viernes, 8 de julio de 2011

Inmortales

Hace un ratillo, estaba viendo un documental en la 2 en el que preguntaban a una serie de científicos si sería posible que, en un futuro, se llegase a la inmortalidad. Algunos hablaban de que si tomamos en cuenta lo que aprendemos de los árboles sería posible, o que si aprendemos de ciertas medusas que no mueren nunca, sino que se regeneran a sí mismas, podríamos llegar a conseguir esa meta de vivir por siempre.

Pero la que sí que me llamó la atención fue la respuesta de un joven científico. Su respuesta fue la siguiente: “Espero que no”. Es una respuesta muy breve, pero con una profundidad enorme.

Todos hemos tenido que pasar por el duro trago de tener que despedir a un ser querido, y probablemente nos hayamos preguntado el porqué tenemos que morir. Que es tan fácil que en cualquier momento muramos, que no podemos asegurar con total certeza que llegaremos al final del día. Somos una pequeña neblina que se disipa con la brisa de la mañana. Nos sentimos débiles ante la mortalidad, y eso nos da miedo. Es por eso que soñamos con burlar a la muerte por siempre.

Pero lo que este científico nos decía es que es algo malo, que la inmortalidad sería una tragedia para la humanidad. Si no muriera la gente, en poco tiempo necesitaríamos deshacernos de millones de personas, porque no hay ningún método para controlar la demografía como la muerte. Otro método sería el que nunca naciera nadie más. Cosa que robaría la esperanza de la humanidad, si todos seguimos siendo los mismos, si se nos niega el derecho a tener descendencia, nos robarían una parte de nosotros mismos, de lo que somos. Pero la razón principal, yo creo, es que somos malos. Muchas veces hemos hablado de esto. Somos seres perversos que disfrutamos haciéndonos daño unos a otros. Imaginemos si la barbarie nazi hubiera durado mil años, si los violadores de niños vivieran por siempre, pudiendo empeorar sus instintos hasta extremos insospechados, o si nuestro antiguo dictador Francisco Franco hubiera vivido para siempre, alargando las décadas en que estuvimos bajo su bota a siglos, o milenios.

Cuando presentaba el primer episodio de “La Rosa de Sharón”, planteaba levemente este tema. Que en el momento en que el hombre inclinó su corazón al mal, era vital el hecho de traer la mortalidad al ser humano. Un hombre malvado no debe vivir eternamente, porque eso traería el colapso. El mal no debe alargarse por siempre, la muerte debe frenar nuestro avance. Es totalmente necesario.

Como nuestro amigo Connor McLeod podrá atestiguar, la inmortalidad no es un regalo. Si viviésemos eternamente, en nuestra condición, solamente sería para vivir un infierno terrenal como jamás hemos imaginado. Pero, afortunadamente el tema de la inmortalidad no queda ahí. El hombre sí está hecho para vivir por siempre. Pero no hasta que todo esto haya cambiado, no hasta que solucionemos nuestro gran problema con el mal.

2 comentarios:

Ricardette dijo...

Antes de ser inmortales debemos ser educados para ello.Interesante reflexión,pues si en una vida finita existe una maldad tal,pensemos en una existencia sin trabas.


Un abrazo

Miguel Ángel Pozo dijo...

Tú no te tenías que morir nunca, Ricardo. ¡Matarte era poco!

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