miércoles, 16 de marzo de 2011

La tierra de las chuletas

Te llaman una mañana, de un número desconocido, de esos de muchas cifras que parece que te llaman desde el extranjero pero que realmente son de alguna empresa. Al principio dudas si descolgar el teléfono porque piensas que seguramente sean de alguna compañía telefónica que pretende venderte algo o de alguna factura que tienes pendiente con alguien, ese tipo de cosas que te alegran el día. Pero en un acto de valentía sin precedentes, contestas esa llamada misteriosa.

Es de una página web, el chico con voz amable te pregunta si tú eres don... (pon aquí tu nombre y primer apellido), obviamente, le respondes que sí mientras te preguntas de dónde narices habrán sacado esos del número largo tus datos. Esa voz al otro lado del teléfono se presenta también con un nombre que olvidas en el mismo instante que lo escuchas, y te pregunta si recuerdas haberte apuntado a una promoción en tal página web. Tu no lo recuerdas, fue de aquellas cosas que te apuntas casi por inercia por una invitación del amigo de un amigo por email, pero le dices sí te apuntaste, mientras puedas salir ganando algo, da lo mismo que recuerdes haberte apuntado o no.

“Señor... (pon aquí tu apellido), me gustaría darte personalmente la enhorabuena, has sido elegido entre los miles de usuarios de nuestra página web para disfrutar, junto con la persona que tú elijas, de unas vacaciones a gastos pagados en el país de Carnelandia, la legendaria tierra de las chuletas. Un poco extrañado, le das las gracias por el premio, le preguntas algunos detalles sobre el viaje, te toman los datos y cuidadosamente seleccionas a tu acompañante.

Un mes después, el avión aterriza en la tierra de las chuletas. En cuanto llegas, notas que el olor a carne asada llena todo el ambiente, ese olor que terminará asqueándote después de tenerlo metido en las fosas nasales durante 24 horas al día, te abre el apetito, unas deliciosas chuletas de cordero aderezadas con ajo y perejil te reciben en un gran cartel en cuanto sales del avión, parece que pudieras saborearlas, el cartel es de un bar que está en el mismo aeropuerto. La imagen, junto con el delicioso olor a esas mismas chuletas que inunda el ambiente, te hace salivar y te abren el apetito hasta tal punto que no puedes resistirte a una caña en el bar que viste anunciado junto con una riquísima chuleta de cordero recién asada en la barbacoa.


Según saboreas la carne, te fijas en el resto de los anuncios que hay a tu alrededor. Es curioso que en todos y cada uno de los carteles hay carne. Ves anuncios de coches rodeados de sabrosas piezas de chorizo asado, de gafas puestas sobre filetes, de ordenadores portátiles siendo usados por carne animada, incluso te parece ver un anuncio de un restaurante vegetariano que usa en su cartel un graso chuletón sangrante. Todo te parece tan extraño que no puedes evitar preguntarle al camarero del bar que a qué se debe que todos los anuncios tengan carne como principal reclamo.

El camarero te mira extrañado, como si su hijo le acabase de preguntar que porqué cuando salta vuelve a caer al suelo. “Está claro que aquí en Carnelandia, la carne vende. Pon un anuncio incluyendo un jugoso y bien hecho filete de ternera y tendrás éxito asegurado en el negocio, sea cual sea.”

El resto de los 10 días que estás en La tierra de las chuletas, ves que todo es rojo, carne asada, frita, en salsa, a la brasa, de todo tipo. Pero siempre carne. Cuando tomas el avión de regreso a tu casa después de estas grasientas vacaciones, ya eres vegetariano.

Entonces llegas al aeropuerto, ya estás en tu país y has dejado atrás aquella pesadilla de carne roja. No te imaginabas que alguien pudiera estar tan obsesionado con algo, y que se pudiera anunciar cualquier cosa con carne, sencillamente no entiendes porqué existe ese sitio en que todo se reduce a la carne.

Abres la puerta del aeropuerto para tomar un taxi que te lleve a casa. En la puerta del taxi hay un anuncio de una compañía telefónica, exactamente la misma que anteriormente temiste que te llamara para reclamar alguna factura. En su anuncio, aparece una chica prácticamente desnuda hablando animosamente con alguien. No le prestas atención, es un anuncio normal. De camino a casa apenas prestas atención a los anuncios que inundan las calles, el trasero de una chica, apenas cubierto por un hilo del tanga anuncia una marca de yogures, los pechos desnudos de una jovencita para que veas la necesidad de cambiar de gafas, la fotografía de una pareja teniendo sexo para anunciar un colchón. Todo es normal, te alegras de volver a estar en casa.

Cuando llegas a tu hogar, enciendes la televisión, ves el anuncio de un coche que te promete que te acostarás con muchas chicas si adquieres el vehículo, la misma promesa de parte de un desodorante, el anuncio de un aceite para masajes te muestra de nuevo una escena calurosa entre una pareja joven, poco difiere entre esas escenas y las películas pornográficas. Después, cansado de la cantidad de anuncios que ponen en la televisión, enciendes el ordenador. Pones el Tuenti, allí el vídeo de un anuncio te recibe, otra escena de sexo, incluyendo las vistas de más pechos desnudos, desconoces realmente de qué es el anuncio, tampoco importa. Buscas en Google el mapa de tu pueblo, las recomendaciones que te da es de varios locales de prostitución de la zona, así como de alguna página para encontrar compañía femenina para esa misma noche.

Pero a tí te parece normal, después de todo, “está claro que aquí en España, el sexo vende. Pon un anuncio incluyendo algún reclamo sexual o la promesa de una segura y placentera experiencia sexual y tendrás éxito asegurado en el negocio, sea cual sea.”

5 comentarios:

Kel dijo...

Jajajja el paralelismo es buenisimo, solemos estar tan infectados de nuestra publicidad que somos incapaces de ver más allá de lo que estamos acostumbrados a ver. Podemos comer mientras vemos por la tele niños muriéndose de hambre o podemos hacer la siesta cuando el telenoticias nos habla de otra masacre o guerra. Estamos tan insensibilizados a lo que nos rodea que lo raro es que aun nos escandalicemos o lloremos por alguna de estas cosas. ¿Cuando fue la última vez que lloramos por que el que estaba a nuestro lado sufría? ¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo por alguien sin esperar nada a cambio? ¿Cuándo derribaremos los muros que nos hemos construido a nuestro alrededor para dejar que las cosas nos emocionen? Cuando eso ocurra, seguramente, nos daremos cuenta que sólo una persona significa mucho y quizá veamos a los que nos rodean de manera distinta.

Anónimo dijo...

No entiendo tal preocupación por que esa es la esencia del ser humano, la raza mas perversa que jamas existió. Y eso es a lo ha contribuido la humanidad, a crear una sociedad tan tan... ni siquiera existe una palabra que se ajuste a la realidad. De igual modo no entiendo el afán del ser humano de renegar de su propia especie. Eso es lo que somos, y así seguiremos siendo.

Alfonso dijo...

En este si te doy toda la razón, esta claro q en nuestra sociedad lo único q importa es la imagen, da igual que el producto sea una mierda, xo si lo pones sobre los pechos de una chica vende.... Esto tmb tiene varios problemas, la sociedad esta todo el día comparándose con la gente de los anuncios y la gente famosa y eso nos lleva a los problemas de alimentacion o de autoestima que hay en nuestra sociedad. Un saludo

Carla dijo...

Qué gran verdad! "La humanidad es complicada, verdaderamente complicada" - http://locuraesfelicidad.blogspot.com/2011/03/imperfeccion.html . Yo también dediqué una entrada más o menos a ese tema. Un beso!

Carla dijo...

He creado un nuevo blog: http://unapianistacansada.blogspot.com ya lo visitarás cuando puedas y me dirás qué tal te parece. Gracias :)

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