“El derecho a la vida es el Derecho Supremo, como lo ha calificado el Comité de Derechos Humanos, porque sin su garantía efectiva todos los demás derechos carecen de significado y de razón de ser. Algo que parece obvio a ojos de todos pero que si lo fuera de verdad no nos empujaría hoy y mañana a reclamar de los poderes públicos de todo el mundo que sean plenamente consecuentes con el carácter inviolable, incondicionado de la vida humana y con el derecho a no ser sometido a penas crueles, inhumanas y degradantes.”
José Luis Rodriguez Zapatero.
Coloquio Internacional sobre la Abolición Universal de la Pena de Muerte.
9/12/2009.
No podría estar más de acuerdo con las palabras de nuestro presidente del gobierno. El derecho a la vida es el mayor de todos los derechos, todos los demás no tienen, ciertamente, ningún sentido sin este mismo derecho.
Yo no estoy, para nada, a favor de la pena de muerte, todo lo contrario. Lo que sí que afirmo es que no es ninguna locura el pensar que una manera lógica para que podamos vivir en un lugar mejor sea por medio hecho de matar a aquellos que, según a unas leyes, lo merezcan. No es algo que comparto, pero puedo llegar a entenderlo. Y esto es precisamente lo que ataca Zapatero aludiendo al derecho a la vida.
El problema llega cuando intentamos desvirtuar el concepto del ser humano. Lo que es en su esencia. Porque puede ser que, de una manera filosófica, podamos considerar a alguien como “deshumanizado” en el momento en que asesina fríamente a su mujer y a sus hijos de 3 y 6 años, por ejemplo, y de esta manera, tener todo el derecho del mundo a aplicar la pena de muerte porque no estaríamos “asesinando” a un ser humano. No estoy diciendo que una persona asesina deja de ser persona, es solo un ejemplo.
Entonces, si estamos de acuerdo en que no podemos negar la humanidad de alguien por medios morales o filosóficos, yo me pregunto qué le da autoridad al Congreso de los Diputados para poderlo hacer desde un punto de vista legal.
Porque si está mal el “asesinar” a un hombre de 35 años porque haya matado a una familia de una manera especialmente sanguinaria, mucho peor está el hecho de asesinar, sin comillas ni nada, con todas las letras, a más de cien mil humanos, de una manera legal, porque haya decidido que sea así nuestro Estado y teniendo a un presidente que tanto defiende el derecho a la vida. Personalmente, a mi no me cuadra para nada.
Y la razón por la que lo hacen es por el derecho a elegir, el derecho a expresarse, a decidir sobre el cuerpo de cada persona. Muchos derechos son los que aluden para este exterminio, pero, parafraseando a ZP, todos ellos no sirven para nada sin el derecho a vivir, sin este, según sus palabras, Derecho Supremo.
Pues bien, desde que se legalizó el aborto, se han perpetrado más de un millón trescientos mil penas de muerte a niños que nada hicieron para merecerlo. Ellos no asesinaron familias, ni siquiera tuvieron oportunidad de un abogado de oficio, ni de quejarse, ni de defender su derecho a vivir, este que dice defender también José Luis.
Como ya expresé con anterioridad, estoy en contra del aborto. Estoy en su contra con todas mis fuerzas. Es algo que, puede sonar muy fuerte, pero yo creo que está al nivel del genocidio perpetrado por los nazis contra los judíos, al menos ellos tuvieron oportunidad de quejarse, al menos la opinión pública condenó aquella barbarie, al menos ahora todos sabemos que fue una salvajada. Ahora bien, si estoy en contra del aborto en sí, todavía más fuerte me parece la manera en que nuestro gobierno lo publicita, lo acrecenta, lo fomenta, y todo esto en nombre de supuestos derechos que, en todo caso, no sirven de nada sin el Derecho Supremo. Derecho que brilla por su ausencia aquí en España. Derecho que, según sus propias palabras, debemos "reclamar de los poderes públicos de todo el mundo que sean plenamente consecuentes con el carácter inviolable, incondicionado de la vida humana".
martes, 10 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
¡Dragones!
El apuesto caballero se encaminaba al bosque maldito para dar caza al dragón que amenazaba a la bella princesa. Su reluciente armadura resplandecía al brillo de la enorme luna llena. El caballo del valiente avanzaba atemorizado, como si fuera consciente que se adentraba en un lugar de muerte y sufrimiento. Desde el borde del bosque ya se podía oler el hedor del humo generado por el fuego que brotaba del hocico de la titánica bestia. El caballero estaba impaciente por hundir su lanza en el vientre del lagarto, para liberar a su amada.
Más o menos todos conocemos cómo termina esta historia, con el apuesto joven dando muerte al malvado dragón y ganando la libertad y la vida de la princesa, así como su amor eterno.
De siempre me ha parecido muy curiosa la existencia de leyendas de dragones y grandes reptiles en tantas culturas separadas por tantos siglos y tantos miles de kilómetros. Todos sabemos cómo, en nuestra cultura occidental, hace unos pocos cientos de años, había leyendas por todos sitios acerca de grandes lagartos que amedrentaban a los pobres aldeanos, incluso tenemos a San Jorge, el santo asesino de dragones. Pero el caso es que, por ejemplo, encontramos los dragones también en la cultura china, tenemos las serpientes emplumadas en Sudamérica, por no hablar de las muchas historias acerca de monstruos marinos inmensos y serpientes destructoras de barcos y asesinas de marinos. Incluso podemos ver ejemplos de estos enormes y temibles seres en la Biblia, como son el Behemot y el Leviatán.
Es posible que sea porque yo quiero ver cosas donde no las hay, pero a mi todos estos seres me parecen demasiado parecidos a los dinosaurios como para que no tengan nada que ver. Pero aquí nos encontramos un problema. ¿Cómo es posible que unos seres extintos más de 60 millones de años antes del inicio de cualquier cosa minimamente humana hayan influido de tal manera en la cultura y en la conciencia de nuestra especie? Personalmente, considero que, al igual que el caso del Diluvio Universal, este es un tema que merece un serio estudio antropológico.
Otros casos también muy interesantes son las numerosas bestias vistas en lagos de todo el mundo, la más famosa de todas ellas es Nessie.
También está el caso del pesquero japonés que, en 1977 realizó una insólita pesca. Al subir las redes desde 250 metros de profundidad, encontraron algo maloliente de unos 10 metros de largo que se encontraba en avanzado estado de descomposición. Según las descripciones que dieron, y las fotografías que hicieron, se trataba de un plesiosaurio, 64 millones de años extinto, y sin embargo con solo algunas semanas de descomposición. El cadáver fue lanzado al mar para que no arruinara la pesca del día, pero ahí están las fotos y uno de los pescadores conservó un pedazo de aleta. El gobierno de Japón emitió un sello con la figura de uno de estos dinosaurios marinos para conmemorar este hecho.
De la misma manera, existen muchas tribus perdidas en selvas y montañas americanas, africanas, asiáticas o incluso de Oceanía que todavía hoy aseguran la existencia de enormes “saurios” que deambulan por sus tierras y siembran la destrucción allá donde van.
No creo que las leyendas sean del todo invenciones, sino que están basadas en algo que ocurrió y que sigue ocurriendo de verdad. Y si nos encontramos ante tal número de leyendas parecidas y acerca de algo tan similar a lo que nosotros conocemos como “dinosaurios”, para mí no queda ninguna duda que los grandes saurios no nos han abandonado hace tanto tiempo. Incluso, soñemos un poco, tampoco hay nadie que nos asegure que hoy en día, en nuestro propio mundo, sigamos teniendo algunos “Jurasic Park” muy reales.
Más o menos todos conocemos cómo termina esta historia, con el apuesto joven dando muerte al malvado dragón y ganando la libertad y la vida de la princesa, así como su amor eterno.
De siempre me ha parecido muy curiosa la existencia de leyendas de dragones y grandes reptiles en tantas culturas separadas por tantos siglos y tantos miles de kilómetros. Todos sabemos cómo, en nuestra cultura occidental, hace unos pocos cientos de años, había leyendas por todos sitios acerca de grandes lagartos que amedrentaban a los pobres aldeanos, incluso tenemos a San Jorge, el santo asesino de dragones. Pero el caso es que, por ejemplo, encontramos los dragones también en la cultura china, tenemos las serpientes emplumadas en Sudamérica, por no hablar de las muchas historias acerca de monstruos marinos inmensos y serpientes destructoras de barcos y asesinas de marinos. Incluso podemos ver ejemplos de estos enormes y temibles seres en la Biblia, como son el Behemot y el Leviatán.
Es posible que sea porque yo quiero ver cosas donde no las hay, pero a mi todos estos seres me parecen demasiado parecidos a los dinosaurios como para que no tengan nada que ver. Pero aquí nos encontramos un problema. ¿Cómo es posible que unos seres extintos más de 60 millones de años antes del inicio de cualquier cosa minimamente humana hayan influido de tal manera en la cultura y en la conciencia de nuestra especie? Personalmente, considero que, al igual que el caso del Diluvio Universal, este es un tema que merece un serio estudio antropológico.
Otros casos también muy interesantes son las numerosas bestias vistas en lagos de todo el mundo, la más famosa de todas ellas es Nessie.
También está el caso del pesquero japonés que, en 1977 realizó una insólita pesca. Al subir las redes desde 250 metros de profundidad, encontraron algo maloliente de unos 10 metros de largo que se encontraba en avanzado estado de descomposición. Según las descripciones que dieron, y las fotografías que hicieron, se trataba de un plesiosaurio, 64 millones de años extinto, y sin embargo con solo algunas semanas de descomposición. El cadáver fue lanzado al mar para que no arruinara la pesca del día, pero ahí están las fotos y uno de los pescadores conservó un pedazo de aleta. El gobierno de Japón emitió un sello con la figura de uno de estos dinosaurios marinos para conmemorar este hecho.
De la misma manera, existen muchas tribus perdidas en selvas y montañas americanas, africanas, asiáticas o incluso de Oceanía que todavía hoy aseguran la existencia de enormes “saurios” que deambulan por sus tierras y siembran la destrucción allá donde van.
No creo que las leyendas sean del todo invenciones, sino que están basadas en algo que ocurrió y que sigue ocurriendo de verdad. Y si nos encontramos ante tal número de leyendas parecidas y acerca de algo tan similar a lo que nosotros conocemos como “dinosaurios”, para mí no queda ninguna duda que los grandes saurios no nos han abandonado hace tanto tiempo. Incluso, soñemos un poco, tampoco hay nadie que nos asegure que hoy en día, en nuestro propio mundo, sigamos teniendo algunos “Jurasic Park” muy reales.
viernes, 6 de mayo de 2011
Testimonio
Es algo que todos sabemos que cuando tenemos una meta en la vida a largo plazo, o incluso a medio o a corto, una vez lo hemos conseguido, nos sentimos vacíos. En seguida necesitamos otra meta que perseguir para dar sentido a nuestras vidas.
Hoy quiero hablar acerca de alguien que una vez tuvo una meta, tuvo un sueño y fue a por ello como la base de su existencia. Esta persona es Juan Luis Guerra. Este dominicano, menor de tres hermanos, aunque tuvo una guitarra desde los 10 años, no comenzó a interesarse seriamente en la música hasta la mitad de sus estudios de filosofía en 1975.
Desde el principio quiso ser el mejor, llegar a la cima de la música mundial. Después de muchos años de intenso trabajo, de cosechar innumerables éxitos gracias a su trabajo y su innegable talento, llegó a ser el artista con más grammys de todo el mundo latino, llegando a ganar incluso 3 de estos premios, considerados los Oscar de la música, de la academia norteamericana. Ha vendido más de 20 millones de discos en todo el mundo. Poca gente hay que no conozca canciones tan famosas como “Ojalá que llueva café en el campo” o “La bilirrubina”. Humanamente había logrado todo lo que habría podido soñar cualquier músico, estaba en la cima de la cima de cualquier pretensión.
Y ahí estaba, un artista en lo alto de su carrera, de hecho, en lo alto de cualquier carrera imaginable. Entonces vio que su vida no merecía la pena. Durante varios años estuvo alejado de la música, incluso intentó suicidarse varias veces.
¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede alguien con más éxito y dinero de lo que cualquiera de nosotros pudiera soñar, de repente, decidir que no merece la pena seguir viviendo su vida?
Durante este tiempo, Juan Luis aprendió una lección muy importante sobre el sentido de su existencia. Aprendió que el dinero, la fama, el ruido, los violines, cualquier cosa en que base su vida no servirá de nada mientras su corazón se encuentre vacío. Mientras tenga que seguir rebuscando entre su propia basura para encontrar un sentido a su vida, nada merecerá la pena. Incluso el mayor éxito será una derrota. Con el corazón vacío, el oro se convierte en estiércol.
Después de este tiempo, Juan Luis sacó un nuevo disco en el año 1998, llamado “Ni es lo mismo ni es igual”. En este disco, se podía apreciar un completo cambio en su manera de ver la vida, en la manera de interpretar el mundo. Hablaba de un corazón con un propósito, de una vida con sentido y de alguien junto al que sí merece la pena vivir, aún en medio de las dificultades. De este disco es la canción que os pongo para que escuchéis. Dedicada a esta persona junto a quien hasta las mayores dificultades son transformadas en alegría, y que sin él hasta las mayores glorias nos pueden llevar al suicidio. Que lo disfruten.
Hoy quiero hablar acerca de alguien que una vez tuvo una meta, tuvo un sueño y fue a por ello como la base de su existencia. Esta persona es Juan Luis Guerra. Este dominicano, menor de tres hermanos, aunque tuvo una guitarra desde los 10 años, no comenzó a interesarse seriamente en la música hasta la mitad de sus estudios de filosofía en 1975.
Desde el principio quiso ser el mejor, llegar a la cima de la música mundial. Después de muchos años de intenso trabajo, de cosechar innumerables éxitos gracias a su trabajo y su innegable talento, llegó a ser el artista con más grammys de todo el mundo latino, llegando a ganar incluso 3 de estos premios, considerados los Oscar de la música, de la academia norteamericana. Ha vendido más de 20 millones de discos en todo el mundo. Poca gente hay que no conozca canciones tan famosas como “Ojalá que llueva café en el campo” o “La bilirrubina”. Humanamente había logrado todo lo que habría podido soñar cualquier músico, estaba en la cima de la cima de cualquier pretensión.
Y ahí estaba, un artista en lo alto de su carrera, de hecho, en lo alto de cualquier carrera imaginable. Entonces vio que su vida no merecía la pena. Durante varios años estuvo alejado de la música, incluso intentó suicidarse varias veces.
¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede alguien con más éxito y dinero de lo que cualquiera de nosotros pudiera soñar, de repente, decidir que no merece la pena seguir viviendo su vida?
Durante este tiempo, Juan Luis aprendió una lección muy importante sobre el sentido de su existencia. Aprendió que el dinero, la fama, el ruido, los violines, cualquier cosa en que base su vida no servirá de nada mientras su corazón se encuentre vacío. Mientras tenga que seguir rebuscando entre su propia basura para encontrar un sentido a su vida, nada merecerá la pena. Incluso el mayor éxito será una derrota. Con el corazón vacío, el oro se convierte en estiércol.
Después de este tiempo, Juan Luis sacó un nuevo disco en el año 1998, llamado “Ni es lo mismo ni es igual”. En este disco, se podía apreciar un completo cambio en su manera de ver la vida, en la manera de interpretar el mundo. Hablaba de un corazón con un propósito, de una vida con sentido y de alguien junto al que sí merece la pena vivir, aún en medio de las dificultades. De este disco es la canción que os pongo para que escuchéis. Dedicada a esta persona junto a quien hasta las mayores dificultades son transformadas en alegría, y que sin él hasta las mayores glorias nos pueden llevar al suicidio. Que lo disfruten.
Testimonio
Juan Luis Guerra
jueves, 5 de mayo de 2011
Revive la pasión.
No sé si lo habréis visto, pero últimamente, por las calles de las principales ciudades, están multiplicándose los carteles de una agencia de contactos noruega en el que aparece la imagen de un hombre y una mujer muy sonrientes junto a un eslogan de lo más llamativo: “¿Estás casada? Revive la pasión, ten una aventura.”
El caso es que, según estadísticas, hay un alto porcentaje de gente que se apunta a estas agencias de contactos y mienten en sus datos, diciendo que están solteros cuando realmente están casados o bien tienen una pareja estable. Así que esta empresa noruega ha decidido especializarse en este público, aquellos que, aunque ya tienen pareja, quieren tener una aventura orquestada por esta página web, con otros en su misma situación, de una manera completamente anónima y segura. Además, según propone el eslogan del cartel, y ellos mismos afirman, el hecho que en un matrimonio haya una infidelidad viene bien para la relación entre los cónyuges. Nunca está de más el echar una “canita al aire”, siempre y cuando sigamos queriendo a nuestra pareja.
Está claro que esta idea vende, pues ya se cuentan por decenas de miles los afiliados a esta propuesta. Y claro, decenas de miles son también los techos rayados por causa de las enormes cornamentas que se multiplican por toda la superficie española.
Hace un tiempo hablaba de la importancia y de la trascendencia del juramento, más específicamente el juramento matrimonial. Juramento en el que estás diciendo literalmente que pones tu vida como aval por lo que prometes. Estás diciendo que si lo incumples, aceptas el justo pago por la infracción, que es tu propia vida. Por no hablar del enorme desprecio que están haciendo hacia su propia sexualidad compartiéndola con cualquier persona que esté dispuesta a hacer lo propio.
Esta empresa ha visto un filón de negocio tremendo en la infidelidad concertada, y ciertamente la principal responsabilidad de cada infidelidad reside en el propio infiel, llamadme retrógrado pero considero enormemente censurable el incitar a la infidelidad para obtener ganancia. Esto, como otros temas, me parece otro de aquellos motivos de los que hablábamos que pueden mostrarnos hasta qué punto nos estamos volviendo locos. Estamos anteponiendo la ganancia monetaria a cualquier valor moral, por no hablar de espiritual.
En todo caso, está claro que valores como la fidelidad, la honradez o el respeto no es que estén al alza, precisamente. Vivimos en una sociedad adolescente que huye de cualquier cosa que signifique algo de responsabilidad, de esfuerzo. Esto es así y es bastante complicado cambiarlo, aunque lo que sí que está claro es que el cambio debe empezar por nosotros mismos.
Yo quiero defender otro punto de vista. Aunque muchas veces no me guste, aunque tantas veces parezca que lo que trato es lo contrario a defenderlo. Me gustaría aprender a apreciar más lo ganado con esfuerzo, a ser más consciente del poder de la palabra, a ver la trascendencia y la profundidad de mis actos y a saber afrontar las consecuencias con madurez, intentando preverlas y tratando de evitar los errores, en lugar de evadir las responsabilidades.
Quienes me conocéis sabréis que muchas veces para nada hago esto en demasiadas ocasiones. Así que no tengo ningún derecho a quejarme por lo que tengo alrededor, pues soy un fiel reflejo de lo que vemos en todos lados. Pero no quiero conformarme a este mundo, quiero ser el cambio que espero ver en la sociedad, no solamente porque aún tengo esperanza en la humanidad, sino, más importante, porque tengo la total y absoluta confianza puesta en el Dios que, mediante su palabra, me ordenó que así lo hiciera, para su gloria.
El caso es que, según estadísticas, hay un alto porcentaje de gente que se apunta a estas agencias de contactos y mienten en sus datos, diciendo que están solteros cuando realmente están casados o bien tienen una pareja estable. Así que esta empresa noruega ha decidido especializarse en este público, aquellos que, aunque ya tienen pareja, quieren tener una aventura orquestada por esta página web, con otros en su misma situación, de una manera completamente anónima y segura. Además, según propone el eslogan del cartel, y ellos mismos afirman, el hecho que en un matrimonio haya una infidelidad viene bien para la relación entre los cónyuges. Nunca está de más el echar una “canita al aire”, siempre y cuando sigamos queriendo a nuestra pareja.
Está claro que esta idea vende, pues ya se cuentan por decenas de miles los afiliados a esta propuesta. Y claro, decenas de miles son también los techos rayados por causa de las enormes cornamentas que se multiplican por toda la superficie española.
Hace un tiempo hablaba de la importancia y de la trascendencia del juramento, más específicamente el juramento matrimonial. Juramento en el que estás diciendo literalmente que pones tu vida como aval por lo que prometes. Estás diciendo que si lo incumples, aceptas el justo pago por la infracción, que es tu propia vida. Por no hablar del enorme desprecio que están haciendo hacia su propia sexualidad compartiéndola con cualquier persona que esté dispuesta a hacer lo propio.
Esta empresa ha visto un filón de negocio tremendo en la infidelidad concertada, y ciertamente la principal responsabilidad de cada infidelidad reside en el propio infiel, llamadme retrógrado pero considero enormemente censurable el incitar a la infidelidad para obtener ganancia. Esto, como otros temas, me parece otro de aquellos motivos de los que hablábamos que pueden mostrarnos hasta qué punto nos estamos volviendo locos. Estamos anteponiendo la ganancia monetaria a cualquier valor moral, por no hablar de espiritual.
En todo caso, está claro que valores como la fidelidad, la honradez o el respeto no es que estén al alza, precisamente. Vivimos en una sociedad adolescente que huye de cualquier cosa que signifique algo de responsabilidad, de esfuerzo. Esto es así y es bastante complicado cambiarlo, aunque lo que sí que está claro es que el cambio debe empezar por nosotros mismos.
Yo quiero defender otro punto de vista. Aunque muchas veces no me guste, aunque tantas veces parezca que lo que trato es lo contrario a defenderlo. Me gustaría aprender a apreciar más lo ganado con esfuerzo, a ser más consciente del poder de la palabra, a ver la trascendencia y la profundidad de mis actos y a saber afrontar las consecuencias con madurez, intentando preverlas y tratando de evitar los errores, en lugar de evadir las responsabilidades.
Quienes me conocéis sabréis que muchas veces para nada hago esto en demasiadas ocasiones. Así que no tengo ningún derecho a quejarme por lo que tengo alrededor, pues soy un fiel reflejo de lo que vemos en todos lados. Pero no quiero conformarme a este mundo, quiero ser el cambio que espero ver en la sociedad, no solamente porque aún tengo esperanza en la humanidad, sino, más importante, porque tengo la total y absoluta confianza puesta en el Dios que, mediante su palabra, me ordenó que así lo hiciera, para su gloria.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Indecente
Bueno, pues al final no pudo ser el milagro que pedía ayer, qué le vamos a hacer. Otro año será.
El caso es que ayer por la noche vi un evento del tuenti al que me había invitado una amiga. Según este evento, y me gustaría que, si alguien tiene conocimiento que alguno de estos datos es erróneo me lo aclare, ha dicho la Vicepresidenta del gobierno que es indecente que mientras la inflación es -1%, y tengamos casi de 5 millones de parados, haya gente que no esté de acuerdo en alargar la jubilación a los 70 años.
Es normal que haya muchos de vosotros que estéis de acuerdo en este tipo de medidas, yo la verdad, no tengo mucha idea de economía y no sé hasta qué punto esta será una medida favorable para nosotros. Lo que voy a exponer a continuación es lo que el creador de este evento, y en el caso de ser ciertos los datos lo comparto totalmente, considera indecente.
INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes.
INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
INDECENTE, es que los diputados sean los únicos “trabajadores” de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados.)
INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo. (ni cultural ni intelectual.)
INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
INDECENTE No es que no se congelen el sueldo sus señorias, ni que no se lo bajen.
INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.
INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos
de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.
Pues eso, no puedo añadir mucho más. Me parece una auténtica vergüenza. Así como que la moción que presentó la única diputada de UpyD, la ex socialista Rosa Díez para que esto deje de ser así, fue rechazada por unanimidad, con el único voto a favor del partido que la presentó. Está claro, si ellos tienen la capacidad de decidir sus condiciones de trabajo, ¿cómo no van a ser generosos?. Eso, sin tener en cuenta la cantidad de ellos que se presentan a las elecciones habiendo estado imputados en delitos de corrupción. Pues eso, hace un tiempo me preguntaba si realmente vivimos en una democracia, ahora más que nunca veo que esto es una quimera. Ya veremos cómo acaba todo.
Ante todo esto, yo pienso lo que decía el protagonista de “V de Vendetta” (gran película, por cierto) "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo.”
El caso es que ayer por la noche vi un evento del tuenti al que me había invitado una amiga. Según este evento, y me gustaría que, si alguien tiene conocimiento que alguno de estos datos es erróneo me lo aclare, ha dicho la Vicepresidenta del gobierno que es indecente que mientras la inflación es -1%, y tengamos casi de 5 millones de parados, haya gente que no esté de acuerdo en alargar la jubilación a los 70 años.
Es normal que haya muchos de vosotros que estéis de acuerdo en este tipo de medidas, yo la verdad, no tengo mucha idea de economía y no sé hasta qué punto esta será una medida favorable para nosotros. Lo que voy a exponer a continuación es lo que el creador de este evento, y en el caso de ser ciertos los datos lo comparto totalmente, considera indecente.
INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes.
INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
INDECENTE, es que los diputados sean los únicos “trabajadores” de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados.)
INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo. (ni cultural ni intelectual.)
INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
INDECENTE No es que no se congelen el sueldo sus señorias, ni que no se lo bajen.
INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.
INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos
de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.
Pues eso, no puedo añadir mucho más. Me parece una auténtica vergüenza. Así como que la moción que presentó la única diputada de UpyD, la ex socialista Rosa Díez para que esto deje de ser así, fue rechazada por unanimidad, con el único voto a favor del partido que la presentó. Está claro, si ellos tienen la capacidad de decidir sus condiciones de trabajo, ¿cómo no van a ser generosos?. Eso, sin tener en cuenta la cantidad de ellos que se presentan a las elecciones habiendo estado imputados en delitos de corrupción. Pues eso, hace un tiempo me preguntaba si realmente vivimos en una democracia, ahora más que nunca veo que esto es una quimera. Ya veremos cómo acaba todo.
Ante todo esto, yo pienso lo que decía el protagonista de “V de Vendetta” (gran película, por cierto) "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo.”
martes, 3 de mayo de 2011
El Deporte Nacional
Con este título de la entrada y teniendo en cuenta el día en que estamos, cualquiera diría que voy a hablar de fútbol. Más específicamente del partido que juegan esta noche, el Barça-Madrid. Siento mucho defraudaros, no voy a hablar de este deporte. Aunque, dicho sea de paso, como todos sabéis, soy creyente, y como tal, creo en los milagros, así que espero que pase el Real Madrid.
Pero hoy quiero hablar del auténtico deporte nacional. Del que practicamos todos, no solamente los muchimillonarios que vemos en la televisión. Quiero hablar de un tema que ya he pasado por encima en otra entrada, quiero hablar del arma más poderosa que existe, de la herramienta más bella que tenemos a nuestra disposición. Tanto puede matar el corazón como resucitarlo, tanto puede ser motivo de peleas y discusiones como de enamoramientos y reconciliaciones. Quiero hablar de la palabra.
Porque el caso es que todos tenemos algo tremendamente poderoso alojado en nuestra cara. Tenemos una herramienta que tanto puede hundir en la miseria al más fuerte como levantar la cabeza del más humillado. ¿Quién no ha recibido una crítica, un insulto o incluso una verdad que le ha cambiado completamente la manera de ver la vida en el momento de recibirlo?. O ¿quién no se ha sentido revitalizado, ha superado problemas y ha sobrepasado duras pruebas gracias a las amables palabras de un amigo o un familiar?.
Hay un proverbio árabe que dice: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”. Y es que todos tenemos mucha más tendencia a humillar con la palabra que a animar con ella, el hecho es que nos hace sentir mejor el ver derrotados a la gente a nuestro alrededor que verlos satisfechos, porque siempre saldremos mejor con la comparación si ellos están mas abajo.
Pero, y todos lo hemos sentido, sobre todo de niños, una palabra puede hacer mucho daño. Y estoy seguro que yo he hecho daño a mucha gente con una mala contestación o con críticas. Además del hecho de tantas veces que he hablado mal de gente que ni siquiera estaba delante. Todos sabemos que esto está mal, pero la verdad es que lo hacemos. La crítica es el deporte nacional. Fijaos si es importante que se dedican canales de televisión enteros, páginas web o revistas solamente a explayarse con las críticas a la gente, es algo que siempre hemos tenido ahí, está claro, pero que ahora más que nunca hemos dado rienda suelta a desahogarnos con nuestro afán de destruir con la palabra.
Todos sabemos que esto es así y probablemente pensamos que no hay nada que podamos hacer para cambiar esta tendencia, que es mucho mejor subirse al carro y poner a caldo a todo el mundo que pueda caernos mal o que sabemos que hace exactamente lo mismo con nosotros. Pero la verdad es que cada uno es responsable de lo que hace, y no es lícito el escudar nuestra culpa en las maldades de los demás. Como decía Mahatma Gandhi, “Sé tú el cambio que esperas ver en el mundo”.
No esperemos a ver la sociedad cambiar, a ver a nuestros vecinos darnos los buenos días con una sonrisa en la boca para hacerlo nosotros también. Cada uno tenemos una responsabilidad, y para nada podemos eludirla con la excusa que los demás lo hacen. Pongamos una mejor cara ante la vida, usemos este arma tan poderosa que tenemos para edificar en lugar de para derruir, y veremos el cambio que tanto anhelamos y que tanta falta nos hace. El cambio comienza por ti, y nunca lo verás si no eres tú mismo quien lo lleva a cabo.
Pero hoy quiero hablar del auténtico deporte nacional. Del que practicamos todos, no solamente los muchimillonarios que vemos en la televisión. Quiero hablar de un tema que ya he pasado por encima en otra entrada, quiero hablar del arma más poderosa que existe, de la herramienta más bella que tenemos a nuestra disposición. Tanto puede matar el corazón como resucitarlo, tanto puede ser motivo de peleas y discusiones como de enamoramientos y reconciliaciones. Quiero hablar de la palabra.
Porque el caso es que todos tenemos algo tremendamente poderoso alojado en nuestra cara. Tenemos una herramienta que tanto puede hundir en la miseria al más fuerte como levantar la cabeza del más humillado. ¿Quién no ha recibido una crítica, un insulto o incluso una verdad que le ha cambiado completamente la manera de ver la vida en el momento de recibirlo?. O ¿quién no se ha sentido revitalizado, ha superado problemas y ha sobrepasado duras pruebas gracias a las amables palabras de un amigo o un familiar?.
Hay un proverbio árabe que dice: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”. Y es que todos tenemos mucha más tendencia a humillar con la palabra que a animar con ella, el hecho es que nos hace sentir mejor el ver derrotados a la gente a nuestro alrededor que verlos satisfechos, porque siempre saldremos mejor con la comparación si ellos están mas abajo.
Pero, y todos lo hemos sentido, sobre todo de niños, una palabra puede hacer mucho daño. Y estoy seguro que yo he hecho daño a mucha gente con una mala contestación o con críticas. Además del hecho de tantas veces que he hablado mal de gente que ni siquiera estaba delante. Todos sabemos que esto está mal, pero la verdad es que lo hacemos. La crítica es el deporte nacional. Fijaos si es importante que se dedican canales de televisión enteros, páginas web o revistas solamente a explayarse con las críticas a la gente, es algo que siempre hemos tenido ahí, está claro, pero que ahora más que nunca hemos dado rienda suelta a desahogarnos con nuestro afán de destruir con la palabra.
Todos sabemos que esto es así y probablemente pensamos que no hay nada que podamos hacer para cambiar esta tendencia, que es mucho mejor subirse al carro y poner a caldo a todo el mundo que pueda caernos mal o que sabemos que hace exactamente lo mismo con nosotros. Pero la verdad es que cada uno es responsable de lo que hace, y no es lícito el escudar nuestra culpa en las maldades de los demás. Como decía Mahatma Gandhi, “Sé tú el cambio que esperas ver en el mundo”.
No esperemos a ver la sociedad cambiar, a ver a nuestros vecinos darnos los buenos días con una sonrisa en la boca para hacerlo nosotros también. Cada uno tenemos una responsabilidad, y para nada podemos eludirla con la excusa que los demás lo hacen. Pongamos una mejor cara ante la vida, usemos este arma tan poderosa que tenemos para edificar en lugar de para derruir, y veremos el cambio que tanto anhelamos y que tanta falta nos hace. El cambio comienza por ti, y nunca lo verás si no eres tú mismo quien lo lleva a cabo.
lunes, 2 de mayo de 2011
El Libro
Hace 3500 años se comenzó una producción. Una de las más impresionantes que la humanidad haya visto, y por supuesto, en su materia, la más grande, la mas importante, la más trascendente que el universo haya visto en toda su dilatada historia. Un príncipe asesino, traidor y probablemente tartamudo, comenzó a liderar a un pueblo de esclavos recién liberados en una larga travesía por el desierto. Este príncipe destronado y retronado poco después en otro pueblo, comenzó lo que sería la obra literaria más influyente de la historia universal con mucha diferencia.
Esta descomunal fuente de información, después de Moisés, continuó siendo escrita por unos 40 escritores entre los que se encontraban reyes, filósofos, pescadores, médicos, líderes militares o religiosos durante más de 1500 años. Al menos a mí me parece algo completamente sensacional.
Pero más impresionante se vuelve si nos ponemos a observar detenidamente todas estas escrituras. En la Biblia encontramos relatos de la creación del mundo, del diluvio, del comienzo de las naciones, muchas genealogías, datos muy precisos sobre tiempos antiquísimos (incluso para Moisés), una historia muy detallada de un pueblo (el de Israel) que abarca milenios, cosa que no tenemos de ninguna otra civilización ni cultura de la época (ni de épocas muy posteriores), numerosos libros poéticos de una belleza increíble, cientos de profecías, un minucioso código religioso, miles de datos históricos de prácticamente todas las numerosas civilizaciones del Extremo Oriente, incluso de muchas tan alejadas que parece imposible, la historia del comienzo de lo que ha llegado a ser la mayor religión de la historia de la Tierra. Desde cualquier punto de vista que observes y estudies este libro, lo que está claro es que es una obra maestra, la pieza de palabra escrita más importante, más influyente, más determinante de la historia de la humanidad, sin lugar a ninguna duda.
Y viendo la enorme cantidad de temas a tratar, la diversidad de condiciones de los autores, los más de 1500 años transcurridos, con los consecuentes cambios en casi todos los ámbitos a los que dan lugar el paso de esta ingente cantidad de tiempo, deberíamos pensar que podría simplemente considerarse que cada uno escribió lo que quiso y cuando le pareció oportuno. Sería lo más lógico. Pero al ver la profundidad, al ver la unidad de toda esta obra, al ver que todo tiene un hilo conductor, que ninguna idea, por miles de años que pasaran, es negada ni refutada por otro autor, podemos ver que todavía es un libro más especial.
Y si le sumamos el hecho de la impresionante cantidad de descubrimientos históricos y arqueológicos que no hacen sino avalar la información que escriben estos autores. Al ver cómo para nada los escritores buscan su gloria o la de sus héroes. Al contemplar la apabullante sabiduría que se expone en las páginas del libro; al poder contemplar cómo una obra que comenzó su andadura hace casi tres milenios y medio puede seguir siendo actual y seguir ayudando a millones de personas de una manera activa como si hubiera sido escrito el año pasado, personalmente no puedo por menos que reconocer la evidencia. Que este libro es la Palabra de Dios.
Este libro es el manual de instrucciones que nos dejó el creador tan inteligente del que tantas veces hemos hablado. Un manual que explica cómo debemos vivir de una manera tan profunda, sabia y apasionante que no puede dejar indiferente a nadie que se adentre en sus páginas.
Si alguien quiere afirmar que este libro es como tantos y tantos otros tratados religiosos que usan los hombres a lo largo y ancho del globo, le reto a que encuentre algo remotamente similar. Un libro que se haya escrito a lo largo de tanto tiempo, por tantos autores que no se conocieron entre sí y que para nada ni se pusieron de acuerdo, por razones obvias, para decir absolutamente nada. Un libro con tanta profundidad, con tantos datos históricos comprobados mediante la arqueología, un libro en que en 3500 años nadie ha sido capaz de encontrar fisuras de una manera satisfactoria. Si este libro es como tantos otros, me gustaría que alguien me lo explicara.
Y mientras tanto, te animo a adentrarte en sus páginas, a comprobar qué sabiduría tiene para ti un rey israelita de hace tres milenios, de conocer en qué escrito esta basada la historia de tu tierra, de comprobar de qué manera el centro de la Biblia, Dios hecho hombre, Jesucristo, puede cambiar tu existencia y enseñarte el plan tan maravilloso que tiene para ti.
De todo corazón y con la confianza que me da la experiencia, te animo a probarlo.
Esta descomunal fuente de información, después de Moisés, continuó siendo escrita por unos 40 escritores entre los que se encontraban reyes, filósofos, pescadores, médicos, líderes militares o religiosos durante más de 1500 años. Al menos a mí me parece algo completamente sensacional.
Pero más impresionante se vuelve si nos ponemos a observar detenidamente todas estas escrituras. En la Biblia encontramos relatos de la creación del mundo, del diluvio, del comienzo de las naciones, muchas genealogías, datos muy precisos sobre tiempos antiquísimos (incluso para Moisés), una historia muy detallada de un pueblo (el de Israel) que abarca milenios, cosa que no tenemos de ninguna otra civilización ni cultura de la época (ni de épocas muy posteriores), numerosos libros poéticos de una belleza increíble, cientos de profecías, un minucioso código religioso, miles de datos históricos de prácticamente todas las numerosas civilizaciones del Extremo Oriente, incluso de muchas tan alejadas que parece imposible, la historia del comienzo de lo que ha llegado a ser la mayor religión de la historia de la Tierra. Desde cualquier punto de vista que observes y estudies este libro, lo que está claro es que es una obra maestra, la pieza de palabra escrita más importante, más influyente, más determinante de la historia de la humanidad, sin lugar a ninguna duda.
Y viendo la enorme cantidad de temas a tratar, la diversidad de condiciones de los autores, los más de 1500 años transcurridos, con los consecuentes cambios en casi todos los ámbitos a los que dan lugar el paso de esta ingente cantidad de tiempo, deberíamos pensar que podría simplemente considerarse que cada uno escribió lo que quiso y cuando le pareció oportuno. Sería lo más lógico. Pero al ver la profundidad, al ver la unidad de toda esta obra, al ver que todo tiene un hilo conductor, que ninguna idea, por miles de años que pasaran, es negada ni refutada por otro autor, podemos ver que todavía es un libro más especial.
Y si le sumamos el hecho de la impresionante cantidad de descubrimientos históricos y arqueológicos que no hacen sino avalar la información que escriben estos autores. Al ver cómo para nada los escritores buscan su gloria o la de sus héroes. Al contemplar la apabullante sabiduría que se expone en las páginas del libro; al poder contemplar cómo una obra que comenzó su andadura hace casi tres milenios y medio puede seguir siendo actual y seguir ayudando a millones de personas de una manera activa como si hubiera sido escrito el año pasado, personalmente no puedo por menos que reconocer la evidencia. Que este libro es la Palabra de Dios.
Este libro es el manual de instrucciones que nos dejó el creador tan inteligente del que tantas veces hemos hablado. Un manual que explica cómo debemos vivir de una manera tan profunda, sabia y apasionante que no puede dejar indiferente a nadie que se adentre en sus páginas.
Si alguien quiere afirmar que este libro es como tantos y tantos otros tratados religiosos que usan los hombres a lo largo y ancho del globo, le reto a que encuentre algo remotamente similar. Un libro que se haya escrito a lo largo de tanto tiempo, por tantos autores que no se conocieron entre sí y que para nada ni se pusieron de acuerdo, por razones obvias, para decir absolutamente nada. Un libro con tanta profundidad, con tantos datos históricos comprobados mediante la arqueología, un libro en que en 3500 años nadie ha sido capaz de encontrar fisuras de una manera satisfactoria. Si este libro es como tantos otros, me gustaría que alguien me lo explicara.
Y mientras tanto, te animo a adentrarte en sus páginas, a comprobar qué sabiduría tiene para ti un rey israelita de hace tres milenios, de conocer en qué escrito esta basada la historia de tu tierra, de comprobar de qué manera el centro de la Biblia, Dios hecho hombre, Jesucristo, puede cambiar tu existencia y enseñarte el plan tan maravilloso que tiene para ti.
De todo corazón y con la confianza que me da la experiencia, te animo a probarlo.
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