viernes, 23 de septiembre de 2011

Personas


A menudo paseando entre la gente me siento pequeño, uno más entre millones de personas que llenan mi ciudad, mi país, mi mundo. Me fijo en los hombres, las mujeres, los niños y los ancianos con los que me cruzo, cada uno es tan diferente y a la vez tan similar al anterior. Casi 7 mil millones de personas en esta pequeña mota de este rincón insignificante de una de las miles de millones de galaxias que forman el universo.

Sin embargo, cuando pienso en tanta gente, en los que me encuentro por la calle, en los que veo por la televisión, no puedo evitar el pensar que no solamente son millones de personas, que son millones de maneras de ver la vida, de pensar, de sentir, que son millones de mentes como la mía, como esta que se plantea estas inquietudes. Para mí la vida tiene una interpretación, yo tengo una mente que pasa todo por un prisma que genera mi propia realidad, pero el caso es que tantísimas personas tienen también esos mismos recursos, millones de prismas interpretando una misma realidad. Ciertamente esto es algo que me fascina al mismo tiempo que me hace sentir pequeño ante la ingente cantidad de puntos de vista, de problemas, de desilusiones, de esperanzas, de creencias, de estupideces o de proyectos que puedo estar divisando solamente con abrir los ojos en un paseo por la calle.

Y sabiendo y siendo consciente de solamente una manera de ver la vida y de interpretar lo que veo a mi alrededor, es decir, la mía, me pierdo muchas veces. A todos nos ha pasado más de una vez y de dos el no poder dormir por algo que nos atormenta, por algo de lo que nos arrepentimos, de una ocasión perdida, incluso de la ilusión de algo que esperamos que ocurra al día siguiente, o por algo que no sucedió tal y como pensábamos, inclusive por extrañar alguna persona, o alguna situación. Al menos esto es algo que me pasa a mí. Muchas son las ocasiones en que me planteo y me replanteo todo con la sola compañía de una almohada, como antes decía, son muchas las ocasiones en que, en la soledad de mi mente, me pierdo.

Y esto me hace pensar en qué ocurrirá con el resto de las personas. Banqueros, policías, profesores, jubilados, multimillonarios, indigentes; incluso con los ladrones, asesinos, premios nobel, cosmonautas... Todos y cada uno de ellos tendrá su momento de soledad, en que se plantearán hasta qué punto su paso por este planeta está mereciendo la pena. Me imagino a alguien que teóricamente lo tiene todo meditando acerca de su ruina personal, me imagino el orgullo de alguien que teóricamente no tiene ni para llegar al fin de mes al sentir que es completamente feliz con un abrazo de aquella persona que ama.

Tantas mentes, tantas conciencias, tantos problemas, tanta miseria, tanta humanidad, tanta felicidad, tanta desgracia, tanta imaginación puebla las calles que nos rodean. Cuando paseo y veo a la muchedumbre, me imagino que me cruzo con alguien que va pensando algo parecido a mi planteamiento, y se para a pensar en lo que pueden estar viviendo, pensando o sintiendo las personas anónimas con las que se cruza, y quizá pare en mi, y se pregunte qué pensará este chico, qué se planteará, si habrá una persona que merece la pena detrás de mi piel.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Carta


Ya son muchos los años que han pasado. Tantos segundos, tantos momentos, tantas decepciones y tantas alegrías. Y aún así, puedo decirte, sin miedo a equivocarme, que jamás ha cambiado mi forma de verte, de sentirte, de amarte.

La verdad es que no es nada fácil el ver cómo, después de tantas cosas que hemos vivido juntos, tanto como te he dado, tanto como me he volcado para que fueses feliz, para que cumplieses tus más altos sueños, no pasa un día sin que desprecies mi nombre, sin que escupas en mi corazón, sin que sales las heridas que tú hiciste. Es duro ver cómo me intentas engañar, sabiendo de sobra que no puedes. Es difícil el saber como sé lo poco que te importa todo el amor que te he dado desde el primer día, sin excepción. Sin duda, es algo que me hace mucho daño.

No hay un día, no pasa un minuto, sin que te eche de menos. Desde lo más profundo de mi corazón te anhelo. Desearía que fueses capaz de comprender la profundidad del amor, de la pasión que siento por ti. He demostrado miles de veces lo mucho que me importas, todo lo que he estado y estoy dispuesto a hacer por ti. Cada día mi deseo más ferviente es que vuelvas, que cada amanecer vengas conmigo, que me hables, que me cuentes tus inquietudes, tus problemas, tus dudas. Que cuando me necesites puedas descansar en mi pecho, que puedas descargar tus lágrimas sobre mis hombros, que puedas escucharme mientras te digo con mis propios labios cuánto te amo. Deseo tenerte entre mis brazos y que nada de lo demás importe, que puedas descansar de tu fatiga, de tu dolor, de tus fracasos; que puedas descansar a mi lado. 

Sé que muchas veces sientes que no vales, probablemente tanta gente gritándote a diario lo desastre que eres, lo inútil, lo poco que sirves haya afectado a lo que sientes. Quiero decirte que eres una persona preciosa, que nadie en todo el mundo es más valioso que tú. Sabes que he dado mucho por tenerte cerca, por hacerte sentir quien realmente eres, he dado mucho y no dudaría ni un momento en dar más, en dar lo que fuera por volver a sentir el calor de tu alma cerca, acurrucado en mis piernas.


No dudes en ningún momento que nadie podrá amarte como yo, que nadie te comprenderá como yo, que nadie te hará sentir como yo.

Espero que esta carta llegue a su destino, que no es sino tu corazón, la parte más profunda y sensible de tu pequeño corazón de piedra. Espero que pueda reblandecer un corazón arrugado y pueda volver a transformarlo en el gran corazón tierno que quiero tener cerca por siempre. Mis manos, mis brazos, mi casa y mi corazón siguen estando abiertos para ti, siempre lo han estado.

Pero también hay algo que quiero que comprendas. Ahora mismo es el momento perfecto para que vuelvas a mi lado, para que dejes de lado todo aquello que te impide estar conmigo para siempre, es ahora. Pero no siempre estará esta invitación abierta. Puede que llegue el día en que sea demasiado tarde, y te arrepientas amargamente por haber perdido la oportunidad de tu vida, puede ser que, para cuando hayas decidido que merece la pena volver a mi lado, la invitación haya expirado. No es una broma, deseo con todas mis fuerzas tenerte cerca, pero no estaré aquí esperando por siempre.

Eres mi especial tesoro, eres aquella persona que quiero tener cerca para siempre. Deseo fervientemente que cuentes conmigo, que dejes todo para seguirme a mi, que te dejes caer en mis brazos para disfrutar de mi amor, de mi compañía, de mis caricias por siempre. No lo olvides nunca, y no tardes en acudir a mi llamada.

Te amo.




Dios.

Jeremías 31:3
Juan 3:16
Isaías 43:4

domingo, 4 de septiembre de 2011

Vista


Asomo mi mirada por la ventana y hay un color que inunda mis ojos. Verde. Eterno verde de las hojas, de los árboles, de las montañas. El viento mece cada hoja de una manera particular, cada una sigue su propio baile. Cuando miras más de lejos, los árboles mueven su tronco al compás de la brisa, cada uno con sus pasos. Cuando miras más lejos, la regia montaña inundada de verde domina el paisaje impertérrita, imponente. Todo ello verde, cada hoja, árbol, bosque o monte de uno propio, a cada mirada descubres que están mezclados con un tono nuevo, que el pintor de esta brutal obra no ha escatimado en contrastes, en detalles. Nada es igual, todo es un espectáculo.

Pero si subes la mirada al cielo, es el azul el que reina. Una serie de efectos ópticos, físicos y químicos que desconozco son los que hacen que nuestro cielo sea azul. Un tono diferente en cada punto, mezclado con el blanco o el gris de una nube, más claro cuanto más cerca al sol estés mirando, sembrado de aves que recorren la inmensidad del infinito con sus coloridos plumajes. Y esto es solamente en este momento, porque a lo largo del día, el cuadro cambia totalmente. Ya los artistas del pasado han quedado fascinados y lo han intentado plasmar en sus obras. Este cielo, esta inmensa masa azul con tantos detalles es solamente una de los miles de obras que caben en un mismo tapiz. Con un mundo en cada ojo. En la noche el color dominante es el negro. Un negro dañado, roto, cascado por miles de luces lejanas. Cada estrella es testimonio de una bola ardiente tan enorme que no sabemos imaginar en un lugar tan lejano que no podemos alcanzar. Y miles de ellas forman un espectáculo tan brutal que no podemos abarcar. Las noches de verano tumbado buscando estrellas surcando el cielo bajo un mando de galaxias que te aplasta son el testimonio de este cuadro, cada día diferente, en cada ojo, en cada lugar de la tierra.

Y cada lugar, cada situación en nuestra vida está dominada por un cuadro, algunas más bellas que otras, pero todas únicas. Los campos de cereal mecidos por el viento mostrando tantos tonos que apenas podemos distinguirlos. La sonrisa ilusionada de un amigo con las lágrimas surcando su rostro que muestra la satisfacción de un sueño imposible cumplido. La belleza contenida en un banco sobre el que se sientan dos enamorados cuyo amor adolescente sobrepasa ya las bodas de oro. Un Peugeot 206 volcado en medio de la carretera en medio de la negra desesperación de una noche funesta. El brillo en los ojos de unos padres que se sienten orgullosos de su hijo. La luz y la claridad que inundaban la más profunda noche de aquel día en que todo parecía perfecto. La vistosidad y el colorido de un rico guiso cuando te ataca el hambre. El ligero tono rojizo en los jóvenes pómulos de una adolescente que acaba de escuchar las tan deseadas palabras de los labios de su amor.

Cada momento es un cuadro único. Algunos preciosos, otros no tanto. Pero son tantos los matices, es tanta la riqueza que percibimos por estas dos ventanas que abren nuestro interior al mundo que no podemos por menos que disfrutarlo todo lo que podamos, que atesorar en la pinacoteca de nuestra memoria estas obras de arte, tanta belleza. Pero también debemos ser conscientes de quién es el artista. Aquel que ha creado tanta perfección, tanta sublimidad, tal esplendor. Y no solamente ser conscientes, sino también saber ser agradecidos. La vista es un regalo, un precioso regalo que debemos aprender a reconocer. El gran pintor de la naturaleza hizo una soberbia labor en el bastidor de nuestros ojos, solo tenemos que abrirlos y fijarnos para admirarla.

lunes, 22 de agosto de 2011

Agnus Dei

Así ha sido desde el principio, la ley es así y nadie puede saltársela, absolutamente nadie. La justicia debe ser satisfecha pase lo que pase.



Hace miles de años, en los albores de los tiempos, hubo dos humanos, un hombre y una mujer, que decidieron desobedecer a Dios y dar la espalda a su situación privilegiada en virtud del conocimiento del mal. Y el conocimiento trajo consigo un cambio drástico, una inclinación innata hacia la oscuridad, una esclavitud hacia aquel que les engañó.

Este acto fue el pistoletazo de salida del plan de rescate más importante, inmenso y planificado de toda la historia. La desobediencia al Creador, al Santo Dios, al Perfecto Padre; fue como si aquellos que hasta entonces habían disfrutado de todas sus bondades y de todos sus regalos, estuvieran escupiendo a la cara del Rey del Universo, y un Juez Justo no podía dejar aquello impune, porque entonces dejaría de ser justo, y Dios nunca deja de ser, Él es el mismo por siempre. Alguien debía morir, así era la ley y así debía ser satisfecha la ira del Gran Monarca.

Así que Él mismo fue quien llevó a cabo aquella primera propiciación. Mató animales con los que fabricó ropa para cubrir la desnudez de aquellos dos humanos que acababan de descubrirla, además de comenzar la línea genealógica que llevaría directamente a la solución última, a la culminación gloriosa del plan de rescate. Y fue Él mismo quien dio la pauta de lo que deberían hacer de entonces en adelante. La justicia de Dios debía ser satisfecha, y “sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados”. El pecado debe ser pagado con sangre, con muerte, así debía ser, y esta ley debía ser cumplida por encima de todo y de todos.

La línea sucesoria continuó su andanza a lo largo de los siglos, y prueba de ello es el énfasis que pone en esta línea El Libro, a la que da una importancia casi escrupulosa.

Pero el plan debía seguir su rumbo, conservando esta línea y dando los siguientes pasos para conseguir el rescate y pagar la pena, para conjugar el amor con la justicia. Y así nació el pueblo de Israel, el pueblo escogido para llevar a cabo este plan, para dar el siguiente paso. A ellos les dio una serie de instrucciones muy precisas que tenían que cumplir para poder continuar en esta situación de paz con ellos, para que la justicia pudiera ser satisfecha aún en medio de su maldad. Los sacerdotes eran los encargados de cumplir estos ritos, en los que la ley era la misma, el derramamiento de sangre cubre los pecados, sin muerte no hay perdón. Pero aquí se incluyó otro avance, otro paso muy importante, por primera vez desde que Adán y Eva salieran del Huerto del Edén, varios milenios atrás, Dios habitaba en medio de ellos, la presencia palpable y profunda de Dios estaba con ellos, en el tabernáculo y después en el Templo, en el lugar santísimo, con un velo separando este lugar del de los hombres para que su santidad, su justicia perfecta, no les destruyera.

En medio de este sistema, de este punto del plan, nació un muchacho en la familia de Judá, un chico que fue ungido como rey siendo apenas un adolescente y que llegó a ser el rey más importante de Israel, David, hijo de Isaí. Él es uno de los eslabones más importantes que unen el Edén con el Calvario. Dios le prometió que aquel que traería la paz, que el rey que traería el perdón sería su descendiente. Y mientras seguían pasando los siglos, los milenios, y el plan maestro seguía su andadura, los corderos seguían siendo los sustitutos, su muerte y su sangre seguían siendo necesarios constantemente, el plan aún seguía incompleto.

Pero incluso con toda esta maquinaria de sacrificios, los esfuerzos humanos, aún bajo el mandato divino, no era suficiente. Pretender tapar tanta maldad, tanta perversión, tanto pecado tan inmenso con la sangre de simples corderos, no era bastante, no era suficiente. Era como intentar pagar un palacio con una moneda.

Y entonces fue cuando llegó la culminación del plan. El momento más arriesgado. No fue una imagen, un holograma de Dios lo que se presenció para cumplirlo. Ni siquiera un ángel, por mucho rango que tuviera. Fue Dios mismo quien vino a completarlo. Y no fue ningún paseo por la Tierra, siendo Dios, se hizo siervo, siendo Rey, se hizo esclavo, siendo eterno, se enfundó en un cuerpo humano, con todo lo que eso conlleva. Pero ahí no terminó. La justicia divina seguía sin ser satisfecha, y la última jugada de esta partida cósmica debía ser presentada. Los corderos terrenales cubrieron durante un tiempo los pecados de los hombres, pero ni era una solución definitiva ni suficiente, de hecho, si eran aceptados por Dios era porque apuntaban a esta última escena, a este último cuadro. El mismo Juez era el único que podía cumplir esta pena tan grande que habíamos contraído con Él. Nadie más podía.

Y así fue reconocido por Juan el Bautista cuando le bautizó y dijo: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

La sangre del mismo Dios derramada hasta la última gota fue la mayor victoria de toda la historia. A menudo recordamos aquellos momentos como una derrota, como un luto, como algo a lamentar. Dios vino a morir, Jesús era el cordero de Dios, y vino a ser sacrificado, a tomar en sus hombros el peso del pecado y pagarlo enteramente.

Y la prueba de que Dios aceptó su sacrificio fue que en ese momento, cuando exhaló por última vez, el velo que separaba la presencia de Dios del mundo fue roto, fue rasgado de arriba a abajo. A partir de entonces, ya estaba pagado, la deuda estaba saldada. Había sido consumado. Ya nada nos separaba de Dios, ya teníamos acceso a Él libremente, sin limitaciones ni intermediarios.

Y este Cordero no se quedó en la tumba, después de pagar la pena, después de reconocer que todo estaba hecho y que Él mismo aceptara como perfecto y suficiente el pago, resucitó de entre los muertos, y hoy está preparando un lugar donde podamos disfrutar de esta culminación, de esta paz con Dios para siempre, todos los que acepten este sacrificio.

La ira de Dios ya está calmada, el precio está pagado, la deuda ha sido satisfecha. Ahora solo queda una invitación, aquella que Jesús, el Cordero de Dios, hace. Él pagó tu pena para que tú no tuvieras que hacerlo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Construido para creer en lo trascendente

Los resultados de un proyecto internacional de investigación de tres años de duración, realizado en 20 países y dirigido por dos académicos de la Universidad de Oxford sugieren que  el ser humano tendría una tendencia natural a creer en dioses o agentes sobrenaturales, así como en la vida después de la muerte.

Estudios realizados con niños y adultos revelaron, por ejemplo, que personas de muchas culturas distintas creen instintivamente que su mente, su espíritu y su alma seguirán existiendo después de morir. A raíz de estos hallazgos , los investigadores concluyen que la religiosidad existe para favorecer la cooperación social y que nunca será fácil erradicarla , porque en ella hunde sus raíces el pensamiento humano.

Un proyecto internacional de investigación de tres años de duración y dirigido por dos académicos de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, ha descubierto que el ser humano tiene una tendencia natural a creer en dioses o agentes sobrenaturales, así como en la vida después de la muerte.

Según publica la propia Universidad de Oxford en un comunicado , el proyecto implicó a 57 investigadores, que realizaron más de 40 estudios independientes, en un total de 20 países . Los países escogidos eran representantes tanto de sociedades tradicionalmente religiosas como de sociedades generalmente ateas. De esta forma, la investigación ha abarcado un amplio espectro de culturas y perspectivas.

 A partir de los resultados obtenidos en dichos estudios (que fueron tanto analíticos como empíricos),  los científicos concluyen que los seres humanos están predispuestos a creer en un dios o dioses y en la vida después de la muerte, y que tanto la teología como el ateísmo son respuestas razonadas a un impulso que es básico en la mente humana.

Los investigadores señalan que el proyecto no fue realizado para probar la existencia o no de Dios, sino para tratar de comprender si conceptos como el de la divinidad o la vida después de la muerte pueden ser enseñados o, por el contrario, son expresiones básicas de la naturaleza humana.

Con esta finalidad,  “The Cognition, Religion and Theology Project”, como fue bautizada la iniciativa, aplicó una metodología multidisciplinar. La investigación ha combinado así en su desarrollo la antropología, la psicología, la filosofía y la teología.

Los hallazgos obtenidos serán publicados en dos libros escritos por Justin Barrett, investigador del Centre of Antrophology and Mind de la Universidad de Oxford y co-director del proyecto.
 
Fuentes: tendencias21
© Protestante Digital 2011

miércoles, 3 de agosto de 2011

I will be here

La canción que os dejo hoy es mucho más que especial para mi. La conozco desde hace 11 años y desde entonces ha sido una de mis preferidas. El caso es que el año pasado, tuve el enorme privilegio de preparar y dirigir la ceremonia del enlace matrimonial de mi hermano David con Kimberly y escogí hacerles el regalo de cantársela acompañado al piano por un amigo y con una colaboración especial de otro.

Mientras espero a aquella a quien se la cantaré un día, si Dios quiere, os dejo con esta preciosa canción de Steven Curtis Chapman y con la traducción que he hecho al castellano. Si veis algún fallo, por favor, decidmelo.

Espero que os guste tanto como a mi.



I will be here

Tomorrow morning if you wake up
And the sun does not appear,
I will be here.

If in the dark we lose sight of love,
Hold my hand and have no fear,
‘Cause I will be here.


I will be here when you feel like being quiet;
When you need to speak your mind, I will listen.
And I will be here when the laughter turns to crying;
Through the winning, losing, and trying, we’ll be together,
‘Cause I will be here.

Tomorrow morning if you wake up
And the future is unclear,
I will be here.

As sure as seasons were made for change,
Our lifetimes are made for this years,
So I will be here.


I will be here, so you can cry on my shoulder;
When the mirror tells us we’re older, I will hold you.
And I will be here to watch you grow in beauty,
And tell you all the things you are to me;
I will be here.

I will be true to the promise I have made,
To you and to the One who gave you to me.

Just as sure as seasons are made for change,
Our lifetimes are made for this years,
So I, I will be here.
We'll be together and i will be here.




(Traducción)



Mañana por la mañana, si te despiertas
Y el sol no aparece,
Aquí estaré.

Si en la oscuridad perdemos de vista el amor,
Toma mi mano y no tengas miedo,
Porque aquí estaré

Aquí estaré cuando quieras estar callada;
Cuando necesites hablar de ti, escucharé.
Y aquí estaré cuando la risa se torne en llanto;
A través de la victoria, de la derrota, del intento; estaremos juntos,
Porque aquí estaré.

Mañana por la mañana si te despiertas
Y el futuro no es claro,
Aquí estaré.

Tan seguro como que las estaciones se hicieron para el cambio,
Nuestras vidas están hechas para estos años,
Así que aquí estaré.

Aquí estaré, y puedes llorar sobre mi hombro;
Cuando el espejo nos diga que somos más viejos, te sostendré.
Y aquí estaré para verte crecer en hermosura,
Y decirte todas las cosas que eres para mi;
Aquí estaré.

Seré fiel a la promesa que te he hecho,
A ti y a Aquel que te dio a mi.

Porque tan seguro como que las estaciones se hicieron para el cambio,
Nuestras vidas están hechas para estos años,
Así que aquí estaré.
Estaremos juntos y aquí estaré.

martes, 2 de agosto de 2011

Sacerdote, profeta y rey

El el capítulo 3 del libro de Números queda legislado algo que, aunque en ese tiempo no tuvo repercusión alguna, en el futuro sería causa de la caída de una familia real y de la desgracia de toda la casa. El sacerdocio, con todas sus tareas y todos sus derechos, durante toda la historia de Israel, sería tarea de la familia de Aarón y sus descendientes, de la tribu de Leví.

Esto significaba que un extraño no podría ser sacerdote, y también, como se exigía dedicación absoluta, un sacerdote no podría ostentar otro cargo. El pasado 5 de julio hablaba de los dos primeros sacerdotes que nombra la Biblia, Melquisedeq y Jetro. Ninguno de ellos era judío y a pesar de eso, son sacerdotes del Dios Altísimo, según dice Génesis y Éxodo, respectivamente. Melquisedeq, el primero de ellos, según leemos en el capítulo 14 de Génesis era rey y sacerdote, a lo que le podemos sumar el papel de profeta, según se puede intuir en el texto.

Estos tres papeles eran los que tenemos en la Biblia. El rey era el que gobernaba al pueblo, el sacerdote el que ponía al pueblo en paz con Dios y el profeta trasmitía la voluntad de Dios al pueblo. Este personaje que los aunó, Melquisedeq, rey de Salem (Jerusalén), vivió antes de esta ley, por lo tanto, no existe ningún problema.

La familia a la que me refería que cayó en desgracia, fue la de Saúl, el primer rey de Israel, que fue desechado por Dios, y una de las principales razones fue la de querer cumplir el papel de los sacerdotes siendo rey y perteneciendo a la tribu de Benjamín. Por su pretensión trajo la ruina a toda su familia y a todo el pueblo.

Su sucesor fue David, el gran rey de Israel, el pastor poeta, el niño asesino del gigante. Él fue la primera gran excepción a esta norma. David llegó a ser rey de todo Israel. Dios dijo de él que tenía un corazón conforme al suyo, que de su descendencia vendría el tan esperado mesías, el enviado de Dios que salvaría a su pueblo de sus pecados. Pues bien, David, siendo rey, cumplió funciones de sacerdote, además de ser él mismo un profeta. Él fue el segundo personaje en la Biblia que aunó los tres papeles. Además, conquistó la ciudad de Jerusalén de manos de los Jebuseos y aunó la capital política y la religiosa en ella.

Y aún hay un tercer personaje, uno que fue el gran sacerdote por haber cumplido perfectamente la redención de la humanidad con su propio sacrificio, el gran profeta, por haber hablado con sabiduría de Dios mismo y haber retirado el velo de una vez y para siempre, y que será el gran rey, una vez haya vuelto. Este personaje es Jesús. Y también convertirá a Jerusalén en el centro de su reino.

Es muy curioso cómo estos tres personajes aúnan el plan de Dios para el hombre, que estemos en paz con Él, que tengamos una relación con Él y que vivamos en paz con el resto de los hombres. Pero también me parece muy curioso cómo estos tres personajes tan especiales tienen una relación tan estrecha con la ciudad de Jerusalén.

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