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lunes, 21 de abril de 2014

I see love

THIRD DAY, STEVEN CURTIS CHAPMAN & MERCYME
I SEE LOVE

Algunos ven a un maestro
En pie sobre una colina
Hablando con sabiduría.
Algunos ven a un sanador
Extendiendo su mano
Para dar vista a un ciego.
Algunos ven a un soñador
Gastando su vida
En lo que nunca podrá ser.
Algunos ven a un tonto
Muriendo por sus sueños.

Pero yo veo amor,
Veo amor
Luz de los cielos atravesando.
Veo gracia,
Veo el rostro de Dios.
Brillando con amor puro y perfecto.
Cuando te veo,
Veo amor.
Algunos ven a un prisionero,
Solo ante su juicio,
Sin nadie que lo defienda.
Algunos ven a una víctima,
Mordida y abusada,
Con todo el mundo en su contra.
Algunos ven a un mártir,
Cargando con su cruz
Por lo que cree.
Algunos ven a un héroe
Que libera a su pueblo.

Pero yo veo amor,

Veo amor
Luz de los cielos atravesando.
Veo gracia,
Veo el rostro de Dios.
Brillando con amor puro y perfecto.
Cuando te veo.

Con tu último aliento, veo amor.
En tu muerte, veo amor.
Veo paz en los ojos del Rey.

Veo esperanza en Tu sufrimiento.
Veo la calma en medio de la tormenta
Veo al Salvador.


Algunos le ven saliendo de una tumba vacía.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Las flores mintieron (Había un sabio rey... -Parte III)

Hoy he tirado un ramo de flores a la basura.

Los pétalos habían caído, las hojas estaban secas, el antaño delicioso aroma primaveral se había esfumado en el tiempo. Fueron un regalo, con todo mi amor, para mi esposa. El vertedero será su fin.

Posiblemente hayas estado enamorado alguna vez en tu vida, quizá hasta lo estás en este momento. Quizá hayas regalado flores a tu amor, con todo tu corazón, quizá hasta te las ha aceptado con todo su corazón también. Quizá todo ha sido un cuento de hadas, en esos momentos en que los pétalos están frescos y relucientes, en que las hojas irradian vida y verdor, en que el aroma embriaga los sentidos en un halo de belleza y perfección. Esos momentos de ensueño parece que nunca van a terminar, que el viento siempre soplará a nuestro favor, esos momentos hacen que nos sintamos exultantes, como si nada pudiera tocarnos, como si la vida hubiera sido creada para ese instante en particular, y todo lo demás poco importa.

Pero el mundo, el tiempo, las circunstancias y nuestras faltas terminan haciendo que las flores se sequen, terminan haciendo que el sueño de la eterna primavera quede sofocado por el destructor sol estival, y es en estos momentos en que comienzas a plantearte que quizá el cuento de hadas solo era un escalón.

Hoy he tirado un ramo de flores a la basura.

Y con él, he tirado un pedacito de mi orgullo, de mí mismo. En algún lugar de aquellas flores marchitas se me enredó el alma, y al tirarlo, me caí al contenedor. El vertedero será mi fin.

Y ha sido en ese momento, en que me he dado cuenta que las flores no están hechas para una vida, sino para un momento. Que el dulzor de su aroma, los colores que la engalanan, la alegría que desprende morirán. Pero que así está bien.

Porque es en esos momentos, cuando que ves caer el ramo a la oscuridad, que puedes comprender que no era tan importante, al fin y al cabo. Es en esos momentos en que te ves caer al contenedor, cuando eres consciente que no se trata de ti, ni muchísimo menos. Es en esos momentos, cuando ves que el cuento de hadas se llena de lobos, en que tienes que despertar de la somnolencia, y ver que el amor que comenzó con aquel ramo, se demuestra después de tirado a la basura; el amor del cuento de hadas, se demuestra luchando contra los lobos; el amor de las sonrisas, se demuestra más allá de las lágrimas. Es en esos momentos en que te das cuenta, al fin, de que el amor va más allá del sentimiento, más allá del aroma, mucho más allá de ti mismo. Es en esos momentos en que te das cuenta que el amor verdadero jamás será un contrato mercantil, en el que solo das si recibes. El amor se trata de dar, sin medida, sin esperar nada, sin pensar en ti.

Y más importante todavía, es en esos momentos, en que te das cuenta de que, así como las flores van a perecer por sí mismas, cualquier esfuerzo que hagas está avocado a la muerte de la misma manera. El cordón de dos dobleces se romperá cuando llegue la tensión, o quedará unido artificialmente. Pero el cordón de tres dobleces no se romperá fácilmente (Eclesiastés 4:12), es más, no se romperá jamás. Y al tirar el ramo, me he dado cuenta de hasta qué punto necesito esa tercera doblez.

Hoy he tirado un ramo de flores a la basura.

Y al tirarlo, me he caído al contenedor también. Y al caer, me he dado cuenta de que yo no soy el importante, ni el ramo, ni el cuento que creí vivir. Al caer, me he dado cuenta de que aquí lo importante es dar, no recibir, es hacer sentir bien, no sentirme bien. Pero también me he dado cuenta de que yo no soy capaz de mantener con vida el ramo, que yo no soy capaz de mantenerme en pie al tirarlo, que yo no soy capaz de dar un paso más con la que está cayendo.

Hoy he tirado un ramo de flores a la basura. Y, paradojicamente, es una buena noticia.

Porque he podido ver que mi vida no depende de mí, ni del olor de las flores, ni de nada que pueda controlar. Me he dado cuenta que el amor es mucho más bello que lo que se me vendió, mucho más colorido, mucho más vivo. Porque no se trata de flores, ni de cuentos, ni de mí, ni siquiera de mi mujer. Porque se trata de mi Dios y en Él, puedo estar seguro.


Hoy quiero poner esta tercera doblez en mi matrimonio, en mi vida, en todo lo mío. Hoy quiero cambiar mi contenedor por Su regazo. Hoy quiero dejar de luchar por mí y comenzar a luchar por lo que realmente importa: mi esposa y mi Dios.

martes, 2 de julio de 2013

Tu sonrisa


Una puesta de sol con el mar de fondo. Un frondoso bosque cubierto por la nieve. El espectáculo de las montañas impertérritas cubiertas por una constantemente cambiante capa de árboles con cada hoja en un tono diferente de color. Una limpia y perfecta noche estrellada. Un precioso acantilado con las olas rompiendo como si tratasen de tirar abajo el mundo.

Podría seguir enumerando espectáculos que puedo disfrutar y emocionarme viéndolos. ¡Qué regalo poder ser testigo de semejante belleza! Estoy profundamente agradecido por poder tener semejante privilegio.

Pero hay un privilegio que me hace aún más afortunado. Aún hay un cuadro más bello que puede pintarse delante de mí. Uno que me hace aún más especial, mucho más feliz. Una imagen que prefiero tener delante antes que cualquier otra, antes que cualquier privilegio, que cualquier otra estampa. Tu sonrisa.

Me da fuerzas, me hace respirar tranquilo, me ilusiona, me empuja, me enamora, me hace estar agradecido, me hace ver que merece la pena seguir luchando, me encanta. Tanto me gusta que quiero dedicar mi vida a que nunca se apague, que ningún día te falte una sonrisa en el rostro, que jamás se extinga tu alegría.

Dios me ha entregado a una amiga encantadora, a una compañera preciosa, a una novia bellísima, a una mujer valiosa, a ti. Y ahora, ya en la cuenta atrás de nuestro gran día, quiero, más que pedirte que seas la mujer perfecta para mí, encargarme de ser el hombre perfecto para ti, el que cuide tu sonrisa y tu corazón con todas sus fuerzas y hasta que se acaben.
Este es el tiempo que me queda para verte venir vestida de blanco hacia mí. Disfruta tu tiempo de soltera, y mantén tu sonrisa. A partir del 10 de agosto, me ocupo yo.

Te amo, Rebeca.



martes, 29 de enero de 2013

Nosotros


Ha costado, sí. Y cada uno de los días, de las semanas que se convertían en años, lo han hecho mucho más difícil. Y cada uno de los kilómetros en medio ha hecho que todo sea más frío, más incierto, más inseguro.

No es mi intención contar la historia, no dudo que sería un tema perfecto para un libro, uno de los buenos, de los que hace que se te caigan las lágrimas, y de los largos también, esta historia tiene ya 100 meses de duración, desde aquel agosto del 2004. Ha sido difícil, es muy complicado, y no cuento con que todo vaya a ser un camino alfombrado de pétalos de rosa a partir de ahora, pero hay algo que tengo claro, y es que ha merecido, merece y merecerá la pena.

Ella se llama Rebeca, y me gustó desde la primera vez que la vi, aunque no fue hasta diciembre del 2005 que supe que quería que ella, y no otra, fuera quien compartiera mi camino, y yo el suyo. En mi orgullo había decidido que algo debía ser de una manera, y ella me habló con la firmeza de la razón y con la ternura de una caricia. Eso consiguió dos cosas, hacerme recapacitar sobre mi actitud y mis motivaciones, y decidir que si alguien me iba a seguir corrigiendo el resto de mis días, sin duda alguna, quería que fuese ella.

Mucho ha pasado desde entonces, tanto que dudo que fuera capaz de organizar mis pensamientos fácilmente para saber qué ocurrió cuándo. Sí que sé que han sido muchas las ocasiones en que he deseado con todas mis fuerzas olvidarme de ella, pasar página en medio de la tormenta, refugiarme en el olvido cuando el dolor arreciaba, pero no lo conseguí. Sencillamente no era capaz, eso o algo en mi interior se negaba a abandonar la esperanza contra-esperanza.

Ha dolido, ha sido difícil. Duele y es difícil. Dolerá y será difícil. De eso no tengo ninguna duda. Pero hay algo que ahora sí tengo más claro que nunca, cuanto más grande es el premio, más grande es el coste. Y hoy puedo celebrar que el premio es mucho más grande de lo que puedo expresar con palabras, que cada metro que me separa de ella ahora, que cada segundo de espera constante ha merecido la pena, que ella vale cada lágrima, cada desesperación, cada “¿por qué?”, cada “¿hasta cuándo?”. La distancia sigue ahí, no por un gran lapso, y el tiempo aún se ve lejano, en un sentido, pero no puedo estar más convencido de que quiero compartir cada día de mi vida con ella, que quiero ver su sonrisa al despertar, que quiero pedirle mil veces perdón por mi torpeza, y aprender a su lado, que quiero que cada día cuente, que no se ponga un solo sol sin que esté convencida de cuánto la amo.

Pero esta ecuación no quedaría completa, estaría siendo absolutamente injusto y dejaría lo más grande en el tintero si no reconociera, diera la gloria y evocase al cerebro y causante de todo esto, al corazón tierno que creó el amor para nosotros, a las manos fuertes que nos han levantado tantas veces, al brazo firme que nos ha protegido de innumerables peligros y nos ha ayudado a levantarnos cuando caíamos. Porque es Dios, no tengo ninguna duda, el que está detrás, sonriendo. El que me empuja hacia ella, el que le empuja hacia mí, el que da fuerzas para que ni la distancia ni el tiempo apaguen la llama, el que nos regala con alegría todo lo que necesitamos para celebrar nuestra unión, Él es el Padre que nos enseña, quizá a veces con métodos que no entendemos aún, el precio del amor, el valor del compromiso, la fuerza de esta decisión, que un cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente, que estando Él en el medio, no hay de qué temer.

Así que hemos decidido unir nuestras vidas en un acto de locura a ojos de muchos el 10 de agosto. Y lo hemos decidido así porque tenemos claro que ya hemos encontrado a la persona con quien compartir nuestras vidas, porque nos queremos, porque entendemos que Dios así nos lo confirma y porque hemos decidido, no de palabra, sino con nuestras propias vidas, confiar en Dios, entregarle todo lo que tenemos, dedicarnos a servirle y que sea Él quien se ocupe de lo demás. Porque no entendemos otra manera de actuar, y porque pensamos que lo insensato sería tratar de buscar la sabiduría de los locos en un mundo de locos.

Y así es como será, si Dios quiere. He decidido amar a Rebeca hasta el día en que muera, y he decidido hacerlo aunque sea difícil, aunque todo vaya en contra, incluso aunque haya días en que sencillamente no quiera o que parezca que “se ha acabado la pasión”. He decidido hacerlo, y así lo haré, con la ayuda de Dios. Y juntos, hemos decidido confiar en Él con nuestras vidas, servirle con todas nuestras fuerzas y buscarle con todo nuestro corazón, y hacerlo juntos. Y así será, con su ayuda, hasta el día de nuestra muerte, confiaremos en Él en los buenos y en los malos momentos, confiaremos en Él aunque no entendamos lo que viene, confiaremos en Él porque sabemos en quién hemos creído, confiaremos en Él aunque muramos por esta confianza, después de todo, él ya murió por nosotros.

viernes, 2 de marzo de 2012

High





Cuando estés cerca de las lágrimas recuerda, algún día todo se acabará. 
Un día llegaremos muy alto.
Aunque esté más oscuro que en diciembre, lo que está por delante es de un color diferente. 
Un día llegaremos muy alto.

Y al final del día recuerda los días cuando estuvimos tan cerca del borde, y adivina cómo lo hicimos a través de la noche.
Y al final del día recuerda la manera en que estuvimos tan cerca hasta el final.
Recordaremos que fuimos yo y tú.

Porque vamos a ser para siempre tú y yo. 
Siempre me mantendrás volando alto en el cielo del amor.

¿No crees que es hora de que empieces a hacer lo que siempre quisimos? 
Un día llegaremos muy alto.
Porque incluso lo imposible es fácil si nos tenemos el uno al otro. 
Un día llegaremos muy alto.

Y al final del día recuerda los días cuando estuvimos tan cerca del borde, y adivina cómo lo hicimos a través de la noche.
Y al final del día recuerda la manera en que estuvimos tan cerca hasta el final.
Recordaremos que fuimos yo y tú.

Porque vamos a ser para siempre tú y yo. 
Siempre me mantendrás volando alto en el cielo del amor.

Y al final del día recuerda los días cuando estuvimos tan cerca del borde, y adivina cómo lo hicimos a través de la noche.
Y al final del día recuerda la manera en que estuvimos tan cerca hasta el final.
Recordaremos que fuimos yo y tú.


martes, 14 de febrero de 2012

San Valentín


Millones de parejas a lo largo y ancho de todo el mundo celebran hoy su gran día, la celebración del amor y la pasión entre dos personas. Es el gran día de las floristerías y las tiendas de perfumes. Es San Valentín.

Se supone que esta fiesta está basada en un mártir con este nombre. El problema es que, en las listas de mártires, confeccionadas en los primeros siglos de nuestra era, hay tres valentines cque así se llaman. Dos de ellos fueron obispos que fueron sepultados en las cercanías de Roma y otro más que murió en el norte de África.

Actualmente no se sabe a ciencia cierta de qué mártir tomó el nombre esta festividad, pero la verdad es que lo más probable es que el inicio de esta celebración sea más producto de leyendas que de bases históricas. La Enciclopedia Católica califica esta festividad como que “carece de valor histórico” y de hecho, debido a esto mismo, San Valentín fue eliminado del santoral en 1969. Es más un cúmulo de leyendas que se han unido y acrecentado a lo largo de los siglos.

De hecho, lo más probable es que esta fiesta sea más antigua que el propio cristianismo, se enlaza con las fiestas lupercales del Imperio Romano, rituales paganos en homenaje a Fauno Luperco (de 'lupus', lobo, Pan para los griegos) que protegía a los pastores y los rebaños, y que se celebraban el 15 de febrero de cada año, cinco semanas antes del comienzo de la primavera. Después, en la Edad Media, diferentes poetas la enlazaron con el hecho de que es en estos días cuando se aparean los pájaros, ya de por sí símbolo del amor y de la pasión entre la pareja.

El caso es que, aunque ya no sea oficialmente, según la Iglesia Católica, un santo, Valentín se ha convertido en un fenómeno de masas, probablemente más aclamado por El Corte Inglés que por necesidades propiamente dichas.

Es muy bonito que exista un día en el que acordarse de la pareja, en que hacerse regalos y recordar qué fue aquello que hizo que te enamorases de esa persona. Pero lo que no me parece tan bien es en qué se ha convertido. Actualmente estás obligado a regalar algo a tu pareja cada 14 de febrero. No lo haces porque la quieras o porque te apetezca, ni siquiera para tener un detalle, lo haces porque estás obligado.

¿Por qué no puede ser tu día de celebrar tu amor un 16 de abril, o un 11 de julio?¿Por qué no celebrar vuestro amor cada día, en cada momento? ¿Por qué no regalarle flores a tu mujer un día cualquiera, para celebrar que te ama, que la tienes en tu vida, que existe?

Aún así, hoy en que tanta gente celebra lo que siente, el sentimiento más bonito de todos, el que más importa en esta vida, por el que, seguramente, estarías dispuesto a arriesgar más, querría desearos a tod@s un muy feliz día de San Valentín.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Acuérdate


“Se acerca el invierno”. Este es el lema de la casa Stark, que a algunos os sonará por la serie de Juego de tronos o incluso de la serie de libros Canción de Hielo y Fuego en que está basada y que, por cierto, daba nombre a la entrada del pasado 12 de diciembre. En esta entrada hablaba de la cantidad de problemas que se nos echaban encima y que parece haber eclipsado nuestro optimismo y el color en nuestras vidas. Y es que parece que nos viene un invierno bastante serio.

Y la verdad es que parece que nos viene un temporal, o más bien estamos en él, que bien nos irá si conseguimos pasarlo, con mayor o menor fortuna. Estamos en el 2012, el famoso año en que “sabemos” que algo malo nos va a suceder, las tormentas solares nos van a fumigar, los meteoritos nos van a aplastar, la guerra estallará y nos llevará por delante o lo que fuera, pero parece ser que los antiguos mayas se lo estarán pasando en grande en sus vetustas tumbas, viendo como montamos castillos del polvo.

Como ya expresé el pasado 4 de enero, tengo un muy buen presentimiento para con este año, aunque parece que la cosa en general no mejora en absoluto, incluso el Madrid continúa sin ganar al Barça. Pero la sigo teniendo. Personalmente tengo “buenas vibraciones” para con este año.

Y la verdad es que por lo que llevo de 2012, mis predicciones se cumplen. Actualmente estoy esperando a que vengan en algún momento mal dadas y no todo sea tan maravilloso como me lo parece. Porque la verdad es que a todos los efectos (exceptuando el económico, como, creo, casi tod@s) no puedo estar más satisfecho. Me siento realizado, reconocido, amado, tengo muchas ganas de hacer muchas cosas y energías nuevas, pero sobre todo, me siento agradecido. Agradecido a todos los que hacéis posible cada día que pueda sentirme tan feliz de estar en mi piel. A mi familia, a mis amigos, a mis compañeros en el seminario, a todos mis compañeros de camino hacia casa, a esas personas tan especiales, no hace falta que os nombre, sabéis quienes sois.

Pero sobre todo quiero acordarme del mayor responsable de mi felicidad. Dice el libro de Eclesiastés, en la Biblia, Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud,  y eso quiero hacer hoy. No solamente por ser mi Creador, no solamente por haberme diseñado, programado y dado vida. Sino por la manera en que lo ha hecho, el lugar en que lo ha hecho, con la compañía que me ha puesto alrededor, por haberme dado todo lo que me ha dado sin merecerlo, incluso muchas cosas sin necesitarlas siquiera, por haberme amado tan profundamente, por la manera en que puedo hablarle, y sé que me escucha, por la delicadeza con que me habla, por protegerme de tantas cosas que ni siquiera conozco. Pero sobre todo, quiero acordarme de mi Creador por no haber mirado mi maldad, por haberse entregado hasta el límite por mí mientras era su enemigo, por haber derramado hasta la última gota de sangre por mi bien, por haber pagado mi pena y tener acceso libre y directo a Él. Porque soy libre, soy feliz, soy amado, soy hijo de Dios. Y todo esto no es gracias a mí en ninguna manera. Por todo esto y por mucho más hoy quiero acordarme, agradecer y adorar profundamente a mi Dios. Y porque sé que aunque la situación cambie drásticamente, y al terminar este año y mirar atrás, pueda parecer que ha sido un año desastroso y que lo que ahora veo no era sino un espejismo momentáneo, podré afirmar lo que decía el profeta Habacuc:

Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto, aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil, con todo yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación.

martes, 31 de enero de 2012

El amortiguador


Según la Encuesta de Población Activa correspondiente al primer trimestre de 2011, la cifra de desempleados en España es de 4.978.300, con una tasa de desempleo del 21,52% (Fuente de la EPA Encuesta de Población Activa del INE). Desde 2009, España tiene la tasa de desempleo más alta del primer mundo. La tasa deparo juvenil en España es del 43,61%. El 27 de enero de 2012 se llegó al máximo histórico de paro. La Encuesta de Población Activa cierró el pasado año con una tasa de paro del 22,85%, 5.273.600 personas sin trabajo. Nunca en la historia ha habido tantas personas desempleadas en España. (Wikipedia)

Más de un cuarto de millón de familias, sobreviven sin ningún tipo de ingreso, lo que representa un 52,9% más que en la misma fecha del año pasado. (Eleconomista.es)

La pregunta es necesaria: ¿cómo es posible que, ante tal situación, no haya disturbios graves?

¿Cómo puede ser que sobreviva esa gente, todos esos miles o millones de personas que no tienen absolutamente nada que llevarse a la boca? La respuesta es muy simple, la podemos encontrar en la institución más antigua de la historia y que más atacada está siendo durante los últimos años. La familia.

Porque el hecho es que cuando la gente se vuelve más peligrosa, es cuando no tiene nada que perder. Y alguien que ve que la única manera de dar de comer a sus hijos pasa por delinquir, va a tener más estima por la vida de su progenie que por la contemplación de las leyes o el bienestar de los demás. La única razón por la que, en España, no tenemos a medio país en las calles asaltando tiendas y secuestrando millonarios es por tener un amortiguador tan valioso como el que tenemos, y no apreciamos, como tantas otras cosas, hasta que lo necesitamos de verdad.

Según Jesús Martínez de Rioja: “Es evidente que la familia actúa como amortiguador en tiempos de crisis. Su papel está probado y ayuda a sobreponerse a las dificultades”. Sin embargo, agrega, “esa relevancia no encuentra siempre reflejo en los medios de comunicación ni un apoyo proporcionado por parte de las instituciones y las grandes empresas”.

Sabemos que hay miles de familias que han tenido que volver a la casa de los abuelos, incluso muchas familias numerosas que sobreviven únicamente con la pensión de jubilación de los mayores del clan familiar. Sabemos también de muchos que, aunque tengan que vender el coche, dejar las llaves del piso a medio pagar en la entidad bancaria, aunque tengan que renunciar a todo lo que tuvieron y perdieron junto con su trabajo, siempre queda en casa de papá y mamá un último recurso. Y todo esto es gracias al arraigo que tiene en nuestra cultura la familia, aún en medio de todos los ataques que está sufriendo y que vivimos en el tiempo en que uno de cada dos matrimonios acaba en divorcio.

Hoy me gustaría defender el valor de la familia, ya no solamente como la última salida en una situación de desesperanza y el freno al caos total de nuestra sociedad en crisis, sino como la primera escuela, el entrenamiento para la vida, el lugar donde aprender lo que es la disciplina, la obediencia, el compañerismo, la importancia de compartir, de tenerse a uno mismo como parte de algo, y no como un individuo ajeno al mundo, el valor de la autoridad, de la responsabilidad, a sentirse valioso, protegido, protector, como ese lugar al que acudir en busca de ayuda para problemas, pero también para ayudar a otros, para compartir alegrías, para tener hombros sobre los que llorar y lo más importante, donde aprender a ciencia cierta, sin ningún tipo de reservas ni de excusas, lo que significa el amor.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El amor

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tuviera amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 

Y si dijera profecías, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que moviera las montañas, y no tengo amor, nada soy. 

Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es arrogante, no se enorgullece;
no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se enfada, no guarda rencor;
no sealegra de la injusticia, sino que se alegra en la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y la ciencia acabará. 

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
mas cuando venga lo perfecto, lo que es en parte se acabará. 

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 

Ahora vemos como por un espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.


1 Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 13.

martes, 22 de noviembre de 2011

Asshlynn


Los pies colgaban entre la ropa.

Asshlynn cada día llegaba a casa con la cabeza agachada. Sin decir nada subía las escaleras rumbo a su habitación. Nunca escuchaba los saludos de su madre que le gritaba mientras hacía la comida. Nunca corría junto con su hermana mayor que siempre llegaba antes que ella a casa. Ella andaba lentamente, mirando al suelo, sin apenas mover los brazos.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos.

Su madre comenzaba a estar preocupada. Lo cierto es que, durante mucho tiempo, su hija había estado sin sonreír. La chica se solía esforzar en hacer las tareas de clase y en participar cuando lo mandaba la profesora. No era la hija perfecta, pero en líneas generales, era una buena chica. Pero llevaba un tiempo que no era ella. Cada día, cuando llegaba a casa, se encerraba en su cuarto. Cuando la madre se paraba a escuchar frente a su puerta, solamente escuchaba los sollozos y los insultos que ella misma se propinaba. Se la imaginaba de pie, delante del espejo. “¡Gorda, que eres una gorda!” se decía. “No me extraña que nadie te quiera, con lo fea que eres.” La madre no podía contener las lágrimas ante aquello. “¡Puta!” se llegaba a decir. Su madre hubiera querido entrar en la habitación y decirle que no era verdad, que ella era preciosa, una niña muy bella. Que todas aquellas cosas eran mentiras que usaban sus compañeros para pasar un buen rato, nada que ver con la realidad. Hubiera querido entrar, abrazarla y decirle que la quería mucho, que era su niña, su tesoro, su amor. Pero no lo hizo.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre se enrollaba en su cuello.

Sabía, porque se lo había contado la hermana de Asshlynn, que en el colegio, sus compañeros de clase, la insultaban constantemente. Precisamente, aquellos tres insultos eran los que, día tras día, tenía que aguantar la pequeña. Se reían de ella, la señalaban, la llamaban puta, gorda y fea. Y ella se lo creía. Se lo creía y contribuía a su humillación, con lágrimas en los ojos y el corazón roto, desmoronándose.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre se enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo.

Su madre, en diferentes ocasiones había intentado ir a hablar con los profesores para que procurasen que aquello cesase, que a su niña le fuera devuelta su sonrisa, su preciosa y sincera sonrisa. Pero no había tenido suerte. Los profesores aseguraban que no había ningún problema, ningún maltrato hacia ella y que seguramente sería un intento de obtener mayor atención. Que seguramente se tratase de una acusica que hace más importante su situación de lo que es, solamente para que la gente le hiciera caso.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo. La sonrisa, como siempre, desaparecida.

Entonces, su madre se propuso ir a hablar con la directora. No podía permitir que su hija siguiera atormentándose y viviendo aquel infierno terrenal que sufría. Iría con su niña y hablarían de la verdad. Nada de invenciones de la pequeña para obtener atención, nada de acusaciones falsas. Iría al fondo de esta cuestión y lo resolvería, y le devolvería la sonrisa a su preciosa hija. Ya  tenía concertada la visita con la directora, debían salir inmediatamente. Llamó a Asshlynn para que bajase, tenían que salir ya. No respondió. Volvió a llamarla. Continuó sin responder. Entonces llamó a su hermana. Ella sí que respondió. Le dijo que fuera a la habitación de la pequeña y le dijera que bajara ya, que tenían que salir. La hermana mayor fue a su habitación. No la encontró. La llamó, pero no respondió nadie. Sabía que a veces se metía en el armario para huir de la realidad y que nadie la molestase. Estaba entreabierto. Se asomó.

Los pies colgaban entre la ropa, descalzos y fríos. La bufanda que le había regalado su padre enrollaba en su cuello. La luz de la calle se dejaba entrever en el habitáculo. La sonrisa, como siempre, desaparecida. Las lágrimas aún empapaban su rostro, la muerta imagen de la desolación. Aquellas tres palabras, habían llevado a su voluntad a doblegarse. Ya nadie la consolaría. Ya nadie la insultaría.

La hermana cayó al suelo, sin palabras. No podía dejar de mirarla, ni siquiera podía gritar, ni llorar. No lo comprendía. Ella la quería, sus padres la querían. Pero ella decidió creer lo que sus crueles compañeros le decían. Y se lo tomó muy en serio. Tanto que allí estaba su cuerpo sin vida, colgado en el interior de un armario. Ahorcada con la bufanda que, con todo el cariño del mundo, le regaló su padre.


*Basado en una historia real.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Carta


Ya son muchos los años que han pasado. Tantos segundos, tantos momentos, tantas decepciones y tantas alegrías. Y aún así, puedo decirte, sin miedo a equivocarme, que jamás ha cambiado mi forma de verte, de sentirte, de amarte.

La verdad es que no es nada fácil el ver cómo, después de tantas cosas que hemos vivido juntos, tanto como te he dado, tanto como me he volcado para que fueses feliz, para que cumplieses tus más altos sueños, no pasa un día sin que desprecies mi nombre, sin que escupas en mi corazón, sin que sales las heridas que tú hiciste. Es duro ver cómo me intentas engañar, sabiendo de sobra que no puedes. Es difícil el saber como sé lo poco que te importa todo el amor que te he dado desde el primer día, sin excepción. Sin duda, es algo que me hace mucho daño.

No hay un día, no pasa un minuto, sin que te eche de menos. Desde lo más profundo de mi corazón te anhelo. Desearía que fueses capaz de comprender la profundidad del amor, de la pasión que siento por ti. He demostrado miles de veces lo mucho que me importas, todo lo que he estado y estoy dispuesto a hacer por ti. Cada día mi deseo más ferviente es que vuelvas, que cada amanecer vengas conmigo, que me hables, que me cuentes tus inquietudes, tus problemas, tus dudas. Que cuando me necesites puedas descansar en mi pecho, que puedas descargar tus lágrimas sobre mis hombros, que puedas escucharme mientras te digo con mis propios labios cuánto te amo. Deseo tenerte entre mis brazos y que nada de lo demás importe, que puedas descansar de tu fatiga, de tu dolor, de tus fracasos; que puedas descansar a mi lado. 

Sé que muchas veces sientes que no vales, probablemente tanta gente gritándote a diario lo desastre que eres, lo inútil, lo poco que sirves haya afectado a lo que sientes. Quiero decirte que eres una persona preciosa, que nadie en todo el mundo es más valioso que tú. Sabes que he dado mucho por tenerte cerca, por hacerte sentir quien realmente eres, he dado mucho y no dudaría ni un momento en dar más, en dar lo que fuera por volver a sentir el calor de tu alma cerca, acurrucado en mis piernas.


No dudes en ningún momento que nadie podrá amarte como yo, que nadie te comprenderá como yo, que nadie te hará sentir como yo.

Espero que esta carta llegue a su destino, que no es sino tu corazón, la parte más profunda y sensible de tu pequeño corazón de piedra. Espero que pueda reblandecer un corazón arrugado y pueda volver a transformarlo en el gran corazón tierno que quiero tener cerca por siempre. Mis manos, mis brazos, mi casa y mi corazón siguen estando abiertos para ti, siempre lo han estado.

Pero también hay algo que quiero que comprendas. Ahora mismo es el momento perfecto para que vuelvas a mi lado, para que dejes de lado todo aquello que te impide estar conmigo para siempre, es ahora. Pero no siempre estará esta invitación abierta. Puede que llegue el día en que sea demasiado tarde, y te arrepientas amargamente por haber perdido la oportunidad de tu vida, puede ser que, para cuando hayas decidido que merece la pena volver a mi lado, la invitación haya expirado. No es una broma, deseo con todas mis fuerzas tenerte cerca, pero no estaré aquí esperando por siempre.

Eres mi especial tesoro, eres aquella persona que quiero tener cerca para siempre. Deseo fervientemente que cuentes conmigo, que dejes todo para seguirme a mi, que te dejes caer en mis brazos para disfrutar de mi amor, de mi compañía, de mis caricias por siempre. No lo olvides nunca, y no tardes en acudir a mi llamada.

Te amo.




Dios.

Jeremías 31:3
Juan 3:16
Isaías 43:4

miércoles, 3 de agosto de 2011

I will be here

La canción que os dejo hoy es mucho más que especial para mi. La conozco desde hace 11 años y desde entonces ha sido una de mis preferidas. El caso es que el año pasado, tuve el enorme privilegio de preparar y dirigir la ceremonia del enlace matrimonial de mi hermano David con Kimberly y escogí hacerles el regalo de cantársela acompañado al piano por un amigo y con una colaboración especial de otro.

Mientras espero a aquella a quien se la cantaré un día, si Dios quiere, os dejo con esta preciosa canción de Steven Curtis Chapman y con la traducción que he hecho al castellano. Si veis algún fallo, por favor, decidmelo.

Espero que os guste tanto como a mi.



I will be here

Tomorrow morning if you wake up
And the sun does not appear,
I will be here.

If in the dark we lose sight of love,
Hold my hand and have no fear,
‘Cause I will be here.


I will be here when you feel like being quiet;
When you need to speak your mind, I will listen.
And I will be here when the laughter turns to crying;
Through the winning, losing, and trying, we’ll be together,
‘Cause I will be here.

Tomorrow morning if you wake up
And the future is unclear,
I will be here.

As sure as seasons were made for change,
Our lifetimes are made for this years,
So I will be here.


I will be here, so you can cry on my shoulder;
When the mirror tells us we’re older, I will hold you.
And I will be here to watch you grow in beauty,
And tell you all the things you are to me;
I will be here.

I will be true to the promise I have made,
To you and to the One who gave you to me.

Just as sure as seasons are made for change,
Our lifetimes are made for this years,
So I, I will be here.
We'll be together and i will be here.




(Traducción)



Mañana por la mañana, si te despiertas
Y el sol no aparece,
Aquí estaré.

Si en la oscuridad perdemos de vista el amor,
Toma mi mano y no tengas miedo,
Porque aquí estaré

Aquí estaré cuando quieras estar callada;
Cuando necesites hablar de ti, escucharé.
Y aquí estaré cuando la risa se torne en llanto;
A través de la victoria, de la derrota, del intento; estaremos juntos,
Porque aquí estaré.

Mañana por la mañana si te despiertas
Y el futuro no es claro,
Aquí estaré.

Tan seguro como que las estaciones se hicieron para el cambio,
Nuestras vidas están hechas para estos años,
Así que aquí estaré.

Aquí estaré, y puedes llorar sobre mi hombro;
Cuando el espejo nos diga que somos más viejos, te sostendré.
Y aquí estaré para verte crecer en hermosura,
Y decirte todas las cosas que eres para mi;
Aquí estaré.

Seré fiel a la promesa que te he hecho,
A ti y a Aquel que te dio a mi.

Porque tan seguro como que las estaciones se hicieron para el cambio,
Nuestras vidas están hechas para estos años,
Así que aquí estaré.
Estaremos juntos y aquí estaré.

domingo, 31 de julio de 2011

Lo bueno y lo mejor

“¿Que Él es bueno y omnipotente? ¡Vaya idea absurda! Si Él es, de verdad, bueno y omnipotente, como pretende la Biblia, ¿por qué razón permite la existencia del mal? ¿Por qué razón ha permitido que se produjese el Holocausto, por ejemplo? Si lo piensa mejor los dos conceptos son contradictorios, ¿no? Si Dios es bueno no puede ser omnipotente, ya que no logra acabar con el mal. Si Él es omnipotente no puede ser bueno, ya que permite la existencia del mal. Un concepto excluye al otro, ¿cuál prefiere?”

Estas son las palabras que el autor José Rodriguez Dos Santos pone en boca de Albert Einstein en su libro “La fórmula de Dios”. Desconozco si esta era la manera de pensar de Einstein respecto a este tema, pero lo que sí que sé es que es la de mucha gente, al menos de varios con los que he hablado de este tema.

Y la verdad es que es un razonamiento mucho más que lógico y que, seguramente más de un dolor de cabeza ha traído a mucha gente que cree en el Dios de la Biblia. Yo quiero rebatirlo desde mi humilde opinión y conocimiento.

Es cierto que Dios es omnipotente, es decir que puede hacer cualquier cosa que quiera. Esta idea es muy difícil de comprender, porque nuestra mente, aunque es asombrosa, tiene ciertos límites, por lo tanto se nos escapa la idea de algo eterno, de algo infinito. Pero aquí no creo que resida el problema de esta afirmación. Según mi opinión el problema reside en el concepto de que “Dios es bueno”.

Es complicado explicar la bondad de Dios en medio del mundo en que nos ha tocado vivir, en el que vemos a diario tantas maldades, en que fue posible algo tan atroz como lo que menciona Albert, el Holocausto. Aquí me gustaría hacer una diferencia entre dos conceptos: lo bueno y lo mejor.

Lo bueno sería que Dios, al ser omnipotente, no hubiera permitido que el hombre hiciera nada malo, que todos fuéramos felices cumpliendo la voluntad del Creador y que nadie sufriera. Seguiríamos viviendo en el paraíso y ni siquiera habríamos sido conscientes aún de nuestra desnudez. Nuestra ingenuidad e inocencia nos habrían impedido hacer algo que contradijese las órdenes que vienen de arriba.

Pero, curiosamente, así no es como esto funciona. Por alguna razón, Dios, aun teniendo todo el poder y deseando nuestro bien, ha permitido que seamos malos, que nos insultemos, que nos peguemos, que nos matemos entre nosotros. Esto puede chocar e incluso puede llegar a ser una barrera para creer en lo que dice la Biblia. Pero Dios no quería autómatas que le sirvieran como esclavos ciegos. Cuando Adán y Eva comieron de aquel fruto en el Edén, eligieron salir del paraíso. A partir de entonces, sabemos perfectamente lo que es el mal, y de hecho, normalmente es nuestra primera opción para casi todo. Pero ahora sucede algo mucho más increíble, mucho más bonito. Ahora tenemos la opción de fallar, pero al mismo tiempo tenemos la opción de amar. Ya no servimos a Dios por imposición o por desconocimiento, ahora podemos tener el placer de seguirle, de servirle por amor, porque somos conscientes de quién es Él y de quiénes somos nosotros. Lo bueno es la obediencia ciega, lo mejor es el amor.

Todos somos conscientes de lo malos que somos, comenzando por un servidor. Diariamente me sorprendo a mi mismo pensando cosas que me dan miedo. Hay mucha gente sufriendo e incluso muriendo a diario por todo el mundo por la maldad de los hombres, incluso hay gente que sufre por mi maldad. Y eso no es porque Dios no sea bueno, eso es porque nosotros somos malos. Y si Dios permite semejante cuadro, insisto, según mi opinión, es porque tiene un camino mejor, uno auténtico. Porque, a pesar de nuestra maldad, a pesar de todo lo que somos y lo que Él es, vino al mundo a pagar la pena, para que ni tú ni yo tuviéramos que hacerlo.

Es algo extraño, es difícil de explicar y mucho más de comprender. Pero Dios no quiso lo bueno para el hombre, Él no se quedó con ganarse nuestra obediencia, Él fue mucho más adentro, el prefirió ganar nuestro corazón. Eso es algo que ha traído consecuencias, algunas de ellas terribles, pero la recompensa es mucho mayor; la recompensa es el amor. El amor es la clave de esta ecuación, con el amor no tenemos que excluir ninguno de los dos conceptos de Dios.

miércoles, 27 de julio de 2011

Todo lo que puedas

Hay una frase que solía decir mi abuelo, y siempre que puede se empeña en recordarme mi madre. “Haz siempre todo lo que puedas, porque al que hace todo lo que puede, no se le puede pedir más.”

Solemos decir muchas veces que luchemos por nuestros sueños, y que los lograremos. Que si ponemos todo nuestro empeño en lograr trabajar de esta o de otra manera, que si nos proponemos con todas nuestras fuerzas lograr triunfar en el mundo de la música, que si somos lo suficientemente fuertes para darlo todo en algún sentido, lo conseguiremos. La televisión se empeña en intentar convencernos, nuestra familia, nuestros amigos. Lograremos todo lo que nos propongamos, solo es cuestión de esfuerzo y de ilusión.

Pues bien, hay ocasiones en que la cruda realidad es mucho más potente que tus esfuerzos, en que la oscuridad absoluta de los hechos a los que tienes que enfrentarte pisan tus ilusiones, escupen tus sueños.

No me gustaría trasmitir la idea de que no debemos luchar por nuestros sueños, todo lo contrario. Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano, pero a la vez, mientras avanzamos con ilusión, debemos saber que el fracaso es una idea posible, que la derrota es mucho más que probable.

Desde siempre he escuchado esa frase que decía mi abuelo y mi madre, y ahora le veo otro sentido más. Tus sueños puede ser que no se cumplan, tus ilusiones es posible que sean pisadas. Pero no hagas que eso sea por tu culpa. “Haz siempre todo lo que puedas” aunque no lo logres, aunque la meta quede lejos, aunque te sientas inútil, aunque te canses de luchar, “porque al que hace todo lo que puede, no se le puede pedir más.”

Eso es lo que quiero, ahí quiero llegar. A que no se me pueda pedir más.

miércoles, 20 de julio de 2011

Perfume o estiércol

En la vida, todos vamos caminando, buscando algo. Probablemente la mayoría de la gente no sabe que anda buscando algo, pero el caso es que todos lo hacemos. Casi siempre ni sabemos qué, pero lo que es seguro que tras algo caminamos en este mundo.

Y durante esta caminata, todos llevamos una bandeja. Cada uno pone en esta bandeja lo que quiere llevar en esta búsqueda. Probablemente la gente vierte en esta bandeja algo que, lo cierto es que a nadie le importa. Eso es una decisión de cada uno, y si una persona quiere llevar perfume o llevar estiércol, nadie es quién para reprochárselo.

El problema llega cuando tropezamos con una piedra, o alguien nos pone una zancadilla. Ahí es donde el resto de la gente se verá salpicada por lo que tengamos en la bandeja, entonces es cuando eso que a nadie le importaba, en un principio, salta por los aires y riega todo y a todos los que rodeamos a la persona que tropieza. Si es perfume, el resto quedarán contentos y satisfechos por haber sido rociados con tan aromática esencia; si es estiércol, todo el mundo se verá asqueado por los excrementos que volarán por los aires manchando todo a su paso, por no hablar del olor nauseabundo que impregnará el lugar.

Esta bandeja es nuestro corazón. Y todos llevamos algo dentro, una esencia de flores, excrementos o algo intermedio. Esto es así en todos los casos, todos lo hacemos. Y si guardamos rencor dentro, apatía, oscuridad, ira o cualquier cosa que pueda despedir cierto tufo, es algo que, en principio, a nadie debe importarle. Lo mismo ocurre si colocamos en el corazón perdón, amor, amistad, comprensión y bondad. Tanto una esencia como la otra son igualmente viables, una mejor que la otra, indudablemente, pero ambas son posibles y, de hecho, se dan, todos lo sabemos.

Y en cuanto a los tropiezos, las zancadillas o las caídas, sencillamente ocurren. Respecto a eso no podemos hacer absolutamente nada. Nadie se librará, con su buen hacer, de traiciones, de batacazos emocionales, de ruinas económicas, de discusiones incómodas, de lágrimas derramadas. Estos tropiezos sencillamente llegan, también esto es algo que todos sabemos.

Pero también debemos recordar que esto que guardemos en nuestros corazones, en nuestras bandejas, va a salpicar al resto en el momento en que tropecemos y caigamos. Aquellas personas que nos rodean y a quienes importamos, van a ser rociados con la sustancia que guardemos en nuestras bandejas. Rociarlos con perfume, o rociarlos con mierda. Esa es nuestra decisión.

martes, 31 de mayo de 2011

El Juez

Había en una ciudad de un país lejano un Juez. Este Juez era respetado por toda la ciudad porque siempre impartía justicia de una manera exquisita. Todos aquellos que habían sido condenados por él, aunque tuvieran que sufrir el pago de lo que habían hecho, siempre eran conscientes que aquella condena que les había impuesto este Juez era completamente justa y merecida. Su manera de impartir ley era tan delicada que nunca había tenido un caso en que los acusados se hubieran quejado de sufrir una condena demasiado severa, y tampoco se había dado el caso en que los acusadores estuvieran disconformes con la levedad de la pena.

Pero este juez iba mucho más allá. No solamente cumplía con su tarea de impartir justicia de una manera tan esmerada y perfecta, sino que realmente su vida la había dedicado a la justicia. Su amor a la ley y a la responsabilidad individual era tal que literalmente había consagrado su vida a esto. No podía ver una injusticia por la calle sin tratar de arreglarla, había enseñado a su hijo cuanto había podido para que también amara la equidad, jamás había sido injusto con nadie. Verdaderamente este hombre era un ejemplo de rectitud. Y todos lo sabían.

El problema residía en su hijo. Seguramente fue el hecho de vivir en un hogar tan estricto que le hizo rebelarse. Pero él sencillamente no aceptaba la obsesión de su padre por la perfección de la ley. Para él un buen día era estar con sus amigos de fiesta durante tantas horas como aguantara el cuerpo, pasándoselo bien, pisando a quien fuera necesario para lograrlo. Para él la idea de responsabilidad o justicia no era para nada atractiva, es más, muchas veces, solo por diversión, trataba a posta de hacer injusticias a la gente. Aunque solamente fuera por contradecir a su padre, aunque no sacara nada bueno a cambio.

Llegado un momento, su padre lo sabía todo. El Juez había oído de los vecinos, de los ciudadanos que hablaban de su hijo como un delincuente, como un drogadicto, como un caso perdido. Por eso el padre intentaba convencer a su hijo cada día, intentaba mostrarle su amor por él y por la rectitud, pero su hijo no quería escuchar. Este hijo no solamente estaba pisoteando el amor de su padre y el ejemplo que le había dado, sino que a los ojos de toda la ciudad, este hijo deshonraba a su padre, pisaba el buen nombre que había forjado. Ahora ya no era el buen Juez justo, sino que era el que crió a un hijo rebelde, a un malhechor. Pero lo peor de todo es que estaba rompiendo su corazón. Todo el ahínco que había puesto en criar a su hijo, en inculcarle los valores que él amaba, todo el amor que había desparramado en su pequeño, estaba siendo escupido. Parecía como si su propio hijo le odiara. Y eso era algo que destrozaba al Juez por dentro.

Y entonces llegó el día. Este Juez estaba trabajando, como cada, día en el juzgado. Estaba en su despacho cuando llegó, como cada mañana, la secretaria para traerle la información del caso que llevaría en ese momento. Se trataba de un caso de asesinato. Por la zona donde había sido y las horas, debía haber sido alguna pelea nocturna provocada por el alcohol y el desfase festivo. Por lo que explicaba el informe, debía haber sido algo brutal. Los escabrosos detalles que explicaba el papel que leía el juez pondrían los pelos de punta a cualquiera. No solamente había sido un asesinado por un accidente en una pelea, el asesino se había ensañado con crueldad y alevosía. En la mente del Juez ya se comenzaba a fraguar la condena que sería la más justa.

Entonces fue cuando el semblante del Juez se oscureció por completo. Vio el nombre del acusado, del autor de semejante carnicería. Era su hijo. Su propio hijo, no solamente había pisoteado su nombre, su amor y todo lo que creía importante, sino que había arrasado la vida de un joven, y lo había hecho con toda la fuerza, la crudeza, con toda la impiedad que fue capaz. La mente del Juez solamente podía imaginarse a su propio hijo, con la cara descoyuntada de ira y maldad propinando golpes con una piedra en la cabeza de aquel chico mientras éste luchaba por su vida, gritaba con todas sus fuerzas, mientras este chico perdía el aliento a manos de la persona que el Juez más quería, se podía imaginar la sonrisa descompuesta por la brutalidad de su hijo mientras asesinaba fríamente a un semejante. No podía imaginar un crimen peor. Sabía perfectamente la pena que merecía este hecho. Pero no podía, no podría ejecutar la justa sentencia contra su propio hijo. Su hijo era perverso, era ciertamente malvado, pero era su hijo. Él no veía la triste y cruel realidad presente de lo que era su hijo, él veía lo que podría llegar a convertirse. Su hijo era alguien muy inteligente, en su niñez tenía un gran corazón, le gustaba hacer casetas de madera para los perros abandonados en la calle, su hijo podía cambiar a toda esta ciudad, pero no para mal como lo estaba haciendo, él podía hacerlo para bien, y su padre lo sabía. Si pudiera hacerle entender lo que él sentía, su pudiera cambiar su destino de alguna manera, lo haría.

Y el Juez estaba en una encrucijada. Si liberaba a su hijo como ciertamente deseaba, estaría pisando la justicia que le había caracterizado durante toda su vida, la razón de su existencia. Y no solamente eso, sino que estaría siendo tremendamente injusto, la familia destrozada del chico asesinado por su hijo demandaría, con toda razón, una justicia eficiente. No podía dejar el crimen sin pagar. Pero no podía. No podía hacer pagar a su hijo. El justo pago por el crimen era la muerte. Y él lo sabía.

-Después de estudiar el caso con todas mis fuerzas,- El Juez hablaba delante de los asistentes al juicio, delante de él, estaba su hijo esposado, con la cabeza agachada, llorando. -Y creedme que es el caso más difícil en el que he trabajado- La voz le abandonaba, las fuerzas le flaqueaban, una lagrima se escapaba por sus ojos. Sus manos, temblorosas, colocaban y recolocaban las hojas que descansaban en su púlpito, su corazón estaba destrozado. -Y he tomado una decisión al respecto del acusado.- Una ola de cuchicheos llenó la estancia. Unos aseguraban que perdonaría a su hijo, otros que seguiría la senda de la justicia, como siempre había hecho. El hijo, que conocía a su padre, sabía que le condenaría, siempre había amado más la justicia que a su propio hijo. -Mi decisión es que el acusado es culpable- el silencio era sepulcral en la sala -y su justa sentencia es la muerte- apenas se escucharon las últimas palabras, pues el Juez estaba ya demasiado afectado, solamente se escuchó el fuerte estruendo del martillo, señalando que la justicia había sido satisfecha.

El hijo bajó la cabeza, llorando, él sabía que la condena era justa. Su padre le había avisado demasiadas veces, y ahora realmente se había pasado de la raya. No podía esperar quedar impune después de la salvajada que había hecho.

-Señores, señoras, me gustaría apelar a la “Ley de sustitución.”- Esto si que disparó los cuchicheos en la sala, el hijo levantó la vista, aquello si que no se lo esperaba. -Según esta ley, cualquiera puede aceptar voluntariamente la condena de un familiar, cumpliendo de esta manera la justicia al mismo tiempo que el condenado queda libre. Quiero morir yo, cumpliendo el castigo de su asesinato, permitiendo de esta manera que él viva.-

El hijo cayó al suelo, de rodillas, llorando a más no poder. Su padre había sido perfectamente justo y al mismo tiempo le había amado más que a su propia existencia. Iba a pagar su cuenta con su vida. Poco a poco, llorando, se acurrucó en el suelo, sin poder hablar, ni moverse, solamente podía llorar, arrepentido, humillado, profundamente amado.

Dos días después se cumplió la pena. El Juez murió por aquello que no merecía. Ahora el chico era libre, era libre de su condena pero también era libre de su rebeldía, era libre de su crueldad, era libre del sentimiento de acusación a su padre, el Gran Juez. A partir de aquel día, ese chico no fue el mismo, con actitud de humildad, sabiendo que su vida no le pertenecía, sino al recuerdo de su padre y al servicio de la justicia, buscó hacer lo que a su padre le hubiera gustado. Llegó a ser un gran juez en esta ciudad, llegó a ser respetado, a ser amado, llegó a lograr que la gente olvidara su funesto crimen. Al fin, por medio del sacrificio del Juez, su hijo llegó a ser lo que su padre sabía que podía lograr, su hijo consiguió cambiar la ciudad para bien, tal y como el Juez anhelaba. El amor de su padre cambió su destino, logró su perdón y le salvó de su propia destrucción.

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