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lunes, 27 de febrero de 2012

El tubo de mierda


Hace un par de meses, más o menos, estaba en la reunión de oración de mi iglesia en Béjar. Una de las cosas que hacemos en estas reuniones, como su propio nombre indica, es orar, rezar, hablar con Dios.

Puede parecer algo extraño o incluso algo tonto, pero la verdad es que el hecho es ese, nos reunimos para hablar con Dios. Le damos gracias por todo lo que nos da y nos ayuda, le pedimos que nos ayude a ser más como Él quiere que seamos, le adoramos desde lo más profundo de nuestro corazón y, claro, le pedimos cosas.

Estamos más o menos acostumbrados a escuchar de gente que ora, que reza, así que no nos parece algo tan extraordinario. Pero a poco que nos paremos a recapacitar, lo cierto es que no debería ser algo tan vulgar o normal. La idea de Dios, la verdad, es que es algo demasiado enorme como para que nos quepa en la cabeza, la idea de un ser que haya creado todo lo que existe solo con la fuerza de su palabra, de alguien que sostenga todo con la potencia de su voluntad, de alguien que es soberano sobre todo, absolutamente todopoderoso, omnisciente, omnipresente. Que alguien tan sumamente grande, perfecto, sublime, se interese por lo que le estamos contando, ciertamente es algo sin parangón en todo el universo, es un hecho increíble, totalmente inabarcable. Para nada es algo vulgar o que deba ser subestimado.

Pues bien, allí estaba yo en esta reunión de oración cuando escuche que se hablaba de un problema que habíamos tenido hacía un tiempo y que, casi milagrosamente, se había solucionado.

El caso es que la Iglesia Evangélica de Béjar, la iglesia a la que asisto, está situada en el sótano de un edificio de pisos. No conozco exactamente la situación pero el caso es que desde este edificio se hizo una pequeña reforma que resultó en que iba a pasar un gran tubo justamente por encima de la puerta de entrada principal de nuestro local. El tubo no era un problema en sí mismo, hasta lo podríamos haber pintado con flores para que fuera una obra de arte. El problema era su uso. Digamos finamente que las caquitas de  todos los habitantes del bloque de pisos iban a pasar por encima de nuestra puerta, con el consiguiente problema fétido y que, con los cambios de temperatura, sobre todo en verano, era más que probable que aquello oliese aún más y que gotease alguna que otra sustancia indeseada. La verdad es que era un problema grave. Se tuvo varias reuniones con la comunidad de vecinos, se planteó el problema en el Ayuntamiento y no se vio ninguna solución viable. Los vecinos seguían con su intención de que ese tubo pasase encima de nuestras cabezas con su impío cargamento, el Ayuntamiento se lavó las manos de todo aquello y la cosa pintaba muy mal. Así que nos propusimos hacer uso de esta brutal herramienta que nos ha sido regalada, oramos. Le pedimos a Dios que nos ayudase. La verdad es que sin gestiones por nuestra parte, casi por arte de magia, quitaron el tubo y buscaron otro lugar por donde deshacerse de sus caquitas.

Y hubo algo que me desconcentró enormemente ese día mientras hablaban de la manera en que todo esto se había solucionado. Hubo una idea que me abordó. ¿Es cierto que hemos hablado con el Rey de reyes, con el Creador, con el Señor del Universo, y le hemos pedido por un tubo de mierda?

Me impactó en gran manera, y pensé en si eso podría haber sido una especie de sacrilegio o de falta de respeto hacia el Dios Santo. ¿Cómo habremos podido tener esa desconsideración? Por un momento me sentí turbado acerca de este tema.

Y de la misma manera, me pasa muchas veces. No me suelo preocupar acerca de tubos de mierda como norma, y mucho menos pedirle a Dios por ellos. Pero muchas veces, me descubro a mí mismo pidiéndole a Dios por cosas tan bajas, tan pequeñas... En sí, podría pensar que cualquier cosa mía, por importante que me parezca es pequeña para Dios. ¿Cómo le va a importar lo más mínimo a Dios cualquier cosa que me interese a mí? Yo soy alguien pequeño, imperfecto… no es posible que esas nimiedades le interesen lo más mínimo al Gran Creador.

Pero entonces recapacité. En ese momento no estábamos pidiendo a Dios que solucionase nuestro pequeño problema con ese tubo del mal, no. Estábamos celebrando que ya lo había solucionado.

¿Era posible?

Dios, el gran Ser Superior, el Soberano Supremo había escuchado a seres imperfectos como nosotros, y no solamente eso, sino que había solucionado nuestro problema con el tubo de mierda. ¿Será que Dios está interesado en lo que nosotros le pidiéramos, aunque nos parezcan cosas pequeñas, insignificantes y malolientes?

Puede parecer algo tonto o que estaba claro desde un principio, pero aquella revelación me impactó, me llevó a caer aún más rendido a este Dios, este que siendo tan inmenso, tan increíble, tan sublime, se preocupa de nuestros pequeños y malolientes tubos de mierda. Sinceramente, es algo que me deja sin palabras.

viernes, 14 de octubre de 2011

Recortes


No hay un duro por ningún sitio, eso está claro. La necesidad de unos y la falta de vergüenza de otros lleva a casos como el de uno de mis compañeros de piso, que trabaja cuidando de un anciano durante 11 horas al día para ganar 10 € en toda la jornada laboral, teniendo que pagar él mismo el transporte y teniendo que llevar su propia comida, eso está claro, que la vida está muy mala. Y encima se supone que debe estar agradecido por tener un trabajo que le permita sobrevivir en estos tiempos aciagos.

Personalmente, en uno de los trabajos donde estuve este verano, todos los empleados hemos tenido problemas con el jefe, que antes de empezar el trabajo nos dijo que cobraríamos la hora a una cifra, y a mitad del trabajo, nos dijo que había cambiado de opinión y que cobraríamos menos.

Y así ocurre en todos los ámbitos, son tiempos de recortes y de limitaciones. Es normal que así sea, si queremos salir adelante, debemos ajustarnos el cinturón y ser conscientes que hemos estado viviendo durante demasiado tiempo pensando que éramos más ricos de lo que realmente somos.

Así que, como todo el mundo preveía, tenemos que ingresar más y gastar menos para sobrevivir a esta devastación económica.

Hoy mismo me he enterado de que el equipo de gobierno estudia la posibilidad de suprimir el aula de la UNED en Béjar. Esto entra en lo que decíamos hace un momento, que hay algunas cosas de las que tenemos que prescindir, tenemos que ahorrar y hay algunos gastos innecesarios. En Béjar tenemos una cobertura sanitaria terrible, todos conocemos casos de gente conocida que ha sufrido mucho, incluso algunos tristes casos de gente que ha muerto por la nefasta sanidad de la que gozamos en nuestra ciudad, y a cada año que pasa, los servicios se van degenerando, cada vez más y más casos son derivados a Salamanca, incluso para una triste radiografía. Pero eso es necesario, el “hospital” de Béjar no necesita más especialidades, porque tenemos que ahorrar en gastos innecesarios, como todo el mundo sabe, la sanidad es innecesaria. Podría dar más ejemplos como el día en que mi hermano pequeño me informaba que había tenido que sentarse en el suelo en una clase en que se hacinaban más de 40 alumnos porque no había suficientes profesores para atender a los chicos. Todos conocemos muchos casos como estos. Esto está bien, hay que eliminar gastos como sea para salir delante de esta situación.

Pero hay cosas en que no podemos dejar de gastar. Eso está claro, estamos en crisis pero hay algunos servicios y obras mínimas en que no podemos dejar de invertir. Puedo dar algunos ejemplos de Béjar, para no ir más lejos. Como el caso de aquel parque infantil y lugar emblemático que fue destruido, con el dinero de todos, y no poco, por cierto, para construir un parking subterráneo en que cupieran una docena de coches, varios años y millones de euros después.U otros casos como crear una ciudad fantasma de más de 40000 habitantes, a todas luces insostenible y absurda, teniendo en cuenta la situación real, sin parar un momento a mirar la realidad actual. O como aquella deuda de las parcelas de La Condesa de dos millones y medio de euros, que es mejor no cobrar, porque tampoco estamos tan mal. Estamos en crisis, pero tampoco es para tanto.

Está bien recortar en algunas cosas para lograr sobrevivir. La sanidad o la educación son lujos que no todo el mundo tiene porqué disfrutar, hay otras cosas más importantes que sí que nos sacarán de la crisis y en las que debemos poner mucho más énfasis como las grandes obras faraónicas o el bienestar de nuestros amigos los millonarios.

Así nos luce el pelo.

martes, 11 de octubre de 2011

Hogar


Es curioso, pero uno de los primeros recuerdos que tengo de cuando era pequeño es una mini aventura en la que me embarqué. No recuerdo muy bien el porqué, pero sí que sé que mi madre se había ido y yo no sabía adonde. Así que, pensando que sabía el camino que ella había tomado, fuera el que fuese, salí en su busca. Quien sepa dónde vivo sabe que para ir a cualquier sitio, tengo que bajar una cuesta, pues la urbanización donde está el piso de mis padres está en lo alto de un monte.
Así que me encaminé, por el camino que conocía hacia abajo, por donde alguna vez había acompañado a mi madre a comprar algo al supermercado. Todo lo que veía, me era familiar, así que yo estaba tranquilo.
Pero de repente, eso cambió. Me encontraba en un lugar inhóspito, del que apenas recordaba nada, y lo más traumático de todo, no sabía cómo volver al refugio seguro, conocido y amable que era mi casa.
La verdad, no recuerdo la parte de cómo volví a mi casa, supongo que me encontraría alguien y me llevaría de vuelta al lugar conocido. Y cada vez que pienso en este recuerdo me hace mucha gracia, porque no entiendo cómo pude perderme. El sitio donde la desesperación me embargó por no conocer el camino está muy cerca de mi casa, y solamente tienes que andar en línea recta para llegar, sin ninguna pérdida.
Yo soy de Béjar, en la provincia de Salamanca. Seguramente no sea el mejor lugar del mundo para vivir, pero a mí me encanta. No es un sitio muy grande, ni vive mucha gente, ni hay mucho trabajo, todo lo contrario, ni todo el mundo es simpático. Pero es el refugio seguro, conocido y amable que yo he conocido durante toda mi vida.
Muchas veces he salido de Béjar para ir a diferentes lugares. Cuando estudiaba en Salamanca, cuando fui a Estados Unidos, a Dublín, a Bruselas, a Marruecos, o ahora que estoy en Madrid. Y en cada sitio de todos estos, aún siendo lugares maravillosos, me he perdido, me he sentido solo y lejos de casa. Mucha gente pensará que ese lugar montañoso entre Castilla y Extremadura es peor lugar para vivir que Madrid, o que Bruselas, y no quiero yo discutírselo a nadie, es probable que tengan razón en algunos sentidos.
Pero cada vez que supero el Puerto de Vallejera, cada vez que miro a mi alrededor y me veo enredado en el exuberante verdor de las montañas bien tapadas por el tupido manto vegetal, me siento como aquel niño que, después de su corta pero emocionante aventura, vuelve a casa. A ese lugar, quizá no sencillo, ni generoso, ni cálido. Pero sí a ese rincón tan profundamente ligado al corazón que sin ninguna duda, con total seguridad, con sus virtudes y sus defectos, poder llamar hogar.

lunes, 25 de julio de 2011

La Hora Feliz

Es bastante probable que cualquier persona que haya pasado algún verano de su infancia en Béjar durante los últimos “veintipico” años conocerá aquella canción que, acompañados por guitarras, enseñan los payasos que dice: “es la hora feliiiiz, gracias Dios por el tiempo...”

El caso es que ya van más de 20 años seguidos que la Iglesia Evangélica de Béjar desarrolla este programa veraniego para niños y no tan niños. El ver a los “evangelistas” recorriendo las calles con los payasos, la pancarta y un enorme gusano de tela se ha convertido en algo tan bejarano como pasear por la calle Colón y ser saludado por “el Pitín”. Casi todo el mundo sabe de qué se trata así que no pondré mucho énfasis en describirlo. Palabras como canciones, juegos, historias bíblicas, diversión sana o educación en valores pueden describirlo, incluso poder ganar regalos y hacer muchos amigos. Pero lo que sí que os aconsejo es que vayáis a verlo personalmente.

Este año, desde el martes 26 al viernes 29 de julio, ambos incluidos, la Hora Feliz traerá a unos fieros y simpáticos piratas que llenarán de diversión la Plaza de José Lidón a partir de las 19:30h. Os animo a que os acerquéis con vuestros hijos, nietos para que pasen un buen rato o vosotros, simplemente para ser testigos de este programa cultural, con más de dos decenios de antigüedad, que sigue entusiasmando a mayores y pequeños.

lunes, 18 de julio de 2011

75 años

Ese es el tiempo que hace de aquello. España vivía un tiempo tumultuoso. Las opiniones de los políticos estaban tan divididas que casi nadie esperaba una solución diplomática de todo aquello. La gente estaba cansada, cansada de que los poderosos camparan a sus anchas mientras ellos no tenían para alimentar a sus familias, la mayoría, de hecho, ni siquiera tenía una opinión totalmente formada en cuanto a la opción política que querían. Entonces tenían democracia, tenían libertad, pero casi todos preferían no opinar de quienes les gobernaban, y dedicarse a ganarse el sustento. Pero las voces del cambio estaban a pie de calle. Había protestas por todos lados, las fuerzas de seguridad se excedían muchas veces en las represalias, y esto solo provocaba aún más violencia de los “indignados”.

Estoy hablando del 18 de julio de 1936, fecha del alzamiento nacional. No estoy hablando del 18 de julio de 2011. Aunque bien podría estar hablando de ello.

Entonces dio comienzo al periodo más dramático de nuestra historia. El momento en que nos encontramos los españoles luchando contra nosotros mismos. La guerra fue cruenta, mortal, dramática. Pero no fue lo peor. Lo peor es el odio, lo peor es la venganza, la ira, los pagos. Lo peor es que durante la guerra, incluso bien terminada ya, la gente viviera con miedo en sus casas porque la disputa con un vecino porque tu perro había hecho sus necesidades cerca de su casa supusiera la muerte. España se convirtió en un campo de batalla, toda España lo era. No solamente las trincheras, ni siquiera hacía falta una sirena para prevenir de los ataques aereos. Toda España estaba amenazada de muerte, y lo peor es que durante esa guerra toda España murió. Aquel día tan funesto de nuestra historia se abrió una herida que aún sangra.

Palacio Ducal en 1936
Béjar ha sido de siempre una ciudad de izquierdas. Aquel tiempo no era una excepción. El caso es que una ciudad tan industrial como esta, estaba bien organizada en torno al sindicato socialista. Hubo una débil resistencia abierta, pero tuvieron la mala suerte de tener la capital de la entonces España Franquista en la cercana Salamanca, sofocando cualquier intento de no simpatizar con el alzamiento. Pero esto provocó que en Béjar hubiera una especial resistencia clandestina así como intensa búsqueda de aquellos que no comulgaban con los rebeldes. Así tenemos decenas de “toperas” (escondites, a cada cual más imaginativo y original, donde se escondieron durante mucho tiempo algunos no simpatizantes de Franco para salvar su vida) a lo largo y ancho de nuestra ciudad, algunas de ellas siguen apareciendo en lugares insospechados.

Tanto un bando como el otro sucumbieron a la barbarie. Sabiendo ambos bandos que tenían la razón, se la quitaron con asesinatos en masa, odios infundados y terrorismo ideológico. 

En este tiempo en que vivimos, estas fechas son de especial importancia, pues se dice mucho que estamos ante la mayor crisis desde este hecho que ya cumple 75 años. Si releéis el primer párrafo, podréis contemplar que el clima, salvando las evidentes distancias, no es tan diferente. Espero que todos hayamos aprendido algo de estos 75 años de odio. Por el bien de todos nosotros, pongo todas mis esperanzas en que sepamos arrancar la garra de las dos Españas, de los fanatismos políticos, de creer que quién piensa o cree esto o aquello es de tal o cual manera.

Y realmente lo espero, porque veo que todo lo que hemos “construido” desde entonces se hunde, porque veo que la gente está cansada de las actitudes de sus representantes. Porque los indignados que protagonizaron la rebelión de Asturias han vuelto. Porque esta revolución llegará, lo quieran los poderosos o no. La única incógnita es si para entonces habremos aprendido algo del casi millón de muertes, y los 75 años de miseria económica, moral y política que trajo aquel día.

viernes, 24 de junio de 2011

O son do ar

Hoy os dejo una perla, una de las mejores canciones que he escuchado en mi vida. Probadla dando un paseo por el bosque, veréis que será el mejor paseo de vuestras vidas.

Se la quiero dedicar especialmente a tod@s l@s que tenéis la suerte de compartir conmigo esta tierra de la tribu celta de los Vettones, Béjar, el paraíso en medio del desierto.




¡Pasad buen fin de semana!

martes, 24 de mayo de 2011

Mi Esperanza

Muy buenas a tod@s, tal y como ayer prometí, hoy intentaré compensar por haberos dejado abandonados. Ya dije que tenía una razón personal de peso, y el caso es que el sábado ingresaron a mi madre en Salamanca y estuve con ella allí hasta ayer a mediodía cuando me vine a Madrid pues hoy tenía clases. Que nadie se preocupe, aunque todavía no saben qué le pasa, ella está bien y muy tranquila y feliz en el hospital, según sus propias palabras, necesitaba una cura de sueño y descanso como la que se está tomando.

Hoy es un día de alegría.

Ahora todo es mucho más fácil. No hace muchos años, en España era un delito no ser católico. En la Iglesia Evangélica de Béjar, donde yo me he criado, en tiempos de Franco, hubo ocasiones en que la policía irrumpió en reuniones por estar incumpliendo la ley. Y cuando esto ocurría, solo unos pocos se arriesgaban y segúian adelante. Ahora hasta puedo parecer “cool” o de alguien interesante el confesar que, aunque soy cristiano, soy “protestante”. Parece algo hasta exótico, pero hubo tiempos en que era muy peligroso. Aunque haya otras fuerzas que hoy en día impulsen a seguir la corriente de la masa, afortunadamente la ley no es una de ellas, por ahora.

Pues bien, en esos tiempos hubo varios héroes que no apreciaron sus vidas más que a Dios. Que decidieron arriesgarse a la cárcel, a que la gente pensara que eran unos sucios herejes, que amaron más seguir su esperanza que tomar en cuenta lo que el mundo les gritaba a los oídos.

Hoy, si mi memoria no me falla, ha partido con su Padre la última de estos héroes bejaranos.

Rosi ha sido un ejemplo, al menos para mi, durante toda mi vida. Una anciana incansable en servir a los demás, un vivo reflejo del amor de Dios. Y esta misma mañana, ha culminado la meta, ha terminado la carrera, ha vencido la batalla, se ha cumplido su esperanza.

Para la mayoría puede parecer una tragedia, aunque los últimos tiempos de su vida hayan sido bastante sufridos, a causa de su enfermedad, el caso es que, aunque, sobre todo sus familiares, echarán en falta su presencia, hoy es un día de alegría.

Porque ahora ella está bien. Porque ahora ella ha llegado a casa. Porque la meta de su vida se ha cumplido. No es que ahora descanse en paz, es que no tiene porqué descansar, porque es completamente feliz, porque la alegría de su corazón jamás tendrá fin, porque por mucho sufrimiento que haya tenido en su vida, no es nada en comparación con su dicha, dicha que jamás acabará.

Esta era su esperanza, y esta es mi esperanza. Que algún día contemplaré con mis ojos a mi Dios y me abrazará, me hará sentir bien, que algún día podré llorar de agradecimiento a los pies de aquel que no estimó su propia vida más que la mía, aún siendo Dios.

Y si hay algo que siento de verdad es que sean tantas las veces en que no sé trasmitir esta esperanza. Porque la verdad es que el resto de lo que yo haga poco merece la pena. Porque si hay algo que tengo claro, y es por eso que soy tan pesado en este tema, es que quiero que tod@s vosotr@s estéis un día conmigo en este lugar, que no quiero echar de menos a ningun@ de vosotr@s, y mucho menos que sea por no haber sabido trasmitirlo, porque no hayáis podido ver esta esperanza en mi vida.

Y es gracias al sacrificio de Cristo que yo puedo tener esta esperanza, es gracias a su sangre derramada que mi pena está pagada, que las puertas al Edén han vuelto a abrirse de par en par, para que podáis acompañarme al paraíso perdido, a la Gran Esperanza, al propósito glorioso que tu creador tiene para ti. Porque, como Rosi creía, y yo también lo hago, nada que salga de esto merece realmente la pena.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La perla rota

Hagamos un ejercicio de imaginación. Cuarenta años han pasado en nuestra ciudad. La nieve ha seguido cayendo en invierno, las estaciones han continuado su curso, el mundo ha seguido cambiando, nosotros mismos hemos ido envejeciendo.

Hemos envejecido, y hoy dedicamos la soleada tarde de domingo a pasear por las ruinas de la ciudad de Béjar, por las calles que nos vieron crecer, que nos enseñaron a madurar, que nos hicieron caer y nos alentaron a levantar, por aquellas que nos acogieron cálidamente en la desnuda ignorancia del nacimiento y nos enseñaron a vivir, aquellas que, seguramente, disten mucho de ser las mejores, pero son las nuestras.



Y paseando, recordamos el pasado de Béjar viendo sus calles maltrechas, los restos apenas reconocibles de la antaño orgullosa ciudad textil, del ducado de un grande de España, de la perla roja de Castilla, de la cuna de grandes pensadores, de deportistas, de sabios, de ilustres artistas, de músicos, de humoristas, de ministros. Con sus telas abastecía a España de lanas, en sus calles se libraron revoluciones gloriosas, de ella se supo por su proverbial riqueza, albergó a una de las mayores juderías de Castilla, miró frente a frente a las ahora mayores ciudades de nuestro país, y les sostuvo la mirada.

Pero estas ruinas, que hablan de poder y gloria, nos hacen llorar de desesperación. Apenas son piedras derruidas, el paisaje imponente que recordábamos de niños fue suplantado por enormes edificios insulsos y desnudos, sin más honra que la horrenda ambición humana. Sus palacios, fábricas, murallas, calles fueron abandonados a las ratas y a la podredumbre. Vimos con nuestros propios ojos y sin mover un solo dedo cómo caían, roca a roca, inexorablemente, y ni nos molestamos en apartar las piedras de la calle.

Béjar tuvo orgullo, tuvo belleza exuberante, tuvo historia, tuvo gloria. Ya nada queda de aquello salvo el recuerdo.

Sus jóvenes tuvieron que irse buscando pan dejando atrás su corazón. La que fuera hogar de miles de familias trabajadoras se transformó en un geriátrico cuyos ocupantes fueron cayendo como las hojas secas en otoño. Los ruidos de los niños jugando en los parques fueron sustituidos por el silencio más sepulcral. El turismo que pudo atraer la rica historia bejarana murió. Solo quedó una Cáparra sin valor envuelta en mastodónticos y horribles edificios vacíos. La ciudad se transformó en pueblo, y el pueblo en ruina. La vida se extinguió y no se supo más de ella.

Al ver la maleza cubriendo la ruina de las murallas, imaginamos que aquello es parecido a como estaba en tiempos en que Béjar fue tomada por los bereberes. Al ver al ganado pastando en plena Corredera, pensamos que así sería cuando aún poblaban nuestra tierra los Vettones, cuatro siglos antes de nuestra era. Parece como si la historia volviera a comenzar, parece que por nuestra estupidez y nuestra vaciedad hemos dejado escapar más de dos milenios de historia, sin sacar nada más que dolor y la consciencia de nuestra derrota y nuestra sepultura. Como pudimos ver en nuestros libros de historia cuando éramos niños, nuestros ojos son testigos de cómo el ciclo que atrapó a otras grandes joyas de la antigüedad nos engulle. Como ocurrió con los templos egipcios, con las colonias griegas, con el férreo control romano, y con tantos y tantos otros, después de nuestra gloria vino nuestra desgracia, y después, el olvido. Y todo por nuestra ineptitud.

Y lloramos por haber perdido nuestra tierra. Heredamos un paraíso y dejamos en herencia una yerma tierra, sin más consuelo que la memoria. Fuimos cómplices de cómo vendieron nuestras raíces a forasteros con vanas promesas, contribuimos a hacer de Béjar un campo de batalla entre colores que solo buscaban destruir los de nuestros montes, y cambiarlos por el vacuo gris, que únicamente ansiaban expoliarla. Y ahora nos lamentamos amargamente. Nos preocupamos más por buscar enemigos entre nosotros, culparnos unos a otros sin pararnos a razonar ni a pensar que por el bien y el progreso de la ciudad. Nos interesaba más ver a nuestros hermanos como enemigos y procurar acabar con ellos con mentiras y falsedades para acallar nuestra frustración por estar perdiéndolo todo que reconocer que no podemos hacerlo sin ellos y apoyarnos. Dimos prioridad a las ideas que nos vendieron extraños antes que a nuestro corazón. Y acabamos pagándolo.

Porque lo cierto es que sí tuvimos oportunidad de cesar esta atrocidad, en nuestras manos estuvo el atar las zarpas de los que querían robarnos, el conservar la vida y la belleza de nuestro entorno, el salvar el recuerdo de nuestros padres, el conseguir reaccionar ante la muerte de nuestra historia física, de nuestras fábricas, palacios, jardines históricos, la judería, las murallas, las antiguas calles cargadas de recuerdo vivo, el no rendidos ante el monstruo que devoraba nuestro trabajo y nuestro pan y obligaba a nuestros hijos a huir de su tierra.

“Si solo me hubiera dado cuenta antes”, nos decimos, derrotados. “Si hubiera conservado la fe en mi tierra, en la que recuerdo, en la verde, en su historia, en la orgullosa, en la grande.”

“Si hubiera pretendido dejar la mejor herencia a mis nietos, en lugar de permitir esta destrucción. Si hubiera apreciado la herencia de mis padres, no como un objeto que se compra y se vende, sino como la propiedad de mis hijos. Si no hubiera preferido estar de brazos cruzados mientras veía día a día, año a año, cómo destruían los colores de los montes que antaño me recibían cada mañana. Si no hubiera admitido estos pactos con el maligno y hubiera luchado por mi tierra y por mi alma...” Y estas lágrimas no nos salvarán de nuestra ruina. Hemos perdido la partida, agotado las monedas. Jamás volveremos a jugar. Solo quedará el dulce pasado y la amargura presente.

Y al volver de nuestro viaje imaginario, podemos ver que aún estamos a tiempo, que podemos luchar. Que nuestra tierra sigue siendo verde, que podemos hacer que nuestros nietos se sientan tan orgullosos de sus raíces como lo estuvieron nuestros abuelos.

Pero solo lo lograremos si conseguimos que no se cumpla este futuro. Si reaccionamos con determinación y unidad. Si dejamos de rendir cuentas a los colores que nos han sido impuestos desde afuera y que reclaman nuestra ruina mediante mentiras. Si dejamos de lado nuestra guerra fratricida para tratar de salir a flote. Si dejamos de tirar piedras a nuestros tejados por órdenes de afuera. Si, como un solo hombre, nos unimos para rescatar nuestra historia y nuestro recuerdo, tanto el físico como el cultural, dando honor a la ciudad de Béjar, Muy Noble, Muy Leal, Liberal y Heroica. Si no dejamos que nuestro verde manto caiga en manos de especuladores destructores de bosques, si no abandonamos a nuestra juventud y no los obligamos a abandonar su hogar por la incompetencia y la desidia de quienes deben velar por su bien.


Estamos a tiempo de recuperar nuestro papel de cabeza comarcal que tuvimos, debemos lograr una sanidad digna, una buena educación para nuestros hijos, tenemos que unirnos para que todo el mundo sepa que Béjar no ha muerto, que aún se puede invertir en nuestra tierra sin tener que destruir nuestros montes, que la riqueza de nuestro patrimonio volverá a resplandecer, que nos negamos a aceptar el futuro que nuestros ojos auguran. Porque yo creo que si nos deshacemos de las etiquetas y prejuicios que nos hemos ido poniendo, salvo de la de “bejaranos”, y comprendemos la fuerza que podemos tener todos juntos, lograremos ahuyentar el fantasma del fracaso y de la ruina que nos asola.

Este será nuestro futuro si no reaccionamos, inexorablemente así será nuestro mañana.

Seguramente ha habido mucho que se ha podido hacer en el pasado y no se ha hecho. Está claro que ya se ha causado mucho mal a Béjar, podemos ver calles de la zona histórica completamente abandonadas a su suerte, y cómo poco a poco van cayendo. Podemos sentirnos abatidos al ver que, tal y como está nuestra ciudad, el futuro que hemos imaginado está más cerca incluso que los cuarenta años que dimos de plazo. Podemos pensar que no llegamos a tiempo para salvarla. Mucho hemos perdido por este camino que hemos elegido vivir, demasiado tiempo hemos andado por la senda que conduce a la destrucción. Estamos a tiempo de evitarlo, estamos a tiempo de rescatarnos, estamos a tiempo de dar a nuestros descendientes la mejor herencia.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Democracia?


En nuestro país, la institución que más confianza ofrece a los ciudadanos es el ejército, seguido de la monarquía. Los partidos políticos son la institución que menos apreciamos, apenas un 2,88 es la nota que ponemos a los que teóricamente nos están representando, a los que deciden qué va a ser de nosotros. Tres cuartas partes de los españoles opinan que los políticos solamente buscan sus intereses particulares y que nada o casi nada se preocupan del interés general.

Con nuestros propios ojos podemos ver cómo, a marchas forzadas, nuestra sociedad y sobre todo las nuevas generaciones están perdiendo interés en todo lo que tiene que ver con la política y lo más escuchado en este sentido es la idea de que “da lo mismo a quién votar o incluso, da lo mismo votar o no, después de todo, siempre será todo igual” o incluso que “el PP y el PSOE son el mismo perro con distintos collares”. Las notas de los líderes políticos han alcanzado mínimos históricos, Rajoy tiene un 3,25 y Zapatero un 3,30 sobre 10.

Yo no sé cómo será en el resto de España, pero al menos en el ámbito en que me muevo, la idea más generalizada es que nos están tomando el pelo, que ambos equipos políticos que se turnan el poder de una manera tan descarada realmente no cuentan con los españoles que les ceden el poder, que este intento del 78 está saliendo francamente mal. Yo mismo me siento frustrado al ver que aún en mi juventud, lo cierto es que estoy perdiendo la fe en los que teóricamente me representan. Puedo ver tanto en mi ciudad como en mi país cómo los que podrían ser los líderes más aptos, los que sería posible que cambiaran las circunstancias, son dejados aparte porque no sirven a los propósitos de los que realmente sí que ostentan el poder, de los que buscan que la masa de la población desconozca los hilos que usan para movernos a todos como marionetas.

El otro día hablaba de la supuesta libertad que pensamos que tenemos y no es así. En este tema podemos verlo más que en ninguno. Los que nos representan se ríen de nosotros, o al menos esa es la impresión que dan, así que si no nos están tomando el pelo, la verdad es que lo disimulan muy bien. No somos libres de tener los líderes que queremos, el plan que vemos es: puedes elegir entre este o este, ambos elegidos por otros en unos procesos que no entendemos y que sabemos que no son buenos líderes, no hay más que ver sus notas. ¿Tenemos a nuestro 3,30 o a nuestro 3,25 como nuestro líder, como aquel que teóricamente nos sacará de esta crisis?.

Este es un juego muy peligroso, realmente la tomadura de pelo que están haciendo a los españoles es peligrosa. Veo cómo la gente es apática ante esto, se limitan a quejarse y a indignarse contra nuestros superiores, pero al ritmo que vamos, no sé a dónde vamos a llegar. Me acusarán de catastrofista, pero el clima que precedió a la Guerra Civil era bastante parecido. Está claro que no tenemos razón para quejarnos cuando nosotros mismos elegimos a nuestros gobernantes, pero el caso es que no tenemos esa opción. Y la gente se empieza a cansar de esta broma.

Mi intención de hoy es que recapacitemos un poco, que meditemos sobre la idea de si realmente hemos cumplido el deseo de aquellos que derramaron su sangre para darnos libertad, si tenemos la capacidad real de ser soberanos, si el pueblo posee eso que en teoría tiene y que está recogido en nuestra Constitución.

¿Realmente vivimos en una democracia?

martes, 20 de julio de 2010

Un nuevo fuero


El pasado jueves 15 tuve la gran oportunidad de servir como traductor y coordinador de actividades con un grupo de jóvenes israelíes y un grupo de jóvenes bejaranos que estaban teniendo un día de intercambio cultural.
El grupo de chicos israelíes, con 21 miembros, pertenece a una asociación llamada “The Israel Youth Award”, algo así como una asociación juvenil a nivel nacional, tenían entre 13 y 17 años y había miembros de las 3 religiones monoteístas.
El grupo de españoles, con 24 miembros, pertenece a la Asociación Juvenil Bejaragüi, y contaban con la misma edad.
Me pareció algo magnífico el poder conocernos, el poder comunicarnos, a pesar del lastre del lenguaje, y poder ver que, a pesar que, obviamente somos diferentes, podemos entendernos, y sabemos que lo que nos une es mucho más importante que lo que nos separa, y ver que existiendo diferencias y sabiéndolas apreciar, seremos capaces de aprender a apreciar lo nuestro y lo ajeno.

La mayoría de los bejaragüis no sabían hablar inglés, mucho menos hebreo, pero pasaron el día juntos, hicieron nuevas amistades, y supieron comunicarse en medio de la caótica “Babel”. (Que, por cierto, significa en hebreo “puerta de Dios”).

En las visitas que hicimos con este grupo, no podía faltar el museo judío David Melul, donde pudimos ver el fuero de Béjar, que data del año 1211 y tiene una particularidad muy especial. En este fuero se concedieron los mismos derechos y los mismos deberes a judíos, musulmanes y cristianos. Esto me pareció algo maravilloso. Ahí estábamos, un grupo de jóvenes judíos, musulmanes y cristianos (tanto protestantes como católicos) en un lugar donde convivieron nuestros antepasados con igualdad de oportunidades. Seguramente esta convivencia no fue tan idílica como se nos vende y, de hecho, hubo varias revueltas religiosas que se convirtieron en auténticas batallas campales. Pero el hecho que pudieran partir con las mismas “reglas de juego” era algo bello. Y allí estábamos sus hijos, recordándolos y haciéndonos amigos en la igualdad más absoluta.

El viernes 16, como ya sabéis, fue la inauguración de los actos conmemorativos del 15º aniversario del Consejo de la Juventud de Béjar, y también hubo algo que me hizo recapacitar y ver que no hemos perdido del todo ese espíritu que hizo el fuero de 1211. Emma Kunst, trabajadora del CEAS de Béjar y que de tantos y tantos embrollos nos ha sacado, llevó una carpeta donde, entre otros muchos documentos de estos 15 años, estaba el acta fundacional original del Consejo. Entre las asociaciones que formaron esta federación estaban algunas tan dispares como las Nuevas Generaciones del PP, Juventudes Comunistas, Tomillar de los Okupas o las Montañeras de Santa María. Todas ellas en igualdad, en entendimiento y trabajando juntas para crear algo nuevo y positivo por la juventud de Béjar. Y allí estaban, en ese papel, con las firmas de los representantes de todas y cada una de las asociaciones que comenzaban este camino de ya 15 años.

Y todo esto me hacía pensar. Me hacía pensar en que sí que somos capaces de entendernos y de luchar juntos por nuestra ciudad. Me hacía creer que si nosotros y nuestros representantes consiguiéramos renovar nuestro fuero, poder volver a firmar los comunistas con los populares, los protestantes con los católicos, los jóvenes con los mayores...

Puede parecer una utopía. Puede que la gente del PP o del PSOE que estén leyendo esto piensen que son quimeras de un joven soñador y sin ningún pie en el suelo firme. Pero el caso es que un grupo de jóvenes hace 15 años lo hizo, el caso es que este sueño que comenzaron sigue ahí, más fuerte que nunca. El caso es que los más pequeños podemos hacerlo.

Quizá es tiempo de dejar los viejos rencores y los sentimientos encostrados para empezar algo nuevo. Quizá es tiempo para volvernos más como aquellos adolescentes bejaranos e israelíes que, a pesar de no entenderse por el idioma o por la religión, sí que lo hicieron con el corazón.

domingo, 30 de mayo de 2010

La manchita verde



Buscando los mapas que muestran las zonas de España en proceso de desertificación y los creados a partir de los pronósticos del clima durante este siglo, me llamó la atención una pequeña mancha verde al centro y el oeste del país. A finales del siglo XXI permanecía intacta, sin las tonalidades ocres de su entorno cada vez más ocre. Era, para nuestro consuelo, la reserva de la biosfera de las sierras de Béjar y Francia.

Es interesante saber que, al menos que suceda un cataclismo, Béjar tiene destinado en el país un sitio privilegiado. Viendo la manchita se piensa en un oasis. ¿Qué es un oasis si no una isla verde en medio de la aridez?

Esa es la noticia buena. La mala es que los que debían darse cuenta no se enteran y no se le confiere la importancia que merece el hecho de que estamos viviendo en uno de los pocos oasis que quedarán en España al cabo de algunos años. Creo, iluso como siempre, que esa idea nada peregrina es nuestro seguro de vida. Y creo también que no es preciso esperar a probarlo todo y fracasar para llegar a la misma conclusión.

Estamos hablando de la opción que tendríamos al ser un pulmón verde de España. A las oportunidades que tendríamos si lo previéramos y trabajásemos en ello desde ahora. Es decir, empleando una frase al uso, poniendo en valor nuestro Paraíso, desarrollando una potente marca turística y sus infraestructuras. También, y tal vez este sea el pollo del arroz con pollo, conservando los valores asociados a esa perspectiva.

Pongamos un ejemplo. En el año 2040, cuando en Madrid tenga en verano las mismas temperaturas que hoy tiene Sevilla, ¿sería o no sería Béjar un sitio de desintoxicación climática? ¿Querrían o no querrían los madrileños agobiados por su isla térmica venir al oasis, donde la ciudad se confunde con el bosque? ¿Cuántas personas podrían hacer de este lugar un espacio en sus vidas?

Son preguntas que pueden tener diferentes respuestas. Depende del cristal por el que se mire. Positivas si en realidad la ciudad se confundiera con el bosque y hubierse en ella muchas cosas placenteras que hacer. Negativas si Béjar fuese una mala copia de una ciudad asfáltica, con un centro histórico extinguido y unos hermosos rascacielos ocupando el lugar de refrescantes parques sombreados.

En días pasados tuve la ocasión de estar presente en una reunión del Consorcio Corazón de Vetonia, que proyecta un esfuerzo mancomunado por atraer el turismo hacia esta zona. Intervinieron un par de expertos, quienes trabajan en el proyecto de negocios y el marketing del Consorcio. Ambos, por separado, dijeron algo que fue lo más importante que logré escuchar: cualquier proyecto de desarrollo del turismo en esta zona debe ser, por fuerza, un turismo de naturaleza y “Corazón de Vetonia”, algo que los jóvenes podrían confundir con el nombre de una banda de rock, no puede ser la marca del producto que se pretende ofrecer. Tendría que llamarse, simplemente, Sierra de Béjar. O sea, el oasis. La manchita sobre el mapa.

Era una conclusión, realmente elemental, pero definitiva, que guarda una estrecha relación con la MENTALIDAD —y me disculpan las mayúsculas— que es preciso tener para construir un emporio turístico. Esa mentalidad no se refleja en el proyecto de ciudad que se cierne sobre nuestro futuro y que se recoge en el dichoso Plan General de Ordenación Urbana, tan llevado y traído.

No es preciso ser una lumbrera para darse cuenta que la terapia que Béjar requiere para escapar de sus cien años de soledad pasa por las copas de los pinos, por el aire puro de las montañas, por los parajes por donde corre agua que se puede beber, por las pinturas que son sus paisajes. Pero habría que recibirla antes de que la confusión entre el magma y la magnesia permita que nos pongan a vivir en una ciudad de bisutería, Made in China.

No siempre son las obras grandiosas las que abren las puertas del porvenir. No forjará porvenir alguno que hagamos de Béjar una Khasbah de ladrillo, cemento y arena. El futuro de Béjar podría estar en que lográsemos salvarla y, salvarnos todos, dentro de esa manchita verde al oeste y centro de España.

Reynaldo Lugo.

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