jueves, 20 de octubre de 2011

危機


Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Salud Mental el pasado 10 de octubre, el psiquiatra Álvaro Rivera, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que agrupa a siete centros de atención a la salud mental en España y a cerca de cincuenta en todo el mundo, ha expuesto unas preocupantes cifras que no llegan a reflejarse en las estadísticas oficiales.

Lo cierto es que ha aumentado un 25% el número de suicidios y un 15% los nuevos casos psiquiátricos desde que comenzó la crisis económica dentro de la que andamos metidos.

Según diversos estudios, las personas desempleadas sufren problemas psicológicos con mayor frecuencia que las que tienen trabajo, de lo que se puede deducir que las crisis incrementan el nivel y el alcance de estas dolencias.

De hecho, el promedio de personas con problemas psicológicos entre los desempleados es del 34 % en comparación con el 16 % de las que tienen trabajo y,  cuanto mayor es la duración del periodo en paro, mayores son las consecuencias sobre la salud mental. 

Y todo esto en medio de la actual situación económica y social, en que casi cinco millones de españoles se encuentran en sin un trabajo, y con miles de familias desahuciadas por ejecuciones hipotecarias.

Esta es la grave realidad en que nos ha tocado vivir, esta es nuestra España. Una España aquejada de graves dolores profundos, en una situación de derrumbe generalizado y con pocos atisbos de esperanza en el horizonte.

Pero no quiero hablar de casos generales, de problemas de macroeconomía ni de situaciones globales que probablemente mucha gente pensará que no van con ellos, aunque estén metidos en el ajo. El hecho es que la situación es muy grave, además de a nivel global, a nivel particular. Son muchos los casos de jóvenes parejas que acuden al banco para entregar las llaves del piso que compraron con mucha ilusión porque sencillamente no pueden pagarlo. La gente se suicida porque no tienen cómo alimentar ni sacar adelante a su familia. Los problemas mentales provocados por la desesperación están llenando los centros psiquiátricos especializados. Yo no sé cuál es la situación particular de cada uno, pero me gustaría mostraros un ejemplo que encuentro de la Biblia, del primer libro de Samuel.

Al principio del todo de este libro, en el primer capítulo, comienza relatándonos la historia de Ana, una de las dos esposas de un hombre llamado Elcana. Ana vivía en una situación que la estresaba y la hacía estar deprimida. El caso es que Penina, la otra mujer de su marido tenía hijos, pero ella no lograba quedarse embarazada por mucho que lo intentara. En aquella época y en aquella cultura era muy importante y daba valor a una mujer el tener descendencia, así que ella se sentía muy poco importante, a pesar de la insistencia de su marido en que no se preocupara. El caso es que Ana lo pasaba muy mal viendo que pasaban los años y no lograba cambiar su dramática situación. Probablemente para nosotros no parezca una tragedia, pero si tratamos de empatizar lo más posible con Ana, descubriremos que se sentía muy poca cosa al no lograr alcanzar la meta de su vida por mucho que lo intentara, y más aún viendo cómo Penina sí lo lograba y la irritaba continuamente para humillarla.

Pero Ana no se quedó en su situación, en su dolor y en su desesperación. Ella actuó. Ella clamó a Dios para que la ayudara, viendo que nadie más podría sacarla de esa situación que la mataba. Era su única salida y ella la aprovechó sin pensarlo, aún cuando el mismo sacerdote pensaba que estaba loca y borracha por la manera en que suplicaba a Dios.

Pero Dios escuchó su súplica, y le concedió lo que ella pedía, y no solamente eso, el hijo que le nació, Samuel, llegó a ser un gran profeta de Dios, el líder de todo Israel, que ungió a dos reyes, entre ellos el mismo David, el gran rey de los hebreos. Sin duda el honor y el orgullo de toda madre.

Ana pasó por una crisis, probablemente no económica como nosotros, pero sí estaba desesperada como muchos españoles lo están. Ella sufrió y de este sufrimiento salió con mucho más de lo que tenía en un principio. Lo que a mi me gustaría que sacásemos de todo esto y aplicásemos a nuestra vida es que, es cierto que muchas veces pasamos por desiertos difícilmente soportables, es cierto que las situaciones nos agobian y nos desesperan, eso pasa y no podemos evitarlo, pero sí podemos elegir qué hacemos con nuestro dolor. Si pasamos por la crisis y dejamos al dolor estéril, habremos perdido lágrimas sin sentido, habremos desperdiciado sufrimiento.

No malgastes tu dolor.

No desperdicies tu sufrimiento. Porque este dolor posiblemente sea el mejor maestro que puedes tener, porque nunca sabes a donde te llevará, ni las cosas buenas que aguardan después. Como muchos de vosotros sabréis, la palabra crisis (危機) en japonés está compuesta de dos conceptos, que son peligro (危) y oportunidad (機). Si es una crisis por lo que estás pasando en tu vida, de cualquier tipo, te animo a que, sin olvidarte del peligro, siendo sensato, no dejes pasar la oportunidad. Porque la crisis es mucho más que un castigo o una maldición, porque siempre, sin ninguna excepción, aquello más valioso, aquello que más merece la pena, es lo que más cuesta conseguir.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El sobrino-nieto de Hitler se convierte al judaísmo

Adolf Hitler con dos niños
Paradojas de la vida... El sobrino-nieto del responsable de la muerte de millones de judíos, Adolf Hitler, se ha convertido desde hace ya algún tiempo a la fe de Abraham y es profesor de Talmud en una universidad israelita.
Este familiar del Führer nació en Frankfurt en 1952 y vive y trabaja en Israel desde hace más de un cuarto de siglo. Pese a tener nombre, apellido y correo electrónico, no los ha hecho públicos -ni lo va a hacer- para que la trama de su vida no quede al descubierto.

Según informa el diario italiano La Repubblica, el hermanastro del genocida, Alois junior, era el padre de Heinz, segundo esposo de la abuela de nuestro protagonista, Ema Patra Hitler, quien al terminar la guerra eliminó la «t» de su apellido y lo cambió por «Hiler» para evitar ser identificada.
«Heinz se casó con la abuela Ema cuando ella se divorció de mi otro abuelo. Yo, por tanto, no tengo lazo alguno de sangre con el Führer, no tengo ADN en común», precisa el sobrino/nieto de Hitler, que dice haberse encontrado con Heinz solamente una vez «para un té» en casa.
«La abuela estaba encantada de haberse casado con uno de su clan». Ella, a la que califica de «fervorosa nazi», permaneció como tal «hasta el fin de sus días», relata. «Creía en la ideología antes, durante y después de la guerra. Estaba orgullosa de que su suegro fuera hermano de Hitler».

«Mis padres eran ambos cristianos protestantes. Los dos estaban en la Wehrmacht, el ejército del Tercer Reich. Mi padre, ardiente defensor del Partido, se divorció de mi madre poco después de mi nacimiento. Así que crecí con ella. Mi madre, en ese momento, no recibía ayuda alguna, ni económica, ni mucho menos moral de la abuela Ema, mujer indiferente a las penas y sufrimientos de los demás».
«He tenido una infancia llena de problemas; con mi madre pasábamos de una casa a otra, desalojados cuando no teníamos más dinero para pagar el alquiler. Sin embargo, ella me ha contado todo mostrándome documentos con la esvástica, las cartas y las fotografías de nuestros parientes, incluida ella misma, llevando uniformes. Y cuando le pregunté, visto que sabía las condiciones en que vivían los hebreos polacos en Lodz, por qué había continuado obedeciendo, me dijo sencillamente, con mucha vergüenza: “Tenía miedo“. La creí».

«Leí Mein Kampf, el libro de Hitler, de muchacho. Y quedé ciertamente impactado. ¿Cómo ha podido la gente ser tan estúpida para poder elegir a un hombre que escribía semejantes cosas?».
Este sobrino/nieto de Hitler señala que su recorrido hacia el judaísmo ha sido largo. «Después de la madurez, en el momento de hacer el servicio militar en Alemania, elegí Teología. El curso preveía un periodo de seis semanas en Israel. Era el inicio de los años setenta. Una vez llegado, me he sentido como en casa. Me he quedado y se ha producido mi conversión».

Algunos calculan que hay unos trescientos alemanes convertidos al judaísmo que viven actualmente en Israel. Muchos de ellos, entre los cuales se encuentran varios docentes universitarios, aún no quieren revelar su identidad y pasado.
El sobrino de Hitler utiliza otro nombre, aunque ya ha sido identificado en Israel por algunos. «No me agrada oír hablar de los palestinos con suficiencia. El Holocausto y el Tercer Reich me han forjado. Soy pacifista, y pienso que la democracia se prueba a sí misma respetando los derechos de las minorías. He buscado siempre ser honesto sobre mis orígenes: no los he ocultado jamás. También lo he hablado con mis alumnos y uno de ellos me ha dicho: “Imagina, tu abuelo podría haber gaseado a mi abuela“».

«Cuando mi historia comenzó a ser conocida, diversas personas con las que hablaba habitualmente dejaron de estrecharme la mano. Se cambian de acera. Y a mis hijos, en el colegio, los niños les escupen llamándolos “nazis“. He aprendido la lección. Alguna gente no quiere que tú cambies. Jamás».

Religionenlibertad.com

martes, 18 de octubre de 2011

El Infierno I: Una escalofriante realidad


Hay una pregunta que vuela por todo el mundo que se plantea algo en algún momento acerca de Dios, y esta cuestión es “¿cómo puede un Dios bueno mandar a alguien al infierno?”. ¿Cómo alguien tan benevolente puede sentenciar tan dura pena? ¿No es cierto que sería mucho más bueno un Dios que aceptara a todo el mundo y que no castigara a nadie? He escrito algunas entradas acerca del cielo, así que me gustaría hablar un poco del infierno también.

Es completamente cierto que Dios es bueno, infinitamente bueno. Pero también es cierto que Dios es justo, a la misma medida, infinitamente justo. Ambos atributos, como todos los demás, en Él son perfectos, sin ninguna carencia. Entonces nos encontramos ante un dilema importante. Si Dios es infinitamente bueno, entonces Él quiere y busca el bien de todos y todas, pero si es infinitamente justo, entonces de ninguna manera tendrá por justo al injusto, siempre tiene que dar el debido castigo o remuneración al resto de los seres dependiendo de si cumplen la ley o no.

Dios ya reveló su ley al hombre por medio de la persona de Moisés, tenemos los 10 mandamientos como el resumen de esta ley, y a su vez tenemos los dos mandamientos que da Jesús resumiéndolo aún más, “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Esta es la ley de Dios, así es como hay que vivir y que actuar.

Dios no creó el infierno para que allí fueran los “hombres malos”, Él creó el infierno como lugar de castigo para Satanás y los demonios cuando estos se rebelaron. El plan de Dios no era que los hombres tuvieran que andar con el peso de tener que vivir conforme a la ley para alejarse de la amenaza constante del infierno, Él creó al hombre perfecto, y lo creó con la libertad para elegir, libertad que él usó para pecar, para faltar a la ley de Dios, y sentenciarse a sí mismo.

En perfecta justicia, ahí debería haber terminado todo, el hombre había faltado a la ley y merece justamente el castigo. Pero, como bien decía en un principio, Dios es además infinitamente bueno. Por medio de la muerte de Jesús, el mismo Dios, en sustitución por nosotros, podíamos volver al plan inicial que Dios tenía, a través del cual podríamos estar con Él para siempre disfrutando de todas las cosas que nos tiene preparadas. De esta manera, aceptando la sustitución de nuestra culpa por su sacrificio, podemos andar sin el peso de tener que vivir conforme a la ley para alejarnos de la amenaza constante del infierno. Ahora, después de esto, podemos elegir recibir el amor de Dios y ser perdonados por los méritos de Cristo, o podemos elegir libremente el rechazar el amor y el regalo de Dios y seguir viviendo a nuestra manera sin tener que pensar en lo que Dios ha hecho o en lo que piensa de nuestros actos.

El infierno no es un lugar que Dios creara para ensañarse con aquellos que no quieren saber nada de Él. Es un lugar de justicia. Todo aquel que no haya cumplido a la perfección la ley divina y no haya aceptado el sacrificio de Jesús en sustitución por él, es justo que vaya al infierno, y es justo que permanezca allí para siempre. Porque Dios ha dado todas las facilidades para que todo el que quiera pueda acceder a su presencia y olvidarse del temor al infierno, pero aún así, respeta nuestra decisión, Él deja libertad absoluta para que todo el mundo pueda elegirle o no, es un caballero y no nos coarta para que hagamos lo que Él quiera.

Dios representa y es la fuente de todo lo bueno, de todo lo agradable, de todo lo que merece la pena. Por lo tanto, es normal que el lugar de aquellos que no quieren saber nada de Él esté vacío de todo lo que representa. Allí no hay nada bueno, nada agradable, todo lo contrario. Al estar alejado de todo lo que merece la pena, como la amistad, el placer, la compañía, el cariño o la comprensión, este lugar es un tormento eterno.

El infierno es un lugar de castigo por haber incumplido la ley de Dios, sí. Pero también es un lugar que muestra como ningún otro el respeto que Dios tiene a nuestras decisiones, la manera en que Él acepta lo que elijamos libremente y nos ama hasta tal punto que no nos obliga a acudir a Él.

Si el infierno no existiera, o si fuera limitado hasta cierto punto, demostraría más bien que Dios no es justo ni es bueno. Porque un Dios que nos obliga a ser o a hacer lo que quiera en contra de nuestra voluntad, no es bueno, es manipulador y arrogante. Pero Dios nos respeta, y lo hace una vez nos ha informado previamente de cuáles serán las consecuencias de nuestra libre decisión.

Por otra parte, es necesaria la existencia de un castigo, la justicia debe ser satisfecha. De la misma manera que unos padres cuyo hijo adolescente ha sido asesinado demandarán justamente que el peso de la ley caiga sobre el asesino, es absolutamente necesario que la justicia divina sea satisfecha, de otra manera, Dios no sería justo en absoluto.

Así, tenemos la capacidad total de decisión, en libertad y conociendo las consecuencias merecidas a lo que decidamos. Están las dos puertas abiertas, la del Hades por nuestra maldad, y la celestial por los méritos de Cristo, para que así no tengamos ninguna excusa.
Y si aún te quedaba alguna excusa donde meterte para alegar que eso era algo que no sabías, para eso está aquí el Tío Poe, para despejar excusas.


lunes, 17 de octubre de 2011

Es por tu gracia

Hoy os quiero dejar una canción de Jesús Adrián Romero como regalo.

Estoy completamente de acuerdo con él. Es solo por la gracia de Dios que puedo dar la cara, que puedo hacer algunas cosas a derechas. Soy malo, soy un desastre, sencillamente no doy la talla. Pero lo bueno es que no depende de mí, no se trata de mí. Porque cuando intento hacer las cosas en mis fuerzas fallo, porque cuando dependo de Dios, de una manera o de otra, salgo victorioso.

Puede ser que a muchos de vosotros no os importe lo más mínimo todo esto, o penséis que todo es un autoengaño, pero aún así, yo quiero dar las gracias y reconocer el mérito de quien realmente lo tiene, y en este caso, no soy precisamente yo.




viernes, 14 de octubre de 2011

Recortes


No hay un duro por ningún sitio, eso está claro. La necesidad de unos y la falta de vergüenza de otros lleva a casos como el de uno de mis compañeros de piso, que trabaja cuidando de un anciano durante 11 horas al día para ganar 10 € en toda la jornada laboral, teniendo que pagar él mismo el transporte y teniendo que llevar su propia comida, eso está claro, que la vida está muy mala. Y encima se supone que debe estar agradecido por tener un trabajo que le permita sobrevivir en estos tiempos aciagos.

Personalmente, en uno de los trabajos donde estuve este verano, todos los empleados hemos tenido problemas con el jefe, que antes de empezar el trabajo nos dijo que cobraríamos la hora a una cifra, y a mitad del trabajo, nos dijo que había cambiado de opinión y que cobraríamos menos.

Y así ocurre en todos los ámbitos, son tiempos de recortes y de limitaciones. Es normal que así sea, si queremos salir adelante, debemos ajustarnos el cinturón y ser conscientes que hemos estado viviendo durante demasiado tiempo pensando que éramos más ricos de lo que realmente somos.

Así que, como todo el mundo preveía, tenemos que ingresar más y gastar menos para sobrevivir a esta devastación económica.

Hoy mismo me he enterado de que el equipo de gobierno estudia la posibilidad de suprimir el aula de la UNED en Béjar. Esto entra en lo que decíamos hace un momento, que hay algunas cosas de las que tenemos que prescindir, tenemos que ahorrar y hay algunos gastos innecesarios. En Béjar tenemos una cobertura sanitaria terrible, todos conocemos casos de gente conocida que ha sufrido mucho, incluso algunos tristes casos de gente que ha muerto por la nefasta sanidad de la que gozamos en nuestra ciudad, y a cada año que pasa, los servicios se van degenerando, cada vez más y más casos son derivados a Salamanca, incluso para una triste radiografía. Pero eso es necesario, el “hospital” de Béjar no necesita más especialidades, porque tenemos que ahorrar en gastos innecesarios, como todo el mundo sabe, la sanidad es innecesaria. Podría dar más ejemplos como el día en que mi hermano pequeño me informaba que había tenido que sentarse en el suelo en una clase en que se hacinaban más de 40 alumnos porque no había suficientes profesores para atender a los chicos. Todos conocemos muchos casos como estos. Esto está bien, hay que eliminar gastos como sea para salir delante de esta situación.

Pero hay cosas en que no podemos dejar de gastar. Eso está claro, estamos en crisis pero hay algunos servicios y obras mínimas en que no podemos dejar de invertir. Puedo dar algunos ejemplos de Béjar, para no ir más lejos. Como el caso de aquel parque infantil y lugar emblemático que fue destruido, con el dinero de todos, y no poco, por cierto, para construir un parking subterráneo en que cupieran una docena de coches, varios años y millones de euros después.U otros casos como crear una ciudad fantasma de más de 40000 habitantes, a todas luces insostenible y absurda, teniendo en cuenta la situación real, sin parar un momento a mirar la realidad actual. O como aquella deuda de las parcelas de La Condesa de dos millones y medio de euros, que es mejor no cobrar, porque tampoco estamos tan mal. Estamos en crisis, pero tampoco es para tanto.

Está bien recortar en algunas cosas para lograr sobrevivir. La sanidad o la educación son lujos que no todo el mundo tiene porqué disfrutar, hay otras cosas más importantes que sí que nos sacarán de la crisis y en las que debemos poner mucho más énfasis como las grandes obras faraónicas o el bienestar de nuestros amigos los millonarios.

Así nos luce el pelo.

jueves, 13 de octubre de 2011

Incestos bíblicos


Una de las dudas con las que podemos encontrarnos cuando nos adentramos en la Biblia es acerca de los primeros seres humanos, y la manera en que estos pudieron reproducirse. Son dudas lógicas partiendo de las bases que nosotros tenemos. Porque sabemos de Adán y Eva que tuvieron 3 hijos solamente, Caín, Abel y Set, y también sabemos que Abel fue asesinado por su hermano Caín. Con lo cual nos quedan dos hijos varones, que como todo el mundo sabe, o al menos la gran mayoría, no pueden tener hijos entre ellos por mucho que se empeñen. Y también sabemos que si dos hermanos tienen descendencia, aún siendo hombre y mujer, hay muchas posibilidades de que la genética no favorezca a la progenie, la historia de nuestra monarquía lo atestigua, por no hablar de la moralidad más que dudosa que supondría ese hecho, más aún en la Biblia, donde aparece penado en el libro del Levítico, escrito también por Moisés.

Pues bien, hoy me gustaría explicar un poco todo este aparente fallo y/o contradicción. Para empezar, es algo obvio que para cuando Caín mató a su hermano y huyó, ya había más seres humanos sobre la tierra, porque en Génesis 4:14, Caín se queja delante de Dios de que cualquiera que le encontrara en el desierto le podría matar. Si partimos de la base que los primeros seres humanos que hubo fueron sus padres, y que de ellos vino todo el resto de la humanidad, aquí se nos presenta un enorme problema. ¿Quiénes eran esos otros de quien Caín tenía miedo? Según mi opinión, la respuesta la encontramos algo antes en este libro, en el capítulo 1, versículo 28, donde Dios ordena a sus padres, Adán y Eva que “fructifiquen y se multipliquen”. Esto se lo ordenó estando ellos todavía en el Huerto del Edén. Así que no me parece ninguna tontería el pensar que ellos cumplieron el mandato divino, aún estando en el paraíso. De todas maneras, está claro que ellos lo cumplieron. En Génesis 5:4, afirma que “Adán engendró hijos e hijas”, y el historiador judío Flavio Josefo afirma que fueron un total de 32 hijos y 23 hijas (pueden parecer demasiados hijos para esta pareja, pero hemos de recordar que Adán vivió por lo menos durante un milenio completo, lo que da tiempo a semejante descendencia con holgura). En todo caso, parece claro que el problema aquí reside en que no conocemos las identidades del resto de la progenie de esta primera pareja, pero es obvio el hecho que ellos no perdieron el tiempo y tuvieron abultada descendencia que cumpliera la orden de Dios y que diera pie al miedo de Caín.

Pero esto nos lleva a otro problema, porque Caín, Set, y el resto de los hijos de Adán y Eva que tuvieran descendencia, tendría que ser con hermanas, o en todo caso sobrinas o primas, parientes cercanos. En cuanto pensamos en esto en seguida aparece en nuestra mente una palabra muy fea: “Incesto”. Para nosotros, como decía antes, esta palabra tiene un doble peligro, uno moral o pecaminoso y otro físico o genético. Me gustaría explicaros cómo para el momento del que hablamos ninguno de estos peligros u objeciones tiene sentido.

Por una parte, en el sentido moral, no veo ningún problema al hecho de que alguien tenga hijos con su hermana si nunca ha visto ni ha conocido a ninguna otra. Para ellos eso era lo único que había, no podían sentirse mal por casarse con su hermana o con su sobrina porque, para empezar nadie les había dicho que estaba mal y para seguir, era la única opción que existía para cumplir el mandato de Dios y para tener hijos y que la especie continuara su andadura por la Tierra. Es cierto que Dios lo censura y ordena que no se hagan cosas como esa, pero no es hasta varios milenios después que ocurre esto. En el momento del que hablamos, el “incesto”, por muy feo que suene ahora, no solamente no había sido prohibido, sino que no se veía como algo malo y, de hecho, era la única manera en que nosotros podemos estar aquí preguntándonos cómo fue.

Por otra parte, existe una razón física o genética para que no tengamos descendencia con parientes cercanos, y es que podríamos trasmitir la misma información genética defectuosa a nuestros hijos y de esta manera, no se contrarrestaría la carencia de un progenitor con la del otro. Esto quiere decir que nuestro ADN no es perfecto, sino que a medida que se multiplica y se trasmite de padres a hijos, va adquiriendo mutaciones y variaciones. Si dos hermanos que han recibido de su padre una carencia o mutación genética similar tiene descendencia, sus retoños la heredarán necesariamente, pero si alguien con esa misma carencia tiene hijos con otra persona que no la tenga, el ADN sano suplirá esa mutación y no será heredada por generaciones posteriores. Pero en el tiempo del que estamos hablando, esta objeción tampoco funciona, porque los padres de estos a quienes valientemente estamos acusando tenían un ADN perfecto. Ellos habían sido los prototipos, estaban “recién salidos de fábrica”, lo que significa que los padres de Adán no pudieron haberle transmitido ninguna carencia o mutación perjudicial porque sencillamente no tenía padres, y lo mismo ocurre con Eva. Así que si dos hijos de los primeros progenitores a su vez tuvieran vástagos, estos no heredarían ninguna información perjudicial en su genética, sería prácticamente perfecta. Sencillamente no hay miedo de trasmitir fallos en la cadena genética cuando no existe ningún fallo que transmitir.

martes, 11 de octubre de 2011

Hogar


Es curioso, pero uno de los primeros recuerdos que tengo de cuando era pequeño es una mini aventura en la que me embarqué. No recuerdo muy bien el porqué, pero sí que sé que mi madre se había ido y yo no sabía adonde. Así que, pensando que sabía el camino que ella había tomado, fuera el que fuese, salí en su busca. Quien sepa dónde vivo sabe que para ir a cualquier sitio, tengo que bajar una cuesta, pues la urbanización donde está el piso de mis padres está en lo alto de un monte.
Así que me encaminé, por el camino que conocía hacia abajo, por donde alguna vez había acompañado a mi madre a comprar algo al supermercado. Todo lo que veía, me era familiar, así que yo estaba tranquilo.
Pero de repente, eso cambió. Me encontraba en un lugar inhóspito, del que apenas recordaba nada, y lo más traumático de todo, no sabía cómo volver al refugio seguro, conocido y amable que era mi casa.
La verdad, no recuerdo la parte de cómo volví a mi casa, supongo que me encontraría alguien y me llevaría de vuelta al lugar conocido. Y cada vez que pienso en este recuerdo me hace mucha gracia, porque no entiendo cómo pude perderme. El sitio donde la desesperación me embargó por no conocer el camino está muy cerca de mi casa, y solamente tienes que andar en línea recta para llegar, sin ninguna pérdida.
Yo soy de Béjar, en la provincia de Salamanca. Seguramente no sea el mejor lugar del mundo para vivir, pero a mí me encanta. No es un sitio muy grande, ni vive mucha gente, ni hay mucho trabajo, todo lo contrario, ni todo el mundo es simpático. Pero es el refugio seguro, conocido y amable que yo he conocido durante toda mi vida.
Muchas veces he salido de Béjar para ir a diferentes lugares. Cuando estudiaba en Salamanca, cuando fui a Estados Unidos, a Dublín, a Bruselas, a Marruecos, o ahora que estoy en Madrid. Y en cada sitio de todos estos, aún siendo lugares maravillosos, me he perdido, me he sentido solo y lejos de casa. Mucha gente pensará que ese lugar montañoso entre Castilla y Extremadura es peor lugar para vivir que Madrid, o que Bruselas, y no quiero yo discutírselo a nadie, es probable que tengan razón en algunos sentidos.
Pero cada vez que supero el Puerto de Vallejera, cada vez que miro a mi alrededor y me veo enredado en el exuberante verdor de las montañas bien tapadas por el tupido manto vegetal, me siento como aquel niño que, después de su corta pero emocionante aventura, vuelve a casa. A ese lugar, quizá no sencillo, ni generoso, ni cálido. Pero sí a ese rincón tan profundamente ligado al corazón que sin ninguna duda, con total seguridad, con sus virtudes y sus defectos, poder llamar hogar.

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