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miércoles, 18 de enero de 2012

¿Orientados?

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Mapa Bizantino del siglo VI orientado al Este
Hace muchos años, había una costumbre que actualmente hemos perdido. El caso es que normalmente, los mapas de la antigüedad están orientados hacia el punto cardinal Este. Es decir, así como nosotros pintamos los mapas con el Norte hacia arriba, ellos lo hacían con el Este, por considerar que era el más importante y el más fácil de localizar de los puntos cardinales.

De ahí viene nuestra palabra “orientar”. Esto es algo que ha dejado tal calado en la sociedad que incluso ahora, cientos de años después de que se dejara de usar este punto cardinal como el más básico, en nuestra propia lengua consideramos que ir por el buen camino significa “ir al oriente”.

La palabra “Oriente” viene del verbo latino “oriri”, que significa nacer, por ser el punto cardinal por el que sale el sol. De la misma manera, oeste, u occidente, viene del latín “occidere”, que a su vez deriva del verbo “cadere”, caer.

Es muy lógico que en el pasado se usara este punto cardinal como el básico, al ser, lógicamente el más fácil de identificar. Era mucho más fácil orientarse hacia el lugar por donde salía el Sol, eso sí que no tenía ninguna pérdida. Además, influyen otros hechos, sobre todo religiosos; Jerusalén está al este de Europa, así como La Meca, incluso el Paraíso estaba situado al oriente, también La Torre de Babel y el Arca de Noe; lugares emblemáticos para millones de personas durante milenios.

Actualmente miramos al norte, todos nuestros mapas, toda nuestra sabiduría y nuestros sistemas se enfocan en el norte. Pero es curioso, que incluso la palabra que da nombre a nuestro punto cardinal favorito viene del oriente, del este. Norte viene del inglés antiguo “noró”, que a su vez viene del vocablo indoeuropeo “ner”, que significa izquierda, porque al mirar al este, al lugar por donde sale el sol, lo que tenemos a la izquierda es el norte.

Pero hay varias razones, y algunas de peso, para que actualmente nuestros mapas consideren que lo que está arriba es el norte, y no el este. Para empezar, cuando no tenemos el referente del Sol, hemos tenido que idear otros sistemas para orientarnos. Para estos menesteres, y sobre todo, para los marineros que debían su vida a la capacidad de saber dónde estaban y hacia dónde se dirigían, se descubrió que el mundo está organizado magnéticamente, y que, misteriosamente, los objetos imantados de alguna manera siempre apuntan hacia aquel lugar que está a la izquierda del este. Así, las brújulas tienen la mágica capacidad de, pase lo que pase, apuntar hacia el norte. También hay una lumbrera, la Estrella Polar, que es de gran ayuda para los marinos por estar indefectiblemente ubicada en el norte. Y en cuanto al Sol, no es complicado saber dónde estar el norte sabiendo el lugar desde el que está saliendo. Por todas estas razones y otras muchas, actualmente hemos considerado como mucho más lógico y más sabio el enfocarnos al norte.

Porque lo cierto es que ahora sabemos mucho más que nuestros pobrecitos antepasados. La verdad es que los conocimientos que dominamos y las técnicas son cada día más avanzadas, jamás supimos tanto como ahora ni fuimos tan grandes como lo somos en este momento.

Pero lo que a mí se me pasa por la mente, sabiendo lo importante que antaño fue el oriente, es si no puede ser que en medio de tantos adelantos, nos hayamos dejado olvidado algo por el camino. Si no fuera posible que la grandeza de la humanidad haya traído intrínseca la ruina del hombre. Si, metafóricamente, con la búsqueda del norte, del magnetismo, de la Estrella Polar y de los musgos en las piedras, hayamos perdido el este, nos hayamos desorientado de nuestra verdadera naturaleza.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El sobrino-nieto de Hitler se convierte al judaísmo

Adolf Hitler con dos niños
Paradojas de la vida... El sobrino-nieto del responsable de la muerte de millones de judíos, Adolf Hitler, se ha convertido desde hace ya algún tiempo a la fe de Abraham y es profesor de Talmud en una universidad israelita.
Este familiar del Führer nació en Frankfurt en 1952 y vive y trabaja en Israel desde hace más de un cuarto de siglo. Pese a tener nombre, apellido y correo electrónico, no los ha hecho públicos -ni lo va a hacer- para que la trama de su vida no quede al descubierto.

Según informa el diario italiano La Repubblica, el hermanastro del genocida, Alois junior, era el padre de Heinz, segundo esposo de la abuela de nuestro protagonista, Ema Patra Hitler, quien al terminar la guerra eliminó la «t» de su apellido y lo cambió por «Hiler» para evitar ser identificada.
«Heinz se casó con la abuela Ema cuando ella se divorció de mi otro abuelo. Yo, por tanto, no tengo lazo alguno de sangre con el Führer, no tengo ADN en común», precisa el sobrino/nieto de Hitler, que dice haberse encontrado con Heinz solamente una vez «para un té» en casa.
«La abuela estaba encantada de haberse casado con uno de su clan». Ella, a la que califica de «fervorosa nazi», permaneció como tal «hasta el fin de sus días», relata. «Creía en la ideología antes, durante y después de la guerra. Estaba orgullosa de que su suegro fuera hermano de Hitler».

«Mis padres eran ambos cristianos protestantes. Los dos estaban en la Wehrmacht, el ejército del Tercer Reich. Mi padre, ardiente defensor del Partido, se divorció de mi madre poco después de mi nacimiento. Así que crecí con ella. Mi madre, en ese momento, no recibía ayuda alguna, ni económica, ni mucho menos moral de la abuela Ema, mujer indiferente a las penas y sufrimientos de los demás».
«He tenido una infancia llena de problemas; con mi madre pasábamos de una casa a otra, desalojados cuando no teníamos más dinero para pagar el alquiler. Sin embargo, ella me ha contado todo mostrándome documentos con la esvástica, las cartas y las fotografías de nuestros parientes, incluida ella misma, llevando uniformes. Y cuando le pregunté, visto que sabía las condiciones en que vivían los hebreos polacos en Lodz, por qué había continuado obedeciendo, me dijo sencillamente, con mucha vergüenza: “Tenía miedo“. La creí».

«Leí Mein Kampf, el libro de Hitler, de muchacho. Y quedé ciertamente impactado. ¿Cómo ha podido la gente ser tan estúpida para poder elegir a un hombre que escribía semejantes cosas?».
Este sobrino/nieto de Hitler señala que su recorrido hacia el judaísmo ha sido largo. «Después de la madurez, en el momento de hacer el servicio militar en Alemania, elegí Teología. El curso preveía un periodo de seis semanas en Israel. Era el inicio de los años setenta. Una vez llegado, me he sentido como en casa. Me he quedado y se ha producido mi conversión».

Algunos calculan que hay unos trescientos alemanes convertidos al judaísmo que viven actualmente en Israel. Muchos de ellos, entre los cuales se encuentran varios docentes universitarios, aún no quieren revelar su identidad y pasado.
El sobrino de Hitler utiliza otro nombre, aunque ya ha sido identificado en Israel por algunos. «No me agrada oír hablar de los palestinos con suficiencia. El Holocausto y el Tercer Reich me han forjado. Soy pacifista, y pienso que la democracia se prueba a sí misma respetando los derechos de las minorías. He buscado siempre ser honesto sobre mis orígenes: no los he ocultado jamás. También lo he hablado con mis alumnos y uno de ellos me ha dicho: “Imagina, tu abuelo podría haber gaseado a mi abuela“».

«Cuando mi historia comenzó a ser conocida, diversas personas con las que hablaba habitualmente dejaron de estrecharme la mano. Se cambian de acera. Y a mis hijos, en el colegio, los niños les escupen llamándolos “nazis“. He aprendido la lección. Alguna gente no quiere que tú cambies. Jamás».

Religionenlibertad.com

jueves, 2 de junio de 2011

Tecnología punta

Todos sabemos que, a pesar que el ser humano siempre ha soñado con volar, no logró la tecnología suficiente hasta el verano de 1883. Todos sabemos que hasta el siglo XVIII no se conoció, y mucho menos se aprovechó la corriente eléctrica. Todos sabemos que hasta que Edison inventara la bombilla, no se conocía fuente de luz más allá del fuego y el sol. Todos lo sabemos porque así nos lo han enseñado.

Como decía el otro día, tenemos el concepto que antes que viviéramos nosotros, el mundo estaba lleno de tontitos que apenas podían sobrevivir. Si nos adentramos en los albores de la historia, nos encontraremos a unos pobrecitos que viven en cuevas y cazan con palos, no les da para más.

Pues hoy quiero hablar de algo que puede hacer que cambie nuestra concepción del pasado. Comencemos por arriba.

Pájaro de Saqqara
En 1891, en la tumba de Pa-di-Amón, fechada en el tercer siglo a. C, se encontró un curioso juguete. Se trataba de una figura de madera que asemejaba un halcón. En sí no parecía gran cosa, seguramente se tratara de una veleta o de un simple juguete que perdió su capa de pintura con los años pasados. El problema llegó con el estudio que le realizó el egiptólogo Khalil Messiha. Según sus estudios, aseguró que ese artefacto tenía unas condiciones perfectas para volar, que su aerodinámica era sensacional, muy parecida a los aviones actuales. Lo único que echó en falta para que pudiera surcar los cielos sin problemas sería un estabilizador en la cola. Entonces, analizando el “Pajaro de Saqqara”, se encontraron una pequeña muesca en la cola trasera que podría ser perfectamente lo que un día unió al pájaro con su estabilizador. Messiha hizo una copia a escala del pájaro incluyéndole un estabilizador y aseguró que volaba, de hecho, en un túnel de viento, el resultado fue satisfactorio. Con una manera de lanzarlo a la suficiente velocidad y un ejemplar como el que se encontró pero varias veces más grande, el hombre pudo haber volado varios milenios antes de lo que nosotros pensamos.

Batería de Bagdad
En 1936, durante unas excavaciones en Kujut Rabua, cerca de Bagdad, se descubrió una vieja tumba cubierta de una losa de piedra. Allí, entre otros muchos objetos, se encontró una vasija de cerámica de 14 cm de alto por 4 de ancho. En su interior había un cilindro de cobre, fijado con asfalto a la embocadura del cuello. Dentro del cilindro había una vara de hierro. Ya en ese año se estudió y el arqueólogo alemán Wilhelm König, entonces a cargo del Laboratorio del Museo Estatal de Bagdad, lo identificó como una probable pila eléctrica. Desde entonces se han encontrado muchos otros objetos como este a lo largo y ancho de la antigua Babilonia. Actualmente, como está claro, ninguna de estas “baterías” tiene carga eléctrica alguna, porque han pasado miles de años. Según las reproducciones que se han hecho, esta batería tendría una carga eléctrica que sí podría alimentar algún artefacto simple. Pero tener una batería eléctrica no serviría de nada si no tuviéramos algún artefacto que alimentar, algún artefacto como podría ser una bombilla.

Lámpara de Dentera
Hay en los muros del templo de Hathor de Dendera, en Egipto, iniciado por Nectanebo I (siglo IV a. C.) y terminado en época romana unos relieves esculpidos en la piedra. Para muchos arqueólogos, estos relieves no significan nada, pero hay quien puede ver, en la imagen de la izquierda, una bombilla antigua. Según estos investigadores, se pueden comparar los objetos centrales de los relieves con otros dispositivos similares más modernos (como los tubos de Geissler, tubos de Crookes, y lámparas de arco eléctrico). Esta hipótesis podría concordar con la incógnita de porqué en los profundos y oscurísimos templos egipcios no hay restos de hollín, pues la única manera de iluminar esa estancia sería por antorchas o similares. Se han hecho pruebas para intentar ver si se podrían iluminar con espejos como nos muestran nuestros amigos de Hollywood, pero a cada reflejo la potencia de la luz sería menor y se terminaría por perder en los largos pasillos de los templos, eso sin contar con que nuestros espejos actuales, en principio, estarían mucho más pulidos y reflejarían mejor la luz que los egipcios. Además, en todos los templos hay postes de cobre que siempre se ha pensado que servían a algún tipo de rito. Si se usaran estas lámparas eléctricas para iluminar los templos, tendrían sentido las barras de cobre y la ausencia de hollín o de luz natural de algún tipo.

Va siendo hora de reescribir nuestra historia, de concebir que ni somos tan listos como pensamos ni antaño eran tan tontos. Hay otros muchos ejemplos de tecnologías antiguas que nos dejan sin aliento, ya las iremos viendo. La antigüedad está tan repleta de secretos y sorpresas que nos vemos en la obligación de replantearnos la historia, nuestro presente y la manera en que afrontaremos el futuro.

martes, 9 de noviembre de 2010

Así termina la vida y comienza la supervivencia


Carta del Jefe Indio Seattle

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas ente sí.

Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.

Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia....

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