no deja de crecer. El caso es que se han disparado en un 25% el número de suicidios desde que comenzó la crisis. Tenemos casos tan escalofriantes como el de aquella mujer de Estados Unidos que disparó a sus dos hijos antes de suicidarse en una oficina de asistencia social, o de personas que se han suicidado después de serle negada asistencia alimentaria en medio de su precaria situación. Cada vez son más las personas que, en medio de su situación desesperada, tanto moral como económica, deciden quitarse la vida como causa de su desesperación.

Parece ser que la guerra entre Israel e Irán es inminente. Esta guerra parece algo normal, algo más de lo mismo, a lo que nos tiene acostumbrados el Medio Oriente. El caso es que Estados Unidos está bastante convencido de entrar a apoyar a su aliado israelí, y China y Rusia ya han amenazado, además de movilizar a sus ejércitos, de que esto podría conllevar una contienda a mayor escala, aludiendo explícitamente a la Tercera Guerra Mundial y a una crisis nuclear a nivel mundial. 

Podría hablar de otros muchos temas, como del aumento de la corrupción a todos los niveles, del incremento de las protestas contra los políticos y la política en general en todos los rincones del mundo o de otras muchas cosas en las que podemos ver la manera en que todo se está desmoronando.

Parece que por todos los frentes, tenemos fuego abierto. Parafraseando a la Casa Stark de la saga de libros “Canción de Hielo y Fuego”, parece más evidente que nunca que “Se acerca el invierno”, y no me estoy refiriendo al invierno como estación, sino a algo mucho más grave, mucho más preocupante y mucho más trascendente.

A lo que yo me pregunto: ¿por qué será que, en medio de todo este clima apocalíptico, me sienta tan sumamente mal que el Real Madrid pierda contra el Barça?

martes, 22 de noviembre de 2011

Asshlynn


Los pies colgaban entre la ropa.

Asshlynn cada día llegaba a casa con la cabeza agachada. Sin decir nada subía las escaleras rumbo a su habitación. Nunca escuchaba los saludos de su madre que le gritaba mientras hacía la comida. Nunca corría junto con su hermana mayor que siempre llegaba antes que ella a casa. Ella andaba lentamente, mirando al suelo, sin apenas mover los brazos.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos.

Su madre comenzaba a estar preocupada. Lo cierto es que, durante mucho tiempo, su hija había estado sin sonreír. La chica se solía esforzar en hacer las tareas de clase y en participar cuando lo mandaba la profesora. No era la hija perfecta, pero en líneas generales, era una buena chica. Pero llevaba un tiempo que no era ella. Cada día, cuando llegaba a casa, se encerraba en su cuarto. Cuando la madre se paraba a escuchar frente a su puerta, solamente escuchaba los sollozos y los insultos que ella misma se propinaba. Se la imaginaba de pie, delante del espejo. “¡Gorda, que eres una gorda!” se decía. “No me extraña que nadie te quiera, con lo fea que eres.” La madre no podía contener las lágrimas ante aquello. “¡Puta!” se llegaba a decir. Su madre hubiera querido entrar en la habitación y decirle que no era verdad, que ella era preciosa, una niña muy bella. Que todas aquellas cosas eran mentiras que usaban sus compañeros para pasar un buen rato, nada que ver con la realidad. Hubiera querido entrar, abrazarla y decirle que la quería mucho, que era su niña, su tesoro, su amor. Pero no lo hizo.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre se enrollaba en su cuello.

Sabía, porque se lo había contado la hermana de Asshlynn, que en el colegio, sus compañeros de clase, la insultaban constantemente. Precisamente, aquellos tres insultos eran los que, día tras día, tenía que aguantar la pequeña. Se reían de ella, la señalaban, la llamaban puta, gorda y fea. Y ella se lo creía. Se lo creía y contribuía a su humillación, con lágrimas en los ojos y el corazón roto, desmoronándose.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre se enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo.

Su madre, en diferentes ocasiones había intentado ir a hablar con los profesores para que procurasen que aquello cesase, que a su niña le fuera devuelta su sonrisa, su preciosa y sincera sonrisa. Pero no había tenido suerte. Los profesores aseguraban que no había ningún problema, ningún maltrato hacia ella y que seguramente sería un intento de obtener mayor atención. Que seguramente se tratase de una acusica que hace más importante su situación de lo que es, solamente para que la gente le hiciera caso.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo. La sonrisa, como siempre, desaparecida.

Entonces, su madre se propuso ir a hablar con la directora. No podía permitir que su hija siguiera atormentándose y viviendo aquel infierno terrenal que sufría. Iría con su niña y hablarían de la verdad. Nada de invenciones de la pequeña para obtener atención, nada de acusaciones falsas. Iría al fondo de esta cuestión y lo resolvería, y le devolvería la sonrisa a su preciosa hija. Ya  tenía concertada la visita con la directora, debían salir inmediatamente. Llamó a Asshlynn para que bajase, tenían que salir ya. No respondió. Volvió a llamarla. Continuó sin responder. Entonces llamó a su hermana. Ella sí que respondió. Le dijo que fuera a la habitación de la pequeña y le dijera que bajara ya, que tenían que salir. La hermana mayor fue a su habitación. No la encontró. La llamó, pero no respondió nadie. Sabía que a veces se metía en el armario para huir de la realidad y que nadie la molestase. Estaba entreabierto. Se asomó.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo. La sonrisa, como siempre, desaparecida. Las lágrimas aún empapaban su rostro, la muerta imagen de la desolación. Aquellas tres palabras, habían llevado a su voluntad a doblegarse. Ya nadie la consolaría. Ya nadie la insultaría.

La hermana cayó al suelo, sin palabras. No podía dejar de mirarla, ni siquiera podía gritar, ni llorar. No lo comprendía. Ella la quería, sus padres la querían. Pero ella decidió creer lo que sus crueles compañeros le decían. Y se lo tomó muy en serio. Tanto que allí estaba su cuerpo sin vida, colgado en el interior de un armario. Ahorcada con la bufanda que, con todo el cariño del mundo, le regaló su padre.


*Basado en una historia real.

martes, 8 de noviembre de 2011

Yo


“Desde el día en que fui concebido, lo supe. Había sido engendrado para dominar, para que el mundo conociera mi nombre y para que todos se rindieran a mi voluntad. Todos y cada uno de los vivientes han de doblegarse a mi mandato, sin rechistar.”

Se levantó de su escritorio, con ímpetu, con determinación. Parecía que las palabras que venían a continuación iban a ser la declaración más importante de su existencia. Cerró los ojos, mientras levantaba los brazos hacia el cielo.

“El temor a mi poder hará que todos me teman, que cada alma se obligue a amarme por miedo a mis represalias, a mi magnificencia.”

“Los gobiernos rechazarán su poder en mi favor, los políticos comprenderán que fuera de mí no hay opción posible, que deben unirse al supremo poder que ostento o sencillamente perecer. Nada valdrán los votos, nada la opinión de la masa manipulable e idiotizable, nada de la demagogia barata, nada de los engaños basados en sutilezas, solamente contará una cosa, YO. Solamente YO seré la verdad, y lo que cuenta o lo que no cuenta dependerá de la pureza y la potencia de mi voluntad. Atrás habrán quedado los gritos por las calles pidiendo libertades que no saben disfrutar. Atrás habrán quedado los vicios colectivos influidos por los medios de ignorización. Atrás las mentiras en masa. Solamente una cosa será real, valiosa, auténtica. Mi voz. Mi orden. Mi presencia.”

YO.” 

Apuñaló con un fuerte puñetazo el escritorio del imponente despacho. Tras un pequeño silencio, continuó hablando mientras abría lentamente un cajón y observaba, de espaldas a sus asustados espectadores, su contenido.

“Las balas dejarán de silbar, las rojas flores de muerte dejarán de asesinar a los hombres por la avaricia y la codicia. Los proyectiles dejarán de destruir con explosiones cargadas de odio. Las minas dejarán de mutilar inocentes con la potencia de la amargura. La guerra cesará, porque ya no habrá necesidad de luchar por un bien mayor, por los intereses de nadie. YO los defenderé, YO velaré por ellos. Los tanques servirán para arar los campos, los aviones destructores llevarán la esperanza a los rincones del mundo. Las espadas serán fundidas para crear azadas que transformen los cráteres de la pasada ruina en fértiles campos de ilusión. La sumisión total a mí traerá bonanza a este mundo como jamás ha conocido. La única arma que será empuñada será la verdad, mi verdad, la que YO decrete. Y en base a este arma, el mundo será pacificado con determinación y sin dudar.”

Introdujo la mano en el cajón y sacó una pistola que enseñó a sus invitados. Continuó hablando mientras la observaba detenidamente y jugueteaba con ella.

“Los sacerdotes dejarán de existir, la fe dejará de ser necesaria para esta humanidad dolorida de latigazos. El culto a cualquier ser que use a sus siervos ignorantes para recibir la gloria que no le merece será desterrada de entre los hombres. La ciega vanidad de aquellos que dicen tratar de agradar a algún dios acabará. Las atrocidades cometidas en nombre de la fe claudicarán. La felicidad y la bendición de la humanidad vendrán de no volver a rendirse ante falsos dioses, de no volver a doblar rodilla ante un farsante más. Solamente YO seré digno de la adoración de todos. Solamente ante mí se inclinarán. Y lo harán. Todos. Ante el único digno de toda la alabanza, de toda la gloria, de toda la adoración, de todo el reconocimiento.”

YO.

Habiendo enfatizado conexagerada potencia la palabra “yo”, miró por última vez a la cara de cada uno de sus acompañantes, que le observaban estupefactos sin perder ni una de sus palabras. 

"YO he hablado."

Y entonces, con la misma determinación con que pronunció tan fuertes sentencias, se volvió, guió el cañón de su arma a su sien y apretó el gatillo, poniendo con un sordo y rojo sangre ruido fin a aquel discurso.

viernes, 6 de mayo de 2011

Testimonio

Es algo que todos sabemos que cuando tenemos una meta en la vida a largo plazo, o incluso a medio o a corto, una vez lo hemos conseguido, nos sentimos vacíos. En seguida necesitamos otra meta que perseguir para dar sentido a nuestras vidas.

Hoy quiero hablar acerca de alguien que una vez tuvo una meta, tuvo un sueño y fue a por ello como la base de su existencia. Esta persona es Juan Luis Guerra. Este dominicano, menor de tres hermanos, aunque tuvo una guitarra desde los 10 años, no comenzó a interesarse seriamente en la música hasta la mitad de sus estudios de filosofía en 1975.

Desde el principio quiso ser el mejor, llegar a la cima de la música mundial. Después de muchos años de intenso trabajo, de cosechar innumerables éxitos gracias a su trabajo y su innegable talento, llegó a ser el artista con más grammys de todo el mundo latino, llegando a ganar incluso 3 de estos premios, considerados los Oscar de la música, de la academia norteamericana. Ha vendido más de 20 millones de discos en todo el mundo. Poca gente hay que no conozca canciones tan famosas como “Ojalá que llueva café en el campo” o “La bilirrubina”. Humanamente había logrado todo lo que habría podido soñar cualquier músico, estaba en la cima de la cima de cualquier pretensión.

Y ahí estaba, un artista en lo alto de su carrera, de hecho, en lo alto de cualquier carrera imaginable. Entonces vio que su vida no merecía la pena. Durante varios años estuvo alejado de la música, incluso intentó suicidarse varias veces.

¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede alguien con más éxito y dinero de lo que cualquiera de nosotros pudiera soñar, de repente, decidir que no merece la pena seguir viviendo su vida?

Durante este tiempo, Juan Luis aprendió una lección muy importante sobre el sentido de su existencia. Aprendió que el dinero, la fama, el ruido, los violines, cualquier cosa en que base su vida no servirá de nada mientras su corazón se encuentre vacío. Mientras tenga que seguir rebuscando entre su propia basura para encontrar un sentido a su vida, nada merecerá la pena. Incluso el mayor éxito será una derrota. Con el corazón vacío, el oro se convierte en estiércol.

Después de este tiempo, Juan Luis sacó un nuevo disco en el año 1998, llamado “Ni es lo mismo ni es igual”. En este disco, se podía apreciar un completo cambio en su manera de ver la vida, en la manera de interpretar el mundo. Hablaba de un corazón con un propósito, de una vida con sentido y de alguien junto al que sí merece la pena vivir, aún en medio de las dificultades. De este disco es la canción que os pongo para que escuchéis. Dedicada a esta persona junto a quien hasta las mayores dificultades son transformadas en alegría, y que sin él hasta las mayores glorias nos pueden llevar al suicidio. Que lo disfruten.

Testimonio
Juan Luis Guerra

martes, 8 de febrero de 2011

Una pequeña vela en la noche

Acabo de estar leyendo que el número de suicidios en España, por primera vez en su historia, superó al número de muertos en la carretera en el 2008, y desde entonces todos los años ha ido aumentando, al contrario que el de fallecidos en accidentes de tráfico, que más o menos se encuentran estables, sino han bajado. La razón es tan sencilla como que se han puesto medios para intentar bajar la tasa de muertos en las carreteras, mientras que jamás hemos visto una campaña o un guardia alertándonos contra el suicidio.

Como ayer comentaba, nuestra sociedad se ha especializado en hacer que no tengamos que pagar por nuestros errores, diluyendo nuestra responsabilidad y dejándonos en un estado de constante adolescencia. Hemos mejorado considerablemente nuestra capacidad de vivir mejor cada día, hoy en día no es un problema qué comer, o cómo vestirse. Hoy en día vivimos en hogares climatizados, tenemos neveras llenas, viajamos en costosos vehículos que nos facilitan la movilidad, podemos comunicarnos con quien sea en cualquier lugar del mundo. Podríamos presumir que tenemos más facilidades para ser felices que en cualquier otra época de la historia, y sin embargo, la tasa de suicidios y depresiones es la mayor de la historia, y sigue subiendo. ¿Qué puede ser lo que está fallando?


Supongo que coincidirán conmigo en que la principal, sino la única causa de suicidio es la desesperanza. Encontrarse en un estado mental y psicológico traumatizado, en el que no encuentras la salida, que nada tiene sentido, que todo está en tu contra y piensas que no puedes salir de ahí. La desesperación puede llegar a nublar nuestra mente de tal manera que nos hace ver que la única solución está en morir, que nada ni nadie podrá ayudarnos.


También según las estadísticas podemos ver que en el mundo, cada 40 segundos hay un suicidio, es la mayor causa de muerte violenta del mundo, por encima de las guerras, los asesinatos o los accidentes.


Vivimos en un mundo desesperado, sin ningún rumbo y a la deriva. Como dijo Séneca, ningún viento le será favorable al que no sabe a qué puerto se dirige. Creo que no debemos conformarnos a ser meros espectadores de este mundo mientras vemos tantas cosas que no están como deberían. Millones de personas se suicidan cada año porque no tienen esperanza, porque no tienen ganas de vivir. Esa multitud es un grito que debería despertarnos de nuestra somnolencia y hacernos recapacitar, hacernos ver que ciertamente es imprescindible una luz entre tanta oscuridad, que realmente es necesario que desbrocemos los caminos que merecen la pena.


Está claro que tal y como vamos, vamos muy mal. Que este camino que hemos tomado, y seguimos tomando nos conduce a algún lugar desconocido, oscuro y hostil. Pero ahí no debemos quedarnos, ese no es nuestro destino.


¿Tenemos claro a qué puerto nos dirigimos? Porque si la respuesta es negativa, ninguna duda nos quepa que ningún viento nos será favorable.

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