lunes, 21 de febrero de 2011

Cómo cazar un lobo

En el ártico, hay una tribu de esquimales que han encontrado un método impresionantemente sencillo y eficaz para cazar lobos.

Lo primero que tienen que hacer es afilar un cuchillo con ahínco, el filo tiene que estar muy trabajado. Después deben cazar una foca (cazar focas es relativamente fácil, a diferencia de cazar lobos, que es mucho más complicado y, por supuesto, peligroso). El siguiente paso del proceso es mojar el filo del cuchillo en la sangre de la foca hasta que esté bien empapado, después lo sacan y esperan a que se congele, a continuación repiten lo mismo varias veces más, de tal manera que al final habrá varias capas de sangre de foca congelada recubriendo el afilado filo del cuchillo. Un sangriento “polo” que entierran en la nieve, en algún lugar que sepan que pasan lobos, de tal manera que el filo quede afuera de la nieve. La idea es que el “helado para lobos” quede al descubierto y sea lo más accesible posible para las bestias. Entonces se vuelven a sus casas.

Un lobo llega atraído por el irresistible olor de la sangre en el cuchillo. Para el lobo aquello es un regalo. Lo huele más detenidamente. Realmente es sangre buena, apta para alegrarle la tarde. Comienza a lamer el sorbete de sangre de foca. Le gusta. Conforme sigue lamiendo, su placer va creciendo, al mismo ritmo que su lengua se va enfriando, y, por lo tanto, comienza a perder la sensibilidad.

Después de un rato lamiendo la sangre de la foca, llega al cuchillo tan cuidadosamente afilado. Y entonces es cuando, aunque él no lo sepa, el lobo firma su sentencia de muerte. Con la lengua completamente insensibilizada, roza el filo del cuchillo, corta su propia lengua, y comienza a sangrar. En un principio, para él es una alegría encontrar al fin sangre caliente que corre por su garganta, aparentemente dando nuevas fuerzas a su cuerpo. El descubrimiento de la sangre caliente le da más ansia por seguir lamiendo el manjar que acaba de convertirse en algo aún mejor. Al tiempo que la nueva y caliente sangre llena su estomago, se vacían sus venas, y poco a poco el lobo nota cómo las fuerzas que aparentemente le daba el festín de sangre que se estaba dando le abandonan, dejándolo cada vez más cansado, cada vez más somnoliento, cada vez más derrotado.

Sus últimos pensamientos son de lo rica que está la sangre caliente, de la siesta tan merecida que se va a echar.

El esquimal vuelve al día siguiente, él sabe que su lobo estará ahí, muerto. El lobo sencillamente no puede escapar a esta trampa. Su propia naturaleza le obliga a morir saboreando su propia sangre. No tiene escapatoria.

sábado, 19 de febrero de 2011

Mene, Mene, Tekel, Uparsin

Los instrumentos más exóticos sonaban, tocados por los más virtuosos de todos los confines del imperio de Beltsasar, Gran Rey de los babilonios, y del mundo. El fastuoso palacio construido por Nabucodonosor el Grande era testigo de una de las mayores fiestas de las que se tenía memoria. Miles eran los invitados de entre los príncipes de todas las regiones del gran imperio que se extendía allá donde la razón daba cabida. Los líderes de cientos de pueblos subyugados por el poder de La Rosa, celebraban en aquel día el formar parte de la corte de Beltsasar, y lo celebraban con los manjares más exquisitos, con la presencia de las doncellas más bellas del imperio, escogidas de entre las más preciosas mujeres de cada nación, con la mejor música, servían el vino en los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor mandó expoliar del templo de Jerusalén. Incluso habían traído para que les acompañasen a los dioses de oro, de plata, de bronce, de madera y de piedra para que fueran testigos de la gloria del rey y para que los príncipes vieran la honra que los mismos dioses habían dado al emperador.

Era una fiesta en las que estás obligado a divertirte. Los terciopelos más exquisitos, las mejores sedas, las joyas más caras, los mejores licores, todo era poco para la celebración del Gran Rey. Hinchado de sí mismo, el propio Beltsasar bebía y bailaba sin parar, luciendo en cada salto y en cada caída, producto del vino, su enorme barriga y su poca vergüenza.

Hubo un momento, en pleno éxtasis alcohólico, satírico y sexual, en que uno de los sirvientes tuvo la mala suerte de estar en la trayectoria del rey en plena espectacular caída etílica. El gordo emperador, reunió toda la dignidad que le quedaba, pese a la aparatosidad de la caída, y en pleno ataque de risas de los asistentes, mandó matar al sirviente, había derramado un poco de vino sobre la preciosa seda del traje real. El pobre sirviente egipcio falleció al momento desangrado al haberle cortado las manos un guardia también borracho. Su sangre sirvió de manjar líquido para el rey y su familia.

En una de las estancias del palacio, un grupo de siervos reales procedentes de la conquistada Israel, intentaban mantener una conversación normal, tratando de permanecer ajenos a la brutalidad y al ansia de exceso que reinaba en el gran comedor que acogía aquella debacle. Los judíos, liderados por Daniel, habían sido raptados cuando eran niños, castrados para que el rey pudiera confiar plenamente en ellos, y puestos entre la servidumbre real. Daniel, había demostrado sobradamente al padre de Beltsasar, Nabucodonosor, en numerosas ocasiones, que era alguien en quien se podía confiar y que el mismo Dios de los cielos estaba con él. De hecho, Daniel fue de gran influencia sobre el padre del rey y éste le llegó a amar como a un hijo. Pero a su muerte, el joven Beltsasar solamente supo entregarse a la lujuria y al exceso. Pensaba que el imperio que regía existía para satisfacer su barriga, y así actuaba.

De repente, un silencio sepulcral llenó el palacio. Los ancianos hebreos dejaron de hablar y pusieron toda su atención en qué había ocurrido para justificar aquel cambio en los invitados a la fiesta. Instantes antes, el griterío era ensordecedor. Y ahora, hasta la música había enmudecido.

Por el pasillo se oyeron voces de un hombre que llamaba a gritos y con un tono bastante impaciente a los magos, a los caldeos y a los adivinos. Los jóvenes se miraron. Algo iba mal. Lo podían sentir en el ambiente.

En muchas otras ocasiones, cuando las cosas se ponían feas,había habido algo que les había venido realmente bien, y no solamente para calmar los nervios. Habían orado. Habían pedido ayuda al dios de sus padres. Sabían que les escuchaba, que en todo momento estaba preparado para ayudarlos. Así que se arrodillaron y, guiados por Daniel, comenzaron a alabar a Adonai y a pedirle que les ayudara en aquella hora, sin duda, siniestra.

Una hora después, un guarda abrió toscamente la puerta de la sala donde estaban los israelitas. El rey hacía llamar a Daniel por consejo de la reina. Daniel miró con nerviosismo a sus amigos. Probablemente, aquella era la última vez que los veía. Una llamada directa del rey significaba que o le impresionabas en sobremanera o él mismo bebería tu sangre. Y eso solía pasar en circunstancias normales, en aquel momento el rey estaba completamente borracho, y eso solo incrementaba las posibilidades de una muerte dolorosa. Pero Daniel sabía que su vida no dependía únicamente de los caprichos del emperador, por mucho poder que tuviese. Daniel confiaba en el dios que le había liberado en otras ocasiones durante tantos años en que había servido en tierra extranjera, sabía que sin su aprobación Beltsasar no le rozaría un pelo. Así que irguió la cabeza y siguió al guardia en dirección al comedor donde se celebraba el banquete.

El olor a perfumes caros, mezclados con alcohol, sudor y sangre inundaron las fosas nasales del anciano sirviente. Realmente aquello era vomitivo y Daniel seguía sin comprender en qué medida este tipo de celebraciones eran tan famosas y apreciadas por todo el imperio. Para él, aquello simplemente era repugnante.

Al cruzar las cortinas de seda negra que flanqueaban la entrada, lo primero que vio fue que todos los invitados estaban apiñados contra una pared del gran comedor, en el medio estaban el rey y su mujer. A su alrededor, yacían los cadáveres de los magos, los caldeos y los adivinos. La sangre regaba todo alrededor. Juntos, todos miraban fijamente a la otra pared. Daniel miró y vio sobre los adoquines con escenas de guerra de Nabucodonosor que adornaban la pared practicada una gran inscripción.

“Supongo que serás Daniel, de los que fueron traídos cautivos de Judea por mi padre. Jamás te ví, pero tengo entendido que mi padre te tenía en gran estima. “ El rey, con una clara palidez, era obvio que lo estaba pasando realmente mal. Se le veía francamente asustado por la inscripción, a lo que había que sumar que se encontraba en un estado de embriaguez bastante importante. “He oído de labios de mi mujer que el espíritu de los dioses santos descansa en ti, y que mi padre halló en ti entendimiento, sabiduría y luz. Y ahora, en medio de nuestra celebración, una gran mano ha aparecido con un gran destello y ha escrito esa inscripción en la pared. Llamé a mis adivinadores, magos y caldeos y ninguno supo de donde venía o qué quería decir. Así que te ofrezco lo mismo que les ofrecí a ellos. Si eres capaz de averiguar qué pone en la inscripción, así como de interpretarla, pondré un collar de oro en tu cuello y una capa púrpura sobre tus hombros, y tú serás señor del reino, después de mi reina y de mí mismo. Si no eres capaz de satisfacerme, entonces de nada me vales y tu cuerpo yacerá como el de los falsos videntes y astrólogos que acaban de morir.”

Daniel era consciente de la amenaza que pesaba sobre su cabeza, así que se dio la vuelta y contempló la escritura que había en la pared. Mientras miraba la pared, pidió con todas sus fuerzas a su dios que lo ayudara en aquella ocasión como había hecho en las anteriores. Francamente, Daniel estaba aterrado, pero debía permanecer entero delante del rey. La amenaza era tan real que sus pies estaban encharcados de la sangre de sus predecesores.

“Tus dones sean para ti, y da las recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación.” Daniel no podía creer que esas palabras estuvieran saliendo de su boca, estaba claro que Yahweh había decidido escuchar su plegaria, era como si no fuera dueño de sus labios. “El Dios Altísimo, oh rey, le dio a tu padre la gloria, la honra y el poder sobre todo el mundo. Tenía la autoridad de quitarle la vida a quién quería y dársela a quién le placía. Pero su corazón se enorgulleció y olvidó quién le entregó todo, pensó que el mundo le pertenecía para servirle y mi dios le quitó la capacidad de razonar. Estuvo conviviendo con los animales como un vulgar asno y privado de su reino hasta que supo reconocer que si algo tenía era porque Dios mismo se lo había entregado, y que quién realmente pone y quita a placer es él mismo y no un rey. Y tú, su hijo, Beltsasar, jamás has bajado la mirada de tu propia barbilla. Piensas que tienes poder de quitar la vida a tu voluntad, piensas que no ocurrirá nada por usar los vasos del templo de Dios para beber vino y emborracharte junto a tus concubinas y prostitutas. No aprecias la vida de tus propios sirvientes y rindes culto a muñecos de oro, de plata y de madera. Mientras, al dios que te dio la vida y que te mantiene, el dios en cuya mano están todos los caminos, le desprecias. Él mismo envió esa mano que rubricó tu final en la celebración de tu desgracia. Y los trazos que ves en la pared se leen como: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.

El significado de Mene es: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. El significado de Tekel es: Has sido pesado en balanza, y hallado falto. Y el significado de PERES es: Tu reino ha sido roto, y ha sido dado a los medos y a los persas.

Espero haber satisfecho las expectativas de mi rey, pues todo lo que me ha pedido, se lo he revelado.”

El rey miraba pálido, con los ojos y la boca abiertos hasta extremos casi grotescos y con problemas para sostenerse en pie. En lo más profundo de su corazón, sabía que las palabras de Daniel eran completamente ciertas, y de negarlas y asesinar a aquel hombre, solo acrecentaría la furia de su dios. Así que cumplió su palabra para sorpresa de todos los presentes, mandó traer el manto púrpura y el collar que Daniel había rechazado y le obligó a vestirse con ello. Daniel no se negó con demasiado ahínco, después de todo, sabía que no pertenecería por mucho más tiempo a aquel rey.

En medio de la ceremonia, se desató la alarma en la ciudad. Las trompetas comenzaron a sonar por todas las torres de la muralla. Los medas atacaban con un enorme ejército. Beltsasar, en cuanto escuchó el ruido de las trompetas, se apresuró a la cámara especial donde guardaba la Rosa. Cuando abrió la puerta, vio a Darío, rey de Media con el poderoso objeto. En ese momento, Beltsasar, mirando fijamente a su adversario, fue completamente consciente de su derrota. Rápidamente, trató de darse la vuelta y huir corriendo aprovechando los pasadizos secretos de su padre. Una flecha acabó con su huida acertando en pleno corazón.

Caía Babilonia, se levantaba Persia.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Democracia?


En nuestro país, la institución que más confianza ofrece a los ciudadanos es el ejército, seguido de la monarquía. Los partidos políticos son la institución que menos apreciamos, apenas un 2,88 es la nota que ponemos a los que teóricamente nos están representando, a los que deciden qué va a ser de nosotros. Tres cuartas partes de los españoles opinan que los políticos solamente buscan sus intereses particulares y que nada o casi nada se preocupan del interés general.

Con nuestros propios ojos podemos ver cómo, a marchas forzadas, nuestra sociedad y sobre todo las nuevas generaciones están perdiendo interés en todo lo que tiene que ver con la política y lo más escuchado en este sentido es la idea de que “da lo mismo a quién votar o incluso, da lo mismo votar o no, después de todo, siempre será todo igual” o incluso que “el PP y el PSOE son el mismo perro con distintos collares”. Las notas de los líderes políticos han alcanzado mínimos históricos, Rajoy tiene un 3,25 y Zapatero un 3,30 sobre 10.

Yo no sé cómo será en el resto de España, pero al menos en el ámbito en que me muevo, la idea más generalizada es que nos están tomando el pelo, que ambos equipos políticos que se turnan el poder de una manera tan descarada realmente no cuentan con los españoles que les ceden el poder, que este intento del 78 está saliendo francamente mal. Yo mismo me siento frustrado al ver que aún en mi juventud, lo cierto es que estoy perdiendo la fe en los que teóricamente me representan. Puedo ver tanto en mi ciudad como en mi país cómo los que podrían ser los líderes más aptos, los que sería posible que cambiaran las circunstancias, son dejados aparte porque no sirven a los propósitos de los que realmente sí que ostentan el poder, de los que buscan que la masa de la población desconozca los hilos que usan para movernos a todos como marionetas.

El otro día hablaba de la supuesta libertad que pensamos que tenemos y no es así. En este tema podemos verlo más que en ninguno. Los que nos representan se ríen de nosotros, o al menos esa es la impresión que dan, así que si no nos están tomando el pelo, la verdad es que lo disimulan muy bien. No somos libres de tener los líderes que queremos, el plan que vemos es: puedes elegir entre este o este, ambos elegidos por otros en unos procesos que no entendemos y que sabemos que no son buenos líderes, no hay más que ver sus notas. ¿Tenemos a nuestro 3,30 o a nuestro 3,25 como nuestro líder, como aquel que teóricamente nos sacará de esta crisis?.

Este es un juego muy peligroso, realmente la tomadura de pelo que están haciendo a los españoles es peligrosa. Veo cómo la gente es apática ante esto, se limitan a quejarse y a indignarse contra nuestros superiores, pero al ritmo que vamos, no sé a dónde vamos a llegar. Me acusarán de catastrofista, pero el clima que precedió a la Guerra Civil era bastante parecido. Está claro que no tenemos razón para quejarnos cuando nosotros mismos elegimos a nuestros gobernantes, pero el caso es que no tenemos esa opción. Y la gente se empieza a cansar de esta broma.

Mi intención de hoy es que recapacitemos un poco, que meditemos sobre la idea de si realmente hemos cumplido el deseo de aquellos que derramaron su sangre para darnos libertad, si tenemos la capacidad real de ser soberanos, si el pueblo posee eso que en teoría tiene y que está recogido en nuestra Constitución.

¿Realmente vivimos en una democracia?

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Libres?

2005: 91187, 2006: 99197, 2007: 100608, 2008: 83191, 2009: 88261.

Ahí arriba tenéis los datos oficiales de número de afectados en accidentes de tráfico, ya sean heridos o muertos, desde el 2007 hasta hoy. Hasta ahí bien, a nadie le sorprenden estas cifras porque son bien sabidas y de conocimiento popular. Está claro que son excesivas, pero todos estamos muy concienciados de esto, tanto que desde hace muchos años se llevan haciendo programas para luchar contra estas cifras. No así como con los suicidios que ya han alcanzado a los muertos por el tráfico como ya comenté recientemente.

Pero lo que a mí me llama poderosamente la atención es lo cercanas que están estas cifras, es decir, una diferencia de 13000 afectados en una población total de 45000000 es algo ínfimo. Se supone que un accidente de tráfico, como su propio nombre indica, es un acto accidental, no está preparado, teóricamente fortuito y aleatorio, ¿porqué son tan similares?.

Y esto mismo podemos preguntárnoslo de cualquier otro dato del que tengamos las estadísticas a mano. Por poner otro ejemplo, en 2007, la lacra de la violencia machista, dejó por el camino 71 vidas, en el 2008 fueron 84 mujeres las asesinadas por sus parejas o ex parejas, en 2009 78 mujeres y en 2010 se contabilizaron 85 muertes por esta barbarie. 14 vidas de diferencia en una población que roza el medio centenar de millones de personas. Y esto en algo abiertamente repudiado por la sociedad, sin que los asesinos o las asesinadas se conozcan entre sí y sin ningún tipo de relación. ¿cómo puede ser esto?, ¿cómo puede haber tal “coincidencia” en una población tan vasta, tan diversa, en un tema tan accidental?.

Esto me hace ver claramente que no somos tan libres como pensamos. No sé si será algún tipo de programación oculta en lo más remoto de nuestro cerebro, la manipulación de alguien que desconocemos o una gran conspiración de algún ente alienígena, eso ya lo dejo a vuestras potentes imaginaciones, pero el caso seguro es que no somos libres por mucho que nos empeñemos en simularlo. Llevamos puestos unos grilletes invisibles pero férreos que nos impiden pensar, sentir, actuar de una manera exenta.

En la actualidad, según estimaciones, el 10% de la población es homosexual. Dejo a cada uno que interprete si es bueno o malo, pero el caso es que si hubiéramos hecho esta estimación 40 años atrás, la respuesta habría sido un 0%, obviamente, la represión influiría decisivamente, pero aunque se hubiera eliminado el acto represivo del gobierno en aquellos años, estaría claro que los datos no serían tan abultados como los actuales, en que casi 4 millones y medio de españoles son homosexuales.

Y esto me hace pensar otra cosa, la represión que sufrimos los españoles con la dictadura de Francisco Franco, no dejó libertad a la sociedad de expresarse, cohibió las libertades de los españoles, y esto puede servir perfectamente de prueba.

Pero también actualmente se está llegando al otro punto, podemos ver en las series de televisión cómo los personajes homosexuales son los más buenos, simpáticos, guapos y educados, en los programas de televisión vemos cómo para triunfar en la vida, un punto muy importante es ser homosexual, es algo favorable para ser alguien mejor, para ser alguien libre, libre de ataduras de la cultura, la costumbre, la religión, una persona librepensadora, desatado y emancipado.

Y esto es lo que vemos en los medios de comunicación, desde arriba, igual que antes se nos vendía que un homosexual es alguien depravado en quien no se puede confiar y mucho menos darle la espalda, actualmente es todo lo contrario, y estoy convencido que este hecho influye también en el despegue de esta situación. Estoy convencido que el número de homosexuales seguirá creciendo, porque la influencia a la que estamos expuestos nos convence que es una opción incluso mejor que la heterosexualidad, eso es lo que vemos a nuestro alrededor. Y nosotros nos lo creemos y seguimos adelante con ello. Otra prueba más de que en absoluto somos libres, pero en este caso sí que sabemos, como en otros muchos casos que los grilletes invisibles son obra y labor del ser humano.

Mi intención hoy es que, aunque sea brevemente, nos demos cuenta que en absoluto somos libres, que de alguna manera u otra, nuestros actos, nuestros pensamientos, incluso los actos presumiblemente aleatorios y accidentales, no lo son tanto, que la vida no es tan sencilla como hemos aprendido en el colegio. Al menos para mí, está claro que algo hay más allá que nuestros ojos no pueden ver, o que sí pueden ver y tratan por todos los medios de ignorar.

sábado, 12 de febrero de 2011

Alejandro El Grande


12 de junio del 323 a. C.

Alejandro miraba al techo de su habitación del palacio de Nabucodonosor II mientras las gotas de sudor le recorrían todo el cuerpo.

La repentina enfermedad que le hacía arder las entrañas lo tenía postrado en cama desde hacía apenas 10 días y había hecho estallar la alarma entre todos los estratos del inmenso ejército de El Grande y preparado el terreno para un batallón de rumores sobre conspiraciones entre los generales o incluso de los mismos dioses.

El mismo Alejandro no podía evitar sospechar de cada persona que estuvo a su lado la noche de la fiesta en que cayó enfermo, aunque sabía quienes eran los responsables, cualquiera podría haber sido el artífice. La resaca de la borrachera pasada parecía, en un principio, ser la causa del terrible dolor de cabeza y del malestar general del primer día de la afección, pero eso fue solamente el principio. El día posterior le fue imposible levantarse de la cama y desde entonces los dolores solo habían aumentado.

Para él era seguro que alguien le había envenenado. Deseaban su imperio, su oro, su ejército, sus esclavos, deseaban todo lo que él representaba. Pero sabía qué era lo más valioso que atesoraba. Había unos pocos que conocían el secreto del Gran Alejandro, y los pocos que lo sabían le servían fielmente, esperando la oportunidad de robarle. Él lo sabía, los vigilaba, y había fallado.

Los altísimos techos hechos de ladrillos cromados con grandes dibujos de la grandeza de reyes pasados eran testigos de la caída de Alejandro III. Un gran rey no debía morir postrado en cama, un conquistador debería haber caído en una gran batalla, bajo el filo de un enemigo implacable, con el honor de una muerte de héroe. Desde la gran ventana, el verdor exuberante de los jardines colgantes se burlaban del moribundo, del altivo cadáver.

En su mente, mientras los miles de soldados pasaban delante de su agonizante cuerpo para dar la última despedida al gran capitán de Grecia mientras seguía vivo, solo había sentimientos de odio hacia los traidores con los que había compartido sudor, sangre, muertes y su misma mesa y le habían asestado una cruel puñalada por la espalda para conseguir su bien más preciado. Ahora ya no tenía ninguna manera de deshacerse del instrumento divino que le había otorgado la llave de toda Persia y del imperio mayor de la historia, y que a su vez le había condenado a muerte a la temprana edad de 32 años.

Alejandro ni siquiera podía hablar ya, el dolor era tal que, según los médicos, no debería seguir vivo. Pero para él, cualquier minuto que pudiera vivir más, era necesario para apartar a los sucios predadores del objeto que tantas victorias le había dado. Solamente podía sentir odio hacia sus asesinos. Ni un sentimiento de orgullo al haberse hecho un nombre que se recordaría durante milenios, ni de lástima por su imperio que se quedaba sin cabeza, ni de ganas de vivir tantos años como le tendrían que quedar. Solo odio.

Recordaba aquel día, hacía ya más de 10 años en que aquel ateniense, Jenofonte, uno de los héroes que volvieron del corazón de Persia, le dio aquella espada, según él, creada por el mismo Ares. Decía que se la robó al Gran Rey de Persia Artajerjes en la gran batalla que les condenó al largo peregrinaje para salir de aquel infierno. Contaba que durante meses el mismo Rey les persiguió con su vasto ejército, y que en aquella ocasión fue cuando vio el enorme poder de la espada. Cada vez que el ateniense levantaba la espada y atacaba a sus enemigos, el ejército se hacía invulnerable, los escudos griegos no eran flanqueados y las lanzas de sus enemigos reventaban al chocar contra sus armaduras. Vencer los vientos, las nieves y el abrasador sol fue mucho más difícil, pero los dioses les regalaron aquello para que pudieran salir con vida de aquellas tierras. También le contó que en sueños, el mismo Ares le dijo que la espada se la había dado para que se la legara a Alejandro de Macedonia, era el instrumento que usaría el mismo dios para vengarse de las afrentas hechas por los persas a los griegos y a su misma persona.

Jenofonte no sobrevivió a la conquista de los persas pero el regalo que le hizo al emperador fue la clave de la campaña. Cuando Alejandro portaba aquella espada, la victoria estaba asegurada, era como si el mismo Ares estuviera luchando por cada uno de su ejército. Con aquel regalo de los dioses, la conquista del mundo era tan solo cuestión de tiempo.

Pero fue engañado. Como en la mayoría de los imperios, la ruina de Tre-Qarnayia llegó de su mismo corazón, de su gente de confianza, de los cuales a quienes había legado su máximo secreto, pero ya no podía hacer nada, solo odiarles. Y eso pensaba hacer, les odiaría hasta que pudiera sacarles los ojos él mismo en el Hades.

Abrazado a su espada agonizaba hasta morir el más grande de toda Grecia, el conquistador del mundo. Al menos hasta que el aire abandonara su frágil cuerpo, nadie le robaría su joya.

Entre los generales, sentados en una mesa cercana a la cama del Magno, Casandro se relamía. La conquista del mundo estaba en sus manos. Había destruido lo único que le alejaba de su destino, pasar a la historia como el Gran General, el Máximo Rey. Se le compararía con un dios, se diría de él que era descendiente de la mismísima Atenea.

En cuanto el rey diera un último respiro, robaría la llave de la divinidad, y a él nadie se la arrebataría.

jueves, 10 de febrero de 2011

Te veo

Hoy quiero dedicarle esta entrada a quien me enseña a ver todo lo que es hermoso, quien me ilumina el camino al paraíso, a quien ofrezco mi vida como sacrificio.



Caminando a través de un sueño,
Te veo.
Mi luz en la oscuridad respirando esperanza de nueva vida.
Ahora vivo a través de ti y tú a través de mí.
Encantador
Rezo en mi corazón para que este sueño nunca acabe.

Me veo a través de tus ojos.
Viviendo a través de la vida volando alto.
Tu amor me ilumina el camino al paraíso,
Así que ofrezco mi vida como un sacrificio.
Vivo a través de tu amor.

Me enseñas como ver todo lo que es bello.
Mis sentidos tocan tu mundo  de una manera que nunca me imaginé.
Ahora te entrego mi esperanza, me rindo.
Rezo en mi corazón que este mundo nunca termine.

Me veo a través de tus ojos.
Viviendo a través de la vida volando alto.
Tu amor me ilumina el camino al paraíso,
Así que ofrezco mi vida, ofrezco mi amor, para ti.

Cuando mi corazón nunca fue abierto
(Y mi corazón nunca fue liberado)
Al mundo que me has enseñado.
Pero mis ojos no podían vislumbrar
Todos los colores del amor y de la vida eterna.
Eterna

Me veo a través de tus ojos.
Viviendo a través de la vida volando alto.
Tu amor me ilumina el camino al paraíso,
Así que ofrezco mi vida como un sacrificio.
Vivo a través de tu amor.

miércoles, 9 de febrero de 2011

No estaría mal...

Ahora que me voy a vivir a Madrid capital, no estaría mal alguna cosa que otra.

No estaría mal que encontrara un buen trabajo, si es que existe.

No estaría mal que encontrara una buena mujer por la que mereciera la pena arriesgarse.

No estaría mal que me tocara la lotería, por ejemplo.

No estaría mal que me sacara un 9 y pico en el examen de hoy.

No estaría mal que os animarais y me comentaseis algo en el blog para darle algo de vidilla.

No estaría mal que cambiase alguna cosa que otra en mi vida.

No estaría mal que la próxima asignatura fuera por lo menos tan buena como las dos anteriores.

No estaría mal que aprendiese a ver la verdad entre tanta mentira.

No estaría mal que comenzase a confiar en quien debo debo de una vez, y me dejara de tonterías.

No estaría mal que viese felices a las personas que me importan.

No estaría mal que todo estuviera donde y como debe estar.

No estaría mal que muchas cosas cambiasen, pero a pesar de todo lo que no estaría mal que cambiase en mi vida, la verdad es que...


Tampoco está tan mal.

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