lunes, 5 de marzo de 2012

El Canon I: Nicea

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Corrían buenos tiempos para el cristianismo. Al fin un emperador había puesto fin a la persecución que  habían sufrido prácticamente desde el momento en que comenzaron a existir, desde que aquel carpintero nazareno del primer siglo predicase en las tierras de Palestina. Constantino había adoptado esta nueva religión y se proponía usarla para unir con más fuerza su imperio y utilizarlo a su voluntad. Así que se aprovechó de que aún no se habían dado las condiciones propicias en la historia y convocó un concilio para unificar las creencias cristianas en torno a lo que él mismo dictara. Generaría un canon que esfumase la humanidad de este carpintero y afirmase su divinidad, y sellaría con fuego este canon a su imagen y semejanza, expulsando para siempre aquellos escritos que discutían lo que él ordenase de las Escrituras Sagradas de los cristianos.

No son pocas las personas que tienen esta idea de lo que ocurrió en el 325 en Nicea. Muchas personas que creen haber encontrado al fin la verdad, el talón de Aquiles de la cristiandad. Un emperador legalizando al gigante cristiano para modelarle a su antojo. Casi suena poético. Esto explica los milagros de Jesús, claramente imposibles desde un punto de vista científico, el rechazo de los otros evangelios que no están incluidos en el canon bíblico, el origen de algunas ideas que, claramente, no pudo decir un carpintero hebreo del siglo I, el que un emperador desechara la fe de su imperio y de sus padres para abrazar otra diametralmente opuesta y, de hecho, perseguida hasta ese momento. Leyendo obras como “El Código Da Vinci” de Dan Brown, y encontrando estas ideas, casi parece que hemos hallado la gran mentira, la piedra angular de esta estructura megalítica en que se ha convertido la cristiandad, esa piedra que si la tocamos, todo se vendrá abajo. Sencillamente abrumador.

Respecto a este tema me gustaría a hablar durante una nueva serie de entradas.

Hoy, para empezar, quiero proponer una serie de problemas para interpretar el Concilio de Nicea como esa gran mentira que dio el pistoletazo de salida a la “Nueva Cristiandad”.

Desconozco los motivos que impulsaron a Constantino a, por lo menos, dejar de perseguir a los cristianos y darles facilidades. Corren historias acerca de una victoria milagrosa que impulsó a Constantino al trono del imperio y le hizo convertirse al cristianismo, también está la idea que ya he expuesto de intentar unificar religiosamente el imperio para dominarlo mejor. La verdad, no lo sé. Pero sí que hay algunas cosas que sí que sé. 

Poco antes del emperador  Constantino, Diocleciano, ordenó la que hasta entonces fue la mayor persecución contra los cristianos (1). Por todo el imperio se recrudeció el castigo por no adorar a los dioses romanos y al emperador. Miles murieron y fueron torturados por todo el imperio. No fue hasta el final de su vida que frenó esta sangría, afirmando que los cristianos eran tan estúpidos que ni matándolos se les hacía entrar en razón. Pues bien, los mismos obispos que soportaron esta persecución, aquellos que estaban dispuestos a morir por su fe, esos tan estúpidos que ni matándolos se les hacía entrar en razón, fueron los que acudieron a Nicea unos pocos años después, bajo el mandato de Constantino. Creo que es descabellado pensar que los mismos que habían expuesto su vida, visto morir a su gente, y que en esos mismos momentos aún portaban en sus cuerpos las cicatrices del dolor, fueran a aplaudir el intento imperial de utilizarlos para consolidar el poder y hacer una Biblia tal y como quiera el Jefe.

Otra razón que puedo alegar para argumentar la imposibilidad de que Nicea sea esta piedra angular es el hecho de su propósito y de su resolución. Este concilio fue convocado para unificar criterios en cuento a la divinidad de Cristo (2), pues habían surgido otras opiniones acerca de esta doctrina, especialmente de Arrio, del que surgieron los arrianos. La resolución final del concilio fue la de declarar como herejía la doctrina que rechazaba la divinidad de Cristo y la de formular el Credo Niceno, aún seguido por católicos, ortodoxos y protestantes en el que se añadían aseveraciones acerca de la divinidad del Hijo. Esto lo digo porque este concilio no fue convocado para variar doctrinas, para crear un canon ni para servir al estado. Fue declarado para unificar posturas en torno a la divinidad de Cristo.

Bien es cierto que Constantino encargó 50 copias de las Sagradas Escrituras mediante una carta a Eusebio (3), pero en ninguna parte de esta carta se dice ni se hace referencia acerca de manipulación alguna, ni hay absolutamente nada que hace pensar remotamente que así pudiera ser.

Otra razón concluyente para afirmar que los evangelios canónicos no fueron modificados en Nicea es puramente histórica. Tenemos copias de los 4 evangelios de fechas anteriores a este concilio (4). O Constantino inventó una máquina del tiempo para ir a modificarlos al pasado, o es sencillamente mentira. Además tenemos registro de los Padres de la Iglesia, anteriores también a esta fecha, de que la doctrina de la divinidad de Cristo no fue inventada en este evento.

Nicea no supuso un cambio en absoluto para la cristiandad. No se variaron doctrinas, no se crearon cánones, no se tergiversaron evangelios.

Soy consciente de que es muy sencillo limitarme a decir que lo que se dice de la Biblia que tenemos hoy en día es mentira. Pero me gustaría comenzar un viaje, espero que me acompañen, para descubrir de donde viene la Biblia que tenemos criando polvo en la estantería, para llegar a vislumbrar cual es su trascendencia histórica, religiosa y personal y por qué afirmo que es, sin ninguna duda, no solamente el libro más importante de la humanidad, sino también la carta que Dios mismo dejó dedicada personalmente para ti.



(1) Historia del cristianismo Tomo 1, Justo L. González. Pág. 121.
(2) Historia del cristianismo Tomo 1, Justo L. González. Pág. 173.
(3) Philip Schaff and Henry Wace, eds., Nicene and Post-Nicene Fathers (Reprint. Grand Rapids, Eerdmans, 1952), 1:549, citado en Norman Geisler and William Nix, A General Introduction to the Bible: Revised and Expanded (Chicago: Moody Press, 1986), 282. 
(4) Para más información, ver Geisler and Nix, A General Introduction to the Bible, 390.

3 comentarios:

Danit. dijo...

Tus publicaciones son muy interesantes y bastantes de ellas de mucha bendición. Te felicito por el blog y tu trabajo.

Aún y así, deberías agregar el listado bibliográfico y la webgrafía consultada como apoyo a tus tesis. Es algo esencial.

¡Un saludo!

-D.

Miguel Ángel Pozo Plumed dijo...

¡Hola Danit! ¡Muchas gracias!

Sé que es una de mis asignaturas pendientes. ;) En cuanto a este post, ya lo he actualizado con la bibliografía y los enlaces a las páginas correspondientes.

Insisto, muchas gracias.

¡Un saludo!

Danit. dijo...

Soy yo quien te lo agradece. Así podré profundizar más en el estudio de estos temas, los cuales me interesan mucho; ¡son apasionantes!

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