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martes, 12 de noviembre de 2013

Sal

Hoy quiero romper mi silencio casi sempiterno para compartir un descubrimiento que he hecho hace poco. Una preciosa canción que, creo, plasma muy bien la situación de la Iglesia de Cristo en estos tiempos, especialmente en nuestro país, España.

Entiendo que hay partes que pueden ser dificiles de entender, así que no tendré ningún problema en tratar de explicar lo que sea si alguien no lo entiende bien.


SAL
Alex Sampedro

Tengo una Biblia que no habla, 
Un crucifijo que no salva, 
Una fe que se cansó de las montañas. 
Tengo oraciones sin sujeto
Y he predicado tantas veces 
En el valle de los huesos secos.
Tengo noticias sin oyentes, 
Tengo pacientes esperando, 
El milagro de los peces, 
Pero tengo la red averiada. 
Y el vino es vinagre, 
Y el pan no sabe a nada.  

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada.
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada, 
Tengo oro y tengo plata, 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 

Tengo victorias derrotadas, 
Gente en el templo destemplada, 
Misioneros encerrados en sus casas. 
Tengo la ofrenda en el banco, 
Las promesas caducadas, 
El maná esta congelado, 
No hay calor en la palabra, 
Esta de fiesta en la atalaya, 
Con el buen samaritano. 
Ya no sufren como hermanos, 
Son cristianos sin agallas. 

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada.
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada.
Tengo oro y tengo palta, 
Pero el cojo ya no baila. 

Tengo una sal que ya no sala, 
Una iglesia que no sale, 
Una luz bajo la mesa, 
Y una virgen despistada. 
La levadura en la nevera, 
Mi armadura oxidada. 
Tengo oro y tengo palta, 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila. 
Pero el cojo ya no baila.



martes, 5 de febrero de 2013

Post-cristianismo


Represión, avaricia, hipocresía, restricciones, política, acaparación, destrucción de la libertad, guerras, egoísmos, matanzas, pobreza, desidia, afán de superioridad, injusticias, ansia de controlar a los demás, uniformidad, diferentes varas de medir, destrucción, mentiras, maldad, juicios falsos, guerras fratricidas, impuestos a los pobres para enriquecerse unos pocos, inquisiciones, muerte a los infieles, violaciones, aprovecharse del débil, amar el poder y a los poderosos, callar ante atrocidades, incluso aplaudirlas, asesinar a los disidentes, cerrar bocas a fuego, retrasar el avance de la ciencia, sembrar la discordia, hacer el mal, amar más el dinero y el poder que a las personas, prevaricar, pasado, felizmente pasado…

Puede ser que esto sea lo que te viene a la mente cuando escuchas la palabra “cristianismo”. Vivimos en una  sociedad que ya ha probado el cristianismo, y está claro que solamente ha traído miseria, desolación, injusticias, retraso. Pero eso ya ha pasado (gracias a Dios, dirá alguna mente mordaz), ha pasado y ahora hemos evolucionado, porque después del túnel debe venir la luz, porque después de la tormenta, felizmente, llega la calma.

Vivimos en un país, y en un continente, que se tiene por post-cristiano. Aquello ya lo probamos durante demasiado tiempo, y está claro que no funcionaba. Ahora somos más listos, la ciencia nos ampara, y todo el mundo sabe que la ciencia es el enemigo de la fe, luego ahora ya nada de eso funciona.

Es obvio que hay muchas, muchísimas, demasiadas cosas que se han hecho muy mal en el seno de la iglesia de Roma, acaparadora de ese mal llamado cristianismo durante siglos. Y no me corresponde a mí defenderlos, pero me parece bastante injusta esta postura con los Romanos, es cierto que han hecho muchas cosas malas, auténticas aberraciones, eso no lo quita nadie, y no creo que haya más justificación que la de la maldad humana; pero también es verdad que hay muchas cosas que se han hecho muy bien, es cierto que hasta hace muy poco tiempo las únicas ayudas que recibían los pobres y desamparados, eran gracias a la iglesia de Roma, al menos en nuestro país, es cierto que, de una manera o de otra, se ha mantenido una unidad, una estabilidad en nuestro continente que de otra manera no habría sido posible.

Pero no es mi intención llamar la atención sobre lo que fue el pasado de nuestro país, no quiero remover el estiércol y sacar a la luz el poco bien entre el mucho mal. No quiero llamar la atención sobre el pasado y sus sinsabores, sobre la miseria o la falta de ella que dejó lo que tú consideras como cristianismo, quiero llamar la atención sobre el cristianismo mismo.

El cristianismo no se trata de gente que se cree superior a otros intentando imponer su criterio, el cristianismo trata de gente que se sabe inferior intentando ayudar a los demás. El cristianismo no va de los buenos contra los malos, va de los malos redimidos y perdonados. El cristianismo no es una sociedad de gente que se tiene por buena, va de gente que se sabe necesitada, que se sabe salvada, que se sabe perdonada, que se sabe amada, y que solo quiere que los demás entiendan qué es eso tan grande que ellos han encontrado. El cristianismo va de Dios mismo buscando pecadores, muriendo en su lugar. Ese es su valor, el auténtico valor del cristianismo reside en una horrible cruz, en una tumba vacía. No reside en el oro, en la elocuencia o en el poder. El cristianismo va de Dios mismo viniendo a buscar lo que se había perdido.

Lo que estoy diciendo es que España, que Europa no es una sociedad post-cristiana. Lo que estoy diciendo es que nuestra sociedad nunca ha conocido el cristianismo, lo que ha conocido es una organización que en nombre del cristianismo ha hecho y ha deshecho el bien y el mal que ha estimado oportuno.

Seguramente pensarás que el cristianismo ya nada tiene que ofrecer al mundo de hoy en día, pero es precisamente hoy, en esta sociedad en la que vivimos, en donde el cristianismo auténtico tiene mucho más que decir que en cualquier otro momento histórico. Miro a mi alrededor y pienso hasta qué punto nuestro mundo sería mejor si todo el mundo supiera de su bajeza, si tuviésemos a los demás como superiores a uno mismo, si tratásemos de ser el reflejo del amor que Dios nos ha mandado, si buscásemos el bien de los otros por encima del nuestro propio, si viviésemos nuestras vidas como debemos, literalmente, como Dios manda. 

Si cuando escuchas la palabra “cristianismo” te viene a la mente lo que hay arriba, sencillamente debes pensar en si en realidad, alguna vez en tu vida has entendido el cristianismo.

martes, 20 de noviembre de 2012

La Reforma III: La semilla del cambio


El final de una época se aventuraba cercano. Las reglas del juego que habían regido durante un milenio estaban abocadas a un drástico cambio. Ya hemos hablado de la situación que los laicos veían a simple vista de los religiosos que regían sus vidas, una situación insosteniblemente corrompida que tuvo su momento álgido en el nefasto periodo del papado en Aviñón y el cisma occidental que supuso el llegar a tener dos e incluso tres papas diferentes al mismo tiempo. A simple vista se podía ver la degradación de la casta sacerdotal en todos los aspectos, y esto tampoco pasó desapercibido a los propios eclesiásticos que comenzaron a mirar con desconfianza el presente y el futuro de su situación, más aún aquellos que tuvieron la suerte de descubrir lo que decía la Biblia, tan alejado de la situación que vivían en aquella situación.

El renacimiento se acercaba en la historia, se comenzaba a dudar de lo que la Iglesia Romana había dictado durante tanto tiempo, y tanto en la filosofía como en las artes y, por supuesto, en lo que al cristiano atañía, se comenzó a buscar más allá, atrás, en las fuentes clásicas. La caída de Constantinopla en el 1453, llevó a muchedumbres de eruditos y religiosos griegos a centro Europa, hecho que facilitó que se volviera a estudiar el griego como lengua religiosa, aparte del latín. Esto fue de vital importancia, porque los manuscritos que se tenían de la Biblia estaban escritos en griego, como fueron redactados por los autores originales, e incluso el Antiguo Testamento, estaba en forma griega también en la traducción autorizada de los 70, o Septuaginta. Se comenzó a ver que había algunas partes de la traducción de Jerónimo al latín, la Vulgata, del 382 d.C., sencillamente habían sido mal traducidas, y la búsqueda de lo que originalmente decía la Biblia recobró fuerzas.

Muchos fueron los intentos de reforma, y las reformas que se llevaron a cabo durante toda la Edad Media, pero el hecho es que las reformas que se realizaron se basaban en los frutos del problema, y no fueron a su raíz. Por ejemplo, se denunciaba mucho los continuos problemas que tenían los sacerdotes para cumplir sus votos y las violaciones manifiestas de la castidad, que llegaron a puntos insostenibles en diferentes momentos. Pero la solución que daban una y otra vez era la de endurecer las penas contra los que incumplían sus votos y tratar de limitar las oportunidades de que esto ocurriera, en lugar de preguntarse si no sería que esta medida de la prohibición de los matrimonios para los sacerdotes era inapropiada, al ir en contra de la naturaleza humana y de la Biblia misma.

Pero hay varios ejemplos de precursores de la Reforma que encabezó Lutero que, de haber tenido las circunstancias apropiadas, habrían transformado la Europa medieval varios siglos antes de lo que ocurrió en Wittenberg.

Juan Wyclif
Uno de los primeros representantes de estas “prerreformas” que nos ocupan  el día de hoy fue Juan Wyclif. Nacido alrededor de 1320, Wyclif llegó a ser catedrático de Teología de la Universidad de Oxford y uno de los teólogos más influyentes de la Inglaterra del siglo XIV. Una de las razones por las que más se le recuerda es por haber traducido la Biblia latina de Jerónimo, la Vulgata, al inglés. El teólogo de Oxford rechaza la transubstanciación aprobada un siglo atrás por la total carencia de referencia bíblica para esta afirmación, se opone drásticamente a la acumulación de poder y de dinero por la Iglesia y a la venta de indulgencias. Su principal preocupación era la de volver a dar la autoridad a la Palabra de Dios, poniéndola por encima de las tradiciones o a las decisiones de los cardenales y concilios (1). Fue obligado a jubilarse por causa de la rebelión de los campesinos en 1381 y muere 600 años de que naciera un servidor, en 1384. En 1415, en el Concilio de Constanza es declarado hereje por su pasión por la Biblia, por traducirla, por oponerse a dogmas aprobados por concilios y papas y por sobreponer la autoridad de la Palabra de Dios a la de los hombres de Roma, su cuerpo es exhumado y quemado en la hoguera (2).

Juan Huss
Juan Huss fue un bohemio nacido en 1373. Su madre se quedó viuda al poco de nacer Huss, y con su abnegado sacrificio consiguió que su hijo estudiase teología en la Universidad de Praga, donde llegó a ser profesor con solo 25 años. Allí llegó a ser rector de esta universidad y predicador renombrado. Sus ideas y enseñanzas no fueron bien recibidas desde un principio entre el clero. Marcadamente influido por la sombra de Wyclif, su énfasis cayó sobre la necesidad de la vuelta a poner por encima la Biblia a los diferentes concilios, decisiones y tradiciones romanas. Pone énfasis también en la necesidad de vivir una vida en la que Cristo sea el centro en detrimento de la necesidad de participar de los “sacramentos” que ponía la Iglesia Romana, se opone a la venta de indulgencias, a la adoración de las imágenes y de las reliquias. Queda bajo excomunión por el papa Juan XXIII conocido por el sobrenombre de “El monstruo” por su vida depravada y falta de escrúpulos (2). Es invitado al Concilio de Constanza con un salvoconducto del Emperador Segismundo, ya que era un noble importante e influyente de Bohemia. El papa fue depuesto en ese concilio como ya dije en la anterior entrega, y para cuando se celebró el concilio, el emperador había retirado el apoyo al decano de Praga. A Huss se le negó el derecho de defenderse y fue vendido a sus denunciantes, acusándole de ser discípulo de Wyclif y hereje obstinado, que le quemaron el 6 de julio de 1415 cantando: "Jesús, Hijo del Dios viviente, ten misericordia de mí" (3). Su influencia en Bohemia fue tal que se organizaron dos movimientos en su tierra natal, los taboristas y los utrarquistas, que sobrevivieron contra la persecución, las matanzas y la guerra que trajeron los católicos a sus tierras hasta la llegada del monje agustino Martín Lutero, fusionándose con su movimiento y con el iniciado por Juan Calvino un siglo después.

Hubo muchos otros intentos de hacer una reforma o de hacer hincapié en el hecho de que había que hacer algo en la deriva que había tomado la Iglesia de Roma, muchos fueron ajusticiados, otros fueron simplemente ignorados, hubo incluso algunos intentos radicales que basaron su intento de cambio en la violencia y en la guerra. El mundo se estaba conmoviendo, estaba cambiando, las piezas se estaban preparando para estar dispuestas para lo que sucedería en Wittenberg.

Después de todo, ya lo dijo Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia.”

(1)- Chronological and Background Charts of Church History, Robert C. Walton, Zondervan, Grand Rapids, 1986. Traducido por Larry S. Thornburg, 1995.
(2)- Dos estrellas tempranas de la reforma, Víctor Sedaca. Revista Nueva Reforma. 
(3)- Historia del cristianismo, Kenneth Scott Latourette. Págs. 777 y ss.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La Reforma II: El fin de una época


Durante buena parte de la Edad Media, el debilitamiento de los estados a favor de los feudos nobiliarios, la persistencia del “Imperio Romano” en el Sacro Imperio, la centralización religiosa en torno a Roma y la existencia de un potente enemigo rodeando la cristiandad, hizo que toda Europa estuviera unida bajo una misma bandera, tanto política como religiosa, con sus claras diferencias regionales, pero en esencia eran todos más o menos “una misma nación”.

Fueron varios los factores que, al ir acercándose el fin del medievo, hicieron que esta unidad europea fuera resquebrajándose y que el europeo comenzase a plantearse todo aquello en lo que había creído a pies juntillas durante más de un milenio.

La división religiosa que impactó Europa desde mediados del siglo XVI fue iniciada, en efecto, por Martín Lutero hace ya 495 años, pero este cambió tuvo sus primeros brotes verdes varios siglos atrás, brotes verdes que fueron forzados por una realidad religiosa en Europa que dejaba mucho que desear. Hoy me gustaría ofrecer brevemente una panorámica de aquello que ocurrió en la Europa Católica, Apostólica y Romana que forzó la existencia tanto de la Reforma Protestante, como de otras reformas e intentos frustrados que poblaron el fin de la Edad Media.

Durante el s. XIII, el papado llegó a su mayor etapa de poder en la persona de Inocencio III, al tiempo que las órdenes mendicantes se lanzaban a la conquista del resto del mundo para Cristo, y en las universidades se construían grandes catedrales del pensamiento teológico. En teoría al menos, Europa se encontraba unida bajo una cabeza espiritual, el papa, y otra temporal, el emperador. Incluso durante buena parte de este siglo se volvieron a unir las dos iglesias, la romana y la griega. Pero en medio de todos estos elementos de unidad al parecer inquebrantables existían tensiones y puntos débiles, que a la postre derribarían todo el edificio que la cristiandad medieval había construido con sus altos ideales (1).

En cuanto a la Iglesia Griega y la unidad que disfrutaron con Roma, fue solamente aparente, pues interiormente bullía un resentimiento hacia el opresor que había aprovechado las cruzadas para tomar Constantinopla y desterrar su independencia (1).

Mapa de las diversas oleadas de la peste negra.
Una de las grandes razones por las que el pueblo comenzó a perderle el respeto al papado y a la unidad en torno a Roma, fue ni más ni menos que las diferentes oleadas de peste bubónica que asolaron Europa a partir de 1347, que diezmaron la población de la cristiandad. Costaría siglos el recuperarse de la destrucción demográfica. Aunque la Iglesia de Roma acusaría una y otra vez a los pecados y tacharía esta epidemia de “Castigo de Dios”, el hecho es que la gente comenzó a preguntarse si estaba tan sumamente claro que Dios estaba de su parte cuando hasta los más pequeños, y especialmente estos, sucumbían ante la muerte negra.

Las condiciones políticas que cambiaron durante estos siglos tampoco ayudaron en exceso al fortalecimiento de la iglesia centralizada. La burguesía comenzó a apoyar a la monarquía, cada vez más hastiada de los grandes nobles que les usurpaban el poder. El crecimiento de las ciudades, la tendencia a la centralización en las diferentes monarquías del poder en detrimento de la clase noble hizo crecer los sentimientos nacionalistas que anularon el sueño de la Europa unida políticamente, y terminaría por hacer tambalear el sueño de la Europa unida espiritualmente. La prueba más evidente fue la Guerra de los 100 años, que desangró Europa durante algo más de un siglo.

Pero el principal problema con que se encontró la Iglesia fue ésta misma. La continua perversión de los supuestos representantes de Cristo en la Tierra llevó a la gente a pensar que estos personajes no eran más que farsantes.

Estas perversiones pasaban por las anatas, que era el impuesto por el cual el obispo o abad recibía la ganancia equivalente a un año del sacerdote ordenado. Las continuas colocaciones, por las cuales se ordenaban nuevos sacerdotes y se rotaban los existentes por parte de los altos cargos de la Iglesia para cobrar las anatas. Las preservaciones, que eran las reservas de los puestos más valiosos económicamente para el Papa, que enviaba a un sacerdote en su nombre y le reservaba la cuantía por ese cargo para el “vicario de Cristo”. Las expectativas o simonías, es decir, la venta de los cargos eclesiásticos al mejor postor. Las dispensaciones, el pago de un importe por el perdón de las rupturas a la ley canónica. Las indulgencias, que era la remisión de las penas temporales por el pecado, tanto propias como de familiares, previo pago de una cuantiosa suma de dinero. El nepotismo, el nombramiento de familiares de altos cargos creando una especia de cargo eclesiástico hereditario.

Mapa del cisma, donde se diferencian los territorios
que apoyaban al papado de Roma y los
que apoyaban al papado de Aviñón.
En 1305, Clemente V fue nombrado Papa. Tras 10 meses de pontificado, decidió trasladar el papado a Aviñón, en Francia. Fue a partir de entonces que hay una serie de papas franceses que no tienen ninguna intención de devolver el papado a la Ciudad Eterna. De hecho, nombran a los cardenales de entre los sacerdotes franceses, hecho que causa que necesariamente los siguientes papas fueran de esta misma nacionalidad. La intención de quedarse en Francia queda patente con Benedicto XII, que construye un ostentoso palacio para el papado. Durante esta época, fue absolutamente escandalosa la depravación que salía de los altos poderes eclesiásticos. Hubo algún intento de devolver el papado a Roma por parte de los papas, pero los cardenales franceses lo impidieron. La cristiandad entera estaba consternada por este hecho. Esto cambió cuando Urbano VI, el primer papa italiano tras 7 papas franceses, decidió trasladar el papado a Roma pasase lo que pasase, así como el anuncio de serias medidas para cambiar la situación que estaba destrozando la Iglesia. 13 cardenales franceses, reunidos en Anagni, decidieron elegir a otro papa, destronando de esta manera a Urbano. El resultado es que de allí salió Clemente VII como papa con sede en Aviñón, y Urbano VI como papa en Roma, con una cristiandad dividida por la mitad. Para dar una solución a este problema que se alargó durante dos décadas, las dos curias de los dos papas se reunieron en el Concilio de Pisa en el 1409, decidiendo deponer a los dos anteriores papas y entronar a un nuevo papa, Alejandro V. Pero el resultado de esto es que ninguno de los dos otros aceptaron este concilio y la cristiandad se vio dividida entre tres papas diferentes. El sucesor de Alejandro V, Juan XXIII, fue expulsado de Roma por Ladislao de Nápoles y buscó la protección del impero que se la ofreció a cambio de que convocase un nuevo concilio, el de Constanza, en 1414 (2). En este concilio, fueron obligados a dimitir como papas Juan XXIII y Gregorio XII, pero Benedicto XIII se refugió en Peñíscola, amparado por el  reino de Aragón, donde continuó su sueño del papado conocido como Papa Luna. El nuevo papa elegido después de esta tormenta sería Martín V.

Esto es solamente un ejemplo de la manera en que los supuestos representantes de Cristo hacían y deshacían a su antojo en este periodo de la Edad Media, entre malas artes y una degradación absoluta. Fue en medio de este desastre que surgieron diferentes rebeliones contra este poder, de muchos tipos, que constituyeron los cimientos sobre los que la Reforma Protestante se construyó. Continuaré hablando de estos intentos reformadores en la próxima entrega. 

(1)- Historia del Cristianismo. Justo L. González. Tomo 1 Cáp. 44.
(2)- Catolicismo Romano. José Grau. Tomo 1. Págs. 423 y ss. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

La Reforma I: Inventos católicos

Muchas veces nos encontramos con gente que tiene la impresión, o incluso muchos de nosotros la tenemos, de que la Iglesia de Roma ha sido así tal y como la conocemos desde el mismo momento en que Cristo ascendió a las nubes, como si en ese instante hubieran aparecido por arte de magia las catedrales, las liturgias, las doctrinas, los catecismos y los colegios cardenalicios. Pero la verdad es que nada más alejado de la realidad. Ayer mencionaba mi intención de comenzar una serie de entradas acerca de la Reforma Protestante, pero es que esta reforma tuvo lugar en un momento determinado, en una sociedad determinada y en contra de un poder determinado que manejaba los designios de los hombres de aquella Europa, la Iglesia de Roma.

Por esa misma razón, me gustaría comenzar afirmando que para nada la doctrina contra la que protestaron aquellos reformadores ha sido así siempre, que está en constante evolución, incluso en la actualidad. Y que la idea de que esta Iglesia siempre ha sido igual y ha pensado lo mismo, argumento tan esgrimido de forma oculta durante tanto tiempo, es totalmente falsa. El hecho es que la Iglesia Romana ha ido modificando sus creencias, ampliándolas y alejándose más y más a lo largo de los siglos de lo que dice la Palabra de Dios. 

Cuidado, no estoy diciendo con esto que esta Iglesia ha sido la que más se ha apartado de lo que dice la Biblia o que sean los peores, ni muchísimo menos. Solamente quiero poner en relieve este poder contra el que se rebelaron los reformadores, y afirmar una vez más que cualquier tipo de cristianismo que se desvíe de lo que Cristo mismo nos dejó automáticamente deja de serlo, sea cual sea su procedencia.

Creo que es tarea de los cristianos de hoy en día el poner en tela de juicio si aquello que consideramos como "cristiano" lo es tal, si aquello que nos han enseñado los curas, los obispos y los papas a lo largo de los siglos está acorde con la Palabra de Dios. Por esto mismo, quiero dejaros con una lista de las invenciones que, a lo largo de los siglos, la Iglesia de Roma ha ido introduciendo en sus creencias, liturgias y usos, incluso de la manera en que han cambiado sus creencias y doctrinas a lo largo de su abultada historia (1). Disfrutadla porque no tiene desperdicio.

1. Presbíteros (ancianos de la iglesia) llamados sacerdotes por primera vez en tiempos de Luciano. s.II.
2. Misa sacerdotal instituida por Cipriano. s.III.
3. Oraciones por los muertos. 300 dC.
4. La "señal de la cruz". 300 dC.
5. Velas de cera. 320 dC.
6. Veneración de ángeles, los "santos" muertos y el uso de imágenes. 375 dC.
7. Misa como rito diario. 394 dC.
8. Comienzo de la exaltación de María. El término "Madre de Dios" aplicado a ella por primera vez por el Concilio de Éfeso. 431 dC.
9. Vestiduras especiales para los sacerdotes. 500 dC.
10. Extremaunción. 526 dC.
11. Gregorio I inicia la doctrina del purgatorio. 593 dC.
12. Oraciones ofrecidas a María, "santos" muertos y ángeles. 600 dC.
13. La lengua latina como lengua de adoración. 600 dC.
14. Primer hombre proclamado papa (Bonifacio III). 610 dC.
15. Besar los pies del papa. 709 dC.
16. Pepín, rey de los francos, otorga poder temporal a los papas. 750 dC.
17. Veneración de la Cruz, imágenes y reliquias "autorizadas". 781 dC.
18. Agua mezclada con sal y bendita por los sacerdotes. 850 dC.
19. Veneración de San José. 890 dC.
20. Creación del Colegio de Cardenales. 927 dC.
21. Juan XIII instituye el "bautismo de campanas". 965 dC.
22. Juan XV comienza la canonización de los "santos" muertos. 995 dC.
23. Ayuno los viernes y durante la cuaresma. 998 dC.
24. La misa desarrollada gradualmente como sacrificio, asistencia hecha obligatoria. s. XI.
25. Celibato sacerdotal mandatario. 1079 dC.
26. El rosario adoptado de los paganos por Pedro el Ermitaño. 1090 dC.
27. El Concilio de Verona establece la Inquisición. 1184 dC.
28. Venta de bulas e indulgencias. 1190 dC.
29. Los siete sacramentos definidos por Pedro Lombardo. s.XII.
30. La transubstanciación definida por el papa Inocencio III. 1215 dC.
31. Confesión auricular de los pecados al sacerdote en vez de a Dios implantada por Inocencio III. 1215 dC.
32. Adoración de la hostia decretada por el papa Honorario III. 1220 dC.
33. El Concilio de Valencia resuelve prohibir la Biblia al pueblo y es puesta en la lista de los libros prohibidos. 1229 dC.
34. Simón Stock de Inglaterra inventa el escapulario. 1251 dC.
35. El Concilio de Constanza prohíbe el uso del Cáliz durante la comulgación al seglar. 1414 dC.
36. El purgatorio proclamado como dogma de fe por el Concilio de Florencia. 1439 dC.
37. La tradición y la Biblia son declaradas de igual autoridad por el Concilio de Trento. 1545 dC.
38. Libros apócrifos (no canónicos, declarados por este concilio como "deuterocanónicos") añadidos a la Biblia por el Concilio de Trento. 1546 dC.
39. El credo de Pío IV es impuesto como el credo oficial en lugar del credo apostólico oficial. 1560 dC.
40. La Inmaculada Concepción de María promulgada por Pío IX. 1851 dC.
41. Compendio de errores publicado por Pío IX y ratificada por el Cancilio Vaticano: Condena la libertad de religión, conciencia, palabra, prensa, y descubrimientos científicos que son desaprobados por la Iglesia Romana; afirma la autoridad temporal de todo papa sobre los regentes civiles. 1864 dC.
42. El Concilio Vaticano asegura la infalibilidad del papa en materia de fe y moralidad. 1870 dC.
43. La Asunción de María es proclamada por Pío XI.  1950 dC.
44. María nombrada "Madre de la Iglesia" por Pablo VI. 1965 dC.

Esto es solo una pequeña muestra de la manera en que lo que consideramos como lo que siempre ha sido la Iglesia de Roma, ha sido una evolución de siglos acumulando decisiones sobre decisiones. Es precisamente por esta razón que cualquier comunidad de seguidores de Cristo, constantemente, deben estar reformándose de acuerdo a lo que Dios mandó. Y es la carencia de esta práctica la que ha llevado a la Iglesia de Roma a tomar caminos tan diametralmente opuestos a lo que es realmente el Plan de Dios.

(1) Tomado de la obra "Verdades Bíblicas a Católicos Romanos" escrito por el ex-sacerdote católico romano Bartolomé F. Brewer.

martes, 13 de marzo de 2012

El canon II: Apócrifos


La palabra evangelio (en griego, buenas noticias), puede designar varios conceptos. Uno de ellos es la esencia de las enseñanzas de los primeros cristianos, que es la evidencia de Jesucristo hecho hombre para morir por los pecados de la humanidad y resucitar al tercer día; otra acepción de esta palabra, por extensión, designa a los relatos que nos han llegado acerca de la vida de este Jesucristo, relatos que podemos separar en dos grupos bien diferenciados: Los evangelios canónicos y los apócrifos.

Una de las preguntas que se hace mucha gente acerca de los evangelios, es la razón por la que se hayan incluido en la Biblia los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y no se hayan incluido otros. ¿Cuál es la razón? ¿Qué propósito oculto está detrás de la elección de estos cuatro evangelios, y el desechar otros muchos?

La verdad es que tenemos escritos firmados por estos cuatro personajes, pero también tenemos de otros muchos que, al menos a priori, podemos considerar más fidedignos por tratarse de personas que estuvieron más cerca de Cristo como pueden ser Pedro, Santiago o María Magdalena, incluso el evangelio de Judas, el discípulo traidor. ¿Qué dirá él a todo esto? ¿No es cierto que hemos estado juzgándole tan severamente durante dos milenios sin pararnos a conocer su “versión de los hechos”?

Pues bien, ante todo esto cabe preguntarnos, lo primero de todo, cuales fueron las conclusiones que llevaron a los primeros cristianos a señalar unos escritos y desechar otros, cuales fueron los criterios de canonicidad que impulsaron a dejar definitivamente la Biblia con estos cuatro evangelios que actualmente tenemos.

Para empezar, tenemos que tener en cuenta que la Iglesia por todo el mundo, considera y ha considerado como canónicos estos cuatro evangelios desde el principio. Prueba de ello es que en todos los concilios han estado de acuerdo y que en fechas tan tempranas como mediados del siglo II, Ireneo, obispo de Lyon, nombra los cuatro evangelios que tenemos y afirma que son la base del conocimiento que tenemos de Jesús en su obra Adversus haereses allá por el 185, además, el canon “Muratori”, fechado a finales del siglo II, ofrece los 4 evangelios (1). Así que podemos considerar que estos evangelios fueron aceptados por el conjunto de la Iglesia Católica (en su sentido original, es decir, la Iglesia completa, mundial) sin problemas y desde el principio. Es decir, practicamente la totalidad de las iglesias y obispos en toda la cristiandad, siempre ha aceptado por norma lo que decían estos cuatro evangelios, y no otros.

Otra de las bases que pusieron para decidir qué manuscritos eran incluidos en el canon y cuales no era la autoridad apostólica. Así, tenemos el evangelio de Mateo y el de Juan, escritos por apóstoles de Cristo, escritos sobre su experiencia de primera mano y los de Marcos y Lucas, escritos sobre la experiencia  de Pedro y Pablo respectivamente. En esto podemos tener algún problema, pues sí que es verdad que podemos desechar algunos apócrifos por no tener esa autoridad que tanto buscaban los primeros cristianos para seleccionar sus escrituras, pero en el caso de otros, tenemos que reconocer que, en el caso de corresponder a los autores que reclaman los escritos, nos encontraríamos ante el mismo Pedro o el mismo Santiago, por ejemplo, los primeros líderes de la Iglesia y dos de los discípulos más cercanos a Cristo. 

Pero tenemos otro criterio de selección, y es que estén en consonancia con el resto de La Escritura. Para considerar un escrito como inspirado por el Espíritu Santo, tenemos que sobreponerlo al resto de la Biblia y asegurarnos que no nieguen ni contradigan nada de lo ya revelado, así se creó lo que fue llamado la regla de fe, que no es sino una defensa para tratar de evitar que se introdujeran nuevos escritos con tendencias heréticas como las que ya deambulaban por la cristiandad, sobre todo, en aquel tiempo con las sectas gnosticas, docetistas y platónicas (2). Por ejemplo, el evangelio de Tomás, muy aceptado en según qué círculos y con mucha consonancia con los evangelios canónicos, contiene ciertas afirmaciones claramente panteístas, y por ello fue desechado (3). 

Otro criterio que fue desechando “nuevos evangelios” según iban apareciendo es el de la antigüedad, es decir, si aparecía un nuevo escrito que reclamaba un espacio entre los cristianos, era desechado automáticamente si nunca habían oído de él, pues esto significaba que era de nueva producción y de esta manera, por mucho que estuviera escrito en el manuscrito que su autor era este discípulo de Jesús o el otro, no podía ser auténtico por cuanto no tenía la antigüedad suficiente (4). Estos tres criterios ya de por sí liberaban de toda duda la configuración de los evangelios, pero también se usaron otros argumentos para el canon del Nuevo Testamento, al que aludiremos próximamente, como puede ser  el de la catolicidad (catolicidad, como dije antes, referido a la universalidad de su validez, no confundir con la Iglesia de Roma).

Algunos fundamentos que podemos ver hoy para afirmar las evidencias a favor de los 4 evangelios incluidos en el canon bíblico y no otros los podemos encontrar en los manuscritos que nos han llegado hasta hoy. Tanto en cuanto a su cantidad como en cuanto a su calidad, la evidencia en su favor es claramente abrumadora. Aunque otro día hablaremos de ello más profundamente, el hecho es que no existe una obra en todo el mundo antiguo que pueda hacerle sombra, ni de una manera remota (5).

Con toda esta evidencia, podemos asegurar que los cuatro evangelios que tenemos son los que deberían estar, podemos entender las razones que llevaron a desechar los relatos que hoy llamamos apócrifos y como veremos más adelante, que las razones por las que tenemos esta Biblia y no otra, no son irrelevantes, vagas o subjetivas, sino que están bien fundamentadas y basadas en la verdad.



(1) Canon de Muratori: Date and Provenance. E. Ferguson. Studia Patristica.
(2) El canon de la Escritura. F. F. Bruce. Págs. 153 y ss.
(3) El caso de Cristo. Lee Strobel. Pág. 77.
(4) El canon de la Escritura. F. F. Bruce. Págs. 263.
(5) Fundamentos Inquebrantables .Norman Geisler & Peter Bocchino. Pág. 256.

martes, 28 de febrero de 2012

Mártires


Cuando estaba en el instituto, tuve la osadía de afirmar, en una visita que hicimos a una exposición sobre Erasmo de Rotterdam, que yo soy evangélico. El principal problema fue que mi profesor de filosofía lo escuchó. A partir de entonces, no había día que no me planteara retos, que no hiciera debates (injustos, en los que toda la clase, incluido él defendían una postura, para que yo defendiese la contraria) para intentar dejarme en ridículo, formulase aseveraciones en contra del cristianismo desde el punto de vista religioso, filosófico, biológico, etc. La verdad es que no salí tan mal parado de aquellas “reyertas”. Una de aquellas afirmaciones es el afirmar que el cristianismo nació algo así como un “grupo terrorista” contra los judíos y los romanos que finalmente, al ver que no podían, usando la violencia, cambiar las cosas, trastocaron su plan y se pasaron al “bando del amor”. No se la discutí mucho aunque desconocía totalmente de donde nacía esa afirmación, pero esta es otra de las cosas de las que me gustaría hablar con él si algún día lo encuentro en algún sitio. Porque, como tantas otras cosas que me decía y todos se tragaban, incluso han sido algo que han acompañado a mis dudas durante muchos años, simplemente son mentiras, sin ningún fundamento. Desconozco si él creía en eso que nos decía o era solamente un intento de atacar a lo que él consideraba el enemigo o de acallar su conciencia, en cualquier caso, nos estaba engañando.

Porque lo cierto es que el cristianismo, desde el principio ha sido llamado a sufrir. Ya al poco tiempo de comenzar la Iglesia a andar por la historia, Esteban fue asesinado a pedradas por esta fe. A partir de entonces, y hasta el emperador Constantino, la persecución sacudió a los fieles de Cristo durante cuatro siglos. Tertuliano, uno de los Padres de la Iglesia escribió: La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia. Incluso después de la aceptación de los cristianos por parte del estado romano en  época de Constantino, hubo otro periodo de persecución en la época de Juliano.

Pero eso son cosas que pasaban hace mil quinientos años. Eso es algo que podríamos pensar al escuchar las historias de los cristianos siendo devorados con devota resignación por las fieras del Coliseo Romano. Ahora el cristianismo está asentado y es fuerte (a veces demasiado).

La verdad es que a lo largo de la historia, la persecución de cristianos, y de miembros de otras fes por sus convicciones ha sido algo relativamente normal. Sin ir más lejos, en nuestro propio país tenemos dos de los mejores ejemplos de todo el mundo. El primero nos lleva unos cuatro siglos atrás, donde el “Sacrosanto Imperio Español, Católico Apostólico y Romano, Defensor de la Cristiandad” (las comillas van ahí intencionadamente) torturó y asesinó a miles de españoles y misioneros venidos desde el extranjero para evitar por todos los medios posibles, cayese quien cayese y pisando a quien fuera, incluso el nombre del Dios a quien pretendían representar, que “otra religión” entrara a sus tierras y los protestantes se expandiesen. Saliendo de controversias acerca de sus intenciones, su derecho para hacer aquello y la interpretación de la Biblia y de no sé cuántas tradiciones y concilios que les llevaron a pensar que debían hacer aquello, el caso es que fue otra de aquellas ocasiones en que la sangre de los mártires corrió. La segunda ocasión la tenemos relativamente reciente. Y es no menos grave que aquella. Y es que en nuestro país se llevó a cabo en los años 30 del siglo pasado la que ya es la escena más sangrienta de la Historia de la Iglesia Mundial. En un semestre, se asesinaron a cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos. Entre el año 1934 a 1939, se asesinaron a más de diez mil religiosos. No hay precedentes para esto, ni siquiera en la época de la persecución romana.

Pero eso hoy en día no pasa.

Pues bien, a lo largo del siglo XX, fueron asesinados por su fe más de 45 millones de cristianos. Ciento sesenta mil cristianos fueron asesinados por el hecho de serlo solamente en el año 2001. Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre 2009, habrían sido asesinados alrededor de 2000 cristianos en Irak. A causa de la inestabilidad y de los ataques dirigidos contra cristianos, muchos de ellos han huido a otros territorios: de los cerca de 800 mil cristianos que había en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.

Por lo que se refiere a La India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010. En el estado de Orissa, entre los años 2008-2010 más de 4000 cristianos sufrieron persecución y presiones para convertirse a la religión hindú. 

Según unas declaraciones de Mario Mauro en agosto 2010, que fungía entonces como representante de la OSCE contra la discriminación de los cristianos, de 100 personas que mueren al año por persecución religiosa, 75 serían cristianos. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución. En la actualidad, el número de cristianos perseguidos estaría en torno a la cifra de 100 millones.

En cuanto al número de cristianos muertos anualmente por su fe, según una declaración hecha pública en junio de 2011 por Massimo Introvigne, representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, se trataría de 105.000 muertos al año.

Este es el hecho, no hay una religión más perseguida actualmente que la cristiandad, no hay un momento histórico de mayor persecución contra los cristianos que el actual.

En esto debemos pensar cada vez que se nos ocurra quejarnos por nuestra situación, la próxima vez que pensemos que nosotros, por ser de este grupo de cristianos o del otro, tenemos más derecho, más razón. Nosotros, en España, en Europa, tenemos libertad de ser o dejar de ser lo que queramos. Más nos valdría, por la memoria de los que han caído para conseguirlo, por amor y respeto a quienes no lo tienen, estar más unidos, concentrarnos en la meta, en el fin, en lo más importante y dejarnos en paz de tantas tonterías, discusiones inútiles, separaciones vacías, de alimentar nuestros propios egos y nuestros bolsillos. Porque para esto hemos sido llamados. 

Y acordémonos un poco más de aquellos que sufren en nuestras oraciones y en nuestras vidas.

lunes, 27 de febrero de 2012

El tubo de mierda


Hace un par de meses, más o menos, estaba en la reunión de oración de mi iglesia en Béjar. Una de las cosas que hacemos en estas reuniones, como su propio nombre indica, es orar, rezar, hablar con Dios.

Puede parecer algo extraño o incluso algo tonto, pero la verdad es que el hecho es ese, nos reunimos para hablar con Dios. Le damos gracias por todo lo que nos da y nos ayuda, le pedimos que nos ayude a ser más como Él quiere que seamos, le adoramos desde lo más profundo de nuestro corazón y, claro, le pedimos cosas.

Estamos más o menos acostumbrados a escuchar de gente que ora, que reza, así que no nos parece algo tan extraordinario. Pero a poco que nos paremos a recapacitar, lo cierto es que no debería ser algo tan vulgar o normal. La idea de Dios, la verdad, es que es algo demasiado enorme como para que nos quepa en la cabeza, la idea de un ser que haya creado todo lo que existe solo con la fuerza de su palabra, de alguien que sostenga todo con la potencia de su voluntad, de alguien que es soberano sobre todo, absolutamente todopoderoso, omnisciente, omnipresente. Que alguien tan sumamente grande, perfecto, sublime, se interese por lo que le estamos contando, ciertamente es algo sin parangón en todo el universo, es un hecho increíble, totalmente inabarcable. Para nada es algo vulgar o que deba ser subestimado.

Pues bien, allí estaba yo en esta reunión de oración cuando escuche que se hablaba de un problema que habíamos tenido hacía un tiempo y que, casi milagrosamente, se había solucionado.

El caso es que la Iglesia Evangélica de Béjar, la iglesia a la que asisto, está situada en el sótano de un edificio de pisos. No conozco exactamente la situación pero el caso es que desde este edificio se hizo una pequeña reforma que resultó en que iba a pasar un gran tubo justamente por encima de la puerta de entrada principal de nuestro local. El tubo no era un problema en sí mismo, hasta lo podríamos haber pintado con flores para que fuera una obra de arte. El problema era su uso. Digamos finamente que las caquitas de  todos los habitantes del bloque de pisos iban a pasar por encima de nuestra puerta, con el consiguiente problema fétido y que, con los cambios de temperatura, sobre todo en verano, era más que probable que aquello oliese aún más y que gotease alguna que otra sustancia indeseada. La verdad es que era un problema grave. Se tuvo varias reuniones con la comunidad de vecinos, se planteó el problema en el Ayuntamiento y no se vio ninguna solución viable. Los vecinos seguían con su intención de que ese tubo pasase encima de nuestras cabezas con su impío cargamento, el Ayuntamiento se lavó las manos de todo aquello y la cosa pintaba muy mal. Así que nos propusimos hacer uso de esta brutal herramienta que nos ha sido regalada, oramos. Le pedimos a Dios que nos ayudase. La verdad es que sin gestiones por nuestra parte, casi por arte de magia, quitaron el tubo y buscaron otro lugar por donde deshacerse de sus caquitas.

Y hubo algo que me desconcentró enormemente ese día mientras hablaban de la manera en que todo esto se había solucionado. Hubo una idea que me abordó. ¿Es cierto que hemos hablado con el Rey de reyes, con el Creador, con el Señor del Universo, y le hemos pedido por un tubo de mierda?

Me impactó en gran manera, y pensé en si eso podría haber sido una especie de sacrilegio o de falta de respeto hacia el Dios Santo. ¿Cómo habremos podido tener esa desconsideración? Por un momento me sentí turbado acerca de este tema.

Y de la misma manera, me pasa muchas veces. No me suelo preocupar acerca de tubos de mierda como norma, y mucho menos pedirle a Dios por ellos. Pero muchas veces, me descubro a mí mismo pidiéndole a Dios por cosas tan bajas, tan pequeñas... En sí, podría pensar que cualquier cosa mía, por importante que me parezca es pequeña para Dios. ¿Cómo le va a importar lo más mínimo a Dios cualquier cosa que me interese a mí? Yo soy alguien pequeño, imperfecto… no es posible que esas nimiedades le interesen lo más mínimo al Gran Creador.

Pero entonces recapacité. En ese momento no estábamos pidiendo a Dios que solucionase nuestro pequeño problema con ese tubo del mal, no. Estábamos celebrando que ya lo había solucionado.

¿Era posible?

Dios, el gran Ser Superior, el Soberano Supremo había escuchado a seres imperfectos como nosotros, y no solamente eso, sino que había solucionado nuestro problema con el tubo de mierda. ¿Será que Dios está interesado en lo que nosotros le pidiéramos, aunque nos parezcan cosas pequeñas, insignificantes y malolientes?

Puede parecer algo tonto o que estaba claro desde un principio, pero aquella revelación me impactó, me llevó a caer aún más rendido a este Dios, este que siendo tan inmenso, tan increíble, tan sublime, se preocupa de nuestros pequeños y malolientes tubos de mierda. Sinceramente, es algo que me deja sin palabras.

viernes, 13 de enero de 2012

Por qué odio la religión pero amo a Jesús

¿Qué tal si te digo que Jesús vino a abolir la religión?
¿Qué tal si te digo que votar por el PP no era realmente su misión?
¿Qué tal si te digo que "de derechas" no necesariamente quiere decir cristiano, y que sólo porque llames a algunos “ciegos" no te hace ver?
Es decir, si la religión es tan buena, ¿por qué ha comenzado tantas guerras?
¿Por qué construye iglesias enormes, pero falla al alimentar al pobre?
Les dice a las madres solteras que Dios no las ama si se han divorciado, aún cuando en el Antiguo Testamento Él llama “prostitutas” a los religiosos.
La religión predica gracia, pero otra cosa practica.
Tiende a ridiculizar a la gente de Dios, lo hicieron con Juan el Bautista.
No pudiendo arreglar sus problemas, trata de enmascararlos, sin darse cuenta que es como echar perfume en un ataúd.

El problema con la religión es que nunca se llega a la base.
Solo una modificación de conducta, como una larga lista de tareas.
Así que vistamos el exterior, hagamos que luzca bonito y pulcro.
¡Qué gracioso!, eso es lo que hacen con las momias, mientras el cuerpo se pudre debajo.

No estoy juzgando, sólo digo "ten cuidado de parecer falso, porque hay un problema si la gente sólo sabe que eres cristiano por tu Facebook".
Es decir, que en cualquier otro aspecto de la vida sabes que esa lógica indigna, es como decir que juegas en el Madrid sólo porque te compraste la camiseta.
Mira, ese era yo también y nadie parecía estar encima de mí, actuaba como un niño de iglesia, mientras era adicto a la pornografía.
Yo iba a la iglesia el domingo, pero el sábado me desvanecía actuando como si hubiera sido creado simplemente para tener sexo y terminar desgastado.
Pasé toda mi vida poniendo una fachada de pulcritud, pero ahora que conozco a Jesús, me alegro de mis debilidades.

Porque si la Gracia es agua, entonces la Iglesia debería ser el océano.
No es un museo de gente buena, es un hospital para el quebrantado.
Ya no tengo que ocultar mis faltas, no tengo que ocultar mi pecado, porque mi salvación no depende de mí, sino depende de Él.
Porque cuando era el enemigo de Dios, y desde luego no era su fan, Él me miró abajo y dijo, “yo quiero a ese hombre”.
Por eso es que Jesús odiaba la religión, y por eso los llama necios, ¿no ves que Él es mejor que sólo seguir algunas reglas?

Ahora quiero aclarar algo, yo amo la Iglesia, amo la Biblia y sí, yo creo en el pecado, pero si Jesús llegara a tu iglesia, ¿realmente lo dejarían entrar?
Recuerda que Él fue llamado glotón y borracho por gente “religiosa”.
Pero el Hijo de Dios no aplica nuestra propia justicia, no lo hace ahora, ni en ese entonces.

Ahora, vuelvo al tema y creo que una cosa es vital mencionarla, cómo Jesús y religión son aspectos opuestos.
Razón por la cual la salvación es gratuitamente mía, y el perdón es mío propio. No basado en mis esfuerzos, sino solamente en la obediencia de Jesús.
Porque Él tomó la corona de espinas, y su sangre goteaba por su rostro. Él tomó lo que todos merecíamos, creo que por eso lo llamamos Gracia.
Mientras era asesinado, Él gritó “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Porque cuando era colgado en esa cruz, Él estaba pensando en ti.
Él pagó por todos tus pecados y luego lo enterraron en la tumba, es por eso que estoy de rodillas en la cruz diciendo “vamos, hay espacio”.
Ahora sé que odio la religión, de hecho, literalmente, estoy resentido.
Porque cuando Jesús dijo, “Todo está pagado”, estoy seguro que lo decía en serio.

"Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia." Romanos 4:5






(La traducción es básicamente la que aparece en el vídeo, he modificado algunas cosas para que se entiendan mejor en España y otras porque considero que no estaba bien traducida del todo. De todos modos, si veis algún fallo, no dudéis en comentármelo.)

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