sábado, 19 de marzo de 2011

Justo reconocimiento

Era el 7 de junio del 2007, como las once y cuarto de la noche. Iba conduciendo de Béjar a La Calzada, después de estar un rato en el gimnasio y otro con unos amigos tomando el fresco en la calle. Sonaba Sistem of a Down en el equipo de música del Peugeot 206. En el pueblo me esperaba mi madre en el bar que llevábamos durante un par de años con la cena preparada.

Cantaba yo alegremente mientras tomaba las curvas que separan Béjar de La Calzada, y en un instante, todo se estropeó. En una curva noté cómo la parte de atrás del coche se resbalaba por la arena. Lo que pasó después lo recuerdo como un nudo de sensaciones. Sentí que el coche iría a la cuneta, que mi padre me iba a matar, sentí cómo explotaba en pedazos el cristal delantero mientras gritaba, acompañado de Serj Tankian, el cantante de los Sistem, sentí cómo todo a mi alrededor se revolvía, sentí miedo, mucho miedo.

Estaba colgado del cinturón de seguridad, metido en un 206 que berreaba con la canción de BYOB. Ante mí se encontraba un airbag deshinchado, una luna rota. Desabroché el cinturón, caí al techo del coche. Abrí la puerta y salí, arrastrándome. El maletero estaba abierto y lo que llevaba dentro estaba esparcido por toda la carretera. Sin pensar, en silencio, mientras las lágrimas recorrían mis mejillas, comencé a recoger mis pertenencias desparramadas. Entonces me di la vuelta para ver el coche. Era un amasijo de hierros. La única zona que estaba respetablemente bien era en la que yo había estado. Si hubiera habido alguien en el asiento del copiloto, le habría ido muy mal. Sistem seguían tocando, como si no hubiera pasado nada. Me aventuré a volver a entrar en lo que instantes antes era un coche para apagar la música que me estaba carcomiendo la moral. Apagué el motor. Se apagó la música y las luces. Me quedé solo en medio de la carretera, en silencio, llorando.

Agarré mi móvil y llamé a mi madre, no me lo cogió, habría gente en el bar y no podría atenderme. No quería llamar a mi padre, me daba demasiado miedo, pero necesitaba hacerlo. Marqué su número y me senté en la cuneta, con la mano temblorosa sujetaba el teléfono para dar la peor noticia que he dado en mi vida, enfrentarme a las consecuencias de mis actos y suplicar ayuda a mi padre en medio de aquella pesadilla. No cogió el teléfono, sabía que estaba trabajando desde las diez y media, así que llamé al ayuntamiento. Lo cogió un compañero, Elías. Con evidente temblor de voz, como pude, le pregunté por “Pozo”, en seguida me lo pasó. Os aseguro que lo recuerdo como si estuviera pasando ahora mismo.

“Papá, he tenido un accidente” fue todo lo que pude articular en un enorme ejercicio de fuerza, realmente estaba derrumbado en aquella cuneta. “¡No, Dios, no!” fue la contestación de mi padre.

10 minutos después, vi aparecer el coche en el que llegaba mi padre, no quería enfrentarme a su ira, realmente en ese momento hubiera preferido haber muerto en el accidente a tener que enfrentarme a la realidad, a la, aquella noche, terrible realidad.

Mi padre aparcó el coche algo detrás del 206 y salió. Me levanté y me quedé quieto, llorando, esperando, con la cabeza agachada. Se acercó, aquellos momentos se hicieron eternos. Entonces me abrazó. Jamás un abrazo ha significado más para mí. A partir de aquel momento, el miedo se tornó en dependencia, en el conocimiento que aquel a quién yo temía, iba a protegerme, iba a cargar él mismo con las consecuencias de mis actos. Él se hizo cargo de todo, de absolutamente todo. Un amigo que había venido como consecuencia de mi llamada me llevó al bar.

Jamás he recibido un reproche por parte de mi padre. Es como si no se acordara. Para él fue un susto impresionante, un disgusto. Pero cargó con eso, lo hizo y no lo proclamó después, o lo usó en alguna discusión o me lo recordó para intentar sacar algo.

Mi padre no es perfecto, eso creo que lo podemos decir todos. Pero os puedo asegurar que tengo la completa certeza que, en los tiempos malos, se puede recurrir a él, se puede confiar en él en medio de la tormenta. Cuanto peor es la situación, tanto más saca de la flaqueza unas fuerzas que jamás habría imaginado posibles. A mi me lo ha demostrado muchas veces, cuanto más difícil es la situación, más fuerzas saca, más valentía, más amor.

Yo no sé si habrá un padre más perfecto, pero lo que sí que tengo claro es que, si tuviese que elegir a un padre entre los hombres, sin ninguna duda elegiría al mío. Eso lo tengo clarísimo, esa es la decisión que tomaría si lo tuviera que hacer cada día.

Dios me ordenó que honrara a mi padre, y yo quiero hacerlo. Pero no solamente por cumplir el mandato de Dios, quiero hacerlo porque le quiero, porque lo que soy, en mucha parte, es gracias a él, porque cuando yo no he podido sostenerme, él me ha apoyado como nadie ha sabido, porque apuesta por mí conociendo como conoce mis deficiencias.

Por todo esto, a mi padre y a todos los padres, tened un muy feliz día del padre.

6 comentarios:

Dal Wehawax dijo...

En este día del Padre felicidades a los padres que tienen hijos como tú. Gracias por felicitarnos por ser padres. Permíteme que te felicite a ti por ser hijo uno de esos hijos de los que cualquier padre se siente mucho más que satisfecho ya que honrar a tu familia. Con afecto

Anónimo dijo...

Es cierto, papá puede tener muchos defectos, como cada ser humano, pero es un padre estupendo. Yo también me alegro de que sea mi padre.
Muchas gracias papá.
David.

Anónimo dijo...

Impresionante relato, pero es así, por mucho que hagamos, por mucho que rompamos, trasteemos, hagamos sentir vergüenza, da igual lo que preparemos siempre siempre los padres están ahí, no se si es algo que se adquiere al tener un hijo, pero desde luego ojala sea yo un milésima parte de comprensivo y de buena persona como es mi padre conmigo. (Ángel Herrera Hernández).

Ricardette dijo...

Dudo que haya mejor regalo para nadie que el cariño,agradecimiento y respeto que tu declaras en esta carta.

Fúndelo todo en una sonrisa.

Un abrazo

Furanu dijo...

Tengo la suerte de tener un padre que hizo algo como lo que hizo el tuyo, la desgracia (o la suerte) es que yo no recuerdo nada de nada de lo que me ocurrió en mi caso. De cualquier modo se como te sientes y tenemos que dar gracias de tener los padres que tenemos!

Miguel Ángel Pozo Plumed dijo...

Desde luego que tenemos que dar muchas gracias por los padres que tenemos, al menos yo no tengo ninguna duda.
¡Muchas gracias por tu comentario!

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