miércoles, 31 de octubre de 2012

Soy católico


Soy cristiano, católico, apostólico y bejarano.

Soy cristiano porque he decidido libremente y sin ninguna coacción confiar plenamente en el sacrificio de Cristo para pagar mi culpa, porque he decidido creer en lo que dice la Biblia y tratar de obedecerlo, porque he confesado que soy pecador, inmerecedor de ningún favor de parte de Dios, porque me he arrepentido de mis pecados y porque tengo la firme esperanza de estar con él por toda la eternidad.

Soy católico porque formo parte de la comunidad de los fieles de Cristo. Católico significa “universal”, es decir, que la iglesia católica es literalmente la iglesia universal, la de todo el mundo, la que aglutina a todos aquellos que verdaderamente han confiado en Cristo para pagar su mal. Así que, por mucho que se haya adueñado de esta palabra la Iglesia de Roma, yo no sigo sus catecismos y para nada me pueden considerar como un integrante más de ellos, pero soy católico, formo parte de la Iglesia universal, no de la del obispo de Roma, sino de la de Cristo.

Soy apostólico porque Dios me ha enviado a proclamar las buenas noticias. Apóstol significa literalmente en griego “enviado”. Y es en este sentido que lo soy. En el capítulo 28 del Evangelio de Mateo, el 24 del de Lucas y en el primero del libro de los Hechos de los apóstoles, Jesús les ordena, y por ende, a su Iglesia católica (en el sentido que antes he explicado) a ir por todo el mundo a predicar el evangelio (en griego, las buenas noticias) a hacer discípulos y enseñarles lo que él les mandó, a bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y les prometía su ayuda y su poder para esta misión. Pues bien, tengo la profunda convicción de que esta misma tarea me toca cumplirla, y que Jesús mismo me la encomendó como parte de su iglesia. Así que soy enviado por él, soy apostólico.

También soy apostólico porque sigo las enseñanzas de los apóstoles, aquellas que trasmitió personalmente Cristo. Y estas son ni más ni menos que las que ellos mismos escribieron en el Nuevo Testamento, porque esta es la base de mi fe y no la de invenciones y tradiciones humanas.

soy bejarano porque tengo el inmenso privilegio de vivir en una ciudad tan bonita y acogedora como Béjar. Para esto no creo que haga falta profundizar mucho, sobran las palabras.

Y digo esto porque hoy es el día de la Reforma, porque tal día como hoy de 1517, el entonces monje agustino Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg, en Alemania, las 95 tesis que servirían de trampolín para cambiar el mundo. Digo esto porque somos, no solamente los protestantes, sino todos los que vivimos en la cultura occidental, herederos de este hecho que cambió la historia. Y es que la iglesia de Roma no tiene el monopolio de la verdad, como tampoco la tiene ninguna otra iglesia. Porque la verdad la tiene la Biblia, porque la Verdad es Cristo, y toda autoridad, toda religión, todo hombre que vaya en contra de la misma Palabra de Dios sencillamente está equivocado.

Ya en los primeros días del cristianismo, Pedro, al enfrentarse a las acusaciones de los líderes judíos y a sus amenazas para que se estuvieran callados de lo que habían visto y oído dijo: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hch. 4:19) Nadie viene de parte de Dios si contradice su Palabra, y eso lo entendió Lutero a la perfección, hasta tal punto que no dudó en poner su vida en juego para seguirlo. Él no pretendía dejar la iglesia de Roma, ni siquiera formar una iglesia nueva, él solo pretendía reformarla acorde con la Palabra de Dios, de la que nunca debió apartarse.

Pero él no fue la única voz disonante, ni siquiera la primera. A lo largo de la Edad Media, hubo muchos intentos de reforma, de mejorar las cosas volviendo al origen, a la Palabra viva y eficaz, intentos que fueron sofocados por la fuerza y la sangre en tantas ocasiones, y de eso tenemos experiencia de sobra aquí en España.

Me gustaría comenzar una serie de entradas, celebrando el 495 aniversario de la Reforma Protestante, indagando y buscando la verdad de todo esto, comenzando por los “intentos de reforma” anteriores a Lutero, pasando por las circunstancias de la iglesia de Roma en aquellos días y terminando por la necesidad de ser una iglesia reformada a diario, basándonos siempre en esta reforma en la Palabra de Dios.

¡Feliz día de la Reforma a todos y pasad buen puente!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante tu blog.
Podrías decirme qué simboliza la Cruz que has elegido y cuál es su origen?
Muchas gracias,
Fabiana

Miguel Ángel Pozo Plumed dijo...

Hola Fabiana, muchas gracias por escribir.

La verdad es que la imagen de la cruz que he elegido para esta entrada no he indagado mucho por ver lo que significa, mi culpa.

Lo que sí que sé es lo que significa La Cruz, y eso mismo puede significarlo esta o cualquier otra, y es la imagen viva de lo que yo merezco por ser pecador y enemigo de Dios y el gran amor de Dios al enviar a Su Hijo a morir en mi lugar, pagando perfectamente la pena tan enorme que yo mismo había contraído. La cruz simboliza el peso del pecado, la dramática sentencia de Dios sobre mí, la justicia pura y santa, así como la misericordia, el mayor amor del mundo, la justicia satisfecha, la salvación gratuíta, la esperanza eterna, la gran noticia. La cruz es el evangelio perfecto, ese que solo demanda de nuestra fe en su validez, esa que cambia lo más profundo de nuestro ser, esa que nos hace pasar de muerte absoluta a vida eterna por pura fe.

Eso significa la cruz.

Un saludo.

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