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lunes, 21 de abril de 2014

I see love

THIRD DAY, STEVEN CURTIS CHAPMAN & MERCYME
I SEE LOVE

Algunos ven a un maestro
En pie sobre una colina
Hablando con sabiduría.
Algunos ven a un sanador
Extendiendo su mano
Para dar vista a un ciego.
Algunos ven a un soñador
Gastando su vida
En lo que nunca podrá ser.
Algunos ven a un tonto
Muriendo por sus sueños.

Pero yo veo amor,
Veo amor
Luz de los cielos atravesando.
Veo gracia,
Veo el rostro de Dios.
Brillando con amor puro y perfecto.
Cuando te veo,
Veo amor.
Algunos ven a un prisionero,
Solo ante su juicio,
Sin nadie que lo defienda.
Algunos ven a una víctima,
Mordida y abusada,
Con todo el mundo en su contra.
Algunos ven a un mártir,
Cargando con su cruz
Por lo que cree.
Algunos ven a un héroe
Que libera a su pueblo.

Pero yo veo amor,

Veo amor
Luz de los cielos atravesando.
Veo gracia,
Veo el rostro de Dios.
Brillando con amor puro y perfecto.
Cuando te veo.

Con tu último aliento, veo amor.
En tu muerte, veo amor.
Veo paz en los ojos del Rey.

Veo esperanza en Tu sufrimiento.
Veo la calma en medio de la tormenta
Veo al Salvador.


Algunos le ven saliendo de una tumba vacía.

miércoles, 2 de abril de 2014

Sola Fide

Hace unos años, escribía una entrada en la que planteaba que solamente había dos clases de religiones, en la que el hombre tiene que hacer algo por acercarse a Dios y, por así decirlo, tiene que cumplir con una serie de preceptos y ritos para impresionar lo suficiente a la deidad como para que le haga digno de ser salvado, y en la que el hombre no puede hacer nada, no tiene manera de impresionar a Dios, ni de pagar la tremenda deuda que tiene pendiente con su Creador, y tiene que depender de lo que haga Dios.

Ahí es exactamente donde nos posiciona la Sola Fide, eso es lo que hace del cristianismo bíblico, es decir, aquel que sigue anclado en la Sola Scriptura, diferente a todo el resto de las religiones, a todo lo demás. Eso es lo que hace de la Biblia los únicos escritos sagrados que presentan como ciertos la segunda religión de la que hablábamos.

Sola Fide es una frase latina que significa Solo por la Fe. Y esto es algo completamente revolucionario, algo que no tiene que ver con ninguna religión que haya surgido antes o después, y algo que va, de manera absoluta, en contra de la naturaleza humana. Porque lo que dice es que nuestra salvación es obtenida con el único requisito de nuestra fe, nada más es necesario.

Cuando hablaba acerca de las dos religiones, decía que “así se podrían resumir todas y cada una de las religiones que hay en el mundo. En esencia son todas la misma. Hay algunos cambios en cuanto a algunas cuestiones, como por ejemplo, unas se basan en unos escritos y otras en otros, algunos toman como base la Biblia, otros el Corán, el Talmud, el Libro del Mormón, el Rig Veda o el Tipitaka son algunos de ellos. Otros ni siquiera se basan en ningún libro. Unos creen que llegarán a trascender, a convertirse en dioses, otros afirman que todos somos dios, o que dios está en todas partes, o que todo es dios, otros dicen que no hay dios, y solo hay una fuerza que mantiene todo. Todo esto son detalles, detalles más o menos importantes, pero la base de esta religión universal es la misma, que debemos hacer algo para obtener algo. Ahí está la clave de todo. En llegar a ser lo suficientemente buenos, o santos, o a saber suficiente, o a ser lo suficientemente “algo”. Si lo logramos, tendremos algo mejor, ya sea Nirvana, ir al cielo, convertirnos en dioses en otros planetas, o ser uno con la Madre Tierra. Los artificios y los detalles no cambian la base de la religión, el hacer algo para obtener algo.”

El ser humano necesita tener la impresión de que controla su propio destino, que es el único escritor del libro de su vida y que no depende de nadie. Es por eso que hemos creado todas estas religiones, para sentirnos seguros, para sentir que nos estamos mereciendo algo mejor. El problema es que, como muchas veces he dicho, y la Biblia se empeña en recordarnos una y otra vez, Dios no puede ser engañado, Dios no va a ser comprado por nuestras buenas obras, el Juez Justo no va a hacer otra cosa que Justicia, y tú y yo saldremos mal parados, más específicamente, saldremos parados al infierno eterno.



Esto no es una invención mía, ni siquiera de los reformadores del s. XVI que vindicaron esta afirmación. Esta es una verdad profundamente arraigada en la Biblia, basta con leer los tres primeros capítulos de Romanos, el salmo 14 o el 51. El ser humano no tiene ninguna esperanza por sí mismo, y no hay nada que podamos hacer para lograr ganar nuestra salvación. Para que nos entendamos, nunca podremos ganarnos el cielo.

Pero el hecho de estar tan claro en la Biblia no es algo que sirva para que la Iglesia Romana se haya dado por aludida, y es por esto que protestaron con esta consigna los reformadores. Ellos dicen que hay una serie de sacramentos, de normas o rituales que, de ser realizados de la manera correcta, puede hacerte ganar puntos para ir al cielo, doctrina completamente opuesta a lo que nos enseñan las Escrituras.

Dios es justo, no puede permitir la maldad en absoluto, y nunca perdonará a nadie porque sí o porque le soborne con esta o la otra buena obra. Así que lo que pide del hombre nunca puede ser el que haga nada para ganarse la salvación. Pero, como ya he explicado muchas veces, Él mismo pagó la pena de nuestra maldad, el sacrificio perfecto, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, Cristo pagó lo que nosotros merecíamos. ¿Qué tenemos que hacer nosotros para apropiarnos de este regalo tan valioso? Nada, solamente creerlo (Hechos 16:31, Romanos 4:4-5, Romanos 5:8 Gálatas 2:16)

Fe, sola fe y nada más que la fe. Eso es lo que pide Dios de ti, nada más, nada menos. ¿Por qué? Porque Él ya lo ha hecho todo, porque la deuda está saldada, porque tratar de hacer más para tratar de ganar el cielo es decir que el sacrificio de Cristo no fue suficiente, y rechazarlo significa afirmar que puedes burlarte de Dios.


La salvación no es un premio, no es un pago. La salvación es un regalo. Para recibir un regalo, no tienes que hacer nada más que aceptarlo, solamente extender la mano y recibirlo. Así es la salvación que Dios ofrece, así es la salvación que enseña la Biblia. 

Sola Fide significa que hoy mismo, ahora mismo, puedes cambiar tu estado para siempre. Puedes pasar de ser enemigo de Dios a ser hijo de Dios por los méritos de Cristo, por el sacrificio de Jesús, el Mesías prometido, el Hombre perfecto, Dios hecho carne, a tu favor. Sola Fide, solo por la fe. Confía en Dios hoy, créele ahora, con tus problemas y tus dificultades, y dentro de mil años seguirás disfrutando de este regalo. 

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Por qué debería yo entrar al Cielo?


He tratado de ser una persona buena para con los demás, un hijo aceptable para mis padres, un hermano ejemplar con mis hermanos, un buen amigo con mis amigos. He intentado ser una mano extendida para ayudar a quienes me necesitaban, un oído que escuche los problemas sin juzgar a las personas, he buscado ser alguien de confianza, un hombro sobre el que llorar. Es cierto que he cometido mis fallos, pero he intentado que, al irme, quede un mundo mejor que el que encontré cuando llegué. Desde que soy pequeño voy a la iglesia. Puedo recitar versículos de la Biblia desde que medía la mitad de lo que mido ahora. Horas y horas de lecciones acerca de historietas de Abraham, Isaac y demás gente “santa”. “No robarás”, y he intentado no robar; “no matarás”, y no he matado a nadie; “no mentirás”, y lucho, al menos, contra mi impulso de mentir. He cantado más canciones acerca de Dios que la mayoría de las personas de mi edad ha cantado cualquier tipo de canciones. He sacrificado sueño los domingos por la mañana y horas de vida los sábados por la noche para ir a las reuniones. He buscado incesantemente a una mujer con la que compartir mi vida, y cuando la he encontrado, me he concentrado en conquistarla y en amarla con todas mis fuerzas, en que sepa cuanto la amo y en pulirme para ser el mejor Miguel Ángel posible para ella, en que sea feliz y que su vida tenga sentido a mi lado.

Por si eso no fuera suficiente, he vivido una vida “cristiana”, he dejado de lado muchos placeres para “servir a Dios”, he decidido darlo todo y confiárselo todo a Dios, mi vida, mi familia, mi futuro, mi alegría, mi esperanza. He estudiado durante años la Biblia y cómo seguir a Jesús para que él guíe mis pasos. He tratado de llevar unas relaciones sanas con todos los que me rodean. He intentado saber más y más de Dios. He apostado todo por el Evangelio.

No soy perfecto, está claro, tengo muchas “cositas”, pero no soy un Hitler, no soy un Osama Bin Laden, no he arruinado la vida a nadie, que yo sepa, no he matado, no he robado mucho, no he mentido sobre nada de vida o muerte. Cuando me comparo con otros mucho peores, me doy cuenta de que, al fin y al cabo, no he estado tan mal.

Y sin embargo, cuando me pongo a pensar en lo que pide Dios de mí en esta Biblia que he estudiado, cuando me paro a compararme con quien debería compararme, con Cristo, veo que he quedado tan descolgado del estándar que me declaro simplemente insolvente.

Cada día de mi vida, he buscado mi propio bien, mi propio beneficio, intentando sacar tajada de cada movimiento, tratando de ser el protagonista, el beneficiado, el jefe, el mandamás. En cada “buena acción” que, con la frente tan alta predico, solo hay un personaje importante, yo. Buscando dentro de mi propio ser, puedo encontrar que mis motivaciones para escuchar poco se separan de ser tenido como un buen chico y ganar puntos con esa persona a la que escucho, con Dios y con alguien más importante para mí mismo, yo. Pocas veces he escatimado una oportunidad de mentir para quedar bien, si sé que nadie me va a pillar, de hacer un favor a alguien sin esperar, realmente, nada a cambio, pocas han sido las veces que no me he enfadado cuando no he recibido el pago esperado, pocas las ocasiones en que he puesto a nadie ni nada por delante de mí.

Si me pongo a pensar fríamente, puedo ver que lo que hay dentro de mi corazón es maldad, y que siempre ha sido así. Que la única diferencia entre mí y otros que considero mucho peores que yo, es la falta de oportunidades para hacer el mal. Que todo lo que tengo, que todo lo que he hecho, que todo lo que he vivido, lo “bueno” que he sido, todos mis sacrificios, todas mis virtudes, todo de mí, puesto delante de Dios, es como basura, como estiércol, como nada, o como menos que nada. Que mi vida santa y piadosa, tantas veces, ha sido una mentira, una máscara roñosa y maloliente, que pretendía ocultar un corazón carcomido por el egoísmo y la miseria.

Que ¿por qué yo debería entrar al Cielo? No tengo ninguna razón, no tengo ningún mérito, no tengo ningún billete, no tengo nada que ofrecer. Mi destino, por justicia absoluta, está en el infierno, porque lo que yo merezco es la sentencia peor de todas, porque conociendo la verdad, demasiadas han sido las veces en que he decidido vivir revolcándome en la mentira. Lo siento, de verdad que lo siento, pero no puedo reclamar plaza en el Cielo, allí cualquiera merece más que yo, y cuando digo cualquiera, no me estoy dejando a nadie fuera. No, no puedo confiar en ningún mérito, no puedo agarrarme a ningún clavo ardiendo, no puedo recitar una lista de logros, no me ampara ninguna ley. Por mis propios méritos, estoy perdido.

Pero no quiero confiar en mis propios méritos, escojo no descansar en lo que pude hacer, ni en mis intenciones, ni en mi credulidad, ni en mi justicia, ni en mi santidad, ni en mis ganancias, ni en mi fondo de pensiones. Prefiero que se queme todo lo que he conseguido durante toda mi vida, que arda y que no se vuelva a saber de ello, para ir al Cielo no me vale de nada, no existe la manera de impresionar a Dios.

Hay alguien que vivió la vida que yo no viví, hay alguien que ganó todos los méritos, hay alguien que pagó todas las deudas, hay alguien que satisfizo la Justicia más alta, hay alguien que pagó el mayor sacrificio que pudo haber, la redención perfecta. Ese alguien es Jesús, el Mesías prometido, el Santo de Israel, el que es el Primero y el Último, el Rey de reyes, el Cordero inmolado, el Gran Vencedor, el Juez Supremo, el que es el Camino, la Verdad y la Vida, el Cristo, el Campeón, el Señor sobre cielo y Tierra, el Creador del Universo, el Grande, el Eterno. Y es en Su nombre, en Sus méritos, por Sus obras, por Su sacrificio, por Su misericordia inmerecida, que no voy a ir al infierno.

Sé lo que merezco en base a mis méritos, en base a mis ganancias, a mis pobres y ruinosos merecimientos, lo sé perfectamente. Pero es solamente gracias a Él y lo que hizo por mí que puedo decir con la claridad diáfana del agua cristalina, que no voy a pagar lo que merezco porque Él ya lo pagó, que he sido totalmente perdonado de mi maldad, de mi rebeldía, que he sido transformado desde dentro y liberado de mi ruina personal, que he sido comprado por el precio más alto, que mi vida y mi alma están escondidas en Su mano, que he sido adoptado por Dios y ahora soy Su hijo, y Él mi Padre. Sí, por Sus méritos y para Su gloria, sin importar lo que haya hecho o cómo haya sido, yo voy a estar con mi Dios para toda la eternidad, yo voy a ir al Cielo.

jueves, 25 de octubre de 2012

El Jesús no-cristiano


En otras ocasiones ya he tratado acerca de la figura histórica de aquel carpintero judío del primer siglo de nuestra era, que impactó tanto a sus marginales discípulos que literalmente cambió el mundo hasta el punto que si decimos que vivió en el primer siglo es porque precisamente contamos el tiempo a partir de su supuesta fecha de nacimiento. En otras ocasiones he explicado el por qué de mi plena confianza en que sus cuatro biografías contenidas en el canon bíblico, los evangelios. Pero hoy me gustaría cambiar un poco el chip, y hablar de lo que tienen que decirnos las gentes no cristianas ni afiliadas a ninguna “secta cristiana” primitiva.

Ya hemos hablado del ingente número de copias manuscritas a las que tenemos acceso de los evangelios y de la inmensa cercanía temporal entre ellas y los originales de estas biografías de Jesús, en comparación con cualquier obra escrita de la antigüedad. También hemos hablado de la impresionante igualdad entre estos manuscritos que nos han llegado de un 99,5%, lo que nos permite reconstruir con asombrosa precisión lo que dijeron los cuatro evangelistas en sus mismas palabras, literalmente. Pero esto no es lo único que tenemos acerca de este Jesús de Nazaret, acerca de este hombre humilde, de un rincón marginado y apartado del gran Imperio Romano, que revolucionó el mundo, cambió absolutamente todo, y tuvo la osadía de declararse Dios y demostrarlo con autoridad.

Es importante recordar que en el año 70 dC. los romanos sofocaron una tremenda rebelión de los judíos que llevó a la masacre de poblaciones enteras, a la destrucción de ciudades hasta los cimientos y a la devastación de cualquier elemento, edificio o personaje que tuviera alguna relación con el judaísmo o con la vida cultural de aquella región. Debido a esta situación tan dramática, sin duda, mucha de la evidencia que podría habernos llegado acerca del movimiento creciente que existía en aquellos años respecto a la figura de Jesús, fue destruida. Muchos testigos oculares de los eventos que relatan los evangelios fueron víctimas de aquellas guerras. Teniendo en consideración estos hechos, unidos al hecho de que Jesús vivió en una región apartada de este vasto imperio, como antes mencionaba, es muy sorprendente la cantidad de información que nos ha llegado acerca de este judío que dijo que era el Mesías esperado durante tanto tiempo. Algunas de estas informaciones, aparte de lo que nos ha llegado por los textos de la Biblia y por los primeros cristianos, son las siguientes:

Los judíos, primeros seguidores de Jesús, que también era judío, tienen algo que decir respecto a este personaje histórico. Tanto es así que en el Talmud Babilónico (Sanedrín 43ª) nos confirma la crucifixión de Jesús en la tarde de Pascua, también en este documento podemos encontrar acusaciones en su contra de brujería y de predicar la apostasía de la religión judía. El historiador judío Flavio Josefo, que presenció y escribió largo y tendido acerca de la guerra que devastó Judea en el 70 dC. nos escribió lo siguiente a principios del segundo siglo: “Ahora, había alrededor de este tiempo un hombre sabio, Jesús, si es que es lícito llamarlo un hombre, pues era un hacedor de maravillas, un maestro tal que los hombres recibían con agrado la verdad que les enseñaba. Atrajo a sí a muchos de los judíos y de los gentiles. Él era el Cristo, y cuando Pilato, a sugerencia de los principales entre nosotros, le condenó a ser crucificado, aquellos que le amaban desde un principio no le olvidaron, pues se volvió a aparecer vivo ante ellos al tercer día; exactamente como los profetas lo habían anticipado y cumpliendo otras diez mil cosas maravillosas respecto de su persona que también habían sido preanunciadas. Y la tribu de cristianos, llamados de este modo por causa de él, no ha sido extinguida hasta el presente.” (Antigüedades XVIII.33) En cualquier caso, no deja de ser sorprendente que no haya ni un solo testimonio negando la resurrección de Cristo, con lo fácil que habría sido para ellos el salir y negar este hecho, puntal básico para las doctrinas cristianas, para hacer que se viniera abajo esta "secta" que estaba naciendo de su seno y tantos quebraderos de cabeza les estaban dando al afirmar que su mesías se había levantado de entre los muertos. Esto no hace sino confirmar la exactitud de los relatos bíblicos.

Pero los judíos no son los únicos que tienen algo que decir acerca de este personaje que nos ocupa. Los romanos también nos dejaron algunos documentos que podemos usar para poner en relieve la figura de Jesús de Nazaret. El historiador Tácito, en el primer siglo, es considerado uno de los más precisos historiadores del mundo antiguo. Él menciona a los supersticiosos “Cristianos”, seguidores de "Christus", quien sufrió bajo Poncio Pilato y durante el reinado de Tiberio. Gaio Suetonio, otro historiador romano (70-160) secretario en jefe del emperador Adriano, escribió que había un hombre llamado Chrestus (o Cristo) que vivió durante el primer siglo (Annais XV.44) El historiador Talus es citado por Sexto Julio Africano en su obra en una discusión acerca de las tinieblas que siguieron a la crucifixión de Cristo, diciendo que en el libro III de su Historia explica la oscuridad como debida a un eclipse solar, pero aclara que eso sería imposible debido a que la crucifixión ocurrió en tiempo de luna llena, cuando no pudo haber ocurrido un eclipse. (Escritos Existentes, 18) Plinio el Menor registra las prácticas de adoración del cristianismo primitivo, incluyendo el hecho de que los cristianos adoraban a Jesús como Dios y eran muy éticos, e incluye una referencia a las festividades y la Cena del Señor (Cartas 10:96).

Luciano de Samosata, un filósofo y escritor griego del siglo dos, admite que Jesús fue adorado por cristianos, introduciendo nuevas enseñanzas y que fue crucificado por ellos. Explicó que algunas de las enseñanzas que este Jesús trasmitió a sus discípulos incluían la hermandad entre los creyentes, la importancia de la conversión y de negar a otros dioses. Los cristianos vivían de acuerdo a las leyes de Jesús, creyéndose a sí mismos inmortales y se caracterizaban por despreciar la muerte, la devoción voluntaria y la renuncia a los bienes materiales.

Mara Bar-Serapio fue un filósofo estoico que vivió en la provincia de Siria en el primer siglo de nuestra era. El trabajo de este filósofo solamente ha llegado hasta nosotros en forma de una carta que escribió a su hijo. Está carta se encuentra en el Museo Británico. En ella confirma que Jesús demostró ser un hombre sabio y virtuoso, que fue considerado por muchos como el rey de Israel, fue llevado a la muerte por los judíos y siguió viviendo en las enseñanzas de sus seguidores.

Además, contamos con los evangelios gnósticos y los apócrifos, de los que hablamos en otra ocasión, cuyo tema principal es la figura de Jesús de Nazaret.

En conclusión, una sorprendente fuente de información acerca de Cristo puede ser hallada de fuentes no cristianas en absoluto, y gran parte de las biografías “oficiales” puede ser autentificada solamente partiendo de esto que nos dicen los testigos de excepción que nos dan su punto de vista desde este mundo pasado ya hace dos milenios. Jesús fue llamado y proclamado como Cristo (Mesías) por sus seguidores y no pocos judíos de su época, así como por multitudes de gentiles (no judíos), hizo “maravillas” (milagros), enseñó a sus seguidores unas enseñanzas revolucionarias que cambiaron sus vidas y las de aquellos que las escucharan de boca de estos hombres y mujeres que anduvieron con Cristo, fue acusado por los judíos y crucificado en la tarde de Pascua por orden de Pilato, gobernador de Judea, a su muerte las tinieblas acabaron con el día, proclamó ser Dios, cosa que sus seguidores creyeron, adorándole como tal. Incluso tenemos detalles como la celebración de la Cena del Señor (eucaristía) y el bautismo.

En definitiva, existe una abrumadora evidencia de la existencia de Jesús, y una gran parte de lo que dicen los evangelios puede ser probada solamente contando con fuentes externas al cristianismo, sin contar evidencias internas textuales, documentales, forenses y arqueológicas. Pero seguramente la prueba más grande y más contundente de la veracidad de los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento se encuentra en las vidas de sus seguidores, entre los que se encuentran los 12 discípulos, y de aquellos que les siguieron a ellos en su adoración y servicio a este carpintero de Galilea, hombres y mujeres que sin ningún miedo estuvieron dispuestos a vivir sus vidas obedeciendo lo que Cristo les había mandado, incluso exponiéndose así a grandes peligros, y con mayor felicidad aún entregaron sus vidas como mártires por esto que creían. Ellos vivieron con el Jesús histórico, sabían cual era la verdad porque la vivieron en propia piel. Uno puede entregar su vida por aquello que le han contado que es verdad, aun siendo mentira, si lo cree firmemente, pero nunca entregará su vida por una mentira si sabe que lo es. No hubo un discípulo de Cristo, excluyendo a Judas Iscariote, que no estuviera a morir por declarar a Jesús como su Dios y Señor. La mayoría lo hicieron.

martes, 15 de mayo de 2012

Los dos deudores


Hacía poco leía un artículo (aquí os dejo el link) en el que nos habla de la triste realidad para miles de españoles, y es la de ser testigos de cómo el banco se queda con tu casa por no ser capaz de terminar de pagarla. Y es que los desahucios están a la orden del día. Veía en el telediario hace un tiempo el caso de una familia que había avalado con la casa que tanto les había costado pagar para que su hijo pudiera comprarse una casa. El hijo se había quedado en paro y ahora se habían quedado sin la casa que se estaba comprando el hijo y el banco les había desahuciado su casa también.

Son casos muy tristes, y lo más triste es que están a la orden del día. En este mismo artículo también dice que desde el 2007, 350000 familias se habían quedado sin hogar a causa de esta práctica. Y como todos sabréis ya de sobra, de nada vale que vayas al director del banco en cuestión a rogarle, a suplicarle o a arrodillarte delante de él para que no te robe tu casa. Él cobra o tú te quedas en la calle. Punto.

Pues bien, en la Comunidad de Madrid, una de las primeras en número de desahucios, Caja Madrid, es decir, Bankia, ejecuta más del 80% de estas operaciones que dejan en la más absoluta indigencia a familias enteras. Hasta aquí, algunos pensarán, no es todo tan injusto. Después de todo, ellos prestan el dinero para las hipoteca con unas condiciones, condiciones que los “beneficiarios” aprueban con todas sus consecuencias, el quedarse con el aval la entidad bancaria si no se puede pagar forma parte del contrato, no se lo inventa el señor banquero, podríamos decir que hasta ahí, por muy desastroso o incluso cruel que sea, estrictamente hablando se está haciendo justicia. El banquero es libre de hacer que la ley se cumpla, que de hecho lo hace, es libre de no tener misericordia con la pobre gente que se queda en la calle, las cosas como son.

Pero el tema no queda ahí. No es que solamente la pobre gente que pierde un piso tiene que suplicar misericordia ante los oídos sordos y metálicos de los banqueros, es que los banqueros también tienen que pedir misericordia ante otro oídos, oídos que son mucho más generosos con ellos de lo que ellos son con los que realmente lo necesitan.

Esto me recuerda a una historia que contó Jesús hace ya 2000 años, y que nos viene al pelo en esta situación. Esta historia la podemos encontrar en la Biblia, en el libro de Mateo, capítulo 18, versículos 23 al 34, permitidme que lo parafrasee para que se entienda mejor.

Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un presidente del gobierno, que quiso analizar la economía de su país. Y comenzando a analizarla, le fue presentado un banquero que le debía diez mil millones de euros. Mas a este, no pudiendo pagar, mandó su presidente echarle en la cárcel, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que pagase al estado. Entonces aquel banquero, postrado, le imploraba, diciendo: Señor presidente, ten paciencia conmigo, y yo lo pagaré todo. El presidente, movido a misericordia de aquel banquero, le soltó e hizo un fondo de rescate para salvar su entidad.

Y saliendo aquel banquero, halló a uno de sus clientes, que le debía cuarenta mil euros; y agarrándole, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes. Entonces su cliente, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso; sino fue, y le echó de su casa por no pagarle la deuda. Y viendo los periodistas lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon al presidente todo lo que había pasado. Entonces llamándole el presidente, le dijo: Banquero malvado, toda aquella deuda te perdoné y te rescaté con miles de millones, porque me rogaste: ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu cliente, como también yo tuve misericordia de ti? Entonces su presidente, enojado, le entregó a disposición judicial, hasta que pagase todo lo que le debía.

Creo que ha quedado bastante claro.

miércoles, 25 de abril de 2012

Si hubiera estado allí




 
 
Si hubiera estado allí, entre la multitud
que tu muerte pidió, que te crucificó.
Lo tengo que admitir, hubiera yo también
clavado en esa cruz tus manos mi Jesús, 
si hubiera estado allí.

Pensándolo más bien, también yo estaba allí.
Yo fui el que te escupió, y tu costado hirió.
Pensándolo más bien,
yo fui el que coronó de espinas y dolor
tu frente, buen señor.
También yo estaba allí.

Si hubiera estado allí, al pie de aquella cruz,
oyéndote clamar al Padre en soledad.
Lo tengo que admitir, 
te hubiera yo también
dejado así morir, 
mirándote sufrir.
Si hubiera estado allí.

Pensándolo más bien, también yo estaba allí.
Yo fui el que te escupió, y tu costado hirió.
Pensándolo más bien, 
yo fui el que coronó de espinas y dolor
tu frente buen señor.

Pensándolo más bien, también yo estaba allí.
Yo fui el que te golpeo, y de ti se burló.
Pensándolo más bien, yo fui el que te azotó.
Yo fui quien lanceró tu espalda, mi señor.

También yo estaba allí.

También yo estaba allí. 



Jesús Adrián Romero. Si hubiera estado allí.

miércoles, 11 de abril de 2012

Aquella semana V: La tumba vacía


Derrotados, atemorizados, afligidos, aturdidos. Su fe se había descompuesto, su esperanza había sido asesinada brutalmente, su vida había perdido completamente el sentido. Habían dejado sus trabajos para seguir a un maestro, habían dedicado todas sus vidas y sus esfuerzos a perseguir algo nuevo, algo diferente, algo que parecía lo más auténtico que habían visto en sus vidas.

El Mesías, nada menos. Hasta habían llegado a creer que era el mismo Dios hecho hombre el que había compartido el tiempo, el pan y la sabiduría con ellos. Las tormentas le habían obedecido, lo habían visto con sus propios ojos. Con la merienda de un chico, había dado de comer a miles de personas, y había sobrado aún más de lo que había en un principio. Este Jesús, había llegado a resucitar a su amigo Lázaro, había sanado a leprosos, a ciegos, a cojos. Ellos pensaban que siguiendo a este Mesías iban a encontrar la liberación, iban a triunfar, iban a destruir a los romanos que les oprimían, iban a ver descender fuego del cielo para eliminar a sus enemigos. Ellos pensaban que el trono de David iba a ser restituido y que el Hijo del Hombre reinaría desde Jerusalén. Ellos soñaban con sentarse a la mesa del rey, con ser los más cercanos a Dios. Incluso en su nombre habían sanado a enfermos, habían expulsado demonios, habían hecho milagros.

Pero todo se había acabado. Todo era mentira. La grandeza había caído al infierno con tanta rapidez que ni siquiera habían podido reaccionar. Cuando su maestro fue prendido, cuando vieron que le golpeaban, que era entregado a las autoridades. Cuando se encontraron en la encrucijada, huyeron. No podían hacer otra cosa. Si a él le habían matado, ellos serían los siguientes en caer.

Todas sus esperanzas estaban ahora en una tumba, listos para la sepultura. Había acabado. Era hora de bajar la cabeza, aceptar la verdad, volver a tomar la barca, tratar de no pensar y volver al mar a pescar para sobrevivir procurando no mencionar el tema si querían conservar la cabeza sobre sus hombros.

Pasado el sabbat, las mujeres fueron a preparar adecuadamente el cuerpo de Jesús muy de mañana. Había sido puesto en la tumba apresuradamente porque se acercaba el sábado, el día en que debían reposar, y estaba totalmente prohibido preparar el cadáver durante este día, así que traían todo lo necesario para que el cuerpo recibiera la mejor de las sepulturas. Pero según se acercaban, vieron que algo no andaba del todo bien. La enorme piedra que tapaba la puerta de la cueva que servía de tumba, había sido movida hacia un lado. Alguien había robado el cuerpo. Aunque pensaron que no podía ser así, la verdad es que aún la cosa podía ir más a peor. Cuando llegaron, corriendo, se confirmaron sus peores miedos. El cuerpo no estaba allí. Alguien había profanado el cuerpo del maestro. No era posible.

Entonces, un ruido a sus espaldas les hizo girarse. En cuanto lo vieron, cayeron al suelo de la impresión. Dos varones con ropas resplandecientes, rodeados de luz y de gloria, estaban allí donde, instantes antes, no había nada. No tuvieron la menor duda, eran ángeles. María, la madre del ajusticiado, ya había tenido una experiencia similar cuando Gabriel le anunció su concepción virginal. - ¿Qué hacéis aquí? – La potente voz que, aparentemente, aunque no vieron a ninguno de los varones mover los labios, salió de un ángel, las atemorizó aún más.

- Veníamos a rendir homenaje y a preparar para la sepultura a Jesús, el hijo de José.

- ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? – Las mujeres se miraron incrédulas, no era posible. – No está aquí, ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo cuando estaba en Galilea, que es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de pecadores, y que sea crucificado, y que resucite al tercer día.

Entonces todo cobró sentido. Fue en ese momento cuando la esperanza resucitó como lo había hecho Jesús, y con ella la fe, el futuro que soñaban. El Mesías, el Ungido, aquel que se entregó y fue entregado para pagar el castigo eterno que merecían, aquel en quien habían depositado toda su confianza y todas sus esperanzas, había cumplido exactamente lo que ya les había anunciado que haría, aunque no se hubieran dado cuenta hasta ese momento. Jesús aún vivió un tiempo con sus amigos, continuó enseñándoles para lo que vendría, preparándoles, alentándoles.

La cruz es el símbolo del Santo pagando por los malvados, el símbolo de la justicia satisfecha, de la misericordia derramada. Pero ciertamente no tendría ningún sentido sin la tumba vacía. La tumba vacía es el símbolo de la victoria sobre la muerte, es el sello Real puesto sobre la cruz. Es eso que nos dice que, sin ninguna duda, aquel sacrificio fue aceptado. Que Dios mismo dijo Está pagado. Es la prueba de que Jesús dijo la verdad, de que ese sacrificio es a tu favor.

La tumba estuvo vacía ese domingo. La esperanza renovada cambió las vidas de aquellos hombres atemorizados y escondidos, de esos que estaban dispuestos a callar y olvidar; y les convirtió en esos otros que hablaron valientemente, que llegaron al fin del mundo proclamando al Jesús resucitado, les convirtió en los valientes que cambiaron el mundo, que inundaron la Tierra con el amor del que estuvo dispuesto a morir en Getsemaní, les convirtió en los héroes que desafiaron al peligro, a las críticas, incluso a la muerte. Entre los cobardes que huían del peligro y los valientes que morían por amar a los demás hubo un acto crucial, uno que cambiaría el mundo para siempre. Una tumba vacía.

Y lo mejor de todo es que esa tumba sigue aún hoy en día vacía.

lunes, 9 de abril de 2012

Aquella semana IV: Muerto

Fue recibido con golpes. Cuando los guardias, guiados por su amigo, fueron a prenderle al huerto, le propinaron la primera paliza. Le ataron para que no se moviera, lo empujaron, lo patearon, le dieron puñetazos, golpes con el mango de la espada.

El ingente ejército de ángeles, dispuesto, que contemplaba aquello, no lo entendía, no daba crédito. Tenían prohibido intervenir, absolutamente prohibido, y venían a los soldados, azuzados por sombras, resarcirse contra Jesús, contra el Mesías, contra Dios hecho hombre, contra el Hijo. Ese día descubrieron lo que es la impotencia, lo que son las lágrimas mojando las mejillas.

El sufrimiento físico no fue sino en aumento durante ese funesto viernes. Ya con la cara desfigurada, el cuerpo lleno de moratones, el labio y la nariz rotos, fue sentenciado a sufrir la fustigación. 39 azotes con látigo. Pero no era un látigo normal, no. Era un látigo especial de tortura. Estaba hecho de tiras de cuero con bolas de metal entretejidas, que dieran mayor fuerza al golpe y provocaran contusiones, y en la punta tenían pedazos de hueso que se clavaban en la piel y la cortaban y la arrancaban. Tal era la crudeza de esta tortura que era normal que se le viera la espina dorsal, o incluso los órganos internos. Esto le hizo perder tanta sangre que le hizo entrar en un shock hipovulémico generado por la pérdida masiva de sangre y el dolor, en el que el corazón se acelera y bombea más rápido para tratar de contrarrestar la falta de sangre. Esto genera un fallo renal, para evitar la pérdida de líquido por la orina, una sensación de sed atroz y muchas veces el colapso y el desmayo.

Y fue en estas condiciones en las que tuvo que cargar con su propia cruz en el largo camino hasta el Calvario. Ahora, los golpes de la madrugada, el labio roto, no dolían en absoluto. Arriba, le esperaba la mayor tortura romana, la cruz. La muerte reservada a los peores criminales. Atravesarían sus muñecas y sus pies con clavos, triturando sus tendones y nervios. Apenas podía sostener su peso en la cruz, colgado. 

Pero al igual que los sufrimientos de la madrugada, los moratones, la nariz rota, no dolían al lado de los brutales latigazos, el dolor físico que sufrió no fue nada en comparación al dolor psicológico por el que pasó.

Ya en Getsemaní, sufrió hematidrosis, es decir, que el alto grado de sufrimiento psicológico hizo que se rompieran sus glándulas sudoríparas y literalmente sudó sangre.

Su propio amigo le entregó a esta muerte tan espantosa. Su madre tuvo que sufrir el ver a su hijo pasar por este trance, y él ser consciente; sus amigos más cercanos le abandonaron como a un perro en cuanto fue prendido. Las mismas multitudes que le aclamaban días antes, y le pedían que les salvara, ahora exigían su crucifixión, sin ser conscientes de la asombrosa consecuencia de esas dos reacciones. Fue acusado injustamente, con testigos falsos, con mentiras. Fue odiado sin motivo, fue sentenciado a la peor muerte posible por el fanatismo y la clara ceguera de sus conciudadanos.

Perdónalos, Padre. No saben lo que hacen.

Pero estos dos sufrimientos, el físico y el psicológico, no son absolutamente nada comparado con el gran sufrimiento que tuvo que experimentar Jesús, el sufrimiento espiritual, ese que no se puede recoger en pinturas ni en imágenes. El resto del sufrimiento, por sobrecogedor que nos parezca, no fue sino una pequeña picadura de un mosquito, comparada con la auténtica agonía de Cristo.

Desde siempre, el Hijo fue Dios, y como tal, fue Santo, Perfecto, Puro, Poderoso, Omnipotente. El nacimiento en Belén supuso un enorme sacrificio para Jesús. Se enfundó en un cuerpo mortal, pequeño, desvalido, de un niño. Dios se había acercado al hombre. Pero aún conservaba su santidad, su pureza, su poder y la relación con su Padre, con el que trataba siempre que podía.

Jesús se hizo culpable del pecado de toda la humanidad. Se hizo culpable de mi pecado, para que yo no tuviera que hacerlo. El Santo se hizo inmundicia, el Puro se hizo excremento. Absolutamente toda mala idea, todo asesinato, toda codicia, toda guerra, toda violación, todo el mal del mundo fue echado encima de Jesús, y él fue sentenciado y condenado como culpable. El Padre no puede tener comunión con lo impuro, así que su propio Padre celestial le dio la espalda en este momento tan crítico.

Pagó el precio más alto que se puede pagar, entregó su vida con todas las consecuencias. Sufrió la separación de Aquel con quien había estado unido para siempre para hacerlo.

En tus manos encomiendo mi espíritu.

Y fue entonces, con los ejércitos celestiales bajando la cabeza, absolutamente absortos, y las huestes demoníacas gritando victoria por la muerte del Gran Dios, cuando se hizo la oscuridad. Las tinieblas lo inundaron todo. Un gran terremoto removió los cimientos de la tierra. Jesús había muerto, y hasta el sol y la tierra se habían enterado.

El velo del Templo se rasgó en dos, mientras el centurión romano, al pie de la cruz, decía: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. La separación entre Dios y los hombres se había resquebrajado. Al fin se abría de nuevo el acceso al Padre, el acceso a la vida.

Pocos se dieron cuenta entonces. Jesús fue sepultado. Sus discípulos se dispersaron, se escondieron. Estaban asustados, aturdidos. Su maestro, el que durante tanto tiempo pensaron que les iba a liberar,  había sido asesinado de la manera más brutal.

Y llegó la noche. El cadáver, aún caliente, reposaba en su tumba. La guerra parecía perdida. La esperanza se había esfumado.

Jesús estaba muerto.

domingo, 8 de abril de 2012

Eterno



Ahí os dejo el vídeo y la letra de la canción Eterno de Praxiz. Que lo disfrutéis.


ETERNO- PRAXIZ

Sigo el hilo de la historia y solo te veo de prota,
y protado en argumento extraño, lo que llaman potra.
Y trotas con, contra-tormenta por verme y convencerme.
Habitar otro viaje con Verne al fondo del océano donde me hundo
donde oro.
Llegas en el último segundo como el gol de oro.
Sabes de mí, y aún así no esquivas la mirada
de mis palabras imprecisas sobre la Triada.
Tengo entrada libre, aunque la cuerda se tense
porque dejaste sin trabajo al forense.
Por contenerte cuento el tiempo antes y después de tu nombre.
Cosas del hombre, guardar lo valioso en un cofre.
Siempre me aceptas, me captas, me atrapas.
Pones el mapa, y los puentes que no pudo Calatrava.
Perdón por el desliz y la comparación,
si la cicatriz de mi muñeca me recuerda tu pasión.

Eres Eterno.

-I walk through the valley of the shadow of death is...-
(Ando a tráves del valle de la sombra de muerte es...)
-Dark, being dark with trust-
(Oscuridad, siendo oscuridad con confianza)

Eres Eterno

-I only have, I only have One Friend-
(Solo tengo, solo tengo Un Amigo)
-We feel like in Forever.-
(Nos sentimos como en la Eternidad)

Desde niño tuve la super boca como Cliver.
Conociendo tus caminos como Google Street Viewer.
Anduve en mi nube, tuve la “V” en mi mano.
Sube en mi aeroplano, sí.
Más cercano que un hermano, inmune al error humano.
Ya no hay temor, no. No hay en mi entorno más.
Llevan tu tortura de adorno, no.
Saben que me amas y perdonas.
No adornas la cruz, más famosa que la “M” de McDonald's.
Miro atrás en el desierto y veo allí mis pasos,
lo cierto es que son tuyos, pues me llevabas en tus brazos.
Lazos de amistad merece Aquel Superstar.
Sin un pastor que se preocupa por mi bienestar.
Se renueva tu apego a prueba de fuego.
Amigo invisible que no me toma a juego.
Mi ego se hace vulnerable.
Solo riego este jardín incontrolable.
Un jardín trepado por un cable,
no quieres que hable, solo pensamientos en voz alta.
Te ofrezco un altar de gratitud,
no por saldar mi falta.
¿Qué se deduce del más dócil de los doce?
Que el rezo no hace el roce,
no riza el que no te conoce.
Nací con la necesidad narcisa de mis flows,
Maté a mis ídolos como Axl Rose.
Y ahora ya no voy sin ver nada,
gobierna mi caverna tu linterna.
Esta amistad no es para siempre, es ETERNA.


Eres Eterno.

-I walk through the valley of the shadow of death is...-
(Ando a tráves del valle de la sombra de muerte es...)
-Dark, being dark with trust-
(Oscuridad, siendo oscuridad con confianza)

Eres Eterno

-I only have, I only have One Friend-
(Solo tengo, solo tengo Un Amigo)
-We feel like in Forever.-
(Nos sentimos como en la Eternidad)

¿Qué quedará cuando se apague el escenario?
¿Qué sistemas?
Solo Tú y tus poemas milenarios.
La lectura que libera,
por eso digo que cuando no trabajo o es festivo, libro. No, no.
¡Qué va!, no eres mera leyenda, te siento vivo.
O eso o soy el niño del sexto sentido.
Te cuento errores, afanes, temores.
Tú me cuentas planes, canciones
que no merezco saber, y lo sabes bien.
Me buscaste entre los hombres, escogido entre mil.
Me agregaste por mi nombre sin mirar mi perfil.
Me etiquetaste y vi mis frutos en tus fotos del futuro.
Ahora solo soy un feto sin maduro.
Cuelgas un mensaje en metáfora y mi muro se derrumba.
Me llenas y me siento vacío, como tu tumba.
Compartimos aficiones, humor, amor y fe,
a la vista de amistades que sé que, tal vez, perderé.


Eres Eterno.

-I walk through the valley of the shadow of death is...-
(Ando a tráves del valle de la sombra de muerte es...)
-Dark, being dark with trust-
(Oscuridad, siendo oscuridad con confianza)

Eres Eterno

-I only have, I only have One Friend-
(Solo tengo, solo tengo Un Amigo)
-We feel like in Forever.-
(Nos sentimos como en la Eternidad)

-Forever, forever, forever.
(Para siempre, para siempre, para siempre)

jueves, 5 de abril de 2012

Aquella semana III: Y los ángeles guardaron silencio


Las piezas estaban preparadas, la gran partida cósmica llegaba a su punto álgido. Millones de ángeles observaban curiosos, mientras aguardaban órdenes de algún tipo. Ellos habían sido testigos de toda la vida del Hijo en la Tierra, de la manera en que habían transcurrido los tres decenios que ya llevaba Dios mismo encarnado en forma de hombre. Habían recapacitado sobre cada palabra, sobre cada gesto, sobre cada milagro. Estaban anonadados, cada día era una lección nueva, y a cada lección se maravillaban más sobre los planes y la naturaleza de este Dios que pensaban que conocían y al que habían servido durante miles de años. Y ahora parecía que todo estaba a punto de cambiar, algo importante iba a ocurrir, y no querían perdérselo por nada del mundo. Millones observaban, preparados, boquiabiertos.

Ya había pasado la cena de aquella pascua. Aquella en que Jesús hizo tan extrañas sentencias que aún sus discípulos no entendían, aunque poco les faltaba para que fueran abiertos sus ojos. ...comed este pan que representa mi cuerpo partido por vosotros...bebed este vino que representa mi sangre derramada por vuestro bien... haced todo esto para recordarme, en mi memoria.

Millones de demonios aguantaban la respiración también. Para ellos esta iba a ser su oportunidad. Dios mismo se había encarnado al fin. Tras tantos intentos de impedirlo a lo largo de la historia, su Enemigo había llegado al fin al corazón de su creación. En eso habían fallado, no habían podido impedir que naciera, que creciera, que trasmitiera algunas de sus enseñanzas. Pero hasta aquí habían llegado. Uno de sus amigos, uno en quien confiaba, se había dejado seducir por las sombras, y le había entregado. Ya solo era cuestión de tiempo, el Hijo iba a ser asesinado, el Creador iba a perder la gran batalla, para siempre. Millones de bocas infernales se relamían de placer, ya casi podían saborearlo.

Y allí estaba. Arrodillado. El que había alimentado a las multitudes, sanado a los leprosos y resucitado a los muertos acudía ante su Padre como un niño pequeño. El Gran Señor sabía lo que venía, sabía que tenía que hacerlo, sabía que debía ser entregado. Hablaba con su Padre, le rogaba que, si fuera posible, le librase de ese trance. Se sometía Su voluntad. Sudaba sangre. Sabía que quienes le iban a prender se acercaban, y que el momento de cumplir aquello para lo que vino al mundo estaba próximo.

Sus amigos dormían. Él les había pedido que velasen esa noche con él, pero ellos no lo entendían, pronto lo harían, pronto todo tomaría sentido. Jesús podía escuchar los gritos demoníacos cantando victoria. Los ángeles estaban todos listos, preguntándose por qué no recibían orden alguna de formar, de proteger al Hijo, de hacer su trabajo. Miles de legiones celestiales preparadas para la batalla, dispuestas a entablar combate en la gran lucha que decidiría el destino de todo. Pero no llegaba orden alguna, esa noche no podían hacer absolutamente nada sin permiso del Padre. Todo parecía demasiado extraño.

Y entonces, ya cuando sus captores, guiados por Judas, ya habían salido de Jerusalén y se acercaban a él, Jesús hizo una oración. Una súplica que salió desde lo más profundo de su corazón. La última petición de Jesús antes de ser sacrificado.

Pido por aquellos que creerán en mí por la palabra de estos.”

Pudo haber pedido por no sufrir, o por ser librado de aquel trance tan doloroso. Pudo haber pedido por la paz mundial o por la crisis. Pero no lo hizo. Pidió por mí. Pidió por ti. Pidió por aquellos que creeríamos en él por las palabras de esos que contarían lo que allí estaba ocurriendo. Desde lo profundo de su corazón suplicó que llegase a existir, que aceptase lo que estaba a punto de hacer a mi favor, que viviese una vida digna de lo que iba a suceder, que contase con el favor del Padre.

Él te vio a ti. En el huerto de Getsemaní te vio a ti. Y no quería que estuvieras solo. Él sabe lo que es que los demás conspiren contra uno, que le abandonen sus amigos, sabe lo que es afrontar lo peor, y hacerlo solo. Él quería librarse de eso, sabe lo que es estar separado entre dos deseos, lo que debo hacer y lo que quiero hacer. Pero, quizá por encima de eso, sabe lo que es rogarle a Dios que cambie de idea, y escucharle responder dulcemente pero con firmeza: “No”.

Porque eso es lo que el Padre responde a Jesús, y él acepta la respuesta. En algún momento durante esa noche, un ángel se acerca a Jesús a confortarle, a darle ánimos, a renovar las fuerzas de ese cuerpo abatido. Y cuando se incorpora, la angustia ya no le daña más, su puño no se crispa, su corazón deja de luchar.

En ese momento, en el que las fichas están todas dispuestas, en que ya sus captores le ven en medio de la noche y se aproximan a él, cuando tanto los ángeles como los demonios guardan la respiración, la batalla está ganada. Puede parecer que la batalla se ganó en el Gólgota, pero no. La batalla final se ganó en Getsemaní, y el símbolo de la victoria es un Jesús de pie, en paz, aceptando su destino y viendo con fuerza en sus ojos acercarse las huestes que le van a prender de manos de su amigo.

Porque fue en ese huerto donde él tomó la gran decisión. Prefirió ir al infierno por ti, que ir al cielo sin ti.


Idea extraída de “Y los ángeles guardaron silencio” de Max Lucado.

martes, 3 de abril de 2012

Cry out to Jesus


Hoy os dejo con la traducción de una canción de "Third day" Cry out to Jesus. Espero que lo disfrutéis.



Para todo aquel que perdió a alguien a quien quería
Mucho antes de que fuera su hora.
Sientes que todos los días que tuviste no fueron suficientes
cuando dijiste adiós.

Para toda la gente con cargas y dolores
manteniéndote alejado de tu vida.
Crees que no hay nada y no hay nadie
que pueda hacerlo bien.

Hay esperanza para el desesperado
Descanso para el agotado
Amor para el corazón roto.
Hay gracia y perdón
Misericordia y sanidad.
Él te encontrará donde quiera que estés.
Llórale a Jesús, llórale a Jesús.

Para el matrimonio que está luchando solamente para aguantar
Han perdido toda la fe y el amor.
Han hecho todo lo que han podido para volver a estar bien
y aún no es suficiente.

Para aquel que no puede romper las adicciones y cadenas.
Has intentado dejarlo pero volviste otra vez.
Solamente recuerda que no estás solo en tu vergüenza
y en tu sufrimiento.
Hay esperanza para el desesperado
Descanso para el agotado
Amor para el corazón roto.
Hay gracia y perdón
Misericordia y sanidad.
Él te encontrará donde quiera que estés.
Llórale a Jesús, llórale a Jesús.

Cuando estés solo
y parezca como si todo el mundo te fallara,
Solamente háblale, solo llorarle a Jesús.

Para la viuda que sufre por estar sola
secando las lágrimas de sus ojos.
Por los niños alrededor del mundo sin un hogar.
Haz una oración esta noche.

Hay esperanza para el desesperado
Descanso para el agotado
Amor para el corazón roto.
Hay gracia y perdón
Misericordia y sanidad.
Él te encontrará donde quiera que estés.
Llórale a Jesús, llórale a Jesús.

Aquella semana II: Mercaderes


Normalmente ningún sistema o institución nace con intención de hacer mal, de empobrecer, de hacer daño, de robar o de matar. Lo más lógico es que nazca con intención de hacer bien, de mejorar algo que estaba corrompido, de salvar vidas, de conseguir que la situación vaya a mejor de alguna manera.

Pero, basados en la perversidad humana, no hay un sistema o una institución que no caiga en la corrupción, hasta tal punto, que después de un tiempo es prácticamente irreconocible esa bondad, esa mejora, esa bendición con la que teóricamente surgió. Y en este sentido tenemos tantos ejemplos como intentos de cambiar las cosas a lo largo de la historia.

No tenemos más que mirar nuestra democracia en pañales, que apenas lleva 30 años en funcionamiento, y ya emana un hedor repugnante. Tenemos una justicia al servicio del mejor postor. Tenemos una serie de medios de comunicación que se basan en el adoctrinamiento y atontecimiento de las masas. Tenemos un sistema económico basado en el aprovechamiento al máximo de los recursos y de los trabajadores para el beneficio de unos pocos. Tenemos un bombardeo de publicidad que intoxica todo y a todos.

Y así ha sido siempre, todo en lo que metemos las narices, acaba por pudrirse.

A veces pienso en cómo sería la primera iglesia, aquella perseguida por los romanos. Seguramente tendría muchísimos errores, pero pienso que si a alguno de aquellos valientes se les mostrara por una ventanita el oro, las joyas, las obras de arte, la grandeza artificial y superficial en lo que se ha convertido, no se lo creería. O si pudiera ver por un momento uno de esos programas “cristianos” de televisión en que no hacen más que pedir dinero y dar voces proclamando supuestas sanidades milagrosas se llevaría las manos a la cabeza y pensaría, sinceramente, y con toda la razón del mundo, que esto se ha corrompido demasiado.

El lunes de Semana Santa, Jesús se encontró con un caso bastante parecido a estos. Había una buena institución, un buen sistema, que había sido corrompido por la avaricia, por la vaciedad humana. El templo de Jerusalén, donde se supone que los judíos podían ir a que animales fueran sacrificados en sustitución por sus pecados ante Dios, se había convertido en un mercado, en un lugar destinado a ganar dinero exclusivamente. Y aquello se había corrompido hasta tal punto que ya nadie se daba cuenta de que eso estaba mal. Jesús mismo llegó a llamarlo “cueva de ladrones”.

¿Qué hizo Jesús ante tal situación?

Lo que hizo fue indignarse. Puso en relieve que aquello estaba mal, que no debía seguir así. Y actuó. Había gente que había desvirtuado lo bueno, y lo había hecho para su bien, y para el mal de los demás. Se presentó ante los cambistas y mercaderes, se hizo un látigo de cuerdas, los echó, volcó sus mesas, liberó a los animales. Actuó con seriedad, con determinación, con toda la fuerza, actuó de frente, sin ocultar sus intenciones, dejando claro por qué lo hacía, sin dejar que aquellos que estaban haciendo el mal continuaran con ello.

Son muchas las cosas que podemos aprender de su manera de actuar. Pero lo importante es que fue consciente del hedor de aquello, supo que eso que nació como algo bueno se había corrompido y ahora era malo; y actuó en consecuencia.

El mundo está lleno de estas causas. Por todos lados podemos encontrar mal olor saliendo de sitios que deberían ser buenos. Y es nuestra responsabilidad el actuar para que eso cambie.

Y cuando cambie, debemos reconocer cual es el problema de base. Debemos saber que el hombre es malvado, que somos malos, que soy malo. Porque el cambio no sirve de nada si no sale del corazón. Por eso precisamente a Jesús no se le recuerda por acabar con el comercio en el Templo, entre otras cosas porque seguramente al día siguiente estarían allí los mercaderes de la misma manera. Jesús no vino a volcar mesas, no vino a denunciar injusticias, ni a acabar con la corrupción, aunque bien es cierto que lo hizo. Jesús vino a comenzar una revolución, y como decíamos ayer, no lo hizo de la manera convencional, precisamente porque quería que fuera una revolución que jamás terminara.

Jesús actuó, sí. Lo hizo con determinación, con sinceridad y con pasión. Pero siiendo completamente consciente de que la revolución debía comenzar por adentro, por el corazón. De lo contrario, al día siguiente, al volver los mercaderes a sus puestos, todo habría terminado.

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