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miércoles, 8 de junio de 2011

Cediendo el paso. O no

Arturo Pérez-Reverte
Una de las cosas que estamos logrando entre todos es el desconcierto absoluto en materia de corrección política. El bombardeo de estupidez mezclada con causas nobles y la contaminación de éstas, los cómplices que se apuntan por el qué dirán, la gente de buena voluntad desorientada por los golfos -y golfas, seamos paritarios- que lo convierten todo en negocio subvencionado, la falta de formación que permita sobrevivir al maremoto de imbéciles que nos inunda, arrasa y asfixia, ha conseguido que la peña vague por ahí sin saber ya a qué atenerse. Sin osar dar un paso con naturalidad, expresar una opinión, incluso hacer determinados gestos o movimientos, por miedo a que consecuencias inesperadas, críticas furiosas, sanciones sociales, incluso multas y expedientes administrativos, se vuelvan de pronto contra uno y lo hagan filetes. 

Voy a poner dos ejemplos calentitos. Uno es el del amigo que hace una semana, al ceder el paso a una mujer -aquí sería inexacto decir a una señora- en la entrada a un edificio, encontró, para su sorpresa, que la individua no sólo se detuvo en seco, negándose a pasar primero, sino que además, airada, le escupió al rostro la palabra «machista». Así que imaginen la estupefacción de mi amigo, su cara de pardillo manteniendo la puerta abierta, sin saber qué hacer. Preguntándose si, en caso de tratarse de un hombre, a los que también cede el paso por simple reflejo de buena educación, lo llamarían «feminista». Con el agravante de que, ante la posibilidad de que el supuesto varón fuese homosexual -en tal caso, quizá debería pasar delante-, o la señora fuese lesbiana -quizá debería sostenerle ella la puerta a él-, habría debido adivinarlo, intuirlo o suponerlo antes de establecer si lo correcto era pasar primero o no. O de saber si en todo caso, con apresurarse para ir primero y cerrar la puerta en las narices del otro, fuera quien fuese, quedaría resuelto el dilema, trilema o tetralema, de modo satisfactorio para todos. 

Pero mi drama no acaba ahí, comentaba mi amigo. Porque desde ese día, añadió, no paro de darle vueltas. ¿Qué pasa si me encuentro en una puerta con un indio maya, un moro de la morería o un africano subsahariano de piel oscura, antes llamado sintéticamente negro? ¿Le cedo el paso o no se lo cedo? Si paso delante, ¿me llamará racista? Si le sostengo la puerta para que pase, ¿no parecerá un gesto paternalista y neocolonial? ¿Contravengo con ello la ley de Igualdad de Trato o Truco? ¿Y si es mujer, feminista y, además, afrosaharianasubnegra? ¿Cómo me organizo? ¿Debo procurar que pasemos los dos a la vez, aunque la puerta sea estrecha y no quepamos?... Pero aún puede ser peor. ¿Y si se trata de un disminuido o disminuida físico o física? ¿Cederle el paso o la pasa no será, a ojos suyos o de terceros, evidenciar de modo humillante una presunta desigualdad, vulnerando así la exquisita igualdad a que me obliga la dura lex sed lex, duralex? ¿Debo echar una carrerilla y pasar con tiempo suficiente para que la puerta se haya cerrado de nuevo cuando llegue el otro, y maricón, perdón, elegetebé el último?... Por otra parte, si de pronto me pongo a correr, ¿se interpretará como una provocación paralímpica fascista? ¿Debo hacer como que no veo la silla de ruedas?... O sea, ¿hay alguien capaz de atarme esas moscas por el rabo? 

Y bueno. Si a tales insomnios nos enfrentamos los adultos, que supuestamente disponemos de referencias y de sentido común para buscarnos la vida, calculen lo que está pasando con los niños, sometidos por una parte al estúpido lavado de cerebro de los adultos y enfrentados a éste con la implacable y honrada lógica, todavía no contaminada de gilipollez, de sus pocos años. El penúltimo caso me lo refirió una maestra. Un niño de cuatro años había hecho una travesura en clase, molestando a sus compañeros; y al verse reprendido ante los demás, un poco mosca, preguntó quién lo había delatado. «Fulanita, por ejemplo -dijo la maestra señalando a una niña rubia y de ojos azules-, dice que eres muy travieso y no la dejas trabajar tranquila.» Entonces la criatura -cuatro años, insisto- se volvió despacio a mirar a la niña y dijo en voz baja, pero audible: «Pues le voy a partir la boca, por chivata». Escandalizada, la maestra le afeó la intención al niño, diciendo entre otras cosas que a las niñas no hay que pegarles nunca, etcétera. Que eso es lo peor del mundo, lo más vil, cobarde y malvado. Y entonces el enano cabrón, tras meditarlo un momento, muy sereno y muy lógico, respondió: «¿Por qué? ¿Es que no son iguales que los niños?».


Arturo Pérez-Reverte.  XLSemanal - 02/5/2011

jueves, 28 de abril de 2011

El kilo pierde peso

Así es, amigos. Según la Royal Society de Londres hay que redefinir el kilogramo.

El caso es que , según parece, desde que se midió el objeto que dio referencia a lo que hoy consideramos kilo, el cilindro ha perdido algo de peso. Este reajuste se trata de 50 microgramos, es decir, el peso de un grano de arena de 0,4 milímetros. Esto afectaría a una de las 7 medidas de comercio y ciencia más usadas (metro, kilogramo, segundo, amperio, kelvin, mol y candela).

Y ante esta noticia, yo me hago seriamente una pregunta, que más bien podría considerarse una afirmación, ¿es que estamos todos tontos o qué?.

¿Los más grandes científicos suponen que tenemos que cambiar los pesos de absolutamente todo en nuestras vidas por un adelgazamiento de un cilindro centenario en 50 microgramos?

Son muchas las ocasiones en que podemos ver a nuestro alrededor cómo se está volviendo el mundo. Lo más problemático es que poco a poco estamos viendo todas estas cosas que nos rodean, todas estas absolutas idioteces como algo normal.

Hace un tiempo hablaba de la completa estupidez que supone la ley de la paridad. Que sea el sexo y no la capacidad lo que prime para escoger a una persona para un puesto, y más cuando se hace para intentar que no sea el sexo lo que prime, me parece una tontería de enorme calibre.

Que se censuren las convicciones religiosas en nombre de la libertad religiosa es otra de estas contradicciones que nos cuelan y nosotros, como pequeños corderitos tontos las aplaudimos.

Que, como decía el otro día, nieguen la existencia de ninguna verdad absoluta mediante el razonamiento más absoluto que existe es otro ejemplo de nuestra enorme memez.

Muchas veces, medio en broma, comento con algunos amigos viendo el grado de estupidez al que estamos llegando, que el mundo se va a acabar pronto. Y es algo que, si nos paramos a pensar, está cada vez más claro.

Nuestro amigo Harold Camping comentaba que el día del juicio iba a ser el próximo 21 de mayo. Esta es otra de esas tonterías de las que hablaba, pues nadie sabe cuándo será, y si alguien dice que sí lo sabe, incluyéndome a mí, nos está intentando tomar el pelo descaradamente. Pero yo pienso que realmente queda poco, no se si para el fin del mundo en el sentido bíblico, para que haya una guerra que nos mande al otro barrio o para qué. Pero el caso es que si no llega en poco tiempo el apocalipsis, no vamos a necesitar que venga ningún dios a hacer nada, ya nos ocupamos nosotros solitos. Lo que está claro es que saber, sabemos, y también está claro que tenemos la suficiente estupidez para hacerlo.

Albert Einstein afirmó: “Solamente hay dos cosas que son infinitas, la primera es el universo y la segunda es la estupidez humana, y de la primera no estoy tan seguro”.

Pues eso, que un poco más tontos y nacemos piedras.

martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo

El pasado año, hubo 14200 incidentes en el ámbito de violencia de género, de los cuales 308 necesitaron acogimiento. La diferencia en la media de las pensiones de jubilación es aproximadamente un 25% desfavorable a las mujeres, en cuestiones de brecha salarial, la diferencia aumenta hasta el 28% de media en España.

Estos son algunos de los datos en los que podemos ver que la igualdad en España está todavía muy lejos de cumplirse. Aún dentro de nuestro avance social y político, no hemos sido capaces de ofrecer las mismas posibilidades a las mujeres que a los hombres, ni siquiera hemos sido capaces de educarnos en igualdad, y la aberración de la violencia machista sigue siendo un lastre. En resumen, seguimos considerando a las mujeres inferiores a los hombres. Y esto es en España, un país avanzado en muchos sentidos, como sabemos, hay otros muchos países en que todavía lo tienen más difícil en todos los ámbitos, llegando a las atrocidades que vemos en algunos otros puntos del globo en que las mujeres son poco más que animales, esclavas físicas o sexuales cuya finalidad es cuidar de los hombres, darles placer e hijos. Llegando a las aberrantes ablaciones del clítoris, para que no sientan ningún placer sexual, limitando este derecho al hombre.

Y así ha sido durante toda la historia. Tantas han sido las ocasiones en que hemos pisado a aquellas que nos llevaron en sus vientres que incluso ellas han sentido que realmente valen bastante poco.

Pero esta no es la verdad. La mujer es muy superior al hombre en muchos ámbitos. Son seres humanos preciosos que deben gozar de los mismos derechos y obligaciones que los hombres, exactamente los mismos.

Pero en este tema me gustaría aclarar un puntos que parece ser que hemos olvidado todos un poco. Para empezar, aunque defienda fervientemente que tenemos los mismos derechos y obligaciones, no acepto la idea que dice que hombres y mujeres son iguales. Creo que es evidente. No es igual un hombre que una mujer. Para empezar, físicamente las diferencias son evidentes, no creo que tenga que explicarlo, pero también emocionalmente, intelectualmente no somos iguales. Tenemos un diseño diferente y hacemos mejor diferentes cosas. El intentar negar esto es, en mi opinión, causa de que mucha gente se queme pensando que vale menos por estar haciendo aquello para lo que quizá no tiene tantas capacidades, y por otra parte, resta eficiencia a nuestra tarea, al no saber reconocer a la mejor persona para la mejor tarea. Cuidado, con esto no estoy generalizando ni diciendo que tal tarea es mejor para tal sexo, y que el otro no puede meterse. Es perfectamente posible que un hombre esté cuidando bebés en una guardería mucho mejor y con mucho más ánimo que cualquier mujer, o que una mujer sea mucho mejor albañil que cualquier hombre a su alrededor, estoy hablando en términos generales más que generalizando, no me entendáis mal.

Otro punto que veo que estamos fallando en este aspecto es en el tema de la paridad. Este tema está bastante relacionado con el anterior. No tiene nada que ver el hecho que las mujeres y los hombres tengan las mismas oportunidades y derechos con que deben estar en todos los cargos públicos y privados el mismo número de mujeres que de hombres. Creo que esto es algo que salta a la vista. Si yo fuera el director de una gran empresa, y tuviera 10 cargos de directivos en mi consejo, lo mejor no sería que buscara a los mejores 5 hombres y a las mejores 5 mujeres para ocupar estos cargos, lo mejor sería que buscara las mejores 10 personas, independientemente de su sexo, para mi consejo. Me llamó mucho la atención cuando, a principios de la presente legislatura, Zapatero dijera en una rueda de prensa que de lo que está muy satisfecho es de haber logrado un equipo de gobierno en el que tuviera el mismo número de mujeres que de hombres. El hecho que haya el mismo número de personas por sexo es un dato sin importancia, a mi parecer. Creo que debería haberse alegrado más bien de haber encontrado un buen equipo de gobierno, o unos ministros muy competentes para sus cargos, no por tener los mismos hombres que mujeres. Lo que me parece vergonzoso es que para tener su defendida paridad, haya dejado de lado a alguna mujer competente o algún hombre quizá mejor para ese puesto, simplemente por el hecho que deben ir el mismo número de mujeres que de hombres. En este tema defiendo más bien la igualdad a la paridad.

Y el último tema que quiero hablar de lo que creo hemos entendido mal en la igualdad entre los hombres y las mujeres es lo que se ha dado en llamar la discriminación positiva. Ciertamente no es igualdad el tener un trato de favor en ningún sentido con las mujeres respecto a los hombres. Conozco el caso personalmente, porque desgraciadamente es el de una muy buena amiga mía, en que, cuando sus padres se divorciaron, ella fue a vivir con su padre y la jueza favoreció descaradamente a su madre con respecto a su padre, hasta el punto de él quedarse con la hija, y aparte tener que dar una paga a su ex mujer de su sueldo de profesor tenía que sustentarla, obviamente, dejándole en una situación muy precaria. Aparte, las mujeres reciben muchas más subvenciones que los hombres en todos los ámbitos, menores requisitos para los mismos trabajos como por ejemplo los de policía o bombero (me pregunto si un ladrón correrá menos si va delante de una mujer por respeto a ella). Es una muy buena idea el ayudar a las mujeres para que recuperen la igualdad respecto a los hombres que legítimamente les pertenece, pero creo que ya estamos pasando de la línea para ofrecerles a ellas más derechos y privilegios en algunos sentidos que a los hombres, cuando, insisto, debemos tener los mismos derechos, exactamente los mismos.

Respecto al tema de que realmente somos diferentes, me gustaría exponer una ilustración muy bella que descubrí en un comentario bíblico, ya sabéis, yo en mi linea. Cuando Dios creó a Eva de la costilla de Adán, lo hizo con mucho cuidado. La creó de una costilla del hombre. No la creó del pie para que el hombre la pise, ni lo hizo de la cabeza para que ella esté sobre él. La creó de una costilla, debajo del brazo para que la proteja, y cerca del corazón para que la ame.

Las mujeres son realmente valiosas, preciosas, inigualables. Son ciertamente diferentes a los hombres y a la vez saben ayudarnos, apoyarnos, hacer y pensar muchas cosas mucho mejor que nosotros. En mi breve experiencia con mujeres, tengo varios ejemplos de mujeres que son realmente impresionantes. Nunca he tenido novia así que no puedo hablar de mujeres en ese aspecto, pero puedo hablar de 2 mujeres. Una es mi abuela, que ya murió. Puedo decir sin temor a equivocarme que jamás he conocido a una persona más buena y más sacrificada que ella. Y la otra es mi madre, a la que le debo tanto y que tanto se preocupa, sacrifica y tanto da por mí y por toda mi familia. Realmente ellas son un tesoro, es ya suficiente regalo el haberlas conocido, mucho más es el haber podido pasar tiempo con ellas, el haber podido apreciar su amor, y, en el caso de mi madre, el poder seguir apreciándolo, aunque muchas veces no sea capaz de demostrarlo, la verdad es que es una delicia el poder pasar tiempo junto a ella.

Así que, específicamente pensando en estas dos grandes mujeres que tanto tengo que agradecer a Dios por haberlas puesto en mi camino y en general en todas aquellas mujeres tan preciosas que podáis leerme y deseando que lleguéis a sentiros tan valiosas y especiales como realmente sois, os deseo un feliz día internacional de la mujer.

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