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miércoles, 2 de abril de 2014

Sola Fide

Hace unos años, escribía una entrada en la que planteaba que solamente había dos clases de religiones, en la que el hombre tiene que hacer algo por acercarse a Dios y, por así decirlo, tiene que cumplir con una serie de preceptos y ritos para impresionar lo suficiente a la deidad como para que le haga digno de ser salvado, y en la que el hombre no puede hacer nada, no tiene manera de impresionar a Dios, ni de pagar la tremenda deuda que tiene pendiente con su Creador, y tiene que depender de lo que haga Dios.

Ahí es exactamente donde nos posiciona la Sola Fide, eso es lo que hace del cristianismo bíblico, es decir, aquel que sigue anclado en la Sola Scriptura, diferente a todo el resto de las religiones, a todo lo demás. Eso es lo que hace de la Biblia los únicos escritos sagrados que presentan como ciertos la segunda religión de la que hablábamos.

Sola Fide es una frase latina que significa Solo por la Fe. Y esto es algo completamente revolucionario, algo que no tiene que ver con ninguna religión que haya surgido antes o después, y algo que va, de manera absoluta, en contra de la naturaleza humana. Porque lo que dice es que nuestra salvación es obtenida con el único requisito de nuestra fe, nada más es necesario.

Cuando hablaba acerca de las dos religiones, decía que “así se podrían resumir todas y cada una de las religiones que hay en el mundo. En esencia son todas la misma. Hay algunos cambios en cuanto a algunas cuestiones, como por ejemplo, unas se basan en unos escritos y otras en otros, algunos toman como base la Biblia, otros el Corán, el Talmud, el Libro del Mormón, el Rig Veda o el Tipitaka son algunos de ellos. Otros ni siquiera se basan en ningún libro. Unos creen que llegarán a trascender, a convertirse en dioses, otros afirman que todos somos dios, o que dios está en todas partes, o que todo es dios, otros dicen que no hay dios, y solo hay una fuerza que mantiene todo. Todo esto son detalles, detalles más o menos importantes, pero la base de esta religión universal es la misma, que debemos hacer algo para obtener algo. Ahí está la clave de todo. En llegar a ser lo suficientemente buenos, o santos, o a saber suficiente, o a ser lo suficientemente “algo”. Si lo logramos, tendremos algo mejor, ya sea Nirvana, ir al cielo, convertirnos en dioses en otros planetas, o ser uno con la Madre Tierra. Los artificios y los detalles no cambian la base de la religión, el hacer algo para obtener algo.”

El ser humano necesita tener la impresión de que controla su propio destino, que es el único escritor del libro de su vida y que no depende de nadie. Es por eso que hemos creado todas estas religiones, para sentirnos seguros, para sentir que nos estamos mereciendo algo mejor. El problema es que, como muchas veces he dicho, y la Biblia se empeña en recordarnos una y otra vez, Dios no puede ser engañado, Dios no va a ser comprado por nuestras buenas obras, el Juez Justo no va a hacer otra cosa que Justicia, y tú y yo saldremos mal parados, más específicamente, saldremos parados al infierno eterno.



Esto no es una invención mía, ni siquiera de los reformadores del s. XVI que vindicaron esta afirmación. Esta es una verdad profundamente arraigada en la Biblia, basta con leer los tres primeros capítulos de Romanos, el salmo 14 o el 51. El ser humano no tiene ninguna esperanza por sí mismo, y no hay nada que podamos hacer para lograr ganar nuestra salvación. Para que nos entendamos, nunca podremos ganarnos el cielo.

Pero el hecho de estar tan claro en la Biblia no es algo que sirva para que la Iglesia Romana se haya dado por aludida, y es por esto que protestaron con esta consigna los reformadores. Ellos dicen que hay una serie de sacramentos, de normas o rituales que, de ser realizados de la manera correcta, puede hacerte ganar puntos para ir al cielo, doctrina completamente opuesta a lo que nos enseñan las Escrituras.

Dios es justo, no puede permitir la maldad en absoluto, y nunca perdonará a nadie porque sí o porque le soborne con esta o la otra buena obra. Así que lo que pide del hombre nunca puede ser el que haga nada para ganarse la salvación. Pero, como ya he explicado muchas veces, Él mismo pagó la pena de nuestra maldad, el sacrificio perfecto, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, Cristo pagó lo que nosotros merecíamos. ¿Qué tenemos que hacer nosotros para apropiarnos de este regalo tan valioso? Nada, solamente creerlo (Hechos 16:31, Romanos 4:4-5, Romanos 5:8 Gálatas 2:16)

Fe, sola fe y nada más que la fe. Eso es lo que pide Dios de ti, nada más, nada menos. ¿Por qué? Porque Él ya lo ha hecho todo, porque la deuda está saldada, porque tratar de hacer más para tratar de ganar el cielo es decir que el sacrificio de Cristo no fue suficiente, y rechazarlo significa afirmar que puedes burlarte de Dios.


La salvación no es un premio, no es un pago. La salvación es un regalo. Para recibir un regalo, no tienes que hacer nada más que aceptarlo, solamente extender la mano y recibirlo. Así es la salvación que Dios ofrece, así es la salvación que enseña la Biblia. 

Sola Fide significa que hoy mismo, ahora mismo, puedes cambiar tu estado para siempre. Puedes pasar de ser enemigo de Dios a ser hijo de Dios por los méritos de Cristo, por el sacrificio de Jesús, el Mesías prometido, el Hombre perfecto, Dios hecho carne, a tu favor. Sola Fide, solo por la fe. Confía en Dios hoy, créele ahora, con tus problemas y tus dificultades, y dentro de mil años seguirás disfrutando de este regalo. 

martes, 20 de noviembre de 2012

La Reforma III: La semilla del cambio


El final de una época se aventuraba cercano. Las reglas del juego que habían regido durante un milenio estaban abocadas a un drástico cambio. Ya hemos hablado de la situación que los laicos veían a simple vista de los religiosos que regían sus vidas, una situación insosteniblemente corrompida que tuvo su momento álgido en el nefasto periodo del papado en Aviñón y el cisma occidental que supuso el llegar a tener dos e incluso tres papas diferentes al mismo tiempo. A simple vista se podía ver la degradación de la casta sacerdotal en todos los aspectos, y esto tampoco pasó desapercibido a los propios eclesiásticos que comenzaron a mirar con desconfianza el presente y el futuro de su situación, más aún aquellos que tuvieron la suerte de descubrir lo que decía la Biblia, tan alejado de la situación que vivían en aquella situación.

El renacimiento se acercaba en la historia, se comenzaba a dudar de lo que la Iglesia Romana había dictado durante tanto tiempo, y tanto en la filosofía como en las artes y, por supuesto, en lo que al cristiano atañía, se comenzó a buscar más allá, atrás, en las fuentes clásicas. La caída de Constantinopla en el 1453, llevó a muchedumbres de eruditos y religiosos griegos a centro Europa, hecho que facilitó que se volviera a estudiar el griego como lengua religiosa, aparte del latín. Esto fue de vital importancia, porque los manuscritos que se tenían de la Biblia estaban escritos en griego, como fueron redactados por los autores originales, e incluso el Antiguo Testamento, estaba en forma griega también en la traducción autorizada de los 70, o Septuaginta. Se comenzó a ver que había algunas partes de la traducción de Jerónimo al latín, la Vulgata, del 382 d.C., sencillamente habían sido mal traducidas, y la búsqueda de lo que originalmente decía la Biblia recobró fuerzas.

Muchos fueron los intentos de reforma, y las reformas que se llevaron a cabo durante toda la Edad Media, pero el hecho es que las reformas que se realizaron se basaban en los frutos del problema, y no fueron a su raíz. Por ejemplo, se denunciaba mucho los continuos problemas que tenían los sacerdotes para cumplir sus votos y las violaciones manifiestas de la castidad, que llegaron a puntos insostenibles en diferentes momentos. Pero la solución que daban una y otra vez era la de endurecer las penas contra los que incumplían sus votos y tratar de limitar las oportunidades de que esto ocurriera, en lugar de preguntarse si no sería que esta medida de la prohibición de los matrimonios para los sacerdotes era inapropiada, al ir en contra de la naturaleza humana y de la Biblia misma.

Pero hay varios ejemplos de precursores de la Reforma que encabezó Lutero que, de haber tenido las circunstancias apropiadas, habrían transformado la Europa medieval varios siglos antes de lo que ocurrió en Wittenberg.

Juan Wyclif
Uno de los primeros representantes de estas “prerreformas” que nos ocupan  el día de hoy fue Juan Wyclif. Nacido alrededor de 1320, Wyclif llegó a ser catedrático de Teología de la Universidad de Oxford y uno de los teólogos más influyentes de la Inglaterra del siglo XIV. Una de las razones por las que más se le recuerda es por haber traducido la Biblia latina de Jerónimo, la Vulgata, al inglés. El teólogo de Oxford rechaza la transubstanciación aprobada un siglo atrás por la total carencia de referencia bíblica para esta afirmación, se opone drásticamente a la acumulación de poder y de dinero por la Iglesia y a la venta de indulgencias. Su principal preocupación era la de volver a dar la autoridad a la Palabra de Dios, poniéndola por encima de las tradiciones o a las decisiones de los cardenales y concilios (1). Fue obligado a jubilarse por causa de la rebelión de los campesinos en 1381 y muere 600 años de que naciera un servidor, en 1384. En 1415, en el Concilio de Constanza es declarado hereje por su pasión por la Biblia, por traducirla, por oponerse a dogmas aprobados por concilios y papas y por sobreponer la autoridad de la Palabra de Dios a la de los hombres de Roma, su cuerpo es exhumado y quemado en la hoguera (2).

Juan Huss
Juan Huss fue un bohemio nacido en 1373. Su madre se quedó viuda al poco de nacer Huss, y con su abnegado sacrificio consiguió que su hijo estudiase teología en la Universidad de Praga, donde llegó a ser profesor con solo 25 años. Allí llegó a ser rector de esta universidad y predicador renombrado. Sus ideas y enseñanzas no fueron bien recibidas desde un principio entre el clero. Marcadamente influido por la sombra de Wyclif, su énfasis cayó sobre la necesidad de la vuelta a poner por encima la Biblia a los diferentes concilios, decisiones y tradiciones romanas. Pone énfasis también en la necesidad de vivir una vida en la que Cristo sea el centro en detrimento de la necesidad de participar de los “sacramentos” que ponía la Iglesia Romana, se opone a la venta de indulgencias, a la adoración de las imágenes y de las reliquias. Queda bajo excomunión por el papa Juan XXIII conocido por el sobrenombre de “El monstruo” por su vida depravada y falta de escrúpulos (2). Es invitado al Concilio de Constanza con un salvoconducto del Emperador Segismundo, ya que era un noble importante e influyente de Bohemia. El papa fue depuesto en ese concilio como ya dije en la anterior entrega, y para cuando se celebró el concilio, el emperador había retirado el apoyo al decano de Praga. A Huss se le negó el derecho de defenderse y fue vendido a sus denunciantes, acusándole de ser discípulo de Wyclif y hereje obstinado, que le quemaron el 6 de julio de 1415 cantando: "Jesús, Hijo del Dios viviente, ten misericordia de mí" (3). Su influencia en Bohemia fue tal que se organizaron dos movimientos en su tierra natal, los taboristas y los utrarquistas, que sobrevivieron contra la persecución, las matanzas y la guerra que trajeron los católicos a sus tierras hasta la llegada del monje agustino Martín Lutero, fusionándose con su movimiento y con el iniciado por Juan Calvino un siglo después.

Hubo muchos otros intentos de hacer una reforma o de hacer hincapié en el hecho de que había que hacer algo en la deriva que había tomado la Iglesia de Roma, muchos fueron ajusticiados, otros fueron simplemente ignorados, hubo incluso algunos intentos radicales que basaron su intento de cambio en la violencia y en la guerra. El mundo se estaba conmoviendo, estaba cambiando, las piezas se estaban preparando para estar dispuestas para lo que sucedería en Wittenberg.

Después de todo, ya lo dijo Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia.”

(1)- Chronological and Background Charts of Church History, Robert C. Walton, Zondervan, Grand Rapids, 1986. Traducido por Larry S. Thornburg, 1995.
(2)- Dos estrellas tempranas de la reforma, Víctor Sedaca. Revista Nueva Reforma. 
(3)- Historia del cristianismo, Kenneth Scott Latourette. Págs. 777 y ss.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La Reforma II: El fin de una época


Durante buena parte de la Edad Media, el debilitamiento de los estados a favor de los feudos nobiliarios, la persistencia del “Imperio Romano” en el Sacro Imperio, la centralización religiosa en torno a Roma y la existencia de un potente enemigo rodeando la cristiandad, hizo que toda Europa estuviera unida bajo una misma bandera, tanto política como religiosa, con sus claras diferencias regionales, pero en esencia eran todos más o menos “una misma nación”.

Fueron varios los factores que, al ir acercándose el fin del medievo, hicieron que esta unidad europea fuera resquebrajándose y que el europeo comenzase a plantearse todo aquello en lo que había creído a pies juntillas durante más de un milenio.

La división religiosa que impactó Europa desde mediados del siglo XVI fue iniciada, en efecto, por Martín Lutero hace ya 495 años, pero este cambió tuvo sus primeros brotes verdes varios siglos atrás, brotes verdes que fueron forzados por una realidad religiosa en Europa que dejaba mucho que desear. Hoy me gustaría ofrecer brevemente una panorámica de aquello que ocurrió en la Europa Católica, Apostólica y Romana que forzó la existencia tanto de la Reforma Protestante, como de otras reformas e intentos frustrados que poblaron el fin de la Edad Media.

Durante el s. XIII, el papado llegó a su mayor etapa de poder en la persona de Inocencio III, al tiempo que las órdenes mendicantes se lanzaban a la conquista del resto del mundo para Cristo, y en las universidades se construían grandes catedrales del pensamiento teológico. En teoría al menos, Europa se encontraba unida bajo una cabeza espiritual, el papa, y otra temporal, el emperador. Incluso durante buena parte de este siglo se volvieron a unir las dos iglesias, la romana y la griega. Pero en medio de todos estos elementos de unidad al parecer inquebrantables existían tensiones y puntos débiles, que a la postre derribarían todo el edificio que la cristiandad medieval había construido con sus altos ideales (1).

En cuanto a la Iglesia Griega y la unidad que disfrutaron con Roma, fue solamente aparente, pues interiormente bullía un resentimiento hacia el opresor que había aprovechado las cruzadas para tomar Constantinopla y desterrar su independencia (1).

Mapa de las diversas oleadas de la peste negra.
Una de las grandes razones por las que el pueblo comenzó a perderle el respeto al papado y a la unidad en torno a Roma, fue ni más ni menos que las diferentes oleadas de peste bubónica que asolaron Europa a partir de 1347, que diezmaron la población de la cristiandad. Costaría siglos el recuperarse de la destrucción demográfica. Aunque la Iglesia de Roma acusaría una y otra vez a los pecados y tacharía esta epidemia de “Castigo de Dios”, el hecho es que la gente comenzó a preguntarse si estaba tan sumamente claro que Dios estaba de su parte cuando hasta los más pequeños, y especialmente estos, sucumbían ante la muerte negra.

Las condiciones políticas que cambiaron durante estos siglos tampoco ayudaron en exceso al fortalecimiento de la iglesia centralizada. La burguesía comenzó a apoyar a la monarquía, cada vez más hastiada de los grandes nobles que les usurpaban el poder. El crecimiento de las ciudades, la tendencia a la centralización en las diferentes monarquías del poder en detrimento de la clase noble hizo crecer los sentimientos nacionalistas que anularon el sueño de la Europa unida políticamente, y terminaría por hacer tambalear el sueño de la Europa unida espiritualmente. La prueba más evidente fue la Guerra de los 100 años, que desangró Europa durante algo más de un siglo.

Pero el principal problema con que se encontró la Iglesia fue ésta misma. La continua perversión de los supuestos representantes de Cristo en la Tierra llevó a la gente a pensar que estos personajes no eran más que farsantes.

Estas perversiones pasaban por las anatas, que era el impuesto por el cual el obispo o abad recibía la ganancia equivalente a un año del sacerdote ordenado. Las continuas colocaciones, por las cuales se ordenaban nuevos sacerdotes y se rotaban los existentes por parte de los altos cargos de la Iglesia para cobrar las anatas. Las preservaciones, que eran las reservas de los puestos más valiosos económicamente para el Papa, que enviaba a un sacerdote en su nombre y le reservaba la cuantía por ese cargo para el “vicario de Cristo”. Las expectativas o simonías, es decir, la venta de los cargos eclesiásticos al mejor postor. Las dispensaciones, el pago de un importe por el perdón de las rupturas a la ley canónica. Las indulgencias, que era la remisión de las penas temporales por el pecado, tanto propias como de familiares, previo pago de una cuantiosa suma de dinero. El nepotismo, el nombramiento de familiares de altos cargos creando una especia de cargo eclesiástico hereditario.

Mapa del cisma, donde se diferencian los territorios
que apoyaban al papado de Roma y los
que apoyaban al papado de Aviñón.
En 1305, Clemente V fue nombrado Papa. Tras 10 meses de pontificado, decidió trasladar el papado a Aviñón, en Francia. Fue a partir de entonces que hay una serie de papas franceses que no tienen ninguna intención de devolver el papado a la Ciudad Eterna. De hecho, nombran a los cardenales de entre los sacerdotes franceses, hecho que causa que necesariamente los siguientes papas fueran de esta misma nacionalidad. La intención de quedarse en Francia queda patente con Benedicto XII, que construye un ostentoso palacio para el papado. Durante esta época, fue absolutamente escandalosa la depravación que salía de los altos poderes eclesiásticos. Hubo algún intento de devolver el papado a Roma por parte de los papas, pero los cardenales franceses lo impidieron. La cristiandad entera estaba consternada por este hecho. Esto cambió cuando Urbano VI, el primer papa italiano tras 7 papas franceses, decidió trasladar el papado a Roma pasase lo que pasase, así como el anuncio de serias medidas para cambiar la situación que estaba destrozando la Iglesia. 13 cardenales franceses, reunidos en Anagni, decidieron elegir a otro papa, destronando de esta manera a Urbano. El resultado es que de allí salió Clemente VII como papa con sede en Aviñón, y Urbano VI como papa en Roma, con una cristiandad dividida por la mitad. Para dar una solución a este problema que se alargó durante dos décadas, las dos curias de los dos papas se reunieron en el Concilio de Pisa en el 1409, decidiendo deponer a los dos anteriores papas y entronar a un nuevo papa, Alejandro V. Pero el resultado de esto es que ninguno de los dos otros aceptaron este concilio y la cristiandad se vio dividida entre tres papas diferentes. El sucesor de Alejandro V, Juan XXIII, fue expulsado de Roma por Ladislao de Nápoles y buscó la protección del impero que se la ofreció a cambio de que convocase un nuevo concilio, el de Constanza, en 1414 (2). En este concilio, fueron obligados a dimitir como papas Juan XXIII y Gregorio XII, pero Benedicto XIII se refugió en Peñíscola, amparado por el  reino de Aragón, donde continuó su sueño del papado conocido como Papa Luna. El nuevo papa elegido después de esta tormenta sería Martín V.

Esto es solamente un ejemplo de la manera en que los supuestos representantes de Cristo hacían y deshacían a su antojo en este periodo de la Edad Media, entre malas artes y una degradación absoluta. Fue en medio de este desastre que surgieron diferentes rebeliones contra este poder, de muchos tipos, que constituyeron los cimientos sobre los que la Reforma Protestante se construyó. Continuaré hablando de estos intentos reformadores en la próxima entrega. 

(1)- Historia del Cristianismo. Justo L. González. Tomo 1 Cáp. 44.
(2)- Catolicismo Romano. José Grau. Tomo 1. Págs. 423 y ss. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Así se entiende el ecumenismo

Cardenal Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos

El Cardenal Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, sigue hablando de lo que entiende como “ecumenismo” sin ambigüedades, sin medias tintas, lo que seguro que agradecen muchos protestantes.

 En junio de este año ya fue muy claro refiriéndose a la reforma protestante, diciendo que “no podemos celebrar un pecado , los acontecimientos que dividen a la Iglesia no pueden ser llamados un día de fiesta”. Lo más positivo que opinó el cardenal fue etiquetar este evento histórico como un día que hay que recordar, pero no celebrar.

En aquella ocasión concluyó que  le gustaría asistir -en lugar de a una celebración de la memoria de la Reforma protestante- a una reunión en la que las confesiones reformadas pidieran disculpas y reconociesen sus errores .

Las reacciones no fueron especialmente entusiastas entre quienes se habían creído el ecumenismo católico como un diálogo y acercamiento, y sí con cierta sorna por los muchos que siempre han visto el ecumenismo católico como “la unidad del lobo que quiere devorar al cordero para poder llegar a ser uno”, en palabras de José Cardona, primer secretario ejecutivo de la Federación evangélica española (Ferede).

El pasado 2 de noviembre el cardenal Koch  participó en el Sínodo General de la Iglesia Luterana Unida de Alemania (VELKD) , que está al cargo de los preparativos de la celebración de los 500 años de la Reforma protestante en 2017.

Dos días después del simbólico 31 de diciembre, que recuerda el inicio de la Reforma en todo el mundo, delante de aquellos con quienes busca la unidad declaró que “ la separación de las iglesias protestantes de la Iglesia no es una expresión de éxito, sino el fracaso de la Reforma . Los reformadores no querían nuevas iglesias, más bien la reforma de la Iglesia Católica”.

Terminaron las sesiones con propuestas para que la Iglesia asentada en el Estado Vaticano y la Federación Luterana Mundial promuevan el ecumenismo con las iglesias pentecostales, algo que no parece fácil en la línea que está marcando tan claramente el cardenal Koch.

 Además de ver la Reforma como un fracaso, concluyó Koch planteando esta otra cuestión a sus oyentes, y de paso a todo evangélico o protestante que quiera ecumenismo con Roma: hay que elegir entre «considerar la Reforma como una ruptura con la tradición universal (católica) o en continuidad con la tradición».

Por si no había quedado claro, o a mayor satisfacción del Cardenal Koch, afirmó que el ministerio de los obispos proviene de la sucesión apostólica, un elemento clave de eclesiología de la ICR y del que se derivan otros muchos aspectos que separan la doctrina católica de la protestante, y del que con optimismo espera «una declaración conjunta en los próximos 30 años».

 En la réplica el obispo luterano Heinrich Bedford-Strohm (Munich) tampoco se quedó en medias tintas y le preguntó si no pensaba que la Iglesia del Vaticano no debería pensar en reformarse en su camino hacia la unidad.

En este aspecto, remarcó que «es necesario reflexionar juntos sobre la base de la iglesia apostólica primitiva» y no sobre los fundamentos del catolicismo romano.



Fuentes: Infocatólica
Editado por: Protestante Digital 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

La Reforma I: Inventos católicos

Muchas veces nos encontramos con gente que tiene la impresión, o incluso muchos de nosotros la tenemos, de que la Iglesia de Roma ha sido así tal y como la conocemos desde el mismo momento en que Cristo ascendió a las nubes, como si en ese instante hubieran aparecido por arte de magia las catedrales, las liturgias, las doctrinas, los catecismos y los colegios cardenalicios. Pero la verdad es que nada más alejado de la realidad. Ayer mencionaba mi intención de comenzar una serie de entradas acerca de la Reforma Protestante, pero es que esta reforma tuvo lugar en un momento determinado, en una sociedad determinada y en contra de un poder determinado que manejaba los designios de los hombres de aquella Europa, la Iglesia de Roma.

Por esa misma razón, me gustaría comenzar afirmando que para nada la doctrina contra la que protestaron aquellos reformadores ha sido así siempre, que está en constante evolución, incluso en la actualidad. Y que la idea de que esta Iglesia siempre ha sido igual y ha pensado lo mismo, argumento tan esgrimido de forma oculta durante tanto tiempo, es totalmente falsa. El hecho es que la Iglesia Romana ha ido modificando sus creencias, ampliándolas y alejándose más y más a lo largo de los siglos de lo que dice la Palabra de Dios. 

Cuidado, no estoy diciendo con esto que esta Iglesia ha sido la que más se ha apartado de lo que dice la Biblia o que sean los peores, ni muchísimo menos. Solamente quiero poner en relieve este poder contra el que se rebelaron los reformadores, y afirmar una vez más que cualquier tipo de cristianismo que se desvíe de lo que Cristo mismo nos dejó automáticamente deja de serlo, sea cual sea su procedencia.

Creo que es tarea de los cristianos de hoy en día el poner en tela de juicio si aquello que consideramos como "cristiano" lo es tal, si aquello que nos han enseñado los curas, los obispos y los papas a lo largo de los siglos está acorde con la Palabra de Dios. Por esto mismo, quiero dejaros con una lista de las invenciones que, a lo largo de los siglos, la Iglesia de Roma ha ido introduciendo en sus creencias, liturgias y usos, incluso de la manera en que han cambiado sus creencias y doctrinas a lo largo de su abultada historia (1). Disfrutadla porque no tiene desperdicio.

1. Presbíteros (ancianos de la iglesia) llamados sacerdotes por primera vez en tiempos de Luciano. s.II.
2. Misa sacerdotal instituida por Cipriano. s.III.
3. Oraciones por los muertos. 300 dC.
4. La "señal de la cruz". 300 dC.
5. Velas de cera. 320 dC.
6. Veneración de ángeles, los "santos" muertos y el uso de imágenes. 375 dC.
7. Misa como rito diario. 394 dC.
8. Comienzo de la exaltación de María. El término "Madre de Dios" aplicado a ella por primera vez por el Concilio de Éfeso. 431 dC.
9. Vestiduras especiales para los sacerdotes. 500 dC.
10. Extremaunción. 526 dC.
11. Gregorio I inicia la doctrina del purgatorio. 593 dC.
12. Oraciones ofrecidas a María, "santos" muertos y ángeles. 600 dC.
13. La lengua latina como lengua de adoración. 600 dC.
14. Primer hombre proclamado papa (Bonifacio III). 610 dC.
15. Besar los pies del papa. 709 dC.
16. Pepín, rey de los francos, otorga poder temporal a los papas. 750 dC.
17. Veneración de la Cruz, imágenes y reliquias "autorizadas". 781 dC.
18. Agua mezclada con sal y bendita por los sacerdotes. 850 dC.
19. Veneración de San José. 890 dC.
20. Creación del Colegio de Cardenales. 927 dC.
21. Juan XIII instituye el "bautismo de campanas". 965 dC.
22. Juan XV comienza la canonización de los "santos" muertos. 995 dC.
23. Ayuno los viernes y durante la cuaresma. 998 dC.
24. La misa desarrollada gradualmente como sacrificio, asistencia hecha obligatoria. s. XI.
25. Celibato sacerdotal mandatario. 1079 dC.
26. El rosario adoptado de los paganos por Pedro el Ermitaño. 1090 dC.
27. El Concilio de Verona establece la Inquisición. 1184 dC.
28. Venta de bulas e indulgencias. 1190 dC.
29. Los siete sacramentos definidos por Pedro Lombardo. s.XII.
30. La transubstanciación definida por el papa Inocencio III. 1215 dC.
31. Confesión auricular de los pecados al sacerdote en vez de a Dios implantada por Inocencio III. 1215 dC.
32. Adoración de la hostia decretada por el papa Honorario III. 1220 dC.
33. El Concilio de Valencia resuelve prohibir la Biblia al pueblo y es puesta en la lista de los libros prohibidos. 1229 dC.
34. Simón Stock de Inglaterra inventa el escapulario. 1251 dC.
35. El Concilio de Constanza prohíbe el uso del Cáliz durante la comulgación al seglar. 1414 dC.
36. El purgatorio proclamado como dogma de fe por el Concilio de Florencia. 1439 dC.
37. La tradición y la Biblia son declaradas de igual autoridad por el Concilio de Trento. 1545 dC.
38. Libros apócrifos (no canónicos, declarados por este concilio como "deuterocanónicos") añadidos a la Biblia por el Concilio de Trento. 1546 dC.
39. El credo de Pío IV es impuesto como el credo oficial en lugar del credo apostólico oficial. 1560 dC.
40. La Inmaculada Concepción de María promulgada por Pío IX. 1851 dC.
41. Compendio de errores publicado por Pío IX y ratificada por el Cancilio Vaticano: Condena la libertad de religión, conciencia, palabra, prensa, y descubrimientos científicos que son desaprobados por la Iglesia Romana; afirma la autoridad temporal de todo papa sobre los regentes civiles. 1864 dC.
42. El Concilio Vaticano asegura la infalibilidad del papa en materia de fe y moralidad. 1870 dC.
43. La Asunción de María es proclamada por Pío XI.  1950 dC.
44. María nombrada "Madre de la Iglesia" por Pablo VI. 1965 dC.

Esto es solo una pequeña muestra de la manera en que lo que consideramos como lo que siempre ha sido la Iglesia de Roma, ha sido una evolución de siglos acumulando decisiones sobre decisiones. Es precisamente por esta razón que cualquier comunidad de seguidores de Cristo, constantemente, deben estar reformándose de acuerdo a lo que Dios mandó. Y es la carencia de esta práctica la que ha llevado a la Iglesia de Roma a tomar caminos tan diametralmente opuestos a lo que es realmente el Plan de Dios.

(1) Tomado de la obra "Verdades Bíblicas a Católicos Romanos" escrito por el ex-sacerdote católico romano Bartolomé F. Brewer.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Soy católico


Soy cristiano, católico, apostólico y bejarano.

Soy cristiano porque he decidido libremente y sin ninguna coacción confiar plenamente en el sacrificio de Cristo para pagar mi culpa, porque he decidido creer en lo que dice la Biblia y tratar de obedecerlo, porque he confesado que soy pecador, inmerecedor de ningún favor de parte de Dios, porque me he arrepentido de mis pecados y porque tengo la firme esperanza de estar con él por toda la eternidad.

Soy católico porque formo parte de la comunidad de los fieles de Cristo. Católico significa “universal”, es decir, que la iglesia católica es literalmente la iglesia universal, la de todo el mundo, la que aglutina a todos aquellos que verdaderamente han confiado en Cristo para pagar su mal. Así que, por mucho que se haya adueñado de esta palabra la Iglesia de Roma, yo no sigo sus catecismos y para nada me pueden considerar como un integrante más de ellos, pero soy católico, formo parte de la Iglesia universal, no de la del obispo de Roma, sino de la de Cristo.

Soy apostólico porque Dios me ha enviado a proclamar las buenas noticias. Apóstol significa literalmente en griego “enviado”. Y es en este sentido que lo soy. En el capítulo 28 del Evangelio de Mateo, el 24 del de Lucas y en el primero del libro de los Hechos de los apóstoles, Jesús les ordena, y por ende, a su Iglesia católica (en el sentido que antes he explicado) a ir por todo el mundo a predicar el evangelio (en griego, las buenas noticias) a hacer discípulos y enseñarles lo que él les mandó, a bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y les prometía su ayuda y su poder para esta misión. Pues bien, tengo la profunda convicción de que esta misma tarea me toca cumplirla, y que Jesús mismo me la encomendó como parte de su iglesia. Así que soy enviado por él, soy apostólico.

También soy apostólico porque sigo las enseñanzas de los apóstoles, aquellas que trasmitió personalmente Cristo. Y estas son ni más ni menos que las que ellos mismos escribieron en el Nuevo Testamento, porque esta es la base de mi fe y no la de invenciones y tradiciones humanas.

soy bejarano porque tengo el inmenso privilegio de vivir en una ciudad tan bonita y acogedora como Béjar. Para esto no creo que haga falta profundizar mucho, sobran las palabras.

Y digo esto porque hoy es el día de la Reforma, porque tal día como hoy de 1517, el entonces monje agustino Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg, en Alemania, las 95 tesis que servirían de trampolín para cambiar el mundo. Digo esto porque somos, no solamente los protestantes, sino todos los que vivimos en la cultura occidental, herederos de este hecho que cambió la historia. Y es que la iglesia de Roma no tiene el monopolio de la verdad, como tampoco la tiene ninguna otra iglesia. Porque la verdad la tiene la Biblia, porque la Verdad es Cristo, y toda autoridad, toda religión, todo hombre que vaya en contra de la misma Palabra de Dios sencillamente está equivocado.

Ya en los primeros días del cristianismo, Pedro, al enfrentarse a las acusaciones de los líderes judíos y a sus amenazas para que se estuvieran callados de lo que habían visto y oído dijo: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hch. 4:19) Nadie viene de parte de Dios si contradice su Palabra, y eso lo entendió Lutero a la perfección, hasta tal punto que no dudó en poner su vida en juego para seguirlo. Él no pretendía dejar la iglesia de Roma, ni siquiera formar una iglesia nueva, él solo pretendía reformarla acorde con la Palabra de Dios, de la que nunca debió apartarse.

Pero él no fue la única voz disonante, ni siquiera la primera. A lo largo de la Edad Media, hubo muchos intentos de reforma, de mejorar las cosas volviendo al origen, a la Palabra viva y eficaz, intentos que fueron sofocados por la fuerza y la sangre en tantas ocasiones, y de eso tenemos experiencia de sobra aquí en España.

Me gustaría comenzar una serie de entradas, celebrando el 495 aniversario de la Reforma Protestante, indagando y buscando la verdad de todo esto, comenzando por los “intentos de reforma” anteriores a Lutero, pasando por las circunstancias de la iglesia de Roma en aquellos días y terminando por la necesidad de ser una iglesia reformada a diario, basándonos siempre en esta reforma en la Palabra de Dios.

¡Feliz día de la Reforma a todos y pasad buen puente!

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