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miércoles, 24 de abril de 2013

¿Por qué debería yo entrar al Cielo?


He tratado de ser una persona buena para con los demás, un hijo aceptable para mis padres, un hermano ejemplar con mis hermanos, un buen amigo con mis amigos. He intentado ser una mano extendida para ayudar a quienes me necesitaban, un oído que escuche los problemas sin juzgar a las personas, he buscado ser alguien de confianza, un hombro sobre el que llorar. Es cierto que he cometido mis fallos, pero he intentado que, al irme, quede un mundo mejor que el que encontré cuando llegué. Desde que soy pequeño voy a la iglesia. Puedo recitar versículos de la Biblia desde que medía la mitad de lo que mido ahora. Horas y horas de lecciones acerca de historietas de Abraham, Isaac y demás gente “santa”. “No robarás”, y he intentado no robar; “no matarás”, y no he matado a nadie; “no mentirás”, y lucho, al menos, contra mi impulso de mentir. He cantado más canciones acerca de Dios que la mayoría de las personas de mi edad ha cantado cualquier tipo de canciones. He sacrificado sueño los domingos por la mañana y horas de vida los sábados por la noche para ir a las reuniones. He buscado incesantemente a una mujer con la que compartir mi vida, y cuando la he encontrado, me he concentrado en conquistarla y en amarla con todas mis fuerzas, en que sepa cuanto la amo y en pulirme para ser el mejor Miguel Ángel posible para ella, en que sea feliz y que su vida tenga sentido a mi lado.

Por si eso no fuera suficiente, he vivido una vida “cristiana”, he dejado de lado muchos placeres para “servir a Dios”, he decidido darlo todo y confiárselo todo a Dios, mi vida, mi familia, mi futuro, mi alegría, mi esperanza. He estudiado durante años la Biblia y cómo seguir a Jesús para que él guíe mis pasos. He tratado de llevar unas relaciones sanas con todos los que me rodean. He intentado saber más y más de Dios. He apostado todo por el Evangelio.

No soy perfecto, está claro, tengo muchas “cositas”, pero no soy un Hitler, no soy un Osama Bin Laden, no he arruinado la vida a nadie, que yo sepa, no he matado, no he robado mucho, no he mentido sobre nada de vida o muerte. Cuando me comparo con otros mucho peores, me doy cuenta de que, al fin y al cabo, no he estado tan mal.

Y sin embargo, cuando me pongo a pensar en lo que pide Dios de mí en esta Biblia que he estudiado, cuando me paro a compararme con quien debería compararme, con Cristo, veo que he quedado tan descolgado del estándar que me declaro simplemente insolvente.

Cada día de mi vida, he buscado mi propio bien, mi propio beneficio, intentando sacar tajada de cada movimiento, tratando de ser el protagonista, el beneficiado, el jefe, el mandamás. En cada “buena acción” que, con la frente tan alta predico, solo hay un personaje importante, yo. Buscando dentro de mi propio ser, puedo encontrar que mis motivaciones para escuchar poco se separan de ser tenido como un buen chico y ganar puntos con esa persona a la que escucho, con Dios y con alguien más importante para mí mismo, yo. Pocas veces he escatimado una oportunidad de mentir para quedar bien, si sé que nadie me va a pillar, de hacer un favor a alguien sin esperar, realmente, nada a cambio, pocas han sido las veces que no me he enfadado cuando no he recibido el pago esperado, pocas las ocasiones en que he puesto a nadie ni nada por delante de mí.

Si me pongo a pensar fríamente, puedo ver que lo que hay dentro de mi corazón es maldad, y que siempre ha sido así. Que la única diferencia entre mí y otros que considero mucho peores que yo, es la falta de oportunidades para hacer el mal. Que todo lo que tengo, que todo lo que he hecho, que todo lo que he vivido, lo “bueno” que he sido, todos mis sacrificios, todas mis virtudes, todo de mí, puesto delante de Dios, es como basura, como estiércol, como nada, o como menos que nada. Que mi vida santa y piadosa, tantas veces, ha sido una mentira, una máscara roñosa y maloliente, que pretendía ocultar un corazón carcomido por el egoísmo y la miseria.

Que ¿por qué yo debería entrar al Cielo? No tengo ninguna razón, no tengo ningún mérito, no tengo ningún billete, no tengo nada que ofrecer. Mi destino, por justicia absoluta, está en el infierno, porque lo que yo merezco es la sentencia peor de todas, porque conociendo la verdad, demasiadas han sido las veces en que he decidido vivir revolcándome en la mentira. Lo siento, de verdad que lo siento, pero no puedo reclamar plaza en el Cielo, allí cualquiera merece más que yo, y cuando digo cualquiera, no me estoy dejando a nadie fuera. No, no puedo confiar en ningún mérito, no puedo agarrarme a ningún clavo ardiendo, no puedo recitar una lista de logros, no me ampara ninguna ley. Por mis propios méritos, estoy perdido.

Pero no quiero confiar en mis propios méritos, escojo no descansar en lo que pude hacer, ni en mis intenciones, ni en mi credulidad, ni en mi justicia, ni en mi santidad, ni en mis ganancias, ni en mi fondo de pensiones. Prefiero que se queme todo lo que he conseguido durante toda mi vida, que arda y que no se vuelva a saber de ello, para ir al Cielo no me vale de nada, no existe la manera de impresionar a Dios.

Hay alguien que vivió la vida que yo no viví, hay alguien que ganó todos los méritos, hay alguien que pagó todas las deudas, hay alguien que satisfizo la Justicia más alta, hay alguien que pagó el mayor sacrificio que pudo haber, la redención perfecta. Ese alguien es Jesús, el Mesías prometido, el Santo de Israel, el que es el Primero y el Último, el Rey de reyes, el Cordero inmolado, el Gran Vencedor, el Juez Supremo, el que es el Camino, la Verdad y la Vida, el Cristo, el Campeón, el Señor sobre cielo y Tierra, el Creador del Universo, el Grande, el Eterno. Y es en Su nombre, en Sus méritos, por Sus obras, por Su sacrificio, por Su misericordia inmerecida, que no voy a ir al infierno.

Sé lo que merezco en base a mis méritos, en base a mis ganancias, a mis pobres y ruinosos merecimientos, lo sé perfectamente. Pero es solamente gracias a Él y lo que hizo por mí que puedo decir con la claridad diáfana del agua cristalina, que no voy a pagar lo que merezco porque Él ya lo pagó, que he sido totalmente perdonado de mi maldad, de mi rebeldía, que he sido transformado desde dentro y liberado de mi ruina personal, que he sido comprado por el precio más alto, que mi vida y mi alma están escondidas en Su mano, que he sido adoptado por Dios y ahora soy Su hijo, y Él mi Padre. Sí, por Sus méritos y para Su gloria, sin importar lo que haya hecho o cómo haya sido, yo voy a estar con mi Dios para toda la eternidad, yo voy a ir al Cielo.

lunes, 19 de marzo de 2012

La Vía Romana



Según el título de la entrada de hoy, cualquiera diría que os voy a indicar un camino secreto y antiguo hacia la capital italiana, pero no es así. Lo que hoy pretendo es indicaros otro camino mucho más importante que el de Roma.

Hay algo ciertísimo. Una enfermedad que nos afecta a todos los hombres, sin excepción. Esa enfermedad es la muerte. Y es que dicen las estadísticas que, nada menos que el 100% de las personas mueren, sorprendente, ¿eh? Pues bien, el ser joven es algo que, de una manera o de otra te inmuniza ante esta realidad. Aunque somos conscientes a un nivel intelectual de que en algún momento de nuestras vidas vamos a morir, es algo que tenemos por tan apartado en el tiempo que, total, ya habrá tiempo para pensar en eso. Sin ser conscientes de que la muerte puede abrazarte esta misma tarde, mientras paseas por la calle.

Esto es así, tan cierto como que respiras.

Supongo que la mayoría de vosotros tendrá una Biblia en alguna estantería en casa. No sé si en algún momento alguien os ha explicado, con ese libro en la mano, qué es lo que hay que hacer para obtener paz con Dios y que ese trance por el que tenemos que pasar todos, no solamente se haga menos pavoroso, sino que sea algo digno de celebrar. Porque el tema de a donde vas después es algo que, si no estás como tienes que estar con “El de arriba”, la verdad es que es algo muy serio.

Y para que en el viaje por ese desconocido tocho que es la Biblia no se pierda nadie, solamente vamos a usar un libro, la carta de Pablo a los Romanos. De ahí el nombre de la entrada. Os voy a mostrar el camino, usando esta carta, que debéis seguir si queréis llegar a tener paz con Dios, y no solamente la promesa de un “pase al Cielo”, sino el comienzo con una relación con el Creador desde hoy mismo. Es gratis, sencillo y para toda la familia. Pero, por favor, acompáñenme por este camino.

La primera parada que vamos a hacer, se encuentra en el capítulo 3, versículo 23. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Ciertamente no son buenas noticias. Todos hemos hecho mal, todos hemos faltado a la ley de Dios. Mucha gente se puede considerar buena al compararse con otros, pero lo cierto es que nadie hay sobre la Tierra que no haya fallado nunca. En ese mismo capítulo, en los versículos del 10 al 18, podemos hallar una descripción de lo bien que nos sienta esa maldad.

Lo que nos lleva directamente a la siguiente parada en nuestra Vía Romana, que la podemos encontrar en el capítulo 6, versículo 23. “Porque la paga del pecado es muerte...” No habla de que la paga por estar todo el día robando bolsos a viejas y maldiciendo sea la muerte, o que la paga de asesinar a un chaval para robarle la merienda sea la muerte, no. Dice que la paga del pecado es la muerte. Ya hemos estado hablando del pecado, y ya expliqué de qué manera es esto posible de que su consecuencia justa sea la muerte. Y da la casualidad de que TODOS hemos pecado, todos hemos faltado. Todos merecemos la muerte. Y no estoy hablando únicamente de la muerte de la que tratábamos antes, aquí habla de la muerte eterna, del infierno, del castigo, del dolor y el tormento eternos. No es saña, el justo pago por una falta eterna e infinita debe tener la misma magnitud.

Bueno, pues parece que este camino nos está llevando por lugares que no no gustan lo más mínimo. Pero tened paciencia, porque esto está a punto de cambiar. Si continuamos con el mismo versículo de la parada anterior, nos encontramos con una impresionante afirmación, “...mas el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Parece ser que la tónica cambia un poco en este punto. Es cierto que la justa paga del pecado es la muerte, pero aquí también habla de un regalo, pero no un regalo cualquiera, habla de un regalo de Dios que que es ni más ni menos que la vida eterna. En el capítulo 5, versículo 8, dice “mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Por eso dice que la vida eterna es en Cristo Jesús. Cuando nosotros aún estábamos en la segunda parada, sin opción a escapar del justo castigo que teníamos encima, se produjo el mayor milagro de todos, que Dios mismo se hizo carne para pagar por esos pecados que nos alejaban de la perfección, y no solamente eso, no solo pagó por nosotros cuando eramos sus enemigos, sino que nos dio la capacidad de pasar de ser condenados, esclavos, a ser amigos, hijos de Dios. Es algo impresionante.

Pero esta tercera parada no tendría sentido si no supiéramos cómo poner en práctica este regalo, si no somos capaces de agarrar la grandeza de la tercera parada de la Vía Romana y hacerla totalmente nuestra. La cuarta parada, la encontramos capítulo 10, versículo 9. “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Así es. Lo único que tenemos que hacer para aceptar este regalo es creerlo en nuestro corazón, confesarlo con nuestra boca, en definitiva, hacer nuestro este regalo tan grande e inmerecido. No tenemos que donar dinero a ninguna iglesia, no es necesario repetir periódicamente unas palabras mágicas, no se nos pide salvar el mundo, ni llegar a un estado de perfección. No se trata de eso, lo que se requiere de nosotros es solamente aceptar este regalo.

Y para terminar, la última parada de esta Vía Romana nos lleva al capítulo 5, versículo 1. “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” A través de la aceptación de este regalo, tenemos la libertad de tener una relación de paz con Dios. En el capítulo 8, versículo 1 dice “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” Ya no tenemos por qué tener miedo a la muerte, ninguna condenación hay ya para nosotros. Si me has acompañado en esta vía, y la has seguido con tu corazón, ninguna condenación te espera, la garantía es de Dios mismo. En el capítulo 8, versículos 38 y 39 encontramos lo siguiente:“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Nada me haría más feliz que enterarme de que has seguido este camino y que has encontrado lo que realmente buscabas, una razón para vivir, paz en tu corazón, una certeza para el futuro, una esperanza eterna.


*Nota: Si has buscado en tu Biblia y lo que está escrito no coincide exactamente con lo que yo he puesto, es a causa de las diferentes traducciones. Los originales están en griego y las diferencias son por eso, pero habrás podido comprobar que básicamente dice lo mismo. Otro día hablaremos de los originales de este y de los demás libros de la Biblia.

viernes, 24 de febrero de 2012

Con esperanza

Allá por el 2000, conocí esta canción de Steven Curtis Chapman. La escribió mientras atravesaba uno de los momentos más duros de su vida, mientras se veía en la obligación de enterrar a uno de sus hijos.

Es algo sencillamente brutal, el ver el corazón dolorido de unos padres dejando ir a su hijo con la esperanza cierta y revitalizadora que solamente Dios puede ofrecer.

Os dejo con la canción y debajo os dejo la traduicción que he hecho. Como siempre lo digo, hay algunas cosas que no he traducido literalmente, sino como a mi humilde entender se entiende mejor. Si alguno ve que tengo algo mal o que sería mejor de otra manera, que no dude en decirmelo.

¡Disfrutad la canción y pasad buen fin de semana!

With Hope.

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Esto no es para nada, como pensamos que se suponía que iba a ser.
Teníamos tantos planes para ti, teníamos tantos sueños.
Y ahora te has ido lejos, y nos has dejado con el recuerdo de tu sonrisa.
No hay nada que podamos decir, no hay nada que podamos hacer,
Que pueda alejar el dolor, el dolor de perderte, pero…

Podemos llorar con esperanza, podemos decir adios con esperanza.
Porque sabemos que nuestro adios no es el final, ¡oh no!.
Y podemos sentirnos afligidos con esperanza, porque creemos con esperanza
Que hay un lugar en el que veremos tu cara de nuevo.
Veremos tu cara de nuevo.

Y nunca me había imaginado nada tan dificil de entender.
Y nunca he cuestionado más la sabiduría del plan de Dios.
Pero a través de la nube de lágrimas veo la sonrisa del Padre, y dice: “bien hecho”.
Y te imagino, en donde más querías llegar a estar.
Viendo que todos tus sueños se han hecho realidad,
Porque ahora estás en casa y ahora eres libre.


Podemos llorar con esperanza, podemos decir adios con esperanza.
Porque sabemos que nuestro adios no es el final, ¡oh no!.
Y podemos sentirnos afligidos con esperanza, porque creemos con esperanza
Que hay un lugar en el que veremos tu cara de nuevo.
Veremos tu cara de nuevo.


Tenemos esta esperanza como una antorcha.
Porque creemos que todo lo que Dios promete es verdad, así que…


Podemos llorar con esperanza, podemos decir adios con esperanza.
Porque sabemos que nuestro adios no es el final, ¡oh no!.
Y podemos sentirnos afligidos con esperanza, porque creemos con esperanza
Que hay un lugar, por la gracia de Dios.
Que hay un lugar en el que veremos tu cara de nuevo.
Veremos tu cara de nuevo.

 Podemos llorar con esperanza, y decir adios con esperanza.

Esperamos con esperanza, y sufrimos con esperanza.
Nos mantenemos con esperanza, y te dejamos ir con esperanza.

martes, 18 de octubre de 2011

El Infierno I: Una escalofriante realidad


Hay una pregunta que vuela por todo el mundo que se plantea algo en algún momento acerca de Dios, y esta cuestión es “¿cómo puede un Dios bueno mandar a alguien al infierno?”. ¿Cómo alguien tan benevolente puede sentenciar tan dura pena? ¿No es cierto que sería mucho más bueno un Dios que aceptara a todo el mundo y que no castigara a nadie? He escrito algunas entradas acerca del cielo, así que me gustaría hablar un poco del infierno también.

Es completamente cierto que Dios es bueno, infinitamente bueno. Pero también es cierto que Dios es justo, a la misma medida, infinitamente justo. Ambos atributos, como todos los demás, en Él son perfectos, sin ninguna carencia. Entonces nos encontramos ante un dilema importante. Si Dios es infinitamente bueno, entonces Él quiere y busca el bien de todos y todas, pero si es infinitamente justo, entonces de ninguna manera tendrá por justo al injusto, siempre tiene que dar el debido castigo o remuneración al resto de los seres dependiendo de si cumplen la ley o no.

Dios ya reveló su ley al hombre por medio de la persona de Moisés, tenemos los 10 mandamientos como el resumen de esta ley, y a su vez tenemos los dos mandamientos que da Jesús resumiéndolo aún más, “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Esta es la ley de Dios, así es como hay que vivir y que actuar.

Dios no creó el infierno para que allí fueran los “hombres malos”, Él creó el infierno como lugar de castigo para Satanás y los demonios cuando estos se rebelaron. El plan de Dios no era que los hombres tuvieran que andar con el peso de tener que vivir conforme a la ley para alejarse de la amenaza constante del infierno, Él creó al hombre perfecto, y lo creó con la libertad para elegir, libertad que él usó para pecar, para faltar a la ley de Dios, y sentenciarse a sí mismo.

En perfecta justicia, ahí debería haber terminado todo, el hombre había faltado a la ley y merece justamente el castigo. Pero, como bien decía en un principio, Dios es además infinitamente bueno. Por medio de la muerte de Jesús, el mismo Dios, en sustitución por nosotros, podíamos volver al plan inicial que Dios tenía, a través del cual podríamos estar con Él para siempre disfrutando de todas las cosas que nos tiene preparadas. De esta manera, aceptando la sustitución de nuestra culpa por su sacrificio, podemos andar sin el peso de tener que vivir conforme a la ley para alejarnos de la amenaza constante del infierno. Ahora, después de esto, podemos elegir recibir el amor de Dios y ser perdonados por los méritos de Cristo, o podemos elegir libremente el rechazar el amor y el regalo de Dios y seguir viviendo a nuestra manera sin tener que pensar en lo que Dios ha hecho o en lo que piensa de nuestros actos.

El infierno no es un lugar que Dios creara para ensañarse con aquellos que no quieren saber nada de Él. Es un lugar de justicia. Todo aquel que no haya cumplido a la perfección la ley divina y no haya aceptado el sacrificio de Jesús en sustitución por él, es justo que vaya al infierno, y es justo que permanezca allí para siempre. Porque Dios ha dado todas las facilidades para que todo el que quiera pueda acceder a su presencia y olvidarse del temor al infierno, pero aún así, respeta nuestra decisión, Él deja libertad absoluta para que todo el mundo pueda elegirle o no, es un caballero y no nos coarta para que hagamos lo que Él quiera.

Dios representa y es la fuente de todo lo bueno, de todo lo agradable, de todo lo que merece la pena. Por lo tanto, es normal que el lugar de aquellos que no quieren saber nada de Él esté vacío de todo lo que representa. Allí no hay nada bueno, nada agradable, todo lo contrario. Al estar alejado de todo lo que merece la pena, como la amistad, el placer, la compañía, el cariño o la comprensión, este lugar es un tormento eterno.

El infierno es un lugar de castigo por haber incumplido la ley de Dios, sí. Pero también es un lugar que muestra como ningún otro el respeto que Dios tiene a nuestras decisiones, la manera en que Él acepta lo que elijamos libremente y nos ama hasta tal punto que no nos obliga a acudir a Él.

Si el infierno no existiera, o si fuera limitado hasta cierto punto, demostraría más bien que Dios no es justo ni es bueno. Porque un Dios que nos obliga a ser o a hacer lo que quiera en contra de nuestra voluntad, no es bueno, es manipulador y arrogante. Pero Dios nos respeta, y lo hace una vez nos ha informado previamente de cuáles serán las consecuencias de nuestra libre decisión.

Por otra parte, es necesaria la existencia de un castigo, la justicia debe ser satisfecha. De la misma manera que unos padres cuyo hijo adolescente ha sido asesinado demandarán justamente que el peso de la ley caiga sobre el asesino, es absolutamente necesario que la justicia divina sea satisfecha, de otra manera, Dios no sería justo en absoluto.

Así, tenemos la capacidad total de decisión, en libertad y conociendo las consecuencias merecidas a lo que decidamos. Están las dos puertas abiertas, la del Hades por nuestra maldad, y la celestial por los méritos de Cristo, para que así no tengamos ninguna excusa.
Y si aún te quedaba alguna excusa donde meterte para alegar que eso era algo que no sabías, para eso está aquí el Tío Poe, para despejar excusas.


viernes, 22 de julio de 2011

I Can Only Imagine

Buenos días.

Hoy escribo deprisa y corriendo porque en breves tengo que irme a trabajar. Siento tener que reducir la frecuencia de publicaciones, pero el caso es que está siendo un tiempo muy liado.

Este verano está siendo muy especial. Con muchos proyectos, de todo tipo, ilusiones renovadas, mucho trabajo y mucha diversión también. Hoy quería dejaros con una canción preciosa acompañada de un vídeo impresionante de un padre que está dispuesto a hacer lo que sea para que su hijo logre cumplir sus sueños. Para mí, el recuerdo de lo que estuvo dispuesto a hacer mi Padre para que yo cumpliera los míos, tanto en veranos como este como en el resto de mi vida, y más aún en la eternidad. Disfrutadlo.


Os dejo la traducción de lo que dice la letra.

Solo puedo imaginar cómo será cuando ande a tu lado.
Solo puedo imaginar qué verán mis ojos cuando tu cara se encuentre frente a mí.
Solo puedo imaginar.
Solo puedo imaginar.

Rodeado de Tu Gloria, ¿qué sentirá mi corazón?
¿Bailaré para ti, Jesús, o con miedo me quedaré quieto?
¿Permaneceré erguido en tu presencia o caeré de rodillas?
¿Cantaré Aleluya, seré capaz siquiera de hablar?
Solo puedo imaginar.
Solo puedo imaginar.

Solo puedo imaginar, cuando ese día llegue y me encuentre de pie en el Hijo.
Solo puedo imaginar, cuando todo lo que haga sea adorarte por siempre.
Solo puedo imaginar.
Solo puedo imaginar.

Rodeado de Tu Gloria, ¿qué sentirá mi corazón?
¿Bailaré para ti, Jesús, o con miedo me quedaré quieto?
¿Permaneceré erguido en tu presencia o caeré de rodillas?
¿Cantaré Aleluya, seré capaz siquiera de hablar?
Solo puedo imaginar.
Solo puedo imaginar.

Rodeado de Tu Gloria, ¿qué sentirá mi corazón?
¿Bailaré para ti, Jesús, o con miedo me quedaré quieto?
¿Permaneceré erguido en tu presencia o caeré de rodillas?
¿Cantaré Aleluya, seré capaz siquiera de hablar?
Solo puedo imaginar.
Solo puedo imaginar.


Solo puedo imaginar, cuando todo lo que haga sea adorarte por siempre.
Solo puedo imaginar.

miércoles, 22 de junio de 2011

Invitación real

Vamos a suponer que ocurre algo verdaderamente ilógico. Vamos a usar nuestra imaginación para inventar una historia que me ocurre a mí, o a ti. Es algo imposible que pase, pero la imaginación es una de las más potentes herramientas que tenemos.

Un día estás trabajando (o yo, supongamos que algún día hay suerte y hay un puesto disponible de, digamos, fregar platos en una tasca de mala muerte). Son las 12 y media de la noche, tú ya estás pensando más en irte a casa a descansar de una dura jornada que en cualquier cosa. Ya estás casi solo en el bar. Incluso puedes permitirte el cantar mientras friegas. Entonces escuchas un ruido detrás. Te das la vuelta y ves a un hombre con un traje negro, corbata negra, camisa blanca, gafas de sol. Jurarías que te encuentras ante alguien que te dirá algo de extraterrestres y acto seguido te flasheará para hacerte olvidar la información confidencial.

El hombre de negro se acerca a ti. “Estoy buscando a alguien”. “El jefe no está en estos momentos, ya se ha ido” le dices. “Mañana a partir de las 10 de la mañana segurament...” Te corta. “No estoy buscando al jefe del establecimiento, estoy buscando a...” mira en una carta que saca del maletín “el señor... (y dice tu nombre)”. Extrañado, te temes lo peor. “Soy yo” le respondes. Un placer, señor... (pon aquí tu apellido), vengo de La Zarzuela, en nombre de Su Majestad el Rey de España. Él mismo me envía a entregarle esta carta personalmente.

Te entrega la carta. En un principio pensaste que era una broma de tu cuñado. Ayer mismo te dijo que te debía una por una jugarreta que le preparaste. Pero al notar la calidad del papel, el sello dorado de la casa real y lo profesional de todo descartas esa posibilidad. Esto parece un sueño. Con las manos temblorosas, rompes el sello, abres la carta y la lees.

Con palabras ceremoniosas, escritas a mano, te invitan a acudir mañana a una cena en La Zarzuela. Según lo que pone ahí, esa cena es en tu honor. Y lo más extraño y sorprendente es cuando ves que está firmada por el mismo rey. En tu mente se fragua la imagen del mismo monarca escribiéndote la misiva.

Al día siguiente acudes en transporte público al Palacio Real, te da vergüenza acercarte con tu penoso coche. Con el traje de la boda de tu primo, vas a paso ligero, te impresionas según entras por las fastuosas puertas. Allí, un hombre con el uniforme de servicio en seguida te reconoce, te da la bienvenida y te acompaña a un enorme comedor. Jamás estuviste en un sitio tan lujoso. Los retratos de los antiguos monarcas que tanto te afligieron en las clases de historia en el instituto ahora te miran amables. Notas como hay una mesa preparada. Una mesa para solo dos comensales. La chimenea, apagada, es una auténtica obra de arte. Te acercas, sobre el hogar hay algunas fotos de la familia. Entonces descubres la foto que está en el medio de todas ellas. ¡Es la tuya!. No alcanzas a entender el porqué.

“¡Hombre, ya estás aquí!” Juan Carlos I aparece por una de las entradas al comedor. Cuando le miras, te extrañas aún más. Encima del traje, lleva un mandil. Entra conduciendo un carrito metálico. “Veo que has visto la foto, es de hace un par de años ya, ¿no?” Acerca el carrito a la mesa y te acompaña a la chimenea. “Si señor” es lo único que puedes decir.

Esa noche, tendrás oportunidad de hablar con el rey, descubrirás que él mismo ha cocinado tu cena, que realmente te aprecia, que él se ha preocupado de tenerte cerca, se ha interesado por ti.

¿Qué os parece? La verdad es que es un poco estúpido imaginarse esto, ¿no?. Está claro que esto es imposible y que nunca llegará a ocurrir. ¿O sí?

No se si será posible que el Rey de España te invite a cenar, se preocupe personalmente por ti, se ponga el uniforme de servidumbre y conduzca el carrito con tu cena. Pero esto sí ocurrió con el Rey del Universo. Dios mismo, el monarca de todo, el Señor de todos los señores te ha invitado personalmente, se ha acercado a ti, se ha puesto el uniforme de siervo, con sus propias manos ha escrito tu invitación de su puño y letra, usando su propia sangre como tinta, se ha humillado hasta la muerte, ha conducido el carrito con tu cena. Y todo esto lo ha hecho por ti, para que tú pudieras un día estar cenando con Él. Para que hoy en día puedas tener una relación personal con el soberano.

jueves, 9 de junio de 2011

El Cielo III: Regreso al pasado

Cuando hablo del Cielo, me estoy refiriendo al lugar donde los redimidos por la sangre de Cristo pasarán la eternidad una vez todo haya acabado. En este sentido me refiero al plan maravilloso que Dios tiene para los que confían en Él. Y, para empezar a imaginarme cómo será este lugar, creo que lo más inteligente es pensar en aquel lugar, descrito en la Biblia, donde Dios convivía con aquellos que confiaban en Él. Porque si pretendemos saber cómo será el último lugar que Dios ha preparado al hombre, tendremos que empezar por el primero de todos ellos, el Paraíso.

Antes de nada me gustaría dejar claro que esta es mi opinión personal, a la conclusión que yo sinceramente he llegado. Me parece lógico el buscar la verdad del plan perfecto de Dios para el futuro en su voluntad para su plan perfecto en el pasado. Porque parto de la base que Dios nunca cambia.

En el capítulo 2 del libro de Génesis se nos hace una presentación del lugar que Dios hizo para que habitaran en él Adán y Eva, los dos primeros humanos. Y me gustaría centrarme más en las órdenes que estos dos personajes recibieron de Dios, lo que YaHWeH les mandó hacer cuando aún estaban dentro de su perfecta voluntad.

Antes de describir este vergel, en el primer capítulo del mismo libro, la pareja recibe una serie de indicaciones. La primera es que fructifiquen y se multipliquen. Esta norma es completamente lógica en su tiempo, pero no tengo tan seguro que pueda extrapolarse al Cielo, por la sencilla razón que entonces solo eran dos, en el Cielo seremos millones de millones, si además le sumamos que no existirá la muerte, creo bastante lógico que no haya reproducción, por una sencilla razón logística.

Les dice que sojuzguen la tierra, que sean sus autoridades, que ha puesto toda la creación bajo su responsabilidad. De aquí podemos ver, no solamente que tenemos autoridad sobre la creación, sino que somos responsables de ella, es decir, y esto viene muy bien recordarlo, Dios nos pedirá cuentas de la destrucción natural que generemos con nuestra negligencia. Esto no creo que cambie durante la eternidad, seguiremos teniendo autoridad (para cuidar, no para destruir) sobre todo lo creado. Todo lo que existe será para que comamos y para que bebamos. Aquí se incluye algo. Trabajo.

Dios nos creó para trabajar. La meta del ser humano no es sentarse a ver la televisión. Fuimos creados para tener actividad. No estoy hablando de la obligación de trabajar de sol a sol para conseguir agradar a Dios, estoy hablando de nuestra biología. Estamos diseñados para ser activos. Todos estamos viendo la cantidad de problemas de salud que actualmente se están derivando del sedentarismo en que vivimos. Y, por supuesto, no creo que sea una excepción en el Cielo. Aquí llegan las caras largas, ¿cómo?. ¿Me dijiste que esta visión del Cielo nos iba a gustar y ahora nos dices que hay que trabajar?. Pues sí. ¿Alguna vez has estado desempeñando alguna tarea de algún tipo, acompañado de gente que aprecias y pasándotelo realmente bien?. Pues a eso me refiero. Porque habrá trabajo, sí. Pero no habrá sufrimiento, ni habrá dolor, ni esfuerzo. Todo eso vino después de que fueran expulsados del Huerto. Antes no había ningún dolor, no había nada malo en trabajar. Era un disfrute, una diversión. El hecho de trabajar les daba un entretenimiento, era un motivo para sentirse satisfechos de su propia labor bien hecha. Puede ser que sea complicado entenderlo para nosotros, que además de haber experimentado casi exclusivamente la parte mala de trabajar, somos españoles. Pero el caso es que, en su esencia, el trabajo es algo bueno.

La última apreciación que quiero hacer sobre el Edén que puede ayudarnos a entender lo que espera en el Cielo, es el hecho de ver que nuestros dos amigos tenían una relación personal con Dios. Cada día paseaban con su creador. No sé lo que puede ser eso. Seguramente habréis tenido la oportunidad de sentaros al lado de alguien cuya compañía y conversación son tan interesantes que os habríais tirado horas y horas escuchándolos y estando con ellos. Puede ser que fuera por su sabiduría, por su forma de hablar, por la manera tan profunda en que os conocen, porque junto a ellos os sentís amados. Pues bien, imaginaos pasear cada día con el ser más sabio del universo, infinitamente más que cualquier erudito que podamos conocer, con una oratoria impresionante, las palabras más bellas salen de su boca como un manantial de aguas cristalinas, refrescantes. Imaginaos que este ser además os conoce tan bien que, de hecho, Él mismo os creó, cada detalle es obra de sus manos y por último, imaginaos que aquel con quien paseáis cada día es alguien que os ama hasta tal punto que no dudó un momento en dar su vida por ti aún cuando tú le odiabas. Sumando todo esto e imaginándonos tener una relación con Él tan estrecha que cada día quedáis para pasar tiempo juntos, podemos saber, levemente, como será esta experiencia que tenían Adán y Eva.

Viviremos en un lugar impresionante, tendremos autoridad en este lugar, tendremos que trabajar, pero de una manera preciosa, satisfactoria, y por último, viviremos diariamente la experiencia más maravillosa que el hombre pueda experimentar, escuchar sabiduría de la boca del creador, conocer los secretos del universo contados por el Todopoderoso, comprenderemos, paseando de su mano, cuan amados somos.

martes, 7 de junio de 2011

El Cielo II: Lo que NO es

Para mi sorpresa, una de las entradas con mayor acogida ha sido la del pasado jueves 26 de mayo, “El Cielo”. En ella me limitaba a denunciar la falsedad del concepto celestial que tenemos que aparece en la Biblia y afirmaba que “lo que esperemos del futuro va a determinar absolutamente la manera en que vivimos el presente.” Hoy me gustaría ahondar aún más en lo que no es el Cielo, para otro día continuar afirmando lo que sí es.

Es bastante probable que todo esto que yo os estoy contando os recuerde bastante al pasado. A mi me lo recuerda. Porque todos tenemos el recuerdo del uso que se hacía del Cielo en la Edad Media, por ejemplo, o incluso hasta hace no mucho tiempo.

El hecho es que durante toda la historia, se ha usado la afirmación que me llevó al estudio de mi esperanza para justificar la injusticia. El caso es que, si lo que pase en esta vida no es tan importante porque tenemos que centrarnos, con el miedo en los huesos, en lo que ocurra en el futuro eterno, entonces debemos aceptar lo que nos toque vivir en esta vida con resignación estoica. Da igual si el noble de turno viola a mi mujer, no importa si la iglesia me está sangrando inmisericordemente, tengo que aceptar con gratitud que los más poderosos pisen a los débiles porque, a fin de cuentas, esto no vale de nada, y cuanto más “cristianamente” acepte mi funesto destino terrenal, más feliz y dichoso seré en el próximo, el verdadero destino, el celestial.

A esto no me estaba refiriendo cuando hablaba de que mi esperanza sea un motor en mi vida, o que cuanto más sea consciente del futuro una vez muerto más cambie mi forma de ver la vida. A esto no se refería San Pablo cuando habla de “la gloriosa herencia entre los santos”, a esto no se refería Jesús cuando afirmaba que iba a preparar un lugar para nosotros. Porque cualquier idea, por buena, pura o sacrosanta que sea es deplorable cuando se usa para tratar de obtener un beneficio personal e ilegítimo. De la misma manera que reprocho a los que usaban (y usan, supongo que recordaréis al sacerdote que vendía parcelas en el Cielo) la esperanza de un futuro glorioso, lo hago con aquellos que tratan de usar la religión como un negocio, la Biblia como reclamo para engordar sus bolsillos (cuidado, no estoy hablando de gente que se gana la vida trabajando con su base puesta en la Biblia, sino en aquellos que la usan para ganar dinero, trabajar para el dinero, y no para el Dios de esa Biblia). Como ya he afirmado en otras ocasiones y jamás me cansaré de decir, que yo sea cristiano y acepte lo que diga la Biblia, no quiere decir que acepte, ni mucho menos, todas las barbaridades que se han hecho y dicho en nombre de mi Dios o de Su palabra.

El Cielo es un lugar maravilloso, del cual tenemos mucha información, aunque, obviamente, mucha también no la tenemos. Pero lo que sí que sé es que esta promesa de un futuro increíble de ninguna manera puede convertirse en una excusa para nada. Ni una excusa para hacer o dejar de hacer algo en esta vida, ni una excusa para que los demás tengan que resignarse. Es justicia el trabajar para buscar un futuro mejor, es justicia el denunciar aquellos actos de agresión ilegítima contra uno mismo o los suyos, es justicia el buscar en la Palabra de Dios para encontrar en qué nos han engañado durante siglos aquellos que teóricamente nos deberían guiar hacia él, es justicia que vosotros mismos busquéis la verdad para comprobar si yo mismo os miento. Sea como sea el Cielo, se basa en la justicia, y Dios mismo afirma que en ninguna manera tendrá por justo al injusto, así que usar su obra de una manera indebida es un atentado contra la misma esencia de Dios y de su obra.

Por otra parte, la grandeza futura del Cielo no debe hacernos olvidar del mundo en que vivimos. Es bueno, y de hecho yo mismo animo a ello y me aplico el cuento, el vivir la vida de tal manera que tengamos nuestros ojos puestos en la meta, pero no debemos olvidar que ahora vivimos aquí. Que existen muchas cosas que mejorar en este mundo.

Al principio os prometía que os iba a hablar de algo que no era el Cielo, pues bien. El Cielo será muchas cosas, todas increíbles. Pero una cosa que no es ni debe ser, una excusa.

lunes, 6 de junio de 2011

Dime cómo mueres y te diré quién eres

Lo que esperemos del futuro va a determinar absolutamente la manera en que vivimos el presente. “ Esta era la idea de la entrada del pasado jueves 26 de mayo, lo que quería trasmitir es que viendo la forma en que uno vive su tiempo, se puede determinar lo que espera de la próxima vida. Pero hoy quiero dar una vuelta más de tuerca.

Todos tenemos la imagen de la película de 300 en donde Leónidas afirma que sus hombres se quedarán a defender las Termópilas, incluso cuando ya era evidente que iban a perder aquella batalla. Queda reflejado en la mítica frase que pronuncia :”Espartanos, desayunad bien, porque esta noche cenaremos en el infierno.” Él ya sabía el final de todo aquello, no en vano, para los espartanos, la muerte en combate era todo un honor, ellos vivían con la esperanza de encontrar a algún luchador tan diestro que pudiera derrotarlos en combate. Para ellos, la lección es evidente, viendo la manera de morir de alguien, podemos extraer mucha información, no solamente de su vida sino de su esperanza futura.

Respecto a esto, quiero considerar un par de versículos, se encuentra en Mateo 20: 18-19. He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los principales de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; Y le entregarán a los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.

Estas palabras las dijo Jesús al borde de comenzar la Semana Santa, los acontecimientos que se precipitarán hasta su muerte en la cruz. Jesús estaba en el camino que separaba Jericó de Jerusalén. Hay muchas cosas que se podrían decir acerca de estas palabras expresadas exactamente en estos momentos, pero yo quiero centrarme en algo. Jesús está expresando con asombrosa exactitud lo que le va a ocurrir, cuanto más se analice más detalles de lo que ocurrirá apenas unos días después salen a la luz, pero hay algo que me llama más la atención. Según la idea generalizada, Jesús fue traicionado por Judas, cayó en una trampa, se vio sorprendido y sobrepasado por los acontecimientos. Parece como si Cristo viniera a hacer algo al mundo, y al verse traicionado y condenado por los romanos, tomó la última opción, usar esa muerte para traer salvación.

Pues no, eso es mentira, aquí él mismo está diciendo cual era el plan, y lo está diciendo en un momento de buenos momentos, en Jericó les fue bien, él estaba con sus amigos, la gente le aclamaba, solo hay que ver la recepción que le hicieron cuando llegó a Jerusalén. Nada hacía sospechar ese final dramático.

Jesús no vino a enseñarnos un camino precioso de buenas obras y mentes transformadas, él no vino a traer el bien al mundo y fue sorprendido por una conjura diabólica que le llevó a la muerte, no. Él vino precisamente a morir en aquella cruz, para él no era una sorpresa, para él no era una maniobra desesperada para tratar de sacar partido a su situación. Todo el mundo estaba orquestado de tal manera que aquel sacrificio perfecto fuera posible. Nadie le robó la vida, sino que la puso voluntariamente. Y ni siquiera es algo que se preparase en el camino a Jerusalén, ni en el momento de su nacimiento o de su concepción virginal, ni se ideó con los reiterados anuncios y señales de este hecho que hubo en el Antiguo Testamento. Este plan ya estaba ideado con el crujido del mordisco a la fruta prohibida del huerto del Edén, cuando Adán y Eva fueron retirados del paraíso, ya estaba en marcha el plan. La espada ardiendo que les impedía llegar a la vida eterna era solo un trámite. Con esta muerte de Jesús, el descendiente de Set, el camino volvió a estar abierto, y la eternidad volvía a ser posible para el ser humano. El problema del pecado ya estaba solucionado. Jesús no fue sorprendido, él tenía un plan específico, y lo cumplió a la perfección. No había lugar para pruebas, para sorpresas, para vacilaciones. Él vino a morir, específicamente, él vino a desbrozar el camino al Cielo, él vino para que tú pudieras llegar al Creador. Todas las demás interpretaciones de su venida no solamente están en contra de la enseñanza del Libro, sino que no tienen ningún sentido. Porque sin un sustituto no podemos llegar al Dios perfecto e inmenso, porque intentar comprar a Dios viviendo una vida llena de bondad es demasiado presuntuoso y un insulto a su grandeza, porque el ser humano es tan malvado que no se puede salvar a sí mismo.

Si viendo la manera de morir de alguien podemos saber cómo es y qué espera del futuro, viendo la muerte de Cristo, podemos tener la seguridad de quién fue, quién es y quién será. Dios hecho carne.

jueves, 26 de mayo de 2011

El Cielo

Una idea muy curiosa me ronda la cabeza últimamente. Tiene mucha relación con lo que os expresé en la entrada “Mi Esperanza”. Esta idea comenzó a atraparme durante las clases, seguramente el hecho de convivir en el mismo piso con el profesor hace que no pueda escapar ni siquiera cuando se supone que estoy “a cubierto”. De hecho, solamente por gusto, he dedicado un par de tardes a estudiar un poco más el tema. Pero quiero ampliar un poco más este estudio para compartirlo con vosotr@s.

Esta idea es que lo que pensemos, lo que creamos, lo que esperemos del futuro va a determinar absolutamente la manera en que vivimos el presente.

Alguien que espera ser campeón mundial de salto de altura, dedicará todos sus esfuerzos en prepararse, con la mirada puesta en esa meta. Alguien que desea con todas sus fuerzas ganar el Premio Nobel de Literatura, va a emplear todo tu tiempo, su talento, su imaginación en este proyecto. Alguien que desea algún día llegar a salir al espacio en una misión de la NASA, estudiará con todas sus fuerzas, tratará de estrujar al máximo sus neuronas en las investigaciones astronómicas, se preparará físicamente. Todo para lograr esta meta.

De la misma manera, tú puedes mirar tu vida, la manera en que tomas cada decisión, la forma en que vives cada día, la manera en que tratas a las personas que tienes a tu alrededor y pensar cual es la meta que pretendes alcanzar con tu día a día.

Partiendo de esta idea, quiero ir un poco más allá. ¿Qué va a ser de ti una vez mueras?. ¿Qué va a ser de mí una vez muera?.

Nuestro país proviene de una cultura cristiana, le pese a quien le pese, el hecho es ese. Por lo que para nosotros la idea del Cielo y del Infierno es algo que no resulta muy extraño, al menos no de una manera ideal. El problema llega cuando intentamos pensar en el concepto que cada un@ de nosotr@s tenemos de estas dos ideas.

Soy consciente de que la gran mayoría no tiene ningún tipo de fe ni de esperanza puesta en el Cielo, mucho menos en el Infierno. De hecho, esta, según el planteamiento que antes exponía, es una razón contundente para que cada uno viva la vida como lo hace. Si no tienes ninguna expectativa, si no tienes una esperanza en una vida futura, el presente es lo único que cuenta, por lo tanto es lógica una actitud ante la vida cuya base sea la búsqueda del bienestar personal, aún cuando también intentamos encontrar un bienestar para las personas que nos rodean.

Por eso me gustaría comenzar otra serie de entradas. Una en la que especifique cual es mi esperanza, de cómo es el lugar al que yo creo firmemente que voy a ir una vez muera. El estudio de este lugar, espero, me ayudará a trastocar la manera en que vivo mi vida. Tener una consciencia más clara de la meta esperada me ayudará a ajustar mi presente con la vista puesta en el fin del camino.

Según mi opinión, y esta opinión está basada en la Biblia, libro que considero la Palabra de Dios por razones que ya he expuesto, a lo largo de los tiempos se ha desvirtuado, menospreciado, tergiversado y ridiculizado el concepto del Cielo. Es curioso cómo para muchas personas que conozco, la idea celestial de un musulmán es mucho más cercana, más conocida y más reconocida que la idea cristiana, que la bíblica. Y la razón es que sencillamente nos han contado una mentira. Porque la idea que nos han pintado, la que tod@s hemos pensado durante tanto tiempo es sencillamente falsa.

Tal vez algunos pensaréis, y con mucha razón, que, tal y como nos han pintado el Cielo, este no es un lugar al que apetezca ir. Pues bien, déjenme tomar este Libro y veamos juntos qué tiene que decir acerca del lugar que Dios preparó para los que le aman. Dejadme que comparta con vosotr@s cómo es la meta que pretendo usar como motor para seguir adelante en mi vida. Dejadme que os hable de mi esperanza. Os aseguro que no tendrá nada que ver con el estereotipo que tenemos, con la gran mentira que nos han contado.

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