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lunes, 27 de octubre de 2014

Carta al Califa

Sr. Abu-Bakar al-Baghdadi
Califa
Mosul, Irak

Estimado Sr. al Baghdadi,
Recientemente, usted públicamente se presentó como el Califa, el líder de un Nuevo orden para el mundo islámico. En su sermón inaugural en la mezquita en Mosul, cerca de las ruinas de Nínive, usted dijo: “Si ustedes me ven en el camino correcto, ayúdenme. Si me ven en el camino equivocado, aconséjenme y deténganme”. Yo he tomado en cuenta su solicitud y quiero hacer exactamente eso.

lunes, 17 de febrero de 2014

Lo siento

Si has tenido el dudoso privilegio de conocerme personalmente, puede ser que hayas podido ver alguna que otra actitud en mí que haya hecho que te decepcione alguna de las cosas que digo ser y/o representar. Es por esto, que he decidido escribir esta pequeña carta, desde lo profundo de mi corazón, con la esperanza que alguien de entre las muchas personas a las que he dañado o confundido a lo largo de mi vida, la lea y pueda aceptar mis disculpas.

Y quiero comenzar por lo primero. Lo siento.

Lo siento, desde lo más profundo de mi corazón. Desde hace muchos años, he tenido amigos, amigos de esos con los que te puedes estar horas sin decir nada, porque no hace falta; amigos de esos con los que te puedes estar horas sin dejar de hablar, con los que puedes reírte sin parar durante días enteros y con los que puedes desahogarte cuando parece que el mundo se ha terminado. No os podéis imaginar lo que aprecio y extraño cada segundo que he pasado a vuestro lado. Y a pesar de todo, durante cada uno de esos años, he sido un hipócrita y un falso. Aunque no lo penséis ni lo compartáis, no sabéis cuánto lo lamento. Porque he preferido venderme a lo que todo el mundo hacía, a la diversión, a la rendición voluntaria, en lugar de plantarme y comenzar a vivir lo que realmente creo, lo que sé que es verdad. No me malinterpretéis, no estoy intentando acusar ni juzgar a nadie, mucho menos a vosotros, esta crítica va en mi contra, porque habiendo conocido al Dios Verdadero, teniendo completa claridad de lo que estaba haciendo y de por qué lo hacía, no me detuve. Pero eso no es lo peor, por lo que más me lamento es por el ejemplo que he dado, porque hablaba de unas cosas y practicaba las contrarias. Si hay algo que deseo con todo mi corazón es ver cada una de vuestras caras en la Eternidad, aunque no haya sido gracias a mí, aunque haya sido a pesar de mí, ciertamente daría todo lo que tengo ahora por esa seguridad. Cuando la distancia y la desidia hacen presa, espero que no haya querido reaccionar demasiado tarde y algún día tenga que lamentarlo eternamente.

Lo siento. A todos aquellos que habéis intentado durante años darme buenos consejos, ayudarme a comenzar a vivir la vida que debía vivir. Los que habéis estado, durante años, luchando a mi favor mientras yo no quería escuchar, os debo una disculpa. Estoy pensando en mis amigos y hermanos del Centro Cristiano de Béjar, que cuando me veíais rumbo al precipicio y sin ademán de parar, tuvisteis la valentía y el amor de hacer lo que yo no supe hacer con quienes decía amar, y me advertisteis. A todos aquellos que no habéis tomado como excusa mi mal y me habéis hecho el bien a pesar de ello, a vosotros que habéis contemplado con frustración mi dureza de corazón y no habéis cesado en vuestras oraciones a mi favor, muchas gracias. Y lo siento.

Lo siento. A unos padres que han dado lo que tenían y lo que no para, no solamente que saliera adelante, sino que lo hiciera con unas posibilidades y unas facilidades que ellos nunca tuvieron. A los que sacrificaron salud, caprichos y dinero para darme aquello que no supe apreciar, a aquellos que no estimaron sus posesiones, sus derechos y su bienestar por encima de los míos, ni siquiera al mismo nivel, sino que cedieron una y otra vez por mí. A los padres que me han presentado la lección más tangible y creíble de cómo es Dios. A los hermanos que han perdonado tanto, animado tanto. A una familia que merece mi mejor versión, y a cambio ha recibido una decepción tras otra, lo siento.

Lo siento. A la mujer más bella, inteligente, sincera y valiosa que conozco, Rebeca, lo siento. Siento no saber apreciarte como te mereces, siento que tu sensación con respecto a mí sea más bien la de darte una y otra vez contra la misma pared. He vivido demasiados años sin ti y, a pesar de eso, no puedo hacerme a la idea de no estar contigo. Dios ha hecho tanto bien en mi vida por medio de ti, que no me alcanzan las palabras para expresar lo agradecido que estoy por tenerte, por cada día que escoges amarme, por aceptarme a pesar de todo. Eres un precioso regalo en mi vida, uno que jamás mereceré, pero que quiero agradecer cada día.

LO SIENTO. Al Gran Dios que ha creado todo lo que existe, que me ha regalado la vida y con ella, el tiempo y la posibilidad de disfrutar de cada uno de vosotros; que me exige más que nadie, nada menos que la perfección, porque realmente me ama, y a pesar de todo, me acepta como el Padre que es. A Aquel que ha pagado cada una de mis culpas pasadas, presentes y futuras entregando, con el corazón sufriente de un Padre, a Su propio Hijo, para que fuera mi Salvador. Al Dios paciente que sigue perdonando y alentándome a seguir adelante, a hacerlo mejor que el día anterior. Al Rey que me exige la perfección y odia la maldad, pero que derrocha amor y misericordia en cada palabra, en cada exigencia, en cada castigo. Al que más he fallado, al que más me conoce, al que más me ha dado, al que más me ama, al que más le debo, a mi Dios, lo siento.

No tengo nada para pagaros a ninguno de vosotros, absolutamente nada. Espero que podáis aceptar mis disculpas y regalarme el perdón. No puedo pagar nada, pero hay algo que sí puedo hacer, seguir adelante, continuar en la lucha, e intentar hacerlo bien la próxima vez. Porque, junto con el perdón, va la voluntad, la urgencia y la necesidad de cambiar y, con la ayuda de mi Dios, así será.

Es tiempo de pedir perdón, es tiempo de perdonar, es tiempo de cambiar, es tiempo de comenzar a ser humanos, de aquellos que tienen un corazón tierno, de carne, de esos que están dispuestos a mirar alrededor y deciden deshacerse de su orgullo, de ellos mismos, y comienzan a hacer lo que tienen que hacer. Es por esto que hoy quiero decir LO SIENTO, quiero decirlo con todo mi corazón y puedo decirlo con la confianza y la seguridad que me da el saberme perdonado, amado y aceptado, la tremenda vitalidad que me da el saber que, en medio de mi debilidad, es cuando Dios se hace más fuerte.

martes, 5 de febrero de 2013

Post-cristianismo


Represión, avaricia, hipocresía, restricciones, política, acaparación, destrucción de la libertad, guerras, egoísmos, matanzas, pobreza, desidia, afán de superioridad, injusticias, ansia de controlar a los demás, uniformidad, diferentes varas de medir, destrucción, mentiras, maldad, juicios falsos, guerras fratricidas, impuestos a los pobres para enriquecerse unos pocos, inquisiciones, muerte a los infieles, violaciones, aprovecharse del débil, amar el poder y a los poderosos, callar ante atrocidades, incluso aplaudirlas, asesinar a los disidentes, cerrar bocas a fuego, retrasar el avance de la ciencia, sembrar la discordia, hacer el mal, amar más el dinero y el poder que a las personas, prevaricar, pasado, felizmente pasado…

Puede ser que esto sea lo que te viene a la mente cuando escuchas la palabra “cristianismo”. Vivimos en una  sociedad que ya ha probado el cristianismo, y está claro que solamente ha traído miseria, desolación, injusticias, retraso. Pero eso ya ha pasado (gracias a Dios, dirá alguna mente mordaz), ha pasado y ahora hemos evolucionado, porque después del túnel debe venir la luz, porque después de la tormenta, felizmente, llega la calma.

Vivimos en un país, y en un continente, que se tiene por post-cristiano. Aquello ya lo probamos durante demasiado tiempo, y está claro que no funcionaba. Ahora somos más listos, la ciencia nos ampara, y todo el mundo sabe que la ciencia es el enemigo de la fe, luego ahora ya nada de eso funciona.

Es obvio que hay muchas, muchísimas, demasiadas cosas que se han hecho muy mal en el seno de la iglesia de Roma, acaparadora de ese mal llamado cristianismo durante siglos. Y no me corresponde a mí defenderlos, pero me parece bastante injusta esta postura con los Romanos, es cierto que han hecho muchas cosas malas, auténticas aberraciones, eso no lo quita nadie, y no creo que haya más justificación que la de la maldad humana; pero también es verdad que hay muchas cosas que se han hecho muy bien, es cierto que hasta hace muy poco tiempo las únicas ayudas que recibían los pobres y desamparados, eran gracias a la iglesia de Roma, al menos en nuestro país, es cierto que, de una manera o de otra, se ha mantenido una unidad, una estabilidad en nuestro continente que de otra manera no habría sido posible.

Pero no es mi intención llamar la atención sobre lo que fue el pasado de nuestro país, no quiero remover el estiércol y sacar a la luz el poco bien entre el mucho mal. No quiero llamar la atención sobre el pasado y sus sinsabores, sobre la miseria o la falta de ella que dejó lo que tú consideras como cristianismo, quiero llamar la atención sobre el cristianismo mismo.

El cristianismo no se trata de gente que se cree superior a otros intentando imponer su criterio, el cristianismo trata de gente que se sabe inferior intentando ayudar a los demás. El cristianismo no va de los buenos contra los malos, va de los malos redimidos y perdonados. El cristianismo no es una sociedad de gente que se tiene por buena, va de gente que se sabe necesitada, que se sabe salvada, que se sabe perdonada, que se sabe amada, y que solo quiere que los demás entiendan qué es eso tan grande que ellos han encontrado. El cristianismo va de Dios mismo buscando pecadores, muriendo en su lugar. Ese es su valor, el auténtico valor del cristianismo reside en una horrible cruz, en una tumba vacía. No reside en el oro, en la elocuencia o en el poder. El cristianismo va de Dios mismo viniendo a buscar lo que se había perdido.

Lo que estoy diciendo es que España, que Europa no es una sociedad post-cristiana. Lo que estoy diciendo es que nuestra sociedad nunca ha conocido el cristianismo, lo que ha conocido es una organización que en nombre del cristianismo ha hecho y ha deshecho el bien y el mal que ha estimado oportuno.

Seguramente pensarás que el cristianismo ya nada tiene que ofrecer al mundo de hoy en día, pero es precisamente hoy, en esta sociedad en la que vivimos, en donde el cristianismo auténtico tiene mucho más que decir que en cualquier otro momento histórico. Miro a mi alrededor y pienso hasta qué punto nuestro mundo sería mejor si todo el mundo supiera de su bajeza, si tuviésemos a los demás como superiores a uno mismo, si tratásemos de ser el reflejo del amor que Dios nos ha mandado, si buscásemos el bien de los otros por encima del nuestro propio, si viviésemos nuestras vidas como debemos, literalmente, como Dios manda. 

Si cuando escuchas la palabra “cristianismo” te viene a la mente lo que hay arriba, sencillamente debes pensar en si en realidad, alguna vez en tu vida has entendido el cristianismo.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Así se entiende el ecumenismo

Cardenal Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos

El Cardenal Koch, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, sigue hablando de lo que entiende como “ecumenismo” sin ambigüedades, sin medias tintas, lo que seguro que agradecen muchos protestantes.

 En junio de este año ya fue muy claro refiriéndose a la reforma protestante, diciendo que “no podemos celebrar un pecado , los acontecimientos que dividen a la Iglesia no pueden ser llamados un día de fiesta”. Lo más positivo que opinó el cardenal fue etiquetar este evento histórico como un día que hay que recordar, pero no celebrar.

En aquella ocasión concluyó que  le gustaría asistir -en lugar de a una celebración de la memoria de la Reforma protestante- a una reunión en la que las confesiones reformadas pidieran disculpas y reconociesen sus errores .

Las reacciones no fueron especialmente entusiastas entre quienes se habían creído el ecumenismo católico como un diálogo y acercamiento, y sí con cierta sorna por los muchos que siempre han visto el ecumenismo católico como “la unidad del lobo que quiere devorar al cordero para poder llegar a ser uno”, en palabras de José Cardona, primer secretario ejecutivo de la Federación evangélica española (Ferede).

El pasado 2 de noviembre el cardenal Koch  participó en el Sínodo General de la Iglesia Luterana Unida de Alemania (VELKD) , que está al cargo de los preparativos de la celebración de los 500 años de la Reforma protestante en 2017.

Dos días después del simbólico 31 de diciembre, que recuerda el inicio de la Reforma en todo el mundo, delante de aquellos con quienes busca la unidad declaró que “ la separación de las iglesias protestantes de la Iglesia no es una expresión de éxito, sino el fracaso de la Reforma . Los reformadores no querían nuevas iglesias, más bien la reforma de la Iglesia Católica”.

Terminaron las sesiones con propuestas para que la Iglesia asentada en el Estado Vaticano y la Federación Luterana Mundial promuevan el ecumenismo con las iglesias pentecostales, algo que no parece fácil en la línea que está marcando tan claramente el cardenal Koch.

 Además de ver la Reforma como un fracaso, concluyó Koch planteando esta otra cuestión a sus oyentes, y de paso a todo evangélico o protestante que quiera ecumenismo con Roma: hay que elegir entre «considerar la Reforma como una ruptura con la tradición universal (católica) o en continuidad con la tradición».

Por si no había quedado claro, o a mayor satisfacción del Cardenal Koch, afirmó que el ministerio de los obispos proviene de la sucesión apostólica, un elemento clave de eclesiología de la ICR y del que se derivan otros muchos aspectos que separan la doctrina católica de la protestante, y del que con optimismo espera «una declaración conjunta en los próximos 30 años».

 En la réplica el obispo luterano Heinrich Bedford-Strohm (Munich) tampoco se quedó en medias tintas y le preguntó si no pensaba que la Iglesia del Vaticano no debería pensar en reformarse en su camino hacia la unidad.

En este aspecto, remarcó que «es necesario reflexionar juntos sobre la base de la iglesia apostólica primitiva» y no sobre los fundamentos del catolicismo romano.



Fuentes: Infocatólica
Editado por: Protestante Digital 2012

miércoles, 31 de octubre de 2012

Soy católico


Soy cristiano, católico, apostólico y bejarano.

Soy cristiano porque he decidido libremente y sin ninguna coacción confiar plenamente en el sacrificio de Cristo para pagar mi culpa, porque he decidido creer en lo que dice la Biblia y tratar de obedecerlo, porque he confesado que soy pecador, inmerecedor de ningún favor de parte de Dios, porque me he arrepentido de mis pecados y porque tengo la firme esperanza de estar con él por toda la eternidad.

Soy católico porque formo parte de la comunidad de los fieles de Cristo. Católico significa “universal”, es decir, que la iglesia católica es literalmente la iglesia universal, la de todo el mundo, la que aglutina a todos aquellos que verdaderamente han confiado en Cristo para pagar su mal. Así que, por mucho que se haya adueñado de esta palabra la Iglesia de Roma, yo no sigo sus catecismos y para nada me pueden considerar como un integrante más de ellos, pero soy católico, formo parte de la Iglesia universal, no de la del obispo de Roma, sino de la de Cristo.

Soy apostólico porque Dios me ha enviado a proclamar las buenas noticias. Apóstol significa literalmente en griego “enviado”. Y es en este sentido que lo soy. En el capítulo 28 del Evangelio de Mateo, el 24 del de Lucas y en el primero del libro de los Hechos de los apóstoles, Jesús les ordena, y por ende, a su Iglesia católica (en el sentido que antes he explicado) a ir por todo el mundo a predicar el evangelio (en griego, las buenas noticias) a hacer discípulos y enseñarles lo que él les mandó, a bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y les prometía su ayuda y su poder para esta misión. Pues bien, tengo la profunda convicción de que esta misma tarea me toca cumplirla, y que Jesús mismo me la encomendó como parte de su iglesia. Así que soy enviado por él, soy apostólico.

También soy apostólico porque sigo las enseñanzas de los apóstoles, aquellas que trasmitió personalmente Cristo. Y estas son ni más ni menos que las que ellos mismos escribieron en el Nuevo Testamento, porque esta es la base de mi fe y no la de invenciones y tradiciones humanas.

soy bejarano porque tengo el inmenso privilegio de vivir en una ciudad tan bonita y acogedora como Béjar. Para esto no creo que haga falta profundizar mucho, sobran las palabras.

Y digo esto porque hoy es el día de la Reforma, porque tal día como hoy de 1517, el entonces monje agustino Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg, en Alemania, las 95 tesis que servirían de trampolín para cambiar el mundo. Digo esto porque somos, no solamente los protestantes, sino todos los que vivimos en la cultura occidental, herederos de este hecho que cambió la historia. Y es que la iglesia de Roma no tiene el monopolio de la verdad, como tampoco la tiene ninguna otra iglesia. Porque la verdad la tiene la Biblia, porque la Verdad es Cristo, y toda autoridad, toda religión, todo hombre que vaya en contra de la misma Palabra de Dios sencillamente está equivocado.

Ya en los primeros días del cristianismo, Pedro, al enfrentarse a las acusaciones de los líderes judíos y a sus amenazas para que se estuvieran callados de lo que habían visto y oído dijo: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hch. 4:19) Nadie viene de parte de Dios si contradice su Palabra, y eso lo entendió Lutero a la perfección, hasta tal punto que no dudó en poner su vida en juego para seguirlo. Él no pretendía dejar la iglesia de Roma, ni siquiera formar una iglesia nueva, él solo pretendía reformarla acorde con la Palabra de Dios, de la que nunca debió apartarse.

Pero él no fue la única voz disonante, ni siquiera la primera. A lo largo de la Edad Media, hubo muchos intentos de reforma, de mejorar las cosas volviendo al origen, a la Palabra viva y eficaz, intentos que fueron sofocados por la fuerza y la sangre en tantas ocasiones, y de eso tenemos experiencia de sobra aquí en España.

Me gustaría comenzar una serie de entradas, celebrando el 495 aniversario de la Reforma Protestante, indagando y buscando la verdad de todo esto, comenzando por los “intentos de reforma” anteriores a Lutero, pasando por las circunstancias de la iglesia de Roma en aquellos días y terminando por la necesidad de ser una iglesia reformada a diario, basándonos siempre en esta reforma en la Palabra de Dios.

¡Feliz día de la Reforma a todos y pasad buen puente!

martes, 12 de junio de 2012

Falcao


Falcao llamó la atención de muchos cuando, después de erigirse como la estrella de la final en la Europa League,  mostró en su camiseta un mensaje dando la gloria a Dios. El colombiano ha reafirmado estos días que la fe en Dios es un importante pilar en su vida.

Poco antes de jugar ante el América de Cali y conseguir uno de los mejores goles que se ha visto esta temporada, Falcao hablaba ante los medios de comunicación de su país. Antes había vivido un espectacular recibimiento por parte de sus compatriotas, felices de que uno de los jugadores “de moda” en el mundo sea de su tierra.

El protagonista de la rueda de prensa fue, en este marco de admiración, el apodado ‘Tigre’, el goleador de la Europa League. Falcao se mostró “muy sorprendido por la cantidad de gente que nos fue a esperar al aeropuerto. Estoy seguro que el sábado será un gran espectáculo, toda la ciudad podrá disfrutar del fútbol como debe ser”, advirtió.

Al futbolista rojiblanco le preguntaron si su educación había sido importante para poder llegar a donde ha llegado. Radamel Falcao dio una respuesta clara: “esto  se lo debo a la educación que recibí en mi casa y a Dios, quien me ha dado el equilibrio para saber quien soy y mantener los pies sobre la tierra. Soy humano, me equivoco y tengo mucho por pulir”, expresó.

Esta tranquilidad con la que se expresa en medio del éxito, y que se desprende de su fe, sin duda le será necesaria durante un verano en el que estará en la mira de muchos equipos que se quieren hacer con sus servicios tras completar una gran temporada.

 Falcao es cristiano evangélico. Una grave lesión (en el ligamento cruzado anterior y el menisco en la rodilla derecha) fue la que cambió la vida al futbolista cuando jugaba en el River Plate. Fue un parón en su meteórica carrera como futbolista, ya que estuvo casi diez meses parado.

 Ese tiempo le hizo tocar fondo, reflexionar y finalmente encontrarse con Jesús a través del contacto con otros creyentes. “Saqué fuerzas de Dios para recuperarme y seguir jugando al fútbol”, dijo entonces. Ahora, como gran estrella y triunfando, no se olvida de sus principales apoyos en la etapa más difícil de su carrera.  

Fuentes: Colprensa
© Protestante Digital 2012

miércoles, 18 de abril de 2012

Judíos mesiánicos


Los judíos mesiánicos, aquellos que aceptan a Jesús como el Mesías -el ungido de Dios- forman comunidades en muchos países, incluyendo Israel, y se reúnen en las llamadas ‘sinagogas mesiánicas’. 

Estados Unidos es uno de los países con comunidades mesiánicas más fuertes, de las cuales salen misioneros para otras partes del mundo. El rabino Yosef Harvey Koelner, de la sinagoga Beth Avinu, en Florida, explica que aunque su rito es muy parecido al tradicional, con lecturas y cánticos de la Biblia,  la diferencia fundamental es que "los ortodoxos todavía están esperando al Mesías y no creen que Y'shua -como se llama a Jesús en hebreo- es el Mesías". 

Añade que los ortodoxos "creen que adorar a Y'shua como el Mesías es idolatría, porque su doctrina dice que un hombre no puede ser igual a Dios".

El rabino hace referencia a que Jesús era judío y predicaba en las sinagogas, donde relataba sus parábolas y salía al paso de los desafíos que le presentaban los fariseos. La mayoría de los judíos de la época de Jesús no creyeron en él porque no vieron cumplirse las profecías tal como ellos las entendían: esperaban un rey que los liberara del yugo romano. Para ellos, Jesús es un personaje histórico, pero ni siquiera es un profeta, tal como lo reconocen los musulmanes.

 En el altar de la sinagoga está la Torá –en hebreo- y el Pentateuco, es decir, los cinco primeros libros de la Biblia, escritos por Moisés. El rabino Koelner explica que los judíos mesiánicos no se consideran cristianos, como el resto de denominaciones o grupos que siguen a Jesús, en el sentido de que siguen siendo judíos y han ‘completado’ su fe al creer en Jesús. "Al principio todos los creyentes eran judíos o gente que asistía a la sinagoga. El contexto del Nuevo Pacto -el Nuevo Testamento- es judío", dice Koelner. 

"Durante el primer siglo después de Cristo había mucho interés en el judaísmo en el mundo romano y muchos en las sinagogas estudiaban las escrituras hebreas", señala el rabino. Se sabe que Pablo fue quien predicó el Evangelio a los gentiles, es decir, los no judíos.

El rabino explica que pronto la creencia en Jesús empezó a acomodarse a las circunstancias. El emperador Constantino, convertido al cristianismo, cambió el día de fiesta semanal "porque en el mundo romano había muchos paganos que adoraban a su dios el domingo, día del sol". En esos tiempos, se impusieron reglas "para subyugar a los paganos" y convertirlos al cristianismo, afirma.

  Creer en Jesús no significa para los mesiánicos cambiar de religión ni abandonar su cultura. "Como judíos mesiánicos es nuestro deseo mantener nuestra cultura, costumbres y creencias , y celebrar el Shabbat -el sábado, el día sagrado-, porque Y'shua dijo que vino a los corderos de la casa de Israel", explica el rabino.

 En su opinión, lo que ocurrió cuando se institucionalizó el cristianismo en Roma -el actual catolicismo- es comparable con el sincretismo religioso que se dio en América Latina con la llegada de los europeos, con lo cual santos y vírgenes tienen su equivalente en creencias indígenas o cultos africanos. 

"Cuando yo era estudiante en México, había una iglesia católica sobre una colina, pero descubrieron que fue edificada sobre un templo azteca. Fue para subyugar a los indios, que continuaron adorando a su dios en el mismo lugar pero cambiando la forma de su templo. Casi en todos los países de Centro y Sudamérica hay una virgen, porque los dioses de los aztecas, mayas e incas los reemplazaban", relata.

El judaísmo mesiánico no es reconocido por el judaísmo tradicional. La relación entre ellos es "de odio", afirma con tristeza Koelner. Richard, uno de los feligreses de la sinagoga que él lidera en Florida, agrega: "No sólo no existe una relación, sino que hay mucha división: los ultraortodoxos no aceptan al resto de los judíos, que consideran ciudadanos de segunda clase". 

Koelner nació en Chicago y creció como judío ortodoxo. A los 19 años tuvo una experiencia espiritual que terminó haciéndolo creyente en Jesús y que años después lo llevó a formar parte del judaísmo mesiánico. Ha tenido la experiencia de vivir en Israel, país que considera su patria, pero uno de los problemas de los judíos mesiánicos es que en Israel no hay división entre Estado e Iglesia. "Según la ley rabínica soy judío, pero según la ley de inmigración no, porque cambié de religión y no tengo derecho a vivir en Israel automáticamente".

"Es difícil, porque mi corazón está allá, es mi tierra. En EE.UU. me siento como pez fuera del agua. Estoy esperando el permiso del Ministerio del Interior desde 2008. ¿Por qué? Porque creo en Y'shua. Me duele mucho", añade.

 Esta fe como tal surgió en el siglo XIX en Londres como un movimiento judío-cristiano y paralelamente en Hungría, mientras que en 1915 se organizó en EE.UU. y en 1925 a nivel internacional. Para la década de 1960 se renovó en este último país con el nombre de judaísmo mesiánico. 

La congregación en Florida, liderada por el rabino Koelne, está integrada por judíos ortodoxos que aceptaron a Jesús, israelíes, afroestadounidenses e hispanoamericanos, desencantados de la Iglesia católica, evangélicos y personas que están descubriendo sus raíces judaicas, que se remontan al descubrimiento de América.

"En América Latina hay un interés tremendo, porque mucha gente está descubriendo sus raíces judías", comenta, mostrando un libro con los apellidos españoles de origen sefardí, los judíos que fueron expulsados por los Reyes Católicos antes del primer viaje de Cristóbal Colón.

"Hay muchos libros sobre la historia de América Latina y se sabe que de judíos se mudaron al nuevo continente, al principio a Brasil y al norte de México y el Mar Caribe", concluye.
 

Fuentes: BBC Mundo
© Protestante Digital 2012

miércoles, 21 de marzo de 2012

El canon III: Autógrafa


El otro día, cuando os hablaba acerca de la Vía Romana, os explicaba que si encontrabais diferencias entre los versículos que ponía y los que podéis encontrar en vuestras Biblias, es debido a las desigualdades entre las distintas traducciones. A veces me han dicho que eso puede significar que tenemos diferentes Biblias, pero es justo lo contrario.

Los originales en que fue escrita la Biblia están en hebreo el Antiguo Testamento, con algunas porciones en arameo, y en griego koiné el Nuevo Testamento. Durante mucho tiempo, la Biblia que ha tenido la cristiandad occidental fue la traducción que hizo Jerónimo al latín a finales del siglo IV, la Vulgata, llamada así porque se intentó acercar el texto bíblico al pueblo, al vulgo, traduciéndolo a la lengua que ellos hablaban. Actualmente existen literalmente miles de traducciones a prácticamente todas las lenguas de la Tierra. En castellano hay muchas traducciones también, hechas por traductores y teólogos católicos, evangélicos e incluso testigos de Jehová. De ahí que ponga cosas diferentes en unas y en otras, pero no hay que olvidar que todas están basadas en los mismos manuscritos y que, si son buenas traducciones, deben decir lo mismo, aunque con diferentes palabras.

Pero al remontarnos al pasado en la búsqueda de los comienzos de la Biblia, nos encontramos con un problema grave, y que ha sido muy usado por críticos para tratar de desprestigiar la Biblia, y es que no tenemos los manuscritos originales, ninguno. Todo lo que tenemos son copias manuscritas de estos originales. Estos originales bíblicos, de los cuales han salido los manuscritos que han llegado hasta nuestros días, vamos a llamarlos Autógrafa, como se denominan técnicamente.

Entonces la pregunta es obligada, ¿cómo podemos fiarnos de que lo que dice la Biblia es lo que quedó plasmado en los originales escritos por los apóstoles, los profetas y los demás narradores bíblicos? Para recapacitar brevemente sobre la fiabilidad de los manuscritos que nos han llegado, y por consiguiente, de las traducciones que tenemos en nuestras casas, tenemos que hacer una serie de consideraciones.

Todos tenemos por seguro que Platón existió y se le atribuye la autoría de la “Apología de Sócrates” y “La República”, entre otros. Pues bien, de las obras de Platón carecemos de los originales, solamente tenemos 7 copias manuscritas que distan 1200 años desde su original allá por el siglo IV a.C (1). En cuanto a “La guerra de las Galias” de Julio César, de la que también carecemos del original, tenemos 10 copias manuscritas que distan un milenio de su supuesto original (1). De Aristóteles tenemos muchas mas evidencias, pues el número de copias se lanza hasta la friolera de 49, aunque tenemos que conformarnos con tener copias del 1100 d.C., 1400 años después de su escritura por el filósofo mentor de Alejandro Magno (1). Por último, pondremos el caso de “La Iliada”, una de las obras cumbre de la literatura antigua, y una de las mejores conservadas. De esta obra no tenemos el original tampoco, pero sí 643 manuscritos, siendo el más antiguo solamente 500 años más joven que su original (1). Del Nuevo Testamento, tenemos 5686 copias del original griego (2), muchas de ellas con apenas un siglo de diferencia entre la Autógrafa y la copia que nos ha llegado. Ya solamente los manuscritos griegos superan a cualquier otra obra de la antigüedad.

Como objeción, se puede decir que existen variaciones entre los manuscritos que nos han llegado, pero en este sentido la evidencia a favor de la veracidad de la Biblia es abrumadora. Todos estos manuscritos coinciden entre ellos en un 99,5%. Esto quiere decir que solamente hay un 0,5% de disconformidad entre estos manuscritos, que podemos estar seguros de que ese 99,5% de lo que tenemos escrito en nuestras Biblias, es lo que escribieron los autores originales, y en cuando a este 0,5% restante, no afecta en absoluto a ninguna de las doctrinas fundamentales de la fe cristiana y es susceptible de ser reconstruido en base a la comparación de las diferencias entre los manuscritos (3). 

La conclusión es que nuestra Biblia es básicamente la que se escribió en el principio, la analogía del “teléfono escacharrado”, por la que es imposible creer la Biblia que tenemos porque ha sido copiada y recopiada tantas veces que ya es imviable distinguir lo que ponía inicialmente, es sencillamente falsa, la evidencia documental nos cierra esa puerta categóricamente.

Pero esto no es todo, si sumamos los manuscritos griegos que tenemos a los que han aparecido, también de fechas muy tempranas, de traducciones al copto, al siriaco o al arameo, tenemos una evidencia documental de más de 24000 manuscritos, aparecidos por todo el mundo mediterráneo, con un mismo mensaje que nos llevan inequívocamente a aquella Autógrafa, en la que Alguien ha puesto mucho cuidado para que nos llegue en perfectas condiciones. Y todo esto mientras la religión cristiana estaba prohibida por el Imperio y sus escritos eran quemados tan frecuentemente.


(1) Extraído del cuadro adaptado de tres fuentes: Apologética Cristiana de Norman Geisler, el artículo La arqueología y la historia avalan la confiabilidad de la Biblia de Richard M. Fales y Una pronta defensa de Josh McDowell.
(2) Fundamentos Inquebrantables .Norman Geisler & Peter Bocchino. Pág. 256.
(3) El Caso de Cristo, Ed. Vida. Lee Strobel. Págs 73 y ss. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Cristiano de nombre

Cuando la batalla recrudecía, es cuando más unidos tenían que estar los ejércitos griegos. La formación de falange requería que todos y cada uno de ellos actuaran en total unidad y como un solo cuerpo.

Y aquella batalla era una de esas en las que los grandes guerreros griegos se ganaban su nombre. Una de esas en las que el coraje, la determinación, la unidad y el entrenamiento hacía la diferencia entre la vida y la muerte. La batalla estaba en el momento más dramático, en ese en el que casi cualquier cosa puede pasar, en ese en el que hasta el soldado más capaz y más valiente teme por su vida.

Y aquel soldado temió.

En un momento, cuando se veía claro que los soldados persas iban a embestir con toda su crudeza, el soldado abandonó la formación y salió corriendo para ir a refugiarse en unas rocas cercanas. Quería esconderse allí. Él tenía familia, tenía hijos pequeños, una mujer. No podía permitirse dejarlos sin nadie que los protegiera. Así que huyó. Se metió entre las piedras y allí se hizo un ovillo mientras sus compañeros se esforzaban por no perder la batalla, mientras los demás trataban de cumplir con su lugar, y con el del soldado cobarde que los había dejado en el último momento.

Muchos cayeron en ese día. Demasiados. Por el soldado cobarde y otros como él, murieron hombres valientes. Muchos padres, esposos e hijos. Pero la victoria fue griega.

Y al soldado cobarde le llegó el momento en que tuvo que comparecer ante el gran Alejandro el Grande, el conquistador del mundo. Rodeado de sus generales con engalanadas armaduras, el gran general de Grecia estaba delante de él, mirándole con desprecio.

- Por tu cobardía han muerto soldados valientes. Si no actuamos como una unidad, si no somos valientes, si no actuamos como debemos, seremos derrotados. Y más hombres morirán. Soldado, ¿cual es tu nombre?

El soldado, avergonzado, bajó la cabeza. - Alejandro, Gran Rey. Mi nombre es Alejandro.

El Magno le observó sobresaltado. A los pocos segundos, le miró a los ojos y le dijo: - O cambias de nombre o cambias de actitud.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Canon I: Nicea

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Corrían buenos tiempos para el cristianismo. Al fin un emperador había puesto fin a la persecución que  habían sufrido prácticamente desde el momento en que comenzaron a existir, desde que aquel carpintero nazareno del primer siglo predicase en las tierras de Palestina. Constantino había adoptado esta nueva religión y se proponía usarla para unir con más fuerza su imperio y utilizarlo a su voluntad. Así que se aprovechó de que aún no se habían dado las condiciones propicias en la historia y convocó un concilio para unificar las creencias cristianas en torno a lo que él mismo dictara. Generaría un canon que esfumase la humanidad de este carpintero y afirmase su divinidad, y sellaría con fuego este canon a su imagen y semejanza, expulsando para siempre aquellos escritos que discutían lo que él ordenase de las Escrituras Sagradas de los cristianos.

No son pocas las personas que tienen esta idea de lo que ocurrió en el 325 en Nicea. Muchas personas que creen haber encontrado al fin la verdad, el talón de Aquiles de la cristiandad. Un emperador legalizando al gigante cristiano para modelarle a su antojo. Casi suena poético. Esto explica los milagros de Jesús, claramente imposibles desde un punto de vista científico, el rechazo de los otros evangelios que no están incluidos en el canon bíblico, el origen de algunas ideas que, claramente, no pudo decir un carpintero hebreo del siglo I, el que un emperador desechara la fe de su imperio y de sus padres para abrazar otra diametralmente opuesta y, de hecho, perseguida hasta ese momento. Leyendo obras como “El Código Da Vinci” de Dan Brown, y encontrando estas ideas, casi parece que hemos hallado la gran mentira, la piedra angular de esta estructura megalítica en que se ha convertido la cristiandad, esa piedra que si la tocamos, todo se vendrá abajo. Sencillamente abrumador.

Respecto a este tema me gustaría a hablar durante una nueva serie de entradas.

Hoy, para empezar, quiero proponer una serie de problemas para interpretar el Concilio de Nicea como esa gran mentira que dio el pistoletazo de salida a la “Nueva Cristiandad”.

Desconozco los motivos que impulsaron a Constantino a, por lo menos, dejar de perseguir a los cristianos y darles facilidades. Corren historias acerca de una victoria milagrosa que impulsó a Constantino al trono del imperio y le hizo convertirse al cristianismo, también está la idea que ya he expuesto de intentar unificar religiosamente el imperio para dominarlo mejor. La verdad, no lo sé. Pero sí que hay algunas cosas que sí que sé. 

Poco antes del emperador  Constantino, Diocleciano, ordenó la que hasta entonces fue la mayor persecución contra los cristianos (1). Por todo el imperio se recrudeció el castigo por no adorar a los dioses romanos y al emperador. Miles murieron y fueron torturados por todo el imperio. No fue hasta el final de su vida que frenó esta sangría, afirmando que los cristianos eran tan estúpidos que ni matándolos se les hacía entrar en razón. Pues bien, los mismos obispos que soportaron esta persecución, aquellos que estaban dispuestos a morir por su fe, esos tan estúpidos que ni matándolos se les hacía entrar en razón, fueron los que acudieron a Nicea unos pocos años después, bajo el mandato de Constantino. Creo que es descabellado pensar que los mismos que habían expuesto su vida, visto morir a su gente, y que en esos mismos momentos aún portaban en sus cuerpos las cicatrices del dolor, fueran a aplaudir el intento imperial de utilizarlos para consolidar el poder y hacer una Biblia tal y como quiera el Jefe.

Otra razón que puedo alegar para argumentar la imposibilidad de que Nicea sea esta piedra angular es el hecho de su propósito y de su resolución. Este concilio fue convocado para unificar criterios en cuento a la divinidad de Cristo (2), pues habían surgido otras opiniones acerca de esta doctrina, especialmente de Arrio, del que surgieron los arrianos. La resolución final del concilio fue la de declarar como herejía la doctrina que rechazaba la divinidad de Cristo y la de formular el Credo Niceno, aún seguido por católicos, ortodoxos y protestantes en el que se añadían aseveraciones acerca de la divinidad del Hijo. Esto lo digo porque este concilio no fue convocado para variar doctrinas, para crear un canon ni para servir al estado. Fue declarado para unificar posturas en torno a la divinidad de Cristo.

Bien es cierto que Constantino encargó 50 copias de las Sagradas Escrituras mediante una carta a Eusebio (3), pero en ninguna parte de esta carta se dice ni se hace referencia acerca de manipulación alguna, ni hay absolutamente nada que hace pensar remotamente que así pudiera ser.

Otra razón concluyente para afirmar que los evangelios canónicos no fueron modificados en Nicea es puramente histórica. Tenemos copias de los 4 evangelios de fechas anteriores a este concilio (4). O Constantino inventó una máquina del tiempo para ir a modificarlos al pasado, o es sencillamente mentira. Además tenemos registro de los Padres de la Iglesia, anteriores también a esta fecha, de que la doctrina de la divinidad de Cristo no fue inventada en este evento.

Nicea no supuso un cambio en absoluto para la cristiandad. No se variaron doctrinas, no se crearon cánones, no se tergiversaron evangelios.

Soy consciente de que es muy sencillo limitarme a decir que lo que se dice de la Biblia que tenemos hoy en día es mentira. Pero me gustaría comenzar un viaje, espero que me acompañen, para descubrir de donde viene la Biblia que tenemos criando polvo en la estantería, para llegar a vislumbrar cual es su trascendencia histórica, religiosa y personal y por qué afirmo que es, sin ninguna duda, no solamente el libro más importante de la humanidad, sino también la carta que Dios mismo dejó dedicada personalmente para ti.



(1) Historia del cristianismo Tomo 1, Justo L. González. Pág. 121.
(2) Historia del cristianismo Tomo 1, Justo L. González. Pág. 173.
(3) Philip Schaff and Henry Wace, eds., Nicene and Post-Nicene Fathers (Reprint. Grand Rapids, Eerdmans, 1952), 1:549, citado en Norman Geisler and William Nix, A General Introduction to the Bible: Revised and Expanded (Chicago: Moody Press, 1986), 282. 
(4) Para más información, ver Geisler and Nix, A General Introduction to the Bible, 390.

jueves, 1 de marzo de 2012

Asia Bibi


Un grupo de mujeres campesinas pasaban la calurosa mañana haciendo surcos en los huertos que habrían de dar de comer a ellas y a sus familias. El calor apretaba y el agotador trabajo pasaba factura en las sufridoras agricultoras. Iban siendo las 12 de la mañana y el sol llegaba a su momento álgido. Le tocaba a ella ir a por agua al arroyo cercano.

- Que no vaya Asia, ella no es musulmana y va a contaminar el recipiente con el que traiga el agua. Nos va a contaminar a nosotras también. – Dijo una de las mujeres, la esposa del imán.

Aquello levantó a las demás. Quizá no se habían dado cuenta antes de decidir los turnos para ir a por agua, pero ahora ellas también estaban empezando a ver que si bebían agua del recipiente que había cargado y llenado aquella infiel, seguramente se contaminarían y entraría algún demonio en su cuerpo a hacer mal. El revuelo estalló y entre todas hicieron un corro a la infiel. Ella pidió la palabra para que callaran un momento y la dejaran hablar.

- Amigas, yo no voy a contaminar el agua por ser cristiana. Yo creo en Cristo, creo que él murió en la cruz por mí. – Ellas parecía que escuchaban. - ¿Qué ha hecho Mahoma por vosotras?

El silencio era sepulcral. Parecía que aquellas mujeres estaban pensando en la pregunta que les había hecho Asia y, claro, la respuesta no favorecía para nada al Islam. Hasta que la mujer del imán se adelantó a ellas y acusó a la infiel de haber dicho una blasfemia.

- ¡Ha blasfemado contra el nombre del profeta! ¡Blasfemia! Blasfemia!- El resto de las mujeres, poco a poco, fueron dejando de pensar en lo que les había preguntado Asia y uniéndose a la ciega acusación, a la mentira gritada que domina el mundo. - ¡Blasfemia! ¡Blasfemia!

Con aquellas mismas valientes palabras con que les había retado Asia fueron a ver al imán. Él dio la razón a su mujer, aquello había sido una blasfemia contra el profeta, aquella mujer debía ser juzgada, y condenada.

Fue detenida por la policía. El juez, Naveed Iqbal, la sentenció a muerte, el artículo 295 del código penal paquistaní pena con la horca la blasfemia contra Mahoma.

Desde el 2009, Asia Bibi espera su muerte en la horca por haber dicho la verdad.  

“Prefiero morir como cristiana que pasar mi vida siendo musulmana” o "Yo no soy una criminal, no hice nada malo. He sido juzgada por ser cristiana. Creo en Dios y en su enorme amor. Si el juez me ha condenado a muerte por amar a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por él" han sido algunas de las aseveraciones de esta valiente agricultora paquistaní.

Este es solamente un caso, como el de Youcef Nadarkhani, el pastor iraní que también se enfrenta a la muerte por el delito de ser cristiano en un país musulman. Pero hay miles por todo el mundo. Como decía el otro día, no hay una religión más perseguida actualmente que la cristiandad, no hay un momento histórico de mayor persecución contra los cristianos que el actual.

Aquí dejo un enlace para que, si queréis, podáis firmar a favor de la liberación de Asia una petición que irá a la ONU y al gobierno de Paquistán.

martes, 28 de febrero de 2012

Mártires


Cuando estaba en el instituto, tuve la osadía de afirmar, en una visita que hicimos a una exposición sobre Erasmo de Rotterdam, que yo soy evangélico. El principal problema fue que mi profesor de filosofía lo escuchó. A partir de entonces, no había día que no me planteara retos, que no hiciera debates (injustos, en los que toda la clase, incluido él defendían una postura, para que yo defendiese la contraria) para intentar dejarme en ridículo, formulase aseveraciones en contra del cristianismo desde el punto de vista religioso, filosófico, biológico, etc. La verdad es que no salí tan mal parado de aquellas “reyertas”. Una de aquellas afirmaciones es el afirmar que el cristianismo nació algo así como un “grupo terrorista” contra los judíos y los romanos que finalmente, al ver que no podían, usando la violencia, cambiar las cosas, trastocaron su plan y se pasaron al “bando del amor”. No se la discutí mucho aunque desconocía totalmente de donde nacía esa afirmación, pero esta es otra de las cosas de las que me gustaría hablar con él si algún día lo encuentro en algún sitio. Porque, como tantas otras cosas que me decía y todos se tragaban, incluso han sido algo que han acompañado a mis dudas durante muchos años, simplemente son mentiras, sin ningún fundamento. Desconozco si él creía en eso que nos decía o era solamente un intento de atacar a lo que él consideraba el enemigo o de acallar su conciencia, en cualquier caso, nos estaba engañando.

Porque lo cierto es que el cristianismo, desde el principio ha sido llamado a sufrir. Ya al poco tiempo de comenzar la Iglesia a andar por la historia, Esteban fue asesinado a pedradas por esta fe. A partir de entonces, y hasta el emperador Constantino, la persecución sacudió a los fieles de Cristo durante cuatro siglos. Tertuliano, uno de los Padres de la Iglesia escribió: La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia. Incluso después de la aceptación de los cristianos por parte del estado romano en  época de Constantino, hubo otro periodo de persecución en la época de Juliano.

Pero eso son cosas que pasaban hace mil quinientos años. Eso es algo que podríamos pensar al escuchar las historias de los cristianos siendo devorados con devota resignación por las fieras del Coliseo Romano. Ahora el cristianismo está asentado y es fuerte (a veces demasiado).

La verdad es que a lo largo de la historia, la persecución de cristianos, y de miembros de otras fes por sus convicciones ha sido algo relativamente normal. Sin ir más lejos, en nuestro propio país tenemos dos de los mejores ejemplos de todo el mundo. El primero nos lleva unos cuatro siglos atrás, donde el “Sacrosanto Imperio Español, Católico Apostólico y Romano, Defensor de la Cristiandad” (las comillas van ahí intencionadamente) torturó y asesinó a miles de españoles y misioneros venidos desde el extranjero para evitar por todos los medios posibles, cayese quien cayese y pisando a quien fuera, incluso el nombre del Dios a quien pretendían representar, que “otra religión” entrara a sus tierras y los protestantes se expandiesen. Saliendo de controversias acerca de sus intenciones, su derecho para hacer aquello y la interpretación de la Biblia y de no sé cuántas tradiciones y concilios que les llevaron a pensar que debían hacer aquello, el caso es que fue otra de aquellas ocasiones en que la sangre de los mártires corrió. La segunda ocasión la tenemos relativamente reciente. Y es no menos grave que aquella. Y es que en nuestro país se llevó a cabo en los años 30 del siglo pasado la que ya es la escena más sangrienta de la Historia de la Iglesia Mundial. En un semestre, se asesinaron a cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos. Entre el año 1934 a 1939, se asesinaron a más de diez mil religiosos. No hay precedentes para esto, ni siquiera en la época de la persecución romana.

Pero eso hoy en día no pasa.

Pues bien, a lo largo del siglo XX, fueron asesinados por su fe más de 45 millones de cristianos. Ciento sesenta mil cristianos fueron asesinados por el hecho de serlo solamente en el año 2001. Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre 2009, habrían sido asesinados alrededor de 2000 cristianos en Irak. A causa de la inestabilidad y de los ataques dirigidos contra cristianos, muchos de ellos han huido a otros territorios: de los cerca de 800 mil cristianos que había en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.

Por lo que se refiere a La India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010. En el estado de Orissa, entre los años 2008-2010 más de 4000 cristianos sufrieron persecución y presiones para convertirse a la religión hindú. 

Según unas declaraciones de Mario Mauro en agosto 2010, que fungía entonces como representante de la OSCE contra la discriminación de los cristianos, de 100 personas que mueren al año por persecución religiosa, 75 serían cristianos. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución. En la actualidad, el número de cristianos perseguidos estaría en torno a la cifra de 100 millones.

En cuanto al número de cristianos muertos anualmente por su fe, según una declaración hecha pública en junio de 2011 por Massimo Introvigne, representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, se trataría de 105.000 muertos al año.

Este es el hecho, no hay una religión más perseguida actualmente que la cristiandad, no hay un momento histórico de mayor persecución contra los cristianos que el actual.

En esto debemos pensar cada vez que se nos ocurra quejarnos por nuestra situación, la próxima vez que pensemos que nosotros, por ser de este grupo de cristianos o del otro, tenemos más derecho, más razón. Nosotros, en España, en Europa, tenemos libertad de ser o dejar de ser lo que queramos. Más nos valdría, por la memoria de los que han caído para conseguirlo, por amor y respeto a quienes no lo tienen, estar más unidos, concentrarnos en la meta, en el fin, en lo más importante y dejarnos en paz de tantas tonterías, discusiones inútiles, separaciones vacías, de alimentar nuestros propios egos y nuestros bolsillos. Porque para esto hemos sido llamados. 

Y acordémonos un poco más de aquellos que sufren en nuestras oraciones y en nuestras vidas.

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